Revista n.º 1157 / ISSN 1885-6039

Gabriel Duque Acosta (1930-1987): vida y legado de un humanista (y III)

Viernes, 26 de junio de 2026
José Guillermo Rodríguez Escudero
Publicado en el n.º 1154

Fue una especial persona que poseía conocimientos profundos y abarcadores en múltiples áreas, tanto científicas como humanísticas, destacando por su curiosidad insaciable, su capacidad de síntesis y su facilidad para relacionar ideas aparentemente distantes.

Fachada del colegio Gabriel Duque

Precisión y engranaje: su amor por la mecánica. Gabriel, manitas incansable, realizaba en su casa de campo casi todo el mantenimiento de sus coches. Solo recurría al taller cuando hacía falta alguna herramienta muy específica —algo poco habitual en él—. En una de esas visitas, un mecánico intentó extraer una pieza a golpe de martillo. Gabriel no lo dejó pasar: alzó la voz, fue al maletero, sacó el manual oficial de SEAT y, con precisión y carácter, impartió una auténtica lección sobre cómo hacerlo correctamente, explicando el uso de la llave dinamométrica y la presión exacta necesaria. La escena terminó con más de un aplauso entre los presentes.

Su relación con la mecánica no era solo una afición, sino una extensión natural de su curiosidad y rigor. Fiel a la marca, tuvo varios modelos de SEAT: un 850, un 124 y, finalmente, un Ronda. Precisamente con el 124, en una de sus habituales revisiones, detectó un fallo que identificó como un error de diseño. Decidió escribir a la casa SEAT para compartir su hallazgo. La respuesta no se hizo esperar: le agradecieron la observación y le confirmaron que introducirían modificaciones en la cadena de producción para corregir el problema. Un reconocimiento poco común que reflejaba, una vez más, su agudeza y rigor.

Otro de sus grandes hobbies eran los trenes en miniatura. Según se comentaba en su círculo más cercano, en más de una ocasión montaba los circuitos por el suelo de su casa, convirtiendo el espacio en un pequeño mundo en movimiento. Alrededor de aquella improvisada «estación» se reunían varios amigos, compartiendo la escena con auténtico entusiasmo, casi como niños en un día de Reyes, disfrutando del espectáculo con la misma ilusión de siempre.

Tradición y escena: su legado en las Fiestas Lustrales. Paralelamente, mantuvo una implicación constante con las Fiestas Lustrales. En este contexto fue coautor, junto a su amigo Luis Ortega Abraham, del carro alegórico y triunfal de la Bajada de la Virgen de las Nieves de 1970, concebido en dos partes: una de carácter histórico, centrada en la fundación de la festividad por el obispo Bartolomé García Ximénez y Rabadán (1618–1690), y otra de naturaleza poética y musical titulada La Espera y la Esperanza.

Como recordaba Luis Ortega, el equipo responsable del Carro —integrado por Gabriel Duque Acosta y él mismo en lo literario, y por Elías Santos Pinto y Luis Cobiella Cuevas en lo musical— concibió una obra fiel a la tradición, con una importante dimensión didáctica sobre los orígenes de la Bajada. El propio Luis Cobiella (1925–2013) y Elías Santos Pinto (1927–1984) compusieron la música del Carro de 1970, el último en recorrer la calle Real. Gabriel Duque, junto a Luis Ortega, dio forma a los escenarios y personajes históricos mediante un retablo de corte realista y un auto mariano de raíz barroca, interpretado por una troupe de cómicos de la lengua, con el propósito de «evitar que las modas y alegorías prosaicas desvirtuaran los fines de la obra».

Ortega describía a su amigo como un verdadero enciclopedista, capaz de afrontar cualquier reto con solvencia. Duque no solo se adentró en la versificación, sino que la cultivó con una precisión casi matemática. Su talento fue aún más lejos al legar, con la mirada y el lenguaje de su tiempo, una pieza destacada de la literatura médica: una descripción de la poliomielitis que, implacable, sembró estragos y dejó tras de sí legiones de inválidos en Europa, un texto cuyo alcance y valor han sido reconocidos por médicos y profesores que han podido estudiarlo. Añadía también que a la figura culta de Gabriel se debe el regreso del teatro a la calle, su espacio más genuino. Con recursos escasos pero entusiasmo inagotable, alentó representaciones en fechas señaladas y, desde el Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, contribuyó a sufragar la iluminación y el sonido. Fue, en esencia, el mecenas popular del grupo Candilejas y un apoyo constante para todas sus iniciativas, desde los autos y el tradicional Tenorio de noviembre hasta las propuestas más experimentales en el Teatro Chico.

