Revista n.º 1164 / ISSN 1885-6039

Concierto de Isabel, Antidio Cabal. Presentación y antología comentada (y II)

Jueves, 3 de septiembre de 2026
Beatriz Morales Fernández / Macarena Nieves / Nayra Pérez Hernández / Luis Piernavieja/ Mariano de Santa Ana
Publicado en el n.º 1164

Segunda parte del recuento de lo compartido por doce personas durante la presentación de Concierto de Isabel (y más extraña lengua, Mercurio Editorial). Se rescata una entrevista de Mariano de Santa Ana a Antidio Cabal (suplemento Cultura de La Provincia, 23 de abril de 1998).

Pieza hecha para la foto de portada de 'Concierto de Isabel'

(Viene de aquí)

Cosmología amorosa, lenguaje y construcción simbólica en Concierto de Isabel (1986-1987)

La lectura de Concierto de Isabel (1986-1987), de Antidio Cabal, revela una arquitectura poética sustentada en la exploración de la experiencia amorosa y sus múltiples manifestaciones simbólicas. Lejos de concebir el amor como una mera temática lírica, el poemario lo convierte en un principio estructurador capaz de articular una reflexión simultánea sobre la identidad, la alteridad, el lenguaje y los límites de la representación poética.

Desde esta perspectiva, la obra puede analizarse a partir de tres ejes fundamentales: la noción de concierto como espacio polifónico de construcción del sujeto, el proceso de configuración del universo amoroso y la creación de una auténtica cosmología afectiva cuya piedra angular reside en la constante problematización del concepto de poema.

El concierto no se presenta únicamente como una reunión armónica de elementos, sino como un espacio donde diferentes voces dialogan, se contradicen y se interpelan mutuamente. A lo largo de la obra, el sujeto poético se encuentra inmerso en una permanente negociación entre el yo y el otro. El amor aparece atravesado por preguntas fundamentales: quién es realmente el ser amado, qué parte de él pertenece a la realidad y qué parte responde a una construcción imaginaria elaborada por quien ama. La experiencia amorosa se convierte así en un territorio paradójico donde la presencia física del otro convive con su proyección simbólica. Esta tensión constituye uno de los núcleos conceptuales del libro. El sujeto amado se presenta simultáneamente como realidad concreta y como construcción mental, generando un constante desplazamiento entre lo vivido y lo imaginado. En consecuencia, el amor deja de entenderse como una certeza para convertirse en un espacio de interrogación permanente.

MAYOR TOTALIDAD

Aunque puedo hacer que ocupes el poema,

no me conformo con la sombra de lo completo.

*

ESTÉTICA

De ti me gusta

que tengas la medida del poema.

*

PARNASO

Contigo –contigo–,

el poema ya sale puesto en el poema,

eres el poema del poema.

*

INACCESIBILIDAD

Cuando te coloco en los poemas no me siento bien,

no puedo pasarte la mano por el pelo.

El poema como centro de una cosmología afectiva. Uno de los aspectos más sugerentes de la obra reside en la constante reflexión metapoética que atraviesa numerosas composiciones. El concepto poema aparece repetidamente sometido a un proceso de redefinición que impide reducirlo a su condición de mero artefacto literario. Versos como «Aunque puedo hacer que ocupes el poema, no me conformo con la sombra de lo completo» (del poema «Mayor totalidad») sugieren una búsqueda de plenitud que trasciende los límites del lenguaje. Del mismo modo, cuando se afirma «De ti me gusta que tengas la medida del poema», el verso deja de funcionar exclusivamente como objeto textual para convertirse en una categoría capaz de describir la propia existencia del ser amado (poema «Estética»). La culminación de esta reflexión se encuentra en «Parnaso», específicamente en la formulación «Eres el poema del poema». En ella se produce un desplazamiento decisivo: el poema deja de ser únicamente escritura para transformarse en una forma de presencia. La persona amada pasa a ocupar el lugar central de la experiencia poética y se convierte en el principio generador de significado. Nos encontramos, por tanto, ante una concepción de la poesía que rebasa los límites de la literatura para instalarse en el ámbito de la experiencia vital. El poema no es únicamente aquello que se escribe, sino también aquello que se vive, se desea y se busca comprender.

Por último, la obra no ignora, sin embargo, las insuficiencias del lenguaje. Frente al poder creador de la palabra emerge también la conciencia de sus limitaciones. El poema «Inaccesibilidad» condensa magistralmente esta problemática al afirmar: «Cuando te coloco en los poemas no me siento bien, no puedo pasarte la mano por el pelo». La escritura aparece aquí como un mecanismo incapaz de sustituir plenamente la experiencia de la presencia. El lenguaje permite aproximarse al otro, pero no abolir la distancia que inevitablemente separa la representación de la realidad. Esta tensión sitúa al poemario en una larga tradición de reflexión sobre los límites de la literatura y sobre la imposibilidad de que la palabra capture completamente aquello que nombra. El amor, precisamente por su intensidad y complejidad, se convierte en uno de los ámbitos donde esta insuficiencia se manifiesta con mayor claridad.

