Revista nº 858
ISSN 1885-6039

Valle de La Orotava. 4167

Sábado, 24 de Junio de 2006
Jules Leclercq
Publicado en el número 110

El panorama desplegado ante mi vista era tan bello, tan vasto, tan inesperado, que no encontraba palabras para consignar en mi cuaderno los deliciosos sentimientos que me embargaban. ¡Ay, yo comprendo a todos los viajeros que hayan experimentado el mismo embrujo ante un sitio como éste! Se querría pintarlo con exactitud, pero nadie ha sido capaz de hacerlo. Es posible describir un rincón de Los Alpes o de Los Pirineos, pero La Orotava desafía toda descripción. Este valle parece una parcela desgajada de un mundo mejor. No se parece a nada de lo que solemos ver en otros punto de la Tierra. Se ha dicho, con razón, que se trata de algo distinto, de un paisaje no repetido por la Naturaleza.



Nada hay que avive tanto la curiosidad del viajero como la llegada de noche a un lugar desconocido, con la imaginación dispuesta para ver lo nuevo y maravilloso, y la cabeza repleta de recuerdos obtenidos en las descripciones de los que lo han precedido. La Orotava es uno de esos privilegiados lugares cuya reputación llega muy lejos, de los que los viajeros han hablado con entusiasmo, y, al llegar yo ayer a él, en una noche oscura, me sentía poseído del más vivo afán de conocer sus bellezas con las primeras luces del día.

En La Orotava, hay un paseo, sombreado de plátanos, desde el que se domina todo el paisaje circundante, como desde lo alto de la terraza del castillo de Enrique IV, en Pau. ¡Cómo me latía el corazón cuando, en una hermosa mañana, subía por la calle que lleva a esta terraza! Jamás olvidaré la emoción experimentada al llegar. Aunque el cielo estaba cubierto por nubes que me ocultaban la vista del Pico y sólo me permitían entrever las regiones más bajas, el panorama desplegado ante mi vista era tan bello, tan vasto, tan inesperado, que no encontraba palabras para consignar en mi cuaderno los deliciosos sentimientos que me embargaban. ¡Ay, yo comprendo a todos los viajeros que hayan experimentado el mismo embrujo ante un sitio como éste! Se querría pintarlo con exactitud, pero nadie ha sido capaz de hacerlo. Es posible describir un rincón de Los Alpes o de Los Pirineos, pero La Orotava desafía toda descripción. Este valle parece una parcela desgajada de un mundo mejor. No se parece a nada de lo que solemos ver en otros punto de la Tierra. Se ha dicho, con razón, que se trata de algo distinto, de un paisaje no repetido por la Naturaleza.


Imagen extraída de 'Histoire naturelle des îles Canaries I, 2. Les Miscellanées Canariennes. Planches.,Barker Webb, Phillip Berthelot, Sabin,1839'

En otros lugares, he conocido aspectos más variados, más cautivadores. Yo he visto un cielo más resplandeciente, un más pronunciado verdor, en Portugal, en el valle de Cintra, al que Byron consideraba el más delicioso lugar de Europa; pero ¿dónde hallar estas montañas de clásica belleza, estos colores aterciopelados, esta suave, embalsamada, atmósfera; este templado clima, a pesar de la proximidad de la zona tórrida; este encanto de imposible definición, que hacía decir a Humboldt que no había, en parte alguna, ni siquiera en los bellos valles mejicanos, un cuadro más atractivo, más armonioso? Aquel gran pintor de la Naturaleza encontraba que ningún otro lugar era más apropiado para disipar la melancolía, para devolver la paz a un espíritu agitado. Lo que se experimenta en La Orotava es un sentimiento de serena voluptuosidad, de íntima dicha, tanto más seductor cuanto que no se advierte, y en vano se intentaría analizarlo. Quizá podría lograrlo yo, si llegara a familiarizarme con este nuevo ambiente. Por el momento, disfruto de todo el placer que me proporciona mi primera visión de este panorama en el que los antiguos, sensibles a las bellezas de la Naturaleza, situaron la morada de los bienaventurados.


