Revista nº 798
ISSN 1885-6039

La Agrupación Musical La Esperanza: rumbo al centenario.

Martes, 13 de Agosto de 2019
Rafael Luis, Martín Espinosa, Manuel Mesa y Felipe Falcón
Publicado en el número 796

Ahora que se celebran las fiestas del municipio tinerfeño de La Guancha, rescatamos un pregón de interés que fue llevado a cabo hace unos años y que versa sobre esta agrupación musical, que en esta anualidad anda cumpliendo los 95 años de existencia.

 

 

Existe un dicho popular que dice los hombres son como los músicos, vienen, tocan y se van y, efectivamente, aquí sobre este balcón, nos encontramos cuatro hombres, cuatro hombres que representan a otros cientos de hombres y mujeres que a lo largo de estos noventa años de historia han pasado por los atriles de la Banda de Música. Esta vez, hemos sustituido las partituras por folios, las notas musicales por palabras y la melodía por vivencias y sentimientos, que esperamos sirvan de recuerdo a todas aquellos que fueron, que son y que serán parte activa de un orgullo, ser músico de la Banda de La Guancha.

 

Nuestra historia comienza allá por el año 1924 y, como cualquier nacimiento, se esperaba con anhelo e incertidumbre. Gracias al párroco don Domingo y a la labor continuada de un hijo de este pueblo, don Juan Luis Reyes, La Guancha ponía la primera semilla de lo que hoy somos, y no fue nada fácil. Como anécdota debemos recordar que en nuestro pueblo no se sabía muy bien qué era eso de la música, y el día que se traían los primeros instrumentos cargados en caballería desde San Juan de la Rambla, los niños del pueblo acudieron en comitiva hasta el Molino del Viento a ver a la música que venía a los lomos de un mulo. ¡Ay... si hubiera sido hoy, hubiéramos sido trending topic en Twitter!

 

La música siempre ha sido la hermana pobre de las artes y siempre se relegó a un segundo papel, en especial cuando había otras necesidades más perentorias. Prueba de ello es que el regreso de don Juan Luis Reyes a La Guancha se produce con el ofrecimiento del puesto de oficial del ayuntamiento y director de la Banda de Música, cada uno de los puestos con su respectivo sueldo; pero una vez aquí, solo el puesto de oficial era remunerado, lo que no fue obstáculo para que el maestro empezara con su fructífera labor musical. Como cualquier aspecto de la vida de esa época, todo lo marcaba la austeridad y la pobreza (¡pero si no había ni para comer!), pero aquellos guancheros lucharon contra viento y marea para conseguir que La Guancha tuviera banda. En esta época no había para partituras, así que las pocas que nos eran prestadas debían ser copiadas de forma manuscrita por el director y los músicos más aventajados; siempre rogando que en las procesiones y los conciertos no lloviera, porque entonces se iba la tinta del papel, y adiós a la partitura y bienvenido el manchurrón en la blanca camisa del uniforme. En este aspecto, debemos mencionar la magnífica labor que realizó don Félix Domínguez (conocido por Fifo), que fue una gran copista de música. Todos los trabajos que realizó durante su paso por el ejército, ya que fue músico de la banda del regimiento de Las Palmas, fueron donados a la banda, formando parte del impresionante archivo musical del que hoy disponemos.

 

Los comienzos nunca son fáciles, pero nuestro pueblo siempre asumió como suyo el propósito de tener banda: don Celio Pérez Pérez donó el local de ensayo, las jóvenes guancheras se afanaban en los calados para conseguir unas perritas para comprar instrumentos...; a finales de los años 50, don Faustino Delgado crea una comisión en Venezuela para recaudar fondos, existiendo en los archivos de la banda documentos que acreditan la aportación de muchos guancheros, además de personas de otras islas residentes en Venezuela, e incluso de peninsulares y portugueses. En un documento muy interesante, titulado Cómo nació la Banda de Música La Esperanza, de La Guancha, y cuyo autor es don Cristóbal Barrios Rodríguez, se dice: En el pueblo se hicieron algunas recolectas, pero lo que verdaderamente engrosó el caudal fue el reparto de colchas dentro de las jóvenes solteras del pueblo, ya que sacado de hebras y calado iba a engrosar la exigua recaudación ya hecha, ninguna joven del pueblo se negó a dicha propuesta y de esta manera el dinero pudo aumentar. En este mismo documento se señala que la primera pieza que se ensayó fue una marcha de procesión que se estrenó el dieciocho de enero de 1924 y se tocó cuatro veces en el recorrido. A la banda se le puso el nombre de La Esperanza, a propuesta de don Hipólito Sinforiano González Mesa, en honor a la patrona del pueblo.

