Revista nº 877
ISSN 1885-6039

Danzas procesionales y rituales canarias. Danzas de cintas. (II) (Incluye VÍDEOS)

Martes, 19 de Enero de 2021
Redacción BienMeSabe
Publicado en el número 871

La Danza de Cintas de Fasnia es una de las joyas más preciadas de los actos que se celebran en el casco cada año en honor a San Joaquín, en agosto, y a la Virgen del Rosario, en octubre. Fundada en 1941, la bailaban 24 niños que, hoy adultos, crearon la Asociación Cultural Danza de Cintas San Joaquín, recuperándola de nuevo.

 

 

Danza de Cintas de Igueste (Candelaria). La Danza de Cintas de Igueste data de comienzos del siglo XX, inicialmente compuesta por hombres vestidos con la ropa de domingo, aunque con el sombrero negro adornado de hermosas y valiosas prendas familiares demostrando el nivel económico familiar. Posteriormente, en los años 50, pasó a ser mixta, y participaba en las principales fiestas del municipio. Su vestimenta también evolucionó y de las zaleas “estilo guanche” cambiaron al traje típico de Santa Cruz.

 

El acompañamiento musical se limitaba inicialmente al tambor, enriquecido luego por instrumentos de cuerda.

 

Con posterioridad se dividió en dos danzas, una de las cuales tuvo muy pocos años de vida. Tras desaparecer durante algunos años, se recuperó definitivamente en 1990 como Danza venerada de la Santísima Trinidad de Igueste.

 

 

Danzas de Cintas de San Diego (La Laguna). En La Laguna la Danza de Cintas también era denominada Danza de Camino ya que representaba una estampa folclórica localizada de forma puntual en algunos núcleos rurales, bailándose casi exclusivamente en las procesiones y posteriormente en las romerías, donde se mezclaba el fervor religioso con las costumbres populares y/o paganas.

 

En esta danza tradicional está compuesta por doce danzantes, o más, vestidos con pantalón azul y cinta roja a los lados, camisa blanca y lonas; además llevan el escudo de San Diego en el lado izquierdo de la camisa.

 

Los danzadores entrelazan cintas de diferentes tonalidades a un palo central o lanza, y se alternan en una rueda, evolucionando en sentido contrario, girando alrededor de ella, tejiendo y destejiendo el palo con las cintas de colores. Si el camino lo permitía, en el caso de la Danza de San Diego, se podía bailar en un solo palo, con los jóvenes por dentro y los mayores por fuera. Pero si el camino era muy estrecho, los danzarines bailaban en palos distintos.

 

La Danza de las Cintas de San Diego solo sale la víspera de la festividad, acompañando a San Benito en la procesión que realiza en los alrededores de su ermita, y no tiene la costumbre de salir en la romería.

 

 

Danzas de Cintas de San Benito (La Laguna). Originariamente, y según transmisión oral, la Danza de Cintas de San Benito tiene su origen en una promesa al santo, lo que motivó la constitución de un grupo de devotos de la zona de San Diego, que ya tenía su propia danza de cintas, para organizar un baile de las cintas en honor a San Benito.

 

Comenzaron a bailarla los hombres y siempre ha sido tradición que las mujeres no danzaran, aunque en alguna ocasión, y por ausencia masculina, han sido ellas las bailadoras.

 

Este grupo va acompañado de tamborilero y los bailadores se acompañan de las chácaras o castañuelas, que ejecutan a ritmo de tajaraste, que es el único que se toca en la procesión del santo. Además tienen otros toques, de procedencia más moderna, como son el pasodoble y la isa.

 

Danza de Cintas del Valle de Las Mercedes (La Laguna). Su existencia se remonta, al menos, a 1850, ya que, según se sabe, la escritora británica Elizabet Murray asistió a la fiesta ese año.

 

Los danzadores, seis hombres y seis mujeres, bailan al ritmo del tajaraste. Los varones visten camisa blanca con dos bandas de colores, cruzadas entre pecho y espalda, sombrero de fieltro de color negro, pantalones blancos y zapatos negros. Las mujeres llevan el traje tradicional de campesina de Las Mercedes.

 

El palo, de tres metros de altura, está coronado por una bandera española y está pintado de blanco en la parte alta y azul en la parte baja.

 

Danzas de Cintas de Arico, el Viejo. Aunque la actual danza fue creada en 1950 y recuperada en 1996, es importante resaltar que esta tradición existe en esta localidad desde el siglo XVIII.

 

El palo solo mide dos metros de alto, puesto que era muy complicado sostenerlo debido a que el viento reinante en la zona hacía desaparecer los adornos que se le ponían en la parte superior, por eso es el más corto de estas danzas procesionales.

 

Los danzadores son cuatro hombres y cuatro mujeres. Los hombres y las mujeres van vestidos con pantalón y falda negra y camisa o blusa blanca, respectivamente. En la cabeza llevan una boina negra con una cruz de cinta de raso de color blanco o crema. Ambos llevan una banda de cinta de raso de color rojo, que cruza desde el hombro izquierdo a la cadera derecha.

 

 

Danza de Cintas de San Joaquín (Fasnia). La Danza de Cintas de Fasnia es una de las joyas más preciadas de los actos que se celebran en el casco de Fasnia cada año en honor a San Joaquín, en agosto, y a la Virgen del Rosario, en octubre. Fundada en 1941, la bailaban 24 niños, con sus respectivas cintas. En el año 2004, aquellos niños, hoy adultos, crearon la Asociación Cultural Danza de Cintas San Joaquín, recuperándola de nuevo, con la idea de que perdure ya que acaban de crear una Danza de Niños.

 

En esta Danza de Cintas se va vistiendo y desvistiendo el palo central con cintas de colores, mientras los niños danzantes giran al ritmo del tajaraste y al compás del tambor, castañuelas y pito o flauta. El palo, de tres metros de altura, coronado por una bandera española y un estandarte con la imagen de San Joaquín, utiliza cintas de colores rojo, azul y amarillo.

 

Los danzadores, seis hombres y seis mujeres, visten el traje típico de Chasna. Según el lugar que ocupen en el baile, los guías llevan la banda roja, los tercios de color azul, y los contratercios de color amarillo.

 

Danza de cintas (La Victoria de Acentejo). La Danza de Cintas, también denominada en esta comarca tinerfeña Danza de Camino, representa una estampa folklórica localizada de forma puntual en algunos pequeños núcleos rurales, y es bailada, casi exclusivamente, como apertura de procesiones y romerías, donde se mezclaba el fervor religioso con supercherías y costumbres paganas. En Acentejo, este género se incorpora a principios del siglo XX, dejándose de realizar en el año 1944, por lo que no ha tenido el mismo papel protagonista que otras danzas de la zona.

 

Los danzantes (mujeres y hombres), divididos en dos tandas de seis, cada tanda lleva una guía delantera y otra postrera, a las que siguen en las entradas y salidas los respectivos grupos al vestir y desnudar al palo con cintas de varias tonalidades (cuatro rojas y una negra). Al compás del tamboril y la flauta (en los últimos años acompañados de guitarras y timples), marchan bailando dos pasos atrás y otros dos adelante, trazando círculos alrededor de la pértiga en sentido inverso cada tanda, una sobre la derecha y la otra sobre la izquierda, pasando alternativamente por dentro y por fuera cada vez que se cruzan. Finalmente danzan en dirección opuesta para desnudar el palo, haciendo en cada tanda de guía delantera lo que antes fue la postrera.

 

 

 

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