Revista n.º 1169 / ISSN 1885-6039

Mi amigo Chucho y la ecología. Algunos cantares (incluye VÍDEO)

Domingo, 13 de septiembre de 2026
Manuel J. Lorenzo Perera
Publicado en el n.º 1165

Constituyó una estampa muy frecuente encontrar a Chucho Dorta (Benahuya) (1950-2002), con su atavío característico y su tambor, en las fiestas de los distintos pueblos de la isla. Siempre fue diferente a los demás. Fue duro y crítico con los atropellos paisajísticos que han ido masacrando nuestro territorio canario.

Chucho Dorta

... Se llevó a cabo la III edición con los mismos males que en años anteriores, injustificables por la penuria económica, ya que sí parece haber habido fondos para invitar a personal de tercera fila, periodistas del corazón, y cenas. Así, el personal asistente al Festival de este año, una vez más, nada ha tenido que ver con la ecología y lejanamente con el cine (...).

El resultado es que el Festival está resultando todo lo contrario de lo que pretende: la ecología se ha perdido como objetivo.

Y, sencillamente, es esencia que tengamos claro, muy claro, lo que debe ser el Festival de Canarias: Jornadas por la Ecología, por su defensa, por su divulgación, convertir las Islas en una foco de cultura al efecto, con proyección real en la calle y en los medios de comunicación especializados.

(Yaiza Borges, El Día, Santa Cruz de Tenerife, 28 de diciembre de 1984)


Hay un dato que han omitido los biógrafos del recientemente fallecido Gobernador de Tenerife, Paco Afonso. Nos referimos a su mes de estancia en el colegio salesiano de La Orotava. Allí conocí, siendo miembros de la clase chica, a mi amigo Carrillo. Cuando transcurrió el tiempo indicado más arriba, amigos suyos del Puerto, que prosiguieron estudiando en la Villa, nos dijeron que se había pasado al colegio portuense de los agustinos que al parecer, por aquellos años, comenzaba su andadura.

Saco esto a relucir porque fue también en aquel centro docente de La Orotava -al que algún día pensamos dedicarle una extensa y curiosísima novela- donde conocí a mi amigo Chucho Dorta, popularmente conocido por Chucho el Peluja.

Juntos crecimos -escapándonos constantemente del manto protector de María Auxiliadora- a pesar de que Chucho vivía exactamente pegadito al colegio en aquel disparatado mundo salpicado por las típicas y sucesivas aficiones de cazar lagartos, ranas y escorpiones, bañarnos en pelotas en el estanque del Peluja y otras piscinas limítrofes, los partidos de fútbol, de baloncesto..., sin que faltaran las anécdotas cargadas de excesivo control y represión tan características de la etapa política en la que nos tocó vivir.

Después de la magallotería, las circunstancias obligaron a que cada cual arrancara la caña para lo que -en medio de una situación de despistes y orientaciones ausenctes- habíamos elegido. Chucho estuvo muchos años en la extranjelia y al final apareció con su pelo largo atado con un cordel, el bastón de palo usado por los cabreros griegos para matar serpientes y su pata de cabra colgada al cuello. Siempre fue diferente a los demás, es decir, más espontáneo, atrevido y hasta contrariado. Una de las últimas veces que lo vio su fallecido abuelo don Eustaquio el Peluja con aquel mogollón de atuendos, le dijo algo así como que se alistara en el ejército cubano.

Y miren ustedes por dónde que una nuevas cuestión volvió a unirnos: el amor a las cabras y a nuestro pisoteados e incomprendidos pastores, a los que en más de una ocasión hemos elogiado y animado. En suma, a la vida natural y a la madre naturaleza. Pese a lo que dicen muchos galenos higienizados, nos gusta más el queso blanco y la carne cabra que el queso holandés y la carne congelada.

Dorta en el agua con las cabras

Lo relatado en líneas anteriores ayuda a comprender por qué razón metimos dos rebaños de cabras en el coso del último carnaval porteño, con el objeto de sembrar algo de naturalidad en lo que se ha convertido en un despilfarro y un escaparate. ¡Pobres carnavales, con lo bonitos, espontáneos y populares que eran antes! Los últimos mandatarios de la ciudad los han convertido en un auténtico asquito donde lo que parece privar es el derroche, el lujo y su condición de fiesta turística. Al ritmo del guancheril tajaraste levantamos una pancarta donde se leía: ¡CANARIO, ESTOY BUSCANDO LA IDENTIDAD PERDIDA! y, al dorso, dos enunciados que hoy pueden considerarse antipesoe: ¡OTAN NO, CABREROS SÍ! y ¡BASES NUCLEARES NO, CAGARRUTAS DE CABRAS SÍ!

Constituyó una estampa muy frecuente encontrar a Chucho Dorta (Benahuya), con su atavío característico y su tambor, en las fiestas de los distintos pueblos de la isla: El Amparo, El Palmar, La Orotava, Icod, Puerto de la Cruz, Acentejo... Entonaba sus propias composiciones y aprovechaba para repartir las hojillas donde aparecían un número variable de cantares -chistes, como le dijo una vez a una mujer vieja de El Amparo- frecuentemente relacionados con el ambiente festero en el que participaba.

Chucho -que no es el mejor ni el peor de los poetas- siempre ha cantado con mucho corazón todas aquellas costumbres y hechos que a lo largo de su existencia ha sentido o padecido. Su obra -la de un poeta popular- ofrece una amplia gama en lo que a contenido se refiere. Los temas han sido múltiples y opinamos que los más intensamente tratados son los que a continuación señalamos.