 

El devenir de la banda, al igual que el de las personas, se engrandece de buenos y malos momentos, de bondades y estrecheces, y en todas ellas música y pueblo han ido de la mano. Nos viene a la memoria una anécdota de cuando el dinero era escaso y las ganas de buena música eran muchas: después de rascar por todas partes, la banda consiguió dinero para comprarle un nuevo bajo a Mundo. El dinero se giró a una empresa situada en Zaragoza y, cuando se nos envió el instrumento, descubrimos con estupor que era más un bombardino que un bajo. Se reclamó a la empresa y esta daba largas y largas, hasta que apareció un conocido de don Juan Luis, que a su vez era paisano del Gobernador Civil de Tenerife, el cual le dijo: no te preocupes, Juan, que yo hablaré con el Gobernador Civil de Zaragoza, que es amigo mío y nos echará una mano; y gracias a estas amistades, la empresa zaragozana envió una carta disculpándose y enviando un nuevo bajo.

 

Otra anécdota y relacionada nuevamente con el bajo de Mundo y las vivencias de esta banda, nos traslada a los ensayos en el local del ayuntamiento viejo. Los tejados de la época eran el refugio de muchos pájaros y por desgracia una cría terminó sus días en el bajo de Mundo, sin que nadie tuviera conocimiento de ello... Así, una noche de ensayo, cada vez que tocaba el bajo el hedor era insoportable, aunque todo el mundo echaba la culpa del mal olor a un músico con problemas de bajo vientre... Todos decían que era un olor diferente pero nadie conocía su origen, hasta que Mundo inclinó el bajo y salieron los restos del pajarillo.

 

Las penurias y falta de recursos hacían trabajar la invención, así cuando en alguna ocasión se hacía necesario el sonido de campanas, ahí estaban los músicos de camino al Calvario o a la Asomada en busca de la campana de la capilla. No podemos olvidarnos de esa imagen memorable de Salvador (Canario para los amigos) tocando el sacho en la obra Teide como sustituto de la campana en el Casino de Granadilla. También se utilizaron cueros de cabra para reparar las roturas del bombo; eso sí, cuando la banda iba de tocata al Sur, había que aflojar los parches para que no reventaran; o cuando Cuco ponía bombillas para tensar el cuero del bombo, en las épocas frías de nuestro pueblo... A pesar de tanta penuria, la banda contaba con su propio lutier, don Francisco Felipe, más conocido como Pacho el de Doña Antonica, que era un especialista en minisoldaduras en los instrumentos y que nunca cobró una duro a la banda por los arreglos. Don Juan Luis también era especialista en aprovechar las cañas de los instrumentos de viento y las zapatillas, dándole vida más allá de lo aconsejable.

 

Hubo épocas en que ser músico se convertía en una actividad de alto riesgo. Fue memorable una procesión marítima en Puerto Santiago, donde en una pequeña lancha se juntaron la Virgen del Carmen, el párroco, la comisión de fiestas y la orquesta (por cierto, el cura no sabía nadar y pedía música alegrita para sobrellevar ese calvario acuático); y en otra lancha iban los voladores, que accidentalmente explotaron y no causaron una desgracia de milagro. Pero esa relación amor-odio de la banda y los fuegos artificiales no acaba aquí: en una procesión en Arico, nuestro compañero Mime perdió las gafas y tuvo que ser hospitalizado debido que le explotó un volador en la cara. Además, en los famosos fuegos de la Cruz de Los Realejos, Valeriano sufrió en sus propias carnes los efectos de una carcasa.

