José Antonio Luján Henríquez, conocido como Pepe Luján, dedicó gran parte de su labor a recopilar y preservar la memoria colectiva de su pueblo, Artenara, un legado que no debería perderse con el paso del tiempo. En su obra Piedra de Luna (Crónicas 1995-2003) deja constancia expresa de su objetivo: dejar testimonio de su época para los siglos venideros, convencido de la importancia de conservar la memoria compartida como elemento esencial de identidad.
Artenara contó con un cronista que asumió el compromiso de dejar constancia de su historia, evitando que el irrepetible patrimonio de su voz se perdiera en el olvido o “se quedara en las estrellas”, para convertirse, en cambio, en un rumor profundo que las generaciones futuras pudieran escuchar como signo de identidad colectiva (Piedra de Luna). A mi juicio, cumplió este cometido con enorme desvelo y perseverancia. Desarrolló su labor con devoción, ilusión y pasión hasta sus últimos momentos, dejando un legado histórico y cultural que permanecerá guardado en sus libros, en sus documentos escritos y en la memoria de todas las personas que lo conocimos.
Recuerdo que en muchas conversaciones me llamaba especialmente la atención su reflexión sobre la evolución económica y social de Artenara. Este municipio cumbrero pasó de una sociedad agraria (subsistencia) a una economía forestal. Y más reciente a una sociedad de carácter turístico. Entre los temas que solía destacar fue la supervivencia en un mundo rural muy hostil para poder sustentar a la familia, el papel de la mujer en Artenara, masculinización de las calles, la educación, la construcción de las presas o las carreteras. En uno de nuestros últimos encuentros me comentó que había propuesto que el edificio consistorial llevara el nombre de Juana García, primera alcaldesa de Artenara entre 1934 al 36, y que el consultorio de salud se denominara Carlota Quintana, la primera doctora de Canarias. Una de las últimas llamadas que tuve con él giró en torno a su investigación sobre los apellidos de Artenara. Quería reconstruir genealogías, rastrear raíces, entender cómo las familias habían configurado la identidad colectiva del pueblo. Fue su manera de seguir tejiendo un legado.

En su libro La actividad comercial de Artenara señala, en las páginas 17 y 18, que “un pueblo es esencialmente una comunidad económica, porque la economía es la base del existir y sobre ella se sustentan las tradiciones etnográficas y otras vertientes culturales y simbólicas”. Esta afirmación resume con claridad la estrecha relación entre la actividad económica y la identidad colectiva del municipio. El propio autor describe cómo el paisaje de Artenara pasó de ser fundamentalmente agrícola a forestal a partir del último tercio del siglo XX, reflejando un profundo cambio en su base productiva. En el periodo 2000-2006 la edad media de la población era de 41,32 años, un dato que ya evidenciaba la falta de un horizonte económico. Esta situación se mantiene, e incluso se acentúa en los datos económicos y demográficos más recientes. En el año 2025 se aprecia un ligero aumento de la población de 0 a 14 años debido a los menores inmigrantes. La franja de edad comprendida entre los 15 y los 65 años continúa disminuyendo. Se requiere un estudio más profundo en el intervalo de 15 a 65 años en el año 2025 porque hay una bajada más significativa que en los otros años. Por lo poco que he podido investigar en 2025, este descenso parece estar relacionado con un mayor número de defunciones dentro de este grupo de edad, con la persistencia de la emigración provocada por la falta de oportunidades laborales y económicas, y también con la salida de jóvenes. La población de más de 65 años sigue creciendo. A continuación, se presenta los datos demográficos registrado en el ISTAC.
Los datos de actividad económica (Empresas inscritas en la Seguridad Social según agregaciones de actividad económica. Canarias, islas y municipios por periodos (Metodología 2015), entre 2012 y 2025, reflejan con claridad la limitada y frágil estructura productiva del municipio de Artenara. El número total de actividades se mantiene prácticamente estancado durante todo el periodo, oscilando entre 11 y 16, sin que se aprecie una tendencia clara de crecimiento (estancamiento económico). La práctica inexistencia del sector primario resulta especialmente significativa. Salvo una actividad puntual en 2018, no se registran actividades vinculadas a la agricultura, ganadería, silvicultura o pesca, lo que confirma la pérdida progresiva de la base agraria tradicional del municipio. El sector secundario también presenta un peso muy reducido, con una actividad constructiva escasa y muy irregular, que no logra consolidarse como motor económico. El sector servicios concentra la mayor parte de la actividad económica, manteniéndose de forma constante entre 10 y 13 actividades a lo largo del periodo analizado. Dentro de este sector, la hostelería es la rama más relevante, con cifras relativamente estables —entre 6 y 8 establecimientos—, lo que pone de manifiesto la creciente orientación turística del municipio.