Beatriz Morales Fernández

Beatriz Morales Fernández

ANÁBASIS DE ELLA

Acostumbro a ir lejos de vez en cuando,

poner frente al océano la tienda de campaña,

vivir así dos o tres días.

Me atrae más el océano Pacífico que el océano Atlántico,

aunque por razones de estudio he debido nadar en el Atlántico.

Por ir lejos entiendo marcharme a donde la realidad sabe más

y la normalidad no está sofocada.

Metida en el mar, nado desnuda.

Hay una intencionalidad previa a la llegada del libro. Antes de su lectura, entendiendo su contenido desde la temática amorosa, ya había decidido elegir un poema donde apareciera la palabra silencio. Pero en ningún verso de este poemario se nombra este concepto. ¿Acaso no tiene cabida el silencio en el amor? —surge la pregunta que esquivo, hago extensible al público y la a-noto como antídoto para Antidio. Quizá, por contrarrestar los posibles efectos nocivos de una respuesta unilateral o totalitaria frente a una voz poética bajo la que subyace una interrogación constante.

Con el fallo de esta primera intención, gano una lectura más atenta y tropiezo de bruces con la propia voz de Isabel, en el poema «Anábasis de ella», con la que Antidio Cabal logra una disolución de sí mismo, al apartarse del yo y mantener el predominio de lo amoroso. Una esencia que repite en el poema «Océano», sin que lo indique abiertamente ya que no hay una feminización propia de la voz. Algo que sí hace en el poema elegido y, aun de forma más indirecta, con el poema «Ir». Desde este «consentimiento de retirarnos y dejar espacio…» su poética se aproxima al pensamiento filosófico de Simone Weil, aunque no sea el poeta tan excluyente en tanto en cuanto no niega lo que le está sucediendo: «un suceso de cuerpo y un suceso de espíritu, / los dos me interesan» («Brote»). El amor ya no solo como cuerpo y espíritu sino también como territorio.

Tal vez los poemas incluidos en Concierto de Isabel carecen del vocablo silencio porque ¿acaso el silencio es la palabra?

Macarena Nieves

Macarena Nieves Cáceres

PARTO

Me ha nacido una verdad

y pienso volver a usar el corazón.

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Porque nace el poema como se paren

todas las criaturas. Escribir es abrirse

desde las carnes que se rompen

para intentar tocar una razón más ancha. 

     Partirse para abrazar un halo de luz oblicua

que se forja justo entre la sangre

y los despojos y que atraviesa

-nos atraviesa- aunque sea un instante

     Luz imposible de hablar -ser y no ser

silencio y palabra en sentir pensante-,

imposible de asir. Libre, 

también, como el hijo de mis entrañas. 

     Acto radical: transformación, 

afirmación acompañada.

Como el amor.

Nayra Pérez Hernández

Nayra Pérez Hernández

Lectura de Antidio Cabal

Quiero agradecer a los compañeros Máximo, Perera y Miguel que me invitaran a esta lectura para hacer de travesía una «común-unión". No soy ningún especialista en la obra poética de Antidio Cabal, y no conocía nada de Concierto de Isabel. Después de leerlo, estoy convencidísimo de que es un poemario que hay que defender por varios motivos.

Uno de ellos es que está concebido como una Exposición Impúdica que atañe no solo a la corporeidad física, sino al ofrecimiento de lo espiritual sin más autocensura. Otro motivo para defender este concierto es que constituye -entero- una apología de la sencillez, y la sencillez (dificilísima de conseguir) solo es capaz de traducirse en la escritura respetable cuando la pasión es el eje motivador de la aventura poética (en este caso también amorosa). Decía Octavio Paz: «El hombre es el único ser que sabe que va a morir y, sin embargo, vive como si fuese inmortal». Concierto de Isabel es un libro celebratorio. Una celebración de la alegría que además está escrita en «tiempo real», y creo ver que Antidio, durante la escritura, vivió inmortalmente.

Desde esta perspectiva quiero recitar una ráfaga de poemas mínimos, de cortísima extensión que para mí tienen mucho que ver con el verismo de la ópera de Puccini que, como Concierto de Isabel, está construido de «ráfagas líricas» que hacen una voz poética auténticamente personal:

DECLARACIÓN

Soy consciente de la suerte que tengo de existir

mientras tú existes.