 

 

Música, fiestas y anécdotas. Como se desprende de nuestra historia, música y fiestas siempre han ido de la mano. No hay fiesta que se precie que no tenga una buena banda en su programa y no hay banda que no monte una buena fiesta. El periódico Gaceta de Tenerife, en su edición del 14 de agosto de 1925, recogía el programa de las fiestas de nuestro pueblo en ese año y donde se puede leer que el día 17 de agosto a las nueve de la mañana habrá una solemne función religiosa de promesa en la que se cantará la misa de Justo Blasos y ocupará la sagrada cátedra el señor cura párroco de Arico, saliendo luego la Virgen acompañada de la Banda de música de este pueblo. También en la misma Gaceta, pero en su edición del 1 de septiembre de 1925, se recoge en el programa de fiestas en honor de Nuestra Señora de Abona la actuación de nuestra banda señalando lo siguiente: a las 8 de la tarde recibimiento de la Banda de música infantil que desde el pueblo de La Guancha, ha ofrecido traer el entusiasta y digno párroco de aquel, don Domingo Hernández, fundador de dicha banda, la que será recibida por este vecindario que esperan con gran entusiasmo. (Todos estos datos y muchos más han sido rescatados de la hemeroteca de la Universidad de La Laguna).

 

El músico de por sí es festero y alegre, y en nuestra agrupación tenemos claros y buenos ejemplos de ello. En una ocasión, la banda fue contratada para honrar los funerales de una señora de San Juan del Reparo, que en sus últimas voluntades dejó dicho que quería la Banda de La Guancha en su entierro y además que se le agasajara con buenas viandas. Finalizado el funeral, y tras hacer uso del buen vino y de la buena comida, una comitiva festera formó un baile en la plaza y una persona gritó a viva voz ¡¡¡Viva la muerta!!!, a lo que algunas personas contestaron ¡¡Viva!!

 

Vivencias y anécdotas de estos 90 años tenemos muchas, tantas que estaríamos horas y horas hablando sin parar; pero como el tiempo apremia y la música y la fiesta esperan, daremos unas pinceladas de aquellas que muestran cómo es la institución por dentro... ¿Saben ustedes donde nació la música acuática?, pues en un ensayo de la banda, de la mano de nuestro amigo Mundo, que sufrió las trastadas de sus compañeros llenando la campana del bajo con agua... Muchas veces el cansancio y el trabajo diario podía con los músicos en el ensayo, y en alguna que otra ocasión se quedaban adormilados; eso sí, como buenos profesionales seguían tocando, hasta que las carcajadas de los compañeros le hacían despertar de su letargo. Otras veces este cansancio y la espera, se avivaba con conversaciones y alegatos dignos de un guión de Almodóvar, y en este sentido nos viene a la memoria una conversación, entre Manuel el de Antonio Cura y don Juan, sobre lo peligroso que eran esos paseos a la finca que hacía el primero junto con su mujer y su burra. En esa época, las carreteras no tenían las líneas blancas que hoy observamos, por lo que según la normativa de la época al llegar a una curva se estaba obligado a tocar el claxon dos veces. Don Juan recriminaba a Manuel que era un peligro ir con la burra, porque esta no tenía claxon, a lo que este respondía que su burra era muy inteligente, y que cuando llegaba a las curvas emitía dos sonoros rebuznos, por lo que la Guardia Civil no lo podía multar.

 

Otra anécdota curiosa se produjo en el año 1988, en el segundo viaje de la banda a Galicia, donde por poco nos imputan la comisión de un delito de tráfico de instrumentos. La banda, en su gira por tierras gallegas, hizo una incursión de un día a Portugal y, de regreso a Galicia, la comitiva musical fue parada por la Guardia Civil en la frontera, revisando las guaguas y pidiendo facturas y papeles de todos los instrumentos que iban en sus bodegas. Hubo que solicitar del alcalde de Chantada un certificado que acreditase la actuación de la banda en su pueblo el día anterior, y gracias a este certificado los músicos guancheros no pasaron la noche en el calabozo.

 

El desarrollo social y económico del municipio, como es lógico, también se trasladó a la banda de música y la apertura de la carretera del PIRS supuso abrir la banda a los barrios, cumpliéndose así un anhelo de don Juan, que veía cómo los vecinos de Santa Catalina se iban a la Banda de San Juan de la Rambla, pues la incomunicación geográfica imposibilitaba la existencia de músicos de los barrios costeros en la Banda de La Guancha. Con la llegada de los años 80 y el establecimiento de la Escuela de Música, jóvenes de Santo Domingo y Santa Catalina fueron incorporándose a nuestros atriles, agrandando nuestra familia musical.

