Revista nº 897
ISSN 1885-6039

Danzas procesionales y rituales canarias. Danzas de cintas. (I) (Incluye VÍDEOS)

Miércoles, 09 de Diciembre de 2020
Redacción BienMeSabe
Publicado en el número 865

Cada danzador lleva una cinta de color que sujeta a la parte superior del palo, mientras que con la otra toca las castañuelas, a la vez que van realizando diferentes figuras del baile con motivo de sus pasos. Las castañuelas se hacen sonar en los tiempos marcados, al coincidir con cada paso de baile.

 

 

En Canarias, como en la mayoría de las civilizaciones, sus antiguos habitantes adoraban a una divinidad en forma de piedra o árbol sagrado y bailaban en torno a dicho símbolo divino o ídolo con ritos de fecundidad y fertilidad. Esta dendrolatría, con la pertinente influencia religiosa, derivó posteriormente en los tradicionales danzas de varas, cintas, palos, cordón… con un alto valor etnográfico, tanto en su expresión folclórica como religiosa. Esta forma de baile es una consecuencia derivada de las costumbres primitivas, ya señaladas anteriormente, que tomaban el árbol y la piedra como centro de sus ceremonias, con saltos y danzas, como ya cita Esquivel Navarro en su Discurso sobre el arte del danzando y sus excelencias y primer origen, publicado en Sevilla en 1642.

 

Las danzas procesionales son una de las manifestaciones más tradicionales y originales de cada comarca o municipio. Cuando hablamos de danza nos referimos al grupo encargado de participar en una procesión religiosa con acompañamiento coreográfico de baile y música, normalmente protagonizada por el tambor y el pito para dar mayor realce al acto procesional, y son las encargadas de anteceder a las andas que portan la imagen del Santo o Virgen.

 

En las danzas rituales, los movimientos, la vestimenta, la música están establecidos y se ejecutan generalmente en homenaje a un santo patrón o patrona. En tal sentido se pueden diferenciar distintas danzas.

 

 

DANZAS DE CINTAS

En la tradicional Danza de las cintas, los danzadores bailan en torno a un palo de tres-cuatro metros que en su parte superior lleva un adorno. Desde ese extremo salen las cintas de seda de diferentes colores y de siete metros de largo que los bailarines, al compás de la flauta y del tamboril que ejecuta un componente, van entrelazando en el palo, como si estuvieran tejiendo y destejiendo las cintas de colores, de manera que al llegar el santo a la entrada de la iglesia no haya ninguna cinta enrollada al palo, sino que todas estén perfectamente extendidas, formando una estampa colorida.

 

Simultáneamente seis danzarines se desplazan hacia un lado y los otros seis danzan en sentido contrario, de tal forma que visten el palo hasta que, a la orden del mandador, comienzan a desvestirlo, haciendo en cada tanda de guía delantera lo que antes fue la postrera. Al mismo tiempo los danzarines tocan las castañuelas al compás del tajaraste que le marca el tambor.

 

Los componentes de la danza son: los tamborileros, los danzadores, el mandador y el portador del palo. El tamborilero toca, de forma lenta y pausada, al mismo tiempo el tambor y la flauta con dos tonos, uno más grave y otro más agudo. El tamborilero realiza descansos periódicos con la flauta, sin dejar de tocar el tambor que marca el ritmo y que es sujetado con la misma mano que la flauta, con una cinta unida al dedo y a la mano, mientras que la otra la utiliza para tocar el tambor con el palo o la baqueta. La flauta de madera, de origen pastoril, suele ser de 42 cm de largo con tres orificios, dos en la parte anterior y un tercero detrás. Se sujeta con los dedos meñique y anular, pues los restantes se utilizan para cubrir los agujeros.

