Revista n.º 1144 / ISSN 1885-6039

El Señor de la Columna, de Luis Morera, en el cartel de la Semana Santa (2026)

Lunes, 9 de marzo de 2026
José Guillermo Rodríguez Escudero
Publicado en el n.º 1139

La noche del pasado 26 de febrero, en la iglesia de San Francisco de Asís de Santa Cruz de La Palma, se presentaron el cartel y la programación de la Semana Santa, el III Ciclo de Música Sacra y un cuidado vídeo promocional que realza la riqueza histórica, artística y espiritual de la capital palmera.

Motivo del cartel de Luis Morera para la Semana Santa de 2026

La obra anunciadora lleva la firma del reconocido creador palmero Luis Morera, quien ofrece una pieza que, en palabras de las autoridades eclesiásticas y civiles (Cabildo y Ayuntamiento) presentes en el acto, supera su función divulgativa para convertirse en patrimonio cultural y en un diálogo entre tradición y contemporaneidad. Así mismo, se subrayó el equilibrio de una programación que entrelaza celebraciones litúrgicas y propuestas culturales de primer nivel, consolidando el Ciclo de Música Sacra como una cita imprescindible en enclaves patrimoniales únicos.

El gran protagonista del cartel es el Señor de la Columna, la venerada imagen del Martes Santo que recupera este año un protagonismo especial gracias a la mirada artística de Morera. Considerada una de las celebraciones más bellas y elegantes del Archipiélago, la Semana Santa palmera constituye un hecho sociocultural de primer orden y destaca por preservar con rigor la secuencia cronológica de la Pasión y Muerte de Cristo. Cada paso que avanza con solemnidad por las calles empedradas reproduce, escena a escena y en su orden preciso, el relato de las Sagradas Escrituras.

Procesión de la noche de Martes Santo

La procesión del Señor de la Columna y la Virgen de la Esperanza, imagen mariana que acompaña al Cristo, recorría las calles en horario vespertino desde 1956, con una notable participación de niños y jóvenes, hasta que la reorganización de la Semana Santa palmera en 1968 —cuyos nuevos itinerarios comenzaron a implantarse ya en 1962— decidió, acertadamente, trasladarlas al horario nocturno, dotándolas de mayor recogimiento y solemnidad. Ambas imágenes fueron realizadas en los talleres madrileños de arte sacro de Manuel Caderot, sufragadas mediante suscripción popular y con la aportación de la casa Duque Martínez. La autoría corresponde a Andrés Falcón San José y a Manuel Arriaga Beroa, quien asumió la labor de policromía y acabado. En sus primeras salidas procesionales contó con el acompañamiento de la Real y Venerable Hermandad del Santísimo Rosario. Desde 1992, sin embargo, la Virgen cuenta con cofradía propia, consolidando así su identidad y arraigo dentro de la Semana Santa capitalina.

A las nueve en punto de la noche del Martes Santo se abre la puerta principal del antiguo cenobio de San Miguel de las Victorias —fundado en 1530 por fray Domingo de Mendoza y convertido durante siglos en uno de los conventos más relevantes de Canarias— para dar salida al sobrecogedor Cristo de la Columna. El historiador Alberto-José Fernández García describía la talla como un «Divino Cautivo en escorzo, levemente forzado sobre la columna, con un esmerado acabado en pies y manos».

Versión de Morera del Señor de la Columna

El momento de la salida es de una intensidad difícil de olvidar. Las históricas campanas de la iglesia de Santo Domingo de Guzmán acompañan con su tañido grave el redoble de tambores y el eco de las trompetas. La plaza contiene la respiración mientras la imagen desciende los interminables peldaños y, ya en el exterior, gira suavemente el torso para mostrar las huellas de la flagelación. La luz temblorosa de las velas dibuja claroscuros sobre el mármol oscuro de la columna y sobre el cuerpo herido, proyectando sombras que danzan en las fachadas de las callejuelas. El dramatismo realista de la talla —la mirada triste y ensimismada, la sangre que surca el cuerpo, la postura forzada— conmueve hasta al observador más sereno. No es solo una escena: es una experiencia colectiva que invita a participar emocionalmente en el misterio que representa.

Ese es, en el fondo, el sentido último de esta tradición: que nadie permanezca indiferente. Que la memoria compartida, la emoción y la belleza sigan latiendo en cada esquina. En tiempos de uniformidad global, la Semana Santa de Santa Cruz de La Palma reivindica con orgullo su singularidad, honrando a quienes la mantuvieron viva y legándonos una identidad que se niega a diluirse.

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