 

Banda viajera. La Banda de Música La Esperanza siempre ha sido tildada de Banda Viajera y nuestras memorias dan fe de ello. Desde su comienzo, la banda no puso límites a su universo, aunque en aquella época, más que viajes fueran aventuras. En la edición del 1 de septiembre de 1932 de Gaceta de Tenerife, en un artículo sobre las fiestas en honor de Nuestra Señora de los Ángeles en el municipio de El Sauzal, se anunciaba que el 4 de septiembre de 1932, a las dos de la tarde, llegaría la popular y aplaudida banda de música del pueblo de La Guancha, que entrará ejecutando un precioso pasodoble.

 

A pesar de las dificultades de movilidad de la época, nuestra banda de música recorrió la geografía insular, pasando por las fiestas de Los Realejos, La Orotava, Tacoronte, Santa Úrsula, etc. También desfiló con otras bandas de Tenerife en la visita de Franco a la isla. Pero de todas estas visitas de la primera etapa de la banda, las que con más cariño y anhelo recuerdan los músicos eran las tocatas programas en lugares tan lejanos en aquel entonces como Santiago del Teide, Tamaimo y en especial Arguayo, donde el cariño, la amabilidad y el respeto con que fueron tratados nunca será olvidado por los guancheros. 

 

En estos viajes, se utilizaba un camión, algo que estaba prohibido y castigado por la ley. Para ello se cubría el remolque con un toldo y se cerraba completamente, para luego rogar al sargento de la Guardia Civil que hiciera la vista gorda y no cursara denuncia alguna. Los viajes a Arguayo se contrataban por dos días y los músicos eran repartidos entre las familias mejor situadas económicamente, efectuándose en sus casas las comidas, el aseo y el poco descanso que permitían las fiestas. Por la noche se dividía la banda en dos y se tocaba música bailable hasta la madrugada, y en algunas casas hasta bien entrado el día. Se recuerda con cariño de estos viajes a un viejecillo que vivía solo, y según parece pobre de solemnidad, el cual se ponía a pelar higos picos en una huerta cercana a la iglesia, para que los músicos se los comieran al amanecer y así evitar la resaca de una noche en vela. De estos viajes a Arguayo, surgieron sinceras amistades, noviazgos e incluso algunas bodas.

 

Con la mejora de la economía, los viajes cambiaron, las comisiones y los ayuntamientos ponían a disposición de la banda guaguas que proporcionaban desplazamientos cómodos y rápidos. Permítanme recordar un concierto en Los Silos, donde un músico salido del cascarón no entró a tiempo en un solo de trompeta que debía tocar, admirado, digámoslo así, del panorama que divisaba desde lo alto del quiosco, que no era otra cosa que un generoso escote para la época de una joven que se encontraba sentada en una mesa del quiosco.

 

 

Resurgir. En el resurgir de la banda, la tercera etapa fue de más altas miras, y los viajes se realizaban a otras islas y a la Península, no agrandando el territorio por falta de recursos económicos, pues en dos ocasiones fue invitada a participar en certámenes en Holanda y Suecia. De estos viajes, se guarda especial recuerdo de aquellos con destino a las tierras gallegas, donde la isa se mezcló con la muñeira y el vino canario con el albariño. El Diario de Avisos recogía la tercera gira de la banda de La Guancha por tierras gallegas con el siguiente titular: “La Banda de música La Esperanza de la Guancha triunfó en Galicia”, haciéndose eco de lo publicado por varios diarios gallegos como La Región, El Progreso y La Voz de Galicia.

 

En la vida de nuestra agrupación también han existido momentos gloriosos e inolvidables, que se han quedado en la retina, no solo de los músicos, sino también en la memoria de nuestro pueblo. Prueba de ello fue el primer viaje a la isla de La Palma en 1980, que creó mucha expectación entre los vecinos por la vinculación de La Guancha con la Isla Bonita. En esta ocasión más de 100 personas la acompañaron en el viaje.

 

El primer premio de la segunda categoría en el concurso de Bandas de Santa Cruz de Tenerife en 1991, marcó un antes y un después en la banda. Se había dado un gran paso en nuestra agrupación, la semilla sembrada empezaba a dar sus frutos, pero también las exigencias y responsabilidades eran muchas, ya no éramos una simple banda de pueblo, éramos LA BANDA LA ESPERANZA DE LA GUANCHA.