En un almuerzo del SD Tenisca

Fe y entrega: una vida al servicio de los demás. De familia profundamente religiosa, la vida de Gabriel estuvo marcada por una vocación silenciosa de entrega al prójimo. Sus obras altruistas y humanitarias, sus consejos siempre atinados y su labor constante —muchas veces invisible— dejaron una huella profunda en una sociedad golpeada por la precariedad económica y la escasez de afecto. Allí donde faltaba lo esencial, él procuraba, con discreción, tender una mano. No fueron pocos los hogares que encontraron en su bondad un alivio inesperado. Aún hoy, muchas familias evocan con emoción cómo, gracias a él, la ilusión de la noche de Reyes llegaba a sus hijos convertida en regalos que de otro modo no habrían tenido. O cómo, en momentos de enfermedad, las medicinas necesarias aparecían sin coste alguno, como un gesto natural de su generosidad, sin esperar nada a cambio.

Así era Gabriel: cercano, atento, siempre disponible. No importaban la hora, el cansancio ni el día señalado; si alguien llamaba, él acudía. Su manera de estar en el mundo fue, ante todo, un ejercicio constante de compasión y compromiso con los más vulnerables, una bondad serena que transformó, sin estridencias, la vida de quienes tuvieron la fortuna de cruzarse en su camino.

Arte y devoción: custodio de lo sagrado. De nuevo, Luis Ortega aparece en escena. En esta ocasión, lo hacía a través de una entrevista dedicada a una exposición de arte sacro celebrada en la iglesia de Iglesia de Santo Domingo, organizada con motivo del IV Congreso Eucarístico Arciprestal de la capital palmera en abril y mayo de 1967. Y, una vez más, emergía la figura de Gabriel, asumiendo la presidencia de la Comisión Organizadora y situándose al frente de un equipo tan competente como entusiasta. Bajo su impulso, aquel grupo no solo custodió, sino que supo poner en valor una extraordinaria colección de esculturas, pinturas, piezas de orfebrería y ornamentos religiosos, acercándolas al público con sensibilidad y rigor. Efectivamente, destacaba también como un auténtico experto en arte sacro. Reunía una valiosa colección de diapositivas con las que, en numerosas ocasiones, impartía charlas en las que desgranaba con detalle tanto los aspectos históricos como arquitectónicos de las obras. Sus exposiciones, cuidadas y rigurosas, reflejaban una profunda pasión y un conocimiento que sabía transmitir con gran claridad y riqueza de matices.

No fue menor su contribución en el plano artístico y documental: las fotografías que ilustraban el artículo publicado en la prensa local llevaban su firma. Imágenes cuidadas, reveladoras, que captaban la esencia de cada pieza y contribuían decisivamente a realzar el conjunto de la exposición. Su mirada —atenta, precisa, respetuosa— se convirtió así en un elemento clave tanto en el montaje como en la proyección de una muestra que fue ampliamente visitada y alabada. Por cierto, otro de sus amigos evoca, con cierta añoranza, aquellas veladas interminables en casa de Gabriel en que, durante horas, lo escuchaban embelesados mientras este explicaba, con vehemencia y minucioso detalle, las diapositivas en color —entonces aún una rareza—. 

Gabriel y su hermana con la Virgen de la Esperanza

Pasión cofrade: historia viva de la Semana Santa. Su vinculación con la Semana Santa fue constante y decisiva, participando activamente en su organización y desarrollo. En este contexto destacó la procesión del Señor de la Columna y la Virgen de la Esperanza, que desde 1956 ha mantenido su presencia en la Semana Santa capitalina. La procesión emprendió su primera salida la noche del 27 de marzo de 1956 desde la iglesia de Santo Domingo de Guzmán, tras haber sido bendecidas ambas imágenes dos días antes por Félix Hernández Rodríguez, arcipreste del distrito y párroco de El Salvador. En 1957, el cortejo trasladó su horario a la tarde, en coherencia con la reorganización de las procesiones.

