Con la llegada de los distintos viajeros científicos, investigadores, artistas… a Canarias, estos necesitaban de gente de la tierra que conociera el lugar y le sirviera de ayuda o guía, sobre todo a los lugares de más difícil acceso. Cada guía tenía un equipo de arrieros para llevar los caballos con los que subían hasta el rellano de Altavista mientras los mulos llevaban en sus albardas los barriles de agua, los sacos con las provisiones, las mantas, etc. El guía y los arrieros siempre iban a pie. Uno de estos guías, José Betancourt, acompañó, en 1916, en su ascensión al Teide, al aventurero, científico y diplomático americano Charles Wellington Furlong (1874-1967).
Del relato de este viaje, aparecido en la revista norteamericana Harper's Magazine, en agosto de 1918, entresecamos:
El mejor guía de la isla tenía en su poder la llave de bronce del Refugio de Altavista, edificio de piedra situado en el Pico del Teide y que Gaham Toler había construido en las cercanías de la Estancia de los Ingleses para que los excursionistas pudiésemos pernoctar.
Salimos de La Orotava por el célebre camino de Chasna hasta alcanzar la Fuente de la Cruz, el barranco de la Arena y el Portillo, ingresando en Las Cañadas a través del llano de las Retamas. Al llegar a Montaña Blanca, iniciamos la ascensión por el lomo Tieso, siguiendo por el Malpaís y la Rambleta. Tras pernoctar en Altavista, a la mañana siguiente descendimos no si antes realizar la ancestral costumbre de visitar la Cueva del Hielo.
Durante el recorrido, José Betancourt le va contando a Furlong las odiseas que le han ocurrido a lo largo de su vida en las múltiples ascensiones realizadas al Teide; así como los personajes famosos de los que él había sido su guía: el príncipe Alberto, que luego sería rey de Bélgica; los príncipes Enrique de Prusia, Alberto Víctor y Jorge, etc.
Aventuras escabrosas, como el rescate sobrehumano a un viajero alemán que se empeñó en subir al Teide completamente nevado y que al romperse una pierna y tener una lesión grave en la cabeza lo tuvo que trasladar hasta La Orotava, donde fue atendido y recuperado. Por esta actuación le fue concedida al citado guía la Cruz de Beneficencia, si bien decía que él no había visto nunca tal distinción. Anotaciones llenas de humor, como lo ocurrido a una pareja francesa de recién casados que ascendieron al Pico y tuvieron la desgracia de perderse el uno del otro. El esposo apareció en La Guancha, descalzo y con el cinto en la mano, prueba evidente que había tenido pantalones.
En el aspecto costumbrista, hace referencia a los nieveros que bajaban el hielo de la cueva y lo vendían en La Laguna, Santa Cruz, o incluso Gran Canaria.
Texto extraído de la información de la Autoridad Portuaria de Tenerife.