*

ESTO DE BELLEZA

Yo hablo de tu belleza

como de una belleza colocada en la belleza,

no conozco otro caso.

*

TELESCOPIO

La realidad me ha ayudado,

te he visto en una parada de autobús.

*

BROTE 

No puedo negar lo que me está sucediendo,

un suceso de cuerpo y un suceso de espíritu,

los dos me interesan.

*

REGISTRACIÓN

Qué estás empezando a desempeñar en mi vida no lo sé,

pero se me está arreglando todo lo que está dentro de mí.

*

ESPECTROS

No siempre lo que se sabe es suficiente,

no siempre lo que se ignora es suficiente,

hasta que apareces tú, que es lo suficiente.

*

CONCRECIÓN

Poco a poco aumentan los datos de tu ser,

cada vez son más próximos tus datos,

eres cada vez más y más todos los datos.

*

REFLEJO FIJADO

Me acuerdo de ti

como acordarse es vivir con lo que existe.

*

PLENITUD

Cuando duermes a mi lado

yo no pienso que duermes a mi lado

sino que yo duermo a tu lado.

El otro lado es el vacío.

Luis Piernavieja

Luis Piernavieja

SÍNTOMA

Empiezo a notar que

tengo un perfume en el vacío.

Últimamente le doy vueltas al vacío. Tantas que, con frecuencia, se convierte en vórtice de un torbellino de pensamientos incontrolados. Por ello, estos versos, que conocí poco antes de leerlos en la presentación de Concierto de Isabel, resonarán largo tiempo en mi mente: su imagen poderosa y su suave autoironía mitigan esa fuerza que me succiona.

No tengo más que decir sobre el poema, pero puedo añadir algo sobre el poeta: lo conocí el 14 de abril de 1998. Yo tenía entonces 32 años —ahora voy para 62— y él, 73. Trabajaba como periodista en la sección de Cultura de La Provincia y otro poeta silente, Manuel González Sosa, me dijo que estaba en Las Palmas y me sugirió que lo entrevistara. Nunca había oído hablar de Antidio Cabal, pero una sugerencia de González Sosa tenía para mí carácter de imperativo. Seguramente mi veterano amigo me dio claves para la entrevista y es posible que hiciera alguna búsqueda en internet. Lo que recuerdo es que preparé unas pocas preguntas genéricas para poder proseguir en función de lo que Cabal respondiese. Me preocupaba, sobre todo, no decepcionar a Manuel González Sosa.

La cita fue en el Hostal Valencia, detrás del Mercado Central. La memoria me trae la imagen borrosa de un hombre cortés, afable, corpulento y de mirada inteligente. De lo que me acuerdo perfectamente es que, a medida que preguntaba, Cabal se tomaba un instante para contestar con una hondura y precisión asombrosas, a la vez que con claridad extrema. No se extraviaba ni se extendía más de la cuenta, como le pasa a la mayoría de los escritores a los que he entrevistado. No iba a tener que hacer un gran trabajo de edición.

Cabal respondía con tono filosofante y yo me desinhibía progresivamente porque por entonces estaba más interesado en la filosofía que en la poesía. Además, supongo que le pasa a todos los periodistas, siempre me ha resultado más fácil entrevistar a filósofos que a poetas, pues, aunque opera con conceptos abstractos, el modo argumental racional de la filosofía busca la claridad, en tanto que, en su persecución de la intensidad expresiva, la poesía propende a la ambigüedad del sentido, al quiebre de la lógica discursiva y hasta al hermetismo. Ignoraba entonces que el autor de Parasangas, que se convertiría con el tiempo en uno de mis autores de referencia, fundía la palabra que razona con la palabra que canta.

La entrevista, que pueden leer reproducida a continuación, salió mucho mejor de lo que hubiese podido imaginar  —con la perspectiva del tiempo compruebo orgulloso que se mantiene en pie— y Manuel González Sosa se quedó contento. A su término, nos quedamos un rato charlando y Cabal me regaló un ejemplar de Poesía y error, que me dedicó con una suerte de poema visual que realizó con esmero. Concluye así: “con palabra inicial y con agradecimiento inicial, cordialmente, Antidio Cabal”. Nunca volvimos a vernos.

Mariano de Santa Ana

Mariano de Santa Ana

Antidio e Isabel

«La civilización occidental tiene un limitado concepto del conocimiento»

[Entrevista de Mariano de Santa Ana a Antidio Cabal publicada en el suplemento Cultura de La Provincia el 23 de abril de 1998]

Una precaria embarcación que partió de la Punta de Maspalomas le ayudó a interponer el océano entre su espíritu de veinteañero inquieto y un régimen franquista que literalmente le asqueaba. Décadas después, con varios libros en su haber y convertido ya en un respetado poeta de Costa Rica, en cuya universidad ha impartido clases de filosofía, disciplina que considera indisociable de la lírica, Antidio Cabal (Las Palmas, 1925) pasa unos días en la Isla, a la que ha vuelto en otras ocasiones y con la que conserva lazos literarios y de amistad.