 

Cada danzador lleva una cinta de color que sujeta a la parte superior del palo, mientras que con la otra toca las castañuelas, a la vez que van realizando diferentes figuras del baile con motivo de sus pasos. Las castañuelas se hacen sonar en los tiempos marcados, al coincidir con cada paso de baile. Mientras el bailador castañea, recoge o suelta la cinta con ambas manos en función del paso. En los últimos años se ha producido un relevo generacional y de sexo, ya que tanto hombres como mujeres, niños y niñas, pueden conformar el grupo de danzadores. Por último, es tradición que los danzadores no den la espalda a la imagen religiosa que están honrando.

 

El mandador es la persona responsable de dirigir a los danzadores para que no se confundan en los pasos o se retrasen con las castañuelas que deben coincidir con el toque del tambor. El portador suele ser el responsable de sostener bien el palo para que no gire y se trabe la danza.

 

La Danza de las cintas es un baile sobrio en sus pasos, los pies no se separan del suelo con movimientos bruscos, alzando solamente los talones de manera muy suave. El mérito de esta sincronía, tan difícil de ejecutar, estriba en dar remate al baile; es decir, vestir y desnudar el palo sin trabar la danza. Cuando esto ocurre, los mismos bailadores lo expresan con ajijides, que son secundados por el público.

 

Danza de cintas de El Escobonal

 

Danza de cintas de San Pedro (Güímar). La Danza de Cintas de San Pedro de Güímar (Tenerife) nace en el año 1788, cuando un grupo de vecinos solicita al Juez Real poder acompañar a la procesión con dicha danza. Desde esta época se ha mantenido invariable, pues el grado de brillantez en las diferentes procesiones en las que participa supone motivo de honra o vergüenza para el barrio que organiza la fiesta, puesto que los años pares lo hace San Pedro de Arriba y los años impares San Pedro de Abajo.

 

Los danzadores, doce niños y niñas comprendidos entre los 5 y los 12 años, bailan al compás de un tajaraste muy antiguo, transmitido de generación en generación. El palo, de 5 m de largo, está pintado en espiral de colores rojo y verde y en la parte superior lleva un ramillete de flores (siemprevivas) de color amarillo, un rosquete de pan redondo y una bandera española.

 

El lucido gorro que los danzadores llevan en la cabeza, denominado turbante, es similar a la Tiara de San Pedro y se puede considerar la principal característica de su vestimenta. Su peso normalmente supera el medio kilo, lo que significa un auténtico sufrimiento para bailar con uno en la cabeza. Su forma es cilíndrica y su estructura de cartón está forrada con tela de seda de colores y adornado con joyas, abalorios, cintas y flores. Antiguamente, estas prendas eran de oro y plata, lo que daba idea de la categoría del danzante. En la actualidad se han sustituido por piezas de bisutería y lentejuelas.

 

Los danzadores llevan camisa blanca, con una banda de seda a la cintura, anudada a un lado con un gran lazo de puntas bordadas con motivos variados. Los calzones, también de seda, son de diferentes colores y llegan por debajo de la rodilla. Según su categoría en el grupo, el del portador del palo es verde, los de los contratercios son blancos, los tercios amarillos y los guíos rosados. Van calzados con lonas rojas y llevan medias blancas.

 

Danza de San Pedro Abajo (Güímar)

 

Danza de cintas de San Pedro Arriba (Güímar)

 

Danza de cintas de El Escobonal (Güímar). Según la tradición oral, la Danza de cintas de El Escobonal o Danza de El Escobonal y los tamborileros que la acompañan remontan su origen, de procedencia vasca y catalana, a más de 150 años de antigüedad. Se trata de una danza con cintas de colores que se van enredando a un palo a medida que se baila a su alrededor al ritmo de la pita o pequeña flauta, de tambores y castañuelas o castañetas. La danza es común en diversas procesiones y romerías de la localidad y de la comarca.

 

Los doce danzadores van vestidos con ropas de marineros, gorra blanca sin visera, camisa blanca con cuello azul, pantalón bombacho de color azul, hasta debajo de las rodillas, medias y alpargatas blancas. También utiliza una banda que le cruza el pecho y la espalda, rodeando la cintura para colgar en el lado derecho después de cerrar un lazo.

 

Danza de cintas de El Escobonal (Güímar)

 

 

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