La devoción a estas tallas hunde sus raíces en una trama donde se entrelazan fe, historia y memoria popular. La Virgen de la Esperanza, conocida como la Señora de San Telmo, llegó a la isla por iniciativa de Dionisio Duque Fernández, padre de Gabriel. Asimismo, Domingo Cabrera Pérez señala que, durante un tiempo, la imagen permaneció resguardada en el ámbito doméstico, desde donde cada noche de Lunes Santo era trasladada a Santo Domingo para su preparación procesional. Con el tiempo, quedó definitivamente vinculada al templo dominico, hasta la creación de su propia cofradía en 1992, como expresión madura de una devoción largamente arraigada. Las tallas del Señor de la Columna y la Virgen de la Esperanza, ejecutadas en los famosos talleres madrileños de Manuel Caderot y decoradas por Manuel Arriaga Beroa, constituyen un conjunto de notable valor artístico dentro de la Semana Santa palmera. El Cristo destaca por la fuerza expresiva de su anatomía en el momento de la flagelación, mientras que la Virgen presenta una estética de inspiración sevillana enriquecida por un delicado ajuar textil. Destacaba el enorme manto de terciopelo verde y saya bordada en oro.

Los primeros gastos de las celebraciones fueron asumidos por Dionisio Duque Fernández y Aurelio Feliciano Pérez, y más tarde por el propio Gabriel Duque Acosta, quien mantuvo una estrecha vinculación con estas manifestaciones de religiosidad popular, integrándolas en su vida afectiva y cultural. Aún se conservan algunas fotografías en las que aparece, junto a su hermana, custodiando el trono de la Virgen durante todo su desfile por las calles de la ciudad.

Amistad, memoria y dimensión humana. Otra de sus personas de confianza, el arquitecto palmero Juan Julio Fernández Rodríguez (1935–2023), recordaba con nostalgia el primer viaje que realizó fuera de La Palma en 1952, a bordo de un barco frutero de la Compañía Pinillos rumbo a Alicante, junto a sus amigos Gabriel Duque y Antonio Manuel Díaz Rodríguez (1929–2011). A pesar de que estos eran mayores que él, señalaba que entre los tres nació «una amistad que solo se quebró con la muerte, primero la de Gabriel y, más tarde, la de Antonio». Añadía, además, que la prematura pérdida de Gabriel «privó a la isla de una humanidad generosa, encauzada a través de la medicina y entregada al servicio de los demás».

Por su amplitud de intereses y su capacidad para conectar saberes de distintas disciplinas, podría definirse como el Eratóstenes palmero, un verdadero polímata: término de origen griego que designa a quien posee conocimientos profundos y abarcadores en múltiples áreas, tanto científicas como humanísticas, destacando por su curiosidad insaciable, su capacidad de síntesis y su facilidad para relacionar ideas aparentemente distantes. Un amigo médico, que no llegó a conocerlo personalmente pero sí a través de relatos, ofreció a uno de sus allegados una definición que resultó especialmente reveladora: «Gabriel fue una persona que nació con un don especial. Parecía haber venido al mundo con la misión de absorber conocimiento y, después, transmitirlo generosamente a los demás durante su vida».

Las Hermanas de la Cruz acudieron a visitarlo al hospital cuando ya se encontraba gravemente enfermo. Le preguntaron cómo se sentía. Gabriel, con su conocida entereza y solemnidad, les respondió que ya estaba «preparando el camino hacia el Señor». La monjita, con suavidad, le dijo que así estábamos todos. Gabriel la miró entonces y añadió: «Pero unos iremos antes que otros». Su fallecimiento tuvo lugar el 19 de abril de 1987, a la edad de 56 años. No llegó a casarse ni dejó descendencia.