La Ecología, el canto a la naturaleza, ocupa en su amplia composición literaria una destacada importancia. Ha sido en ocasiones duro y crítico -como hay que ser- con los atropellos paisajísticos que en el transcurso de los años han ido masacrando nuestro territorio canario:

Bendita tu plaza El Charco

con tu fuente de ñameras

y llegando hasta Martiánez

el camino las Palmeras.

***

En el Puerto de la Cruz

ya ni se cogen morenas

y todos los pescadores

solo se cuentan las penas.

***

La playita de Los Roques

la cambiaron por Acapulco,

¿dónde estarán las morenas,

las lapitas y los pulpos?

***

En el Charco las Mujeres

ya no te puedes bañar;

aquí están los mandamientos

de cemento y alquitrán.

***

¡Ay, mi Puerto de la Cruz,

comido por el cemento,

que añoras la libertad

y el arrullo de los vientos.

***

En la Playa de Martiánez

las olas siguen llorando

y pasan toda la noche

los tarajales buscando.

Aún recordamos el día en que en Santa Úrsula un conocido de La Villa le indicaba que su poesía no tenía fondo, a lo que Jesús Dorta arremetió recitándole el siguiente cantar:

En un día e vendimia

a los ojos nos miramos

y cortando los racimos

en silencio nos besamos.

Las cabras y los cabreros -a los que ha intenado defender a ultranza frente a posturas caprichosas y de absoluta incomprensión- aparecen muchas veces citados y ennoblecidos:

Jay mi macho Sabedor

comiendo hierba en Las Dehesas

junto a hoteles extranjeros

que esgorrifaron la tierra.

***

San Isidro, San Isidro,

patrón de los aventeros,

acaba con el cacique,

dale paz a los sabreros.

***

Hay algunos concejales

que no se oponen al cabrero

porque las cabras se comen

las flores del extranjero.

***

Que encadena nuestras playas

los caminos y veredas

y los gandules canarios

les aguantamos las pedas.

Con el cabrero Pedro Dóniz en las cumbres de La Orotava (1962)

A la emigración -padecida en carne viva y sin opción a regresar como indiano rico- le dedica cantares como estos:

Si queremos agua,

no a la emigración,

pos tenemos maguas

de vivir mejor.

***

Emigrante, emigrante,

herramienta del sistema,

te vendieron como a un burro

sin importarles las penas.

Igualmente es destacable -tal como acaece en el escrito poético alusivo al pueblo gomero de Chipude- el espacio que dedica a los numerosos niños que "en este País de la Fortuna siguen andando sin cariño, sn atenciones, sin escuela...":

Estudiante, estudiante,

que fuiste privilegiado,

no te olvides de los niños

en los campos desolados.

No podía faltar, por supuesto, el noble tema de nuestros añorados y sentidos antepasados guanches:

En la Fortaleza oí

el silbido de los guanches,

un arma libertadora

que se escucha en todas partes.

***

La tierra nos la robaron

jel peral y las entrañas

los guanches se defendieron

con escopetas de caña.

En un País como el nuestro -la reserva espiritual de Occidente, como alguien dijo- es sumamente difícil vivir del tambor y de los versos. Y algo similar acaece cuando las personas intentan liberarse "de la forma social y sabia y tradicionalmente impuesta". Para un amplio sector de nuestro pueblo, lo recto sigue siendo sacar el carnet de conducir, ir al cuartel, casarse, compranser el vídeo e ir a misa los domingos y fiestas de guardar. Tales condicionantes influenciaron en el hecho de que, desde hace un tiempo, viéramos a Chucho despojado de los símbolos que meses atrás había cargado con orgullo. Se había convertido en un hombre serio, fiel acatador de la buena normal social. En esa situación fue a la clausura del Festival de Cine Ecológico y me estoy suponiendo la cara de Chucho Dorta contemplando tanta falsedad ecológica, mientras recordaba la antigua disposición de la Playa de los Roques, la de Martiánez, el viejo Muelle, la playa del Bolullo... Y su ánimo de desenfreno cuando llegó a la plaza del Charco y vio la pila -la pila de la ciudad turística donde se celebraba el Festival de Cine Ecológico- llena de cacharros y de un buen cúmulo de basura. Se guindó dentro, empezó a sacar las latas, se tiraba del muro, la gente se concentraba a su alrededor, llegó una pareja de la guardia municipal y mi amigo Chucho tirándose una y otra vez cogía agua con las manos y se la echaba por encima a la ñamera de la pila.

La ñamera de la plaza del Charco -tantas veces cantada por los poetas- es uno de los símbolos vivos, de las pocas cosas viejas, entrañables y naturales que nos quedan en este cosmopolita Puerto de la Cruz. Los mandatarios de todos los tiempos han preferido -pese a la reconocida belleza de la flora autóctona canaria- plantar palmeras chinas, cocoteros, ficus, eucaliptus... El día que suelten por aquí un rebaño de canguros preñados muchos son los que se van a pensar que están viviendo en Australia.

Más de uno me contó lo de Chucho en un tono burlesquillo y simpaticón. Otras mentes dedujeron que Chucho se guindó vestido a la pila de la plaza del Charco porque él -como tantos más- prefiere la naturaleza a lo artifical, es decir, lo que nos han espetado ese montón de especuladores que han venido a nuestras Islas a ponerse las botas sin importarles un carajo qué es lo que tenían que cepillarse.

"¡Ay, mi Puerto de la Cruz, / comido por el cemento!". Salvemos el escaso legado cultural, arquitectónico y ecológico que nos queda. Existen soluciones. Los términos progreso y respeto a la tradición son perfectamente compatibles. Esa es la mejor herencia que podemos dejarle a las futuras generaciones. Ahí está el reto ecológico del futuro inmediato.


Texto publicado originariamente en el n.º 6 (noviembre de 1985) de San Borondón. Revista cultural canaria (CCPC). Hemos modificado un poco la parte final del título.

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