 

Otra página de oro de nuestra historia lo ocupa el viaje a Asturias y la actuación en el Teatro Campoamor de Oviedo en el año 1997, representando a la Federación Tinerfeña de Bandas de Música. Los aplausos y los vítores del público aún resuenan en los oídos de todos aquellos que vivimos ese inmortal momento, nunca el pasadoble “Islas Canarias” sonó con tanto sentimiento como en esa noche.

 

No podemos olvidar, aunque sea muy reciente, la concesión de la Medalla de Oro de La Guancha a nuestra banda el pasado mes de enero. En un acto sencillo, pero impecable, nuestro Ayuntamiento reconoció públicamente la labor callada de cientos de guancheros que, a lo largo de 90 años de historia, han ido poniendo su granito de arena para que hoy seamos lo que somos, para que La Guancha se sienta orgullosa de su banda y la banda orgullosa de ser guanchera.

 

Las memorias de nuestra banda se recogen en un entrañable y minucioso trabajo de Salvador Pérez Pérez. Un magnífico libro titulado La Banda en la vida y al que los músicos estaremos siempre agradecidos. En 351 páginas se recogen los aspectos y anécdotas más relevantes de nuestra agrupación, y un guiño a los músicos del futuro para que mantengan viva la llama musical en La Guancha. Nuestro amigo Salvador, con la valiosa colaboración de Juan Rodríguez, ha sabido recopilar en este trabajo cada granito de arena que músicos y guancheros han ido amontonando año tras año y ya forma parte de esa gran montaña que es la música en La Guancha. Permítanos, una vez más, usar este atril para mostrarle nuestro más sincero agradecimiento a los dos.

 

No nos podemos olvidar del objetivo que nos ha traído aquí esta noche, que no es otro que el de dar comienzo a las Fiestas Patronales en honor de Nuestra Señora de la Esperanza. La afamada flautista española Magdalena Martínez decía que la música es el arte más directo, entra por los oídos y va al corazón. Nosotros, por tanto, podemos decir que en nuestro corazón tienen un hueco importante dos cosas: la música y nuestra patrona la Virgen de la Esperanza. La devoción la llevamos en el nombre de la agrupación y el color de su manto preside nuestra bandera. En nuestro archivo, también se guarda una marcha con el título “Virgen de La Esperanza”, cuyo compositor es Juan Luis Reyes. En definitiva, nuestra patrona siempre ha marcado el rumbo de esta agrupación y a ella rendimos pleitesía con lo mejor que sabemos hacer, que no es otra cosa que llenar de melodías sus procesiones y paseos por el pueblo. Al igual que un diapasón vibra con una misma nota, amplificando el pequeño golpe que se le da al instrumento, hemos de considerar a Nuestra Señora de la Esperanza como una caja de resonancia que marca el camino de nuestro pueblo y nuestras vidas.

 

Por último, nos van a permitir que hagamos una mirada al futuro, a todos esos jóvenes que desde los atriles de la banda o de la escuela de música preparan la senda de lo que será la banda en los próximos años, a ellos pedimos que continúen esta bonita labor. Decía Nietzsche, el famoso filosofo alemán, que la vida sin música sería un error, y hoy no podemos cometer ese error, que la música, en sus más diversas vertientes, siga llenado de alegría y entusiasmo nuestras calles y plazas y que banda y pueblo sigan juntos de la mano, pero para ello es necesario que todos pongamos nuestro granito de arena, quizás a través de la creación de una asociación de amigos de la banda y cada uno de nosotros, dentro de sus posibilidades, contribuya al mantenimiento de la música, que en palabras de Brahms es la más bella expresión del alma.

 

Cumpliendo con el dicho popular, los músicos ya se van, pero no sin antes desearles a todos que disfruten de la fiesta que ahora comienza, que Nuestra Señora de la Esperanza nos acompañe en estos días de asueto y, utilizando las palabras de Bob Marley: Una cosa buena que tiene la música, es que cuando llega, te olvidas de los problemas, así que: Música, maestro, muchas gracias a todos y Felices Fiestas.

 

 

 

Pregón de las Fiestas 2014 en La Guancha en honor a la Virgen de la Esperanza en el 90 aniversario de la Agrupación Musical La Esperanza, realizado por Rafael Luis, Martín Espinosa, Manuel Mesa y Felipe Falcón, miembros de la propia AMLE.

 

 

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