El día siguiente de su deceso, la prensa provincial recogía la magnitud del vacío dejado por su ausencia a través de cuatro esquelas publicadas en el Diario de Avisos, expresión múltiple del reconocimiento social que había cosechado en distintos ámbitos de su vida. En ellas, Gabriel Duque era recordado en sus diversas facetas: como médico —en dos esquelas sufragadas, respectivamente, por su familia y por los apoderados y personal de la Casa Duque y García, S.A.—; como expresidente de la Cruz Roja de Santa Cruz de La Palma, en una tercera ofrecida por la Asamblea Insular de la institución y la Brigada de Tropas de Socorro; y como exalcalde de la ciudad, en la cuarta, promovida por la corporación municipal del Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma. Cada una de ellas parecía perfilar, desde distintos ángulos, la dimensión poliédrica de su figura. En todas coincidía un mismo texto, que condensaba el sentir de la despedida y la llamada al recogimiento: «Ruegan a sus amistades y personas piadosas lo tengan presente en sus oraciones y se sirvan asistir al sepelio que tendrá lugar hoy lunes, día 20, a la 1,30 de la tarde, desde la casa mortuoria C/ San Telmo, 14, a la parroquia matriz de El Salvador, donde tendrá lugar la misa de córpore insepulto y a continuación al cementerio de esta ciudad; favores que agradecerán profundamente».

En la nota necrológica publicada en la prensa provincial se dejaba patente el cariño y el recuerdo que su ausencia despertó en la sociedad de la época. El rotativo lo expresaba en los siguientes términos: 

Recibió cristiana sepultura el doctor Gabriel Duque Acosta rodeado de un silencio impresionante, a la vez que emocionado. Las gentes abarrotaron el tempo parroquial de El Salvador para unirse a la concelebración de la Eucaristía y oír la muy sentida homilía del sacerdote-párroco, padre Manuel Lorenzo Rodríguez, y las breves intervenciones de varios fieles que quisieron expresar sus sentimientos respecto al extinto. Asistió en pleno la corporación municipal de Santa Cruz de La Palma, cuya alcaldía ostentó Gabriel Duque, y también la representación de la Cruz Roja Española, cuya presidencia ocupó, como reconocimiento a su personalidad. El fallecimiento de Gabriel Duque Acosta fue acogido con profunda pena en todos los sectores sociales, según se puso de manifiesto en los comentarios, pues se hablaban y se comentaban sus méritos como profesional de la medicina y su humanitaria misión en su práctica diaria, sus aptitudes para regir la alcaldía, su don de palabra, caballerosidad y honradez, su gozo cuando enseñaba, sus profundos conocimientos sobre lo divino y humano, y más por encima de todo, su gran sentido de la amistad. Gabriel, todo un caballero y superior amigo, adornado todo ello de un profundo sentido cristiano de la vida y de hacer bien a la comunidad en la que estaba integrado, se nos fue a mejor vida. Con el más profundo sentimiento a su familia, en especial a sus hermanos y sobrinos, es evidente que La Palma ha perdido a un dilecto hijo y los palmeros a un gran amigo. Que Dios, en su infinita misericordia, lo tenga en su Gloria.

El Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma acordó perpetuar su memoria dando su nombre al CEIP Gabriel Duque Acosta, en reconocimiento a su destacada labor médica, cultural y social. Su figura fue objeto de un homenaje oficial por parte de la corporación municipal, presidida entonces por el alcalde Antonio Sanjuán Hernández. Así concluye la evocación de un hombre cuya vida, entregada a la medicina, la cultura y el servicio público, permanece como testimonio de una vocación humanista profundamente arraigada en su tiempo y en su tierra.

Esquelas de Gabriel Duque

Bibliografía

CABRERA PÉREZ, Domingo. «El médico que no cobraba a los pacientes necesitados». El Bernegal: destilando ideas gota a gota (21 de septiembre de 2025): https://domingocabreraperez.blogspot.com/2025/09/el-medico-que-no-cobraba-los-pacientes.html (consultado el 28 de abril de 2026).

DÍAZ RODRÍGUEZ, Antonio Manuel. «Cristal y roca: una ilusión frustrada». Cartas Diferentes. Revista canaria de patrimonio documental, n.º 8, 2011, pp. 195-221.

DUQUE ACOSTA, Gabriel. «Pregón de las Fiestas Lustrales de la Bajada de la Virgen». Diario de Avisos (Santa Cruz de La Palma, 20 de junio de 1970), p. 1.

[Esquelas]. Diario de Avisos (Santa Cruz de Tenerife, 20 de abril de 1987), pp. 30-31.

FERNÁNDEZ, Juan Julio. «Antonio Manuel». Diario de Avisos (Santa Cruz de Tenerife, 6 de marzo de 2011), p. 14.