Mariano de Santa Ana (MdSA): ¿Cómo se presentaría usted ante el público canario que no le conozca?

Antidio Cabal (AC): Elementalmente, en un supuesto teórico, más o menos desnudo, empezaría diciendo que nací aquí, que aquí cursé mis estudios y que aquí tengo mis únicos amigos fundamentales. En cuanto a mi poesía, diría que, de una manera ocasional, a través de la vida, he publicado siempre lo último de una manera fragmentaria, lo cual es incorrecto, y, además, en ocasiones históricas determinadas, de tal manera que siempre ansié publicarme mi poesía genéticamente, empezando por mi primer libro que a mi juicio resultara publicable, que en adelante es lo que he hecho, empezando por este Poesía y error, el primero que publico orgánicamente, completo, y siguiendo el sistema de primero el huevo y después la gallina. Pienso en el término de los próximos años publicar mi obra poética completa, y después, si tengo tiempo, diría que me ocuparía en publicar mis ensayos sobre teoría poética, sobre historia de la poesía y mis ensayos de tipo filosófico, que para mí son secundarios, aunque no separo la filosofía de la poesía, dicho sea, como si yo fuera supuestamente un presocrático.

MdSA: ¿La poesía es para usted comunicación o una forma de conocimiento?

AC: Creo que la poesía es intuición, conocimiento y encuentro. Elementalmente sabemos que no sería un conocimiento sociológico, ni tampoco un conocimiento científico, pero creo que la civilización occidental, a la que pertenezco de pleno y en la que he sido formado, conformado y deformado, tiene un concepto del conocimiento bastante limitado, aunque sea profundo y valioso. Desde la irracionalidad filosófica se entiende que conocimiento es aquello que produce la razón, aunque ya se sabe que la razón produce siempre irracionalidad sistemática, como, por ejemplo, los sistemas filosóficos. Pero la poesía produce siempre conocimiento, solo que su fuente es distinta. Desde un punto de partida genérico, su fuente es el hombre, pero el punto específico dentro del hombre es otro punto de partida distinto de la racionalidad: si en el fondo conocer quiere decir tocar el principio de lo que es, pues es tocar el principio de lo que es. Y la poesía toca el principio de lo que es por otra vía distinta de la científica o la religiosa.

MdSA: ¿Cuál es el lugar exacto del poeta en este fin de milenio?

AC: Le voy a decir algo desalentador: he llegado a un acantilado. Hasta los treinta años creí que la poesía era una irrupción de la totalidad en la parcialidad del corazón y del planteamiento del hombre. Me mostraba muy helénico. El logos habla, el logos siempre está cantando lo que es y lo que será y las musas recogen ese mensaje que no está claro para nosotros y nos dicen telefónicamente: «Mire, el logos está diciendo esto». Yo creía que la poesía era simplemente una especie de testimonio metaantropológico que el logos enviaba para que lo usáramos antropológicamente. Después, por un largo periodo, creí que el logos nos aconsejaba que trabajáramos su mensaje de nosotros y para nosotros. Entonces trabajé una poesía de línea social, una especie de neoética con matices líricos.

MdSA: ¿Comparte la apreciación de que el centro, Europa y Estados Unidos, se reserva para sí la filosofía y relega a las periferias, como América Latina, a la poesía?

AC: Creo que en Europa hay una tragedia mucho más grande y vergonzosa que en América Latina. En América hay hambre, desecho humano, niveles de forraje, así para el espíritu como para el estómago. Pero hay algo terrible que yo empecé a percibir en los años 70 que el Primer Mundo ha estado fabricando y lo tiene bastante perfeccionado, que es la cultura de la tenencia y el abandono de la cultura de la esencia. En realidad, aunque vayan acompañadas, en Hispanoamérica lo que ocurre es que es pobre, miserable y estafada por Estados Unidos como cabeza de puente del capitalismo. Es lo que Lukács llamaba la reificación.

MdSA: Creo que nunca ha roto el hilo con la poesía canaria. ¿Qué aspectos le interesan de la misma?

AC: De la poesía canaria me interesa naturalmente el mar, el lugar común insalvable y valioso, porque cuando un lugar es común es porque no lo podemos desplazar y si no lo podemos desplazar es porque es tópico, topos, porque no hay un modo de quitárselo de encima, porque si nos lo quitamos de encima nos estrangulamos. Esta distancia que hay en la poesía canaria respecto de la de la Península parece que se ha convertido en una distancia cualitativa.

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