A pesar de que en el siglo XVIII se generan nuevas prendas o se transforman otras, existen otras de origen mucho más antiguo. Algunas, si seguimos los criterios de algunos estudiosos de la indumentaria, se remontan a épocas pretéritas muy distantes en el tiempo y en la geografía.

También son dignas de tener en cuenta determinadas maneras de ataviarse con una o varias prendas, las cuales siguieron estando presentes hasta mediados del siglo XIX, aproximadamente. Otras veces, persisten estas maneras, aunque las prendas originales que definieron una determinada moda hayan sido sustituidas o mutado hacia otras nuevas.
La presencia de los árabes en la Península lbérica dejó un bagaje de conocimientos que hoy sigue vigente, tras la conquista violenta, en casi todas nuestras manifestaciones culturales; pero es tal vez en el campo de los textiles y la indumentaria donde su rastro sea más fácil de seguir, por la gran cantidad de vestigios legados. Entre otras cosas, aportaron la industria de la seda y el cultivo del algodón con todas las técnicas necesarias para su obraje y posterior manufactura. A su vez, los telares introducidos en Canarias son sin duda un ejemplo claro de cómo eran los usados en la Península antes de la colonización, con la salvedad de los telares introducidos en el siglo XVIII por algunos maestros tejedores foráneos, dotados de ciertos adelantos técnicos que permitían el obraje de géneros de fabricación más compleja.
En la indumentaria su huella se manifiesta, entre otras cosas, en el uso de la lencería, entendiendo por tal la ropa interior blanca de lino que va directamente colocada sobre el cuerpo. En los hombres la camisa y los calzoncillos y en las mujeres la camisa, que en principio era lo suficientemente larga como para llegar hasta las rodillas, a la que se le sobreponían diferentes prendas similares a las faldas, constituyendo la base común para todos los trajes populares canarios hasta finales del siglo XIX. Sobre las vestimentas mencionadas se añadían más o menos piezas de ropa dependiendo de múltiples factores, entre otros la condición social, los usos del lugar, la situación geográfica y el clima donde se encontraran.
Las principales prendas las podemos clasificar según la época a la que pertenezcan. Se podría decir que casi todas ellas fueron introducidas por los colonizadores, si exceptuamos los majos (abarcas rusticas de cuero) a los que algunos autores atribuyen origen canario. De las aportadas por la colonización algunas llegaron casi hasta hoy, y otras desaparecieron en el siglo XVIII, periodo en el que acontecen cambios fundamentales en el vestir popular de toda Europa.
Las prendas de origen más antiguo. Este primer grupo lo forman aquellas prendas de origen muy remoto presentes en la Península con anterioridad a la llegada de los musulmanes (siglo VIII). Se trata de dos tocados, uno masculino y otro femenino, y la familia de las capas y los capotes.
-Gorro de marinero: su origen es muy antiguo, pues ya estaba en uso en la Grecia clásica, manteniéndose útil hasta las últimas décadas del siglo XIX. Fue común en todo el Mediterráneo, de donde viajó a Canarias y los países americanos. Es el mismo que vistieron los descamisados de la Revolución Francesa como emblema de su condición.

Posteriormente, muchas repúblicas americanas lo tomaron como símbolo de libertad, figurando como remate de sus blasones oficiales. Tenía forma de manga cerrada por uno de sus extremos, con una vuelta en la parte que se coloca en la frente, rematándose por el otro extremo con una borla. Generalmente se hacían de color negro o encarnado.
-Peinetas: para algunos autores ya eran llevadas por las mujeres celtas e íberas varios siglos antes de Cristo. Permanecieron en uso en los diferentes estamentos sociales hasta nuestros días, pasando por diferentes tamaños y materiales en su larga historia evolutiva. Las más comunes en Canarias eran de carey y se llevaron lo mismo solas que con las mantillas de tela o de encaje.

-Capas: también de origen remoto y presentes en muchas civilizaciones distantes entre sí, las capas en la Península tuvieron muchas variantes de corte a lo largo de su existencia: con o sin maneras (abertura lateral para sacar las manos), con o sin esclavina (pequeña capa sobrepuesta a la principal), con o sin capillo (capucha).

Durante los siglos XV, XVI y XVII, un distintivo de la capa española era la de llevar una manera. En el siglo siguiente se definen como prendas cuyo ruedo o vuelo completa un círculo, con esclavina y cuello de cabezón. Su longitud era variable, en ocasiones rozaba el suelo, pero Carlos III las mandó recortar para evitar que se embozaran con ellas, llegando entonces a la altura de las rodillas. En Canarias se importaban ya confeccionadas o se hacían con telas foráneas o del país, con la particularidad de que siguieron llevándose largas hasta un siglo después del mandato real.

-Capotes: son variantes de las capas pero con poco vuelo, a veces con mangas. Los había con largos diferentes, con o sin capillo, tejidos en el país o confeccionados con géneros de importación. Algunas modalidades siguieron en uso hasta las primeras décadas del siglo XX.
Datos bibliográficos
Primera edición: Diciembre 2023 / ISBN: 978-84-09-57395-0 / Diseño y maquetación: Arón Morales Pérez / Ilustraciones e imágenes: Prebendado Pereira Pacheco, Alfred Diston, Luis Dávila Viera, Rima Ciplyte, José Padrino, Arón Morales Pérez / Contenido y textos: Juan de la Cruz Rodríguez, Dulce Rodríguez de la Rosa, Consejo Sectorial de Indumentaria Tradicional de Tenerife. Cabildo Insular de Tenerife. / Revisión, asesoramiento y materiales: Dulce Rodríguez de la Rosa, Carlos Daniel González García, Natanael Padrón Navarro.
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