LORENZO ARROCHA, Manuel. «Gabriel Duque: el médico que no cobraba a los pacientes necesitados» (10 de septiembre de 2020): https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/gabriel-duque-medico-no-cobraba-pacientes-necesitados_129_6212098.html (Consultado el 28 de abril de 2026).

ORTEGA ABRAHAM, Luis. Cita lustral con La Palma. [S. l.: s. n.], 1982. p. 40.

-Ídem. «La exposición de arte sacro: entrevista con D. Gabriel Duque Acosta, Presidente de la Comisión de Arte». Diario de Avisos (Santa Cruz de La Palma, 25 de mayo de 1967), p. 3.

-Ídem. «La isla, la Virgen, la gente, la fiesta». III Congreso Internacional de la Bajada de la Virgen. Santa Cruz de La Palma: Cabildo Insular de La Palma, 2023, v. I, p. 69.

-Ídem. «La tradición en hora: Retablo histórico sobre la Bajada». Lustrum: gaceta de la Bajada de la Virgen, n.º 3, 2020, pp. 40-46.

PÉREZ GARCÍA, Jaime. Fastos biográficos de La Palma. Santa Cruz de La Palma: Caja Canarias, Sociedad Cosmológica, 2009, pp. 130-131.

-Ídem. Santa Cruz de La Palma: recorrido histórico-social a través de su arquitectura doméstica. Santa Cruz de La Palma : Cabildo Insular de La Palma, CajaCanarias, Colegio Oficial de Arquitectos. Demarcación de La Palma, 2004, p. 232.

POGGIO CAPOTE, Manuel. «Materiales biográficos de Santa Cruz de La Palma (tertulias culturales)». Crónicas de Canarias (enero-diciembre 2020), n.º 15, 2020, pp. 119-130.

[Redacción]. «Gabriel Duque Acosta, alcalde de Santa Cruz de La Palma». Diario de Avisos / Especial Bajada de la Virgen (Santa Cruz de La Palma, junio de 1970), p. 21.

[Redacción]. «Necrológica: Recibió sepultura el doctor Duque Acosta». Diario de Avisos (Santa Cruz de Tenerife, 21 de abril de 1987), p. 14.

RODRÍGUEZ ESCUDERO, José Guillermo. «Martes Santo». Semana Santa [Programa]. Santa Cruz de La Palma: Cabildo Insular, Ayuntamiento, 2005, pp. 26-30.

RODRÍGUEZ-LEWIS, J. J. Apuntes sobre la Semana Santa de Santa Cruz de La Palma. Mas Canarias. Seguimiento de Medios y Comunicación, 2005, pp. 55-58.

TOLEDO TRUJILLO, Francisco; HERNÁNDEZ DE LORENZO MUÑOZ, Miguel. Historia de la medicina palmera y sus protagonistas. Centro de la Cultura Popular Canaria, 2001, pp. 363-364.

-Ídem. «La medicina social en la isla de La Palma en el siglo pasado». Revista de Estudios Generales de la Isla de La Palma, n.º 2, 2006, p. 453.


Mi más sincero y especial agradecimiento al aviador, aeromodelista y amigo Jesús Piñero, así como a aquellas fuentes que han preferido permanecer en el anonimato, por la generosa entrega de sus recuerdos, datos y anécdotas. Gracias a ellos ha sido posible iluminar, con mayor hondura y sensibilidad, la figura de Gabriel Duque Acosta. Algunos de estos amigos fueron, además, impulsores entusiastas de la idea de rescatar del olvido y devolver al lugar que merece a un hombre cuya relevancia aún no ha sido plenamente reconocida entre los suyos. A todo ello se suma el privilegio extraordinario de que varios de ellos conocieron de cerca y trataron personalmente al ilustre personaje, circunstancia que confiere a sus testimonios un valor humano, histórico y emocional especialmente significativo.

Debes indicar un comentario.
Debes indicar un nombre o nick
La dirección de mail no es valida

Utilizamos cookies, tanto propias como de terceros, para garantizar el buen funcionamiento de nuestra página web.

Al pulsar en "ACEPTAR TODAS" consiente la instalación de estas cookies. Al pulsar "RECHAZAR TODAS" sólo se instalarán las cookies estrictamente necesarias. Para obtener más información puede leer nuestra Política de cookies.