Imagen extraída de 'Histoire naturelle des îles Canaries I, 2. Les Miscellanées Canariennes. Planches.,Barker Webb, Phillip Berthelot, Sabin,1839'.

* * *

Si el valle de La Orotava no tiene par en el mundo, la villa que le da nombre tiene una fisonomía que sólo a él puede pertenecerle. Ya no hay aquí la fría regularidad de Santa Cruz, ni la monotonía de La Laguna. Este es un complicado laberinto de calles y montuosas callejuelas, tortuosas y embrolladas, trazadas sin plan, entrecruzándose, formando entre sí los ángulos más inverosímiles, comenzando no se sabe dónde, terminando en ninguna parte, no teniendo en cuenta los accidentes del terreno, atacando de frente las más abruptas pendientes, y volcándose a rienda suelta por barrancos y precipicios. He visto calles que no tienen mucho menos de 45 grados de pendiente. La población no es mayor que uno de nuestros pueblos, pero es tan complicada que yo no doy en ella diez pasos sin perderme. Está colgada en la ladera de una montaña que desciende rápidamente hacia el mar, cuya azul llanura se extiende, 2000 pies más abajo, hasta perderse de vista. Sólo dos arterias transversales ofrecen una relativa horizontalidad; las demás son inaccesibles para los carruajes. Las casas están repartidas en desorden, con total ausencia de alineación. Lo que preocupaba mucho más a los altivos castellanos que las edificaron hace doscientos o trescientos años era el construir a más altura que el vecino, trepándose más y más en la montaña. Nadie quería estar privado de la vista del paisaje, y de aquí el que las casas se alcen unas sobre otras por las pendientes más escarpadas. En lo alto del pueblo, me mostraron un arruinado palacio, plantado en un pliegue del terreno, de tan difícil acceso que, según dicen, su propietario no logró habitarlo.


Imagen extraída de 'Impressions et observations dans un voyage à Ténérife.,Mascart, Jean ,1910'













En La Orotava, las casas sólo tienen una planta, útil precaución en un terreno volcánico, sometido a frecuentes temblores de tierra. Cada vivienda termina en una terraza al modo oriental, enlucida con cal. Este es el lugar de reunión de la familia en los atardeceres, para contemplar la puesta del sol entonando canciones acompañadas con los sones de las guitarras. La mayor parte de las casas están hechas de barro, tienen balcones a la española y contraventanas verdes, en las que hay practicados unos postigos cerrados por unos tableros que, suspendidos con bisagras, se levantan cada vez que un viandante turba el silencio de la calle. Aquí, como en Sevilla, se acostumbra señalar los números de las casas y los nombres de la calles con placas esmaltadas. La mayor parte de éstas llevan los nombres de hijos ilustres del país.

En La Orotava, hay muchas casas antiguas que datan de los primeros tiempos de la conquista. Sus majestuosas portadas están rematadas con escudos. Tienen balcones de madera cuidadosamente tallada, y enormes tejados salientes. La más bonita es la de don Juan de la Guardia. Su fachada, del siglo XVI, es de gran originalidad. Cuando uno franquea su entrada, se encuentra en un gracioso patio lleno de frescor, decorado con obras de arte, estatuas que el propietario ha hecho traer de Francia. Flores y pájaros alegran este salón al aire libre. A su alrededor, hay una elegante galería de uno de cuyos ángulos arranca una soberbia escalinata con barandilla de tallada madera de caobo de Tenerife, oscurecida por el tiempo. Esta mansión logra el tipo ideal de la vivienda humana.






Imagen extraída de 'Impressions et observations dans un voyage à Ténérife.,Mascart, Jean ,1910'.