Otras actividades como el comercio, el transporte y el almacenamiento muestran cifras muy reducidas y prácticamente invariables en el tiempo, lo que evidencia un mercado local limitado y una fuerte dependencia del exterior para el consumo, el empleo y los servicios. Las actividades inmobiliarias, por su parte, desaparecen a partir de 2014, lo que puede interpretarse como un reflejo de la escasa dinámica residencial y de la dificultad de la vivienda en este territorio.
Muchos de estos elementos ya fueron señalados por Pepe Luján y siguen plenamente vigentes en la actualidad. Los comercios existentes se originaban en una débil estructura económica local y no tiene continuidad en el cambio de generación de padre a hijo, sobre todo por las limitadas perspectivas demográficas, agrarias y la emigración de los habitantes. Esta circunstancia determina que el momento del cambio social ha cedido en las últimas décadas propiciando el cierre de las pequeñas tiendas de los barrios: Las Arvejas, Las Cuevas, Lugarejos y Acusa. El casco del pueblo al ser un lugar estratégico permanece abierto los comercios, pero con gran dificultad.
A pesar de las lejanías dentro del espacio insular a una hora de desplazamiento en automóvil, aunque sea por carreteras complicadas, deben considerarse estos espacios integradores y complementarios en la estructura urbana insular: la vulnerabilidad de la economía local, el decrecimiento demográfico y el déficit de una línea de desarrollo sostenible que convierte las perspectivas de futuro en una mera retórica funcional y de la gestión política.
El término de municipio de atención señalado en su libro Crónicas de Artenara (hechos, personajes y paisajes) se caracteriza en Artenara por su población reducida y envejecida, elevado porcentaje de residentes pensionistas, actividad agraria prácticamente residual escasez de recursos propios y el 90 % del territorio ocupado por repoblación forestal y espacios de protección ambiental. Las relaciones sociales se mantienen en gran medida gracias a una población no residente que conserva el vínculo con el municipio a través de segundas residencias y estancias de fin de semana o periodos vacacionales. La situación obliga a definir un modelo propio para los pueblos de las Cumbres, que supere el planeamiento administrativo convencional. Este modelo debería sustentarse en tres indicadores fundamentales:
-Garantía de estructuración económica compensatoria.
-Fijación de población.
-Oferta de ocio, cultura y recursos ambientales en el contexto insular.
Para Artenara en el siglo XXI, el modelo podría articularse en torno a tres líneas complementarias:
-Desarrollo del ocio cultural vinculado a la identidad rural y al patrimonio.
-Aprovechamiento sostenible de los recursos forestales y medioambientales.
-Puesta en valor del hábitat troglodita como elemento singular diferenciador.
En este sentido debe cimentar su modelo de economía de compensación institucional por el hecho de ser soporte medioambiental y que bien pudo haberse logrado con la creación del Parque Nacional con este modelo acelerado de la participación ciudadana, y con la consecuente negociación política que, en todo caso conduzca, a la consideración de las figuras del municipio de atención preferente.
La memoria de Pepe no es solo pasado, es fundamental para construir un futuro en Artenara. Muchos de los elementos señalados por Luján siguen plenamente vigentes y su diagnóstico sobre la relación entre economía e identidad no ha perdido actualidad. Artenara no puede competir económicamente con otros municipios, pero sí puede consolidarse como enclave medioambiental, cultural y patrimonial si se reconoce jurídicamente su función insular y se articula un modelo de compensación institucional adecuado.

Bibliografía
-José Antonio Luján Hernández
A. Crónicas de Artenara (hechos, personajes y paisajes), 2014. Editada por Domiba.
B. La actividad comercial en Artenara (1950-2010), 2012. Editada por Domiba.
C. Aspectos históricos de Artenara (2.ª edición), 2004. Ayuntamiento de Artenara.
D. La voz de la memoria. Conversaciones en Artenara, 2006. Ayuntamiento de Artenara.
-ISTAC (Instituto Estadístico de Canarias)