Me ha impresionado tristemente el gran número de ruinas que encuentro a cada paso en La Orotava. La mayor parte de los palacios ha sido destruida por el fuego, exhibiendo aún sus huellas. No se les ha librado de sus cenizas. Viendo estos suntuosos restos, me he creído transportado a Toledo, que presenta el mismo aspecto de abatida grandeza.

Absolutamente aislada del mundo, La Orotava presenta una fisonomía apacible y perfectamente dichosa, que seduce desde el primer instante. Se ha dicho que es la auténtica rus in urbe mencionada por Horacio. ¡Qué lejos se está aquí del ruido y de la agitación de las ciudades! Parece como si los naturales no tuviesen otra ocupación que la de dejar transcurrir, serenos, los días. No hay circulación, no hay carruajes, no se oye otro rumor que el de los arroyos, las canciones y las guitarras. ¡Felices orotavenses! Apenas piensan en la política, ni en organizar pronunciamientos. Les gusta respirar en paz la atmósfera en la que se mezclan el vivificante oxígeno de la montaña y las emanaciones salinas de la mar. Le aseguro que entiendo por qué el naturalista Ledru ha podido afirmar, lleno de entusiasmo que, si hubiera tenido que abandonar su tierra natal y buscar una nueva patria, sería en las islas Afortunadas, y en La Orotava, donde terminaría su vida.

La Orotava era la Arautapala de los guanches. Disfruto imaginando el aspecto que tenía este pueblo ante de la llegada de los españoles, cuando era la residencia de los más poderosos menceyes de Tenerife, capital del reino de Tahoro, (sic) la más bella provincia de toda la república guanche, cuando el pueblo se congregaba en el recinto de Tahoro para proceder a la coronación de un nuevo rey o, también, cuando tenían lugar regocijos públicos acompañados de juegos semejantes a las Olimpiadas.












Imagen extraída de 'Impressions et observations dans un voyage à Ténérife.,Mascart, Jean ,1910'.














Y, por otra parte, ¡cuántos recuerdos clásicos evocan la vista de este afortunado rincón de la tierra! ¿No es éste el lugar que un dogma de la mitología pagana suponía reservado a los héroes y los sabios? Estos son los Campos Elíseos descritos por Homero, donde los hombres disfrutaban de una existencia dulce y apacible. ¿No es también en este valle de La Orotava donde se encontraban aquellos famosos jardines de las Hespérides, que producían las manzanas de oro, guardadas por un dragón? Hesiodo dice que Atlas sostenía la bóveda celeste en los extremos de la tierra, cerca del país de las Hespérides. ¿Atlas no es el Pico de Tenerife, y no ha identificado la Antigüedad el país de las Hespérides con las islas Afortunadas? El dragón que guardaba las manzanas de oro no era, sin duda, otra cosa que el árbol de las Canarias conocido con el nombre de drago, cuyo tronco afecta la forma de monstruosa serpiente, y cuya sabia se asemeja tanto a la sangre de un ser vivo que se confunde con ella. En cuanto a las manzanas de oro, aún se producen en La Orotava: son las naranjas, designadas en latín con el nombre de malum aureum o malum Hesperium (manzana de las Hespérides).


Fragmento tomado de Viaje a las islas Afortunadas. Cartas desde las Canarias en 1879, de Jules Leclercq, Viceconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias, Islas Canarias, 1990.

Las imágenes se han obtenido gracias al Proyecto Humboldt.

Comentarios
Lunes, 07 de Agosto de 2017 a las 01:50 am - julio cesar machado pereira

#02 Orotava, tengo entendido que un re-tatara abuelo mio habia venido a Uruguay de ese lugar, de apellido Machado, no tengo mas datos.

Miércoles, 20 de Mayo de 2009 a las 00:31 am - wiliam

#01 bueno que puedo decir el dibujo no era tan bueno como me lo esperaba pero estuvo bien tendran que superarlo mas