Revista n.º 1138 / ISSN 1885-6039

La Virgen Republicana

Jueves, 19 de febrero de 2026
José Guillermo Rodríguez Escudero
Publicado en el n.º 1136

La portada de la edición de Los imagineros canarios, de Sebastián Padrón Acosta, ha avivado el interés por la imagen de la Virgen Dolorosa que en ella aparece, y que registra en su historia y valoración algunos datos curiosos... ¿Por qué se le conoce como la Virgen Republicana?

Rostro de la 'Virgen Republicana' de El Pilar

La Virgen Dolorosa que acompaña estas palabras es una imagen que siempre ha despertado en mí una admiración especial. Siempre que dispongo de un rato en Santa Cruz de Tenerife, suelo acercarme a la iglesia de El Pilar para contemplarla en silencio. Con el tiempo descubrí que esta talla procesional, conocida oficialmente como Nuestra Señora de las Angustias, arrastra una historia singular que la hizo ganarse un sobrenombre tan inesperado como revelador: la Virgen Republicana.

El apodo nace de un episodio cargado de simbolismo. Tras la proclamación de la Segunda República en 1931, las procesiones religiosas fueron prohibidas. Un año después, las medidas se endurecieron aún más: se disolvió la Compañía de Jesús, se incautaron sus bienes, se secularizaron los cementerios y se clausuraron instituciones eclesiásticas históricas. En ese contexto, la procesión de la Virgen de las Angustias fue la única que logró salir a la calle, desafiando la norma. Desde entonces, aquella cita del mediodía del Viernes Santo pasó a ser conocida popularmente como la Procesión de los Republicanos, una celebración con una lectura más política que devocional. Pero la historia no termina ahí.

En su altar actual

El contexto de la Virgen de las Angustias

El origen del curioso sobrenombre se remonta a una anécdota anterior, protagonizada por Emilio Calzadilla, alcalde accidental de Santa Cruz entre 1913 y 1915 y ferviente republicano. En una de aquellas procesiones, los concejales se negaron a pagar a la banda de música. Calzadilla, sin dudarlo, asumió el gasto de su propio bolsillo. En agradecimiento, los músicos decidieron interpretar una pieza que sabían que agradaría al alcalde, gran admirador de Puccini. Así fue como el aria «Adiós a la vida», de la ópera Tosca, se transformó en una marcha procesional, un detalle tan insólito como memorable.

Desde el punto de vista artístico, la imagen de Nuestra Señora de las Angustias es una talla de candelero, pensada para ser vestida, de estilo clasicista y 1,50 metros de altura. Fue realizada en 1803 por el escultor tinerfeño Miguel Arroyo Villalba, una figura destacada del barroco insular estudiada por vez primera por Sebastián Padrón Acosta en una serie de textos del investigador portuense y que ahora han sido recogidos por el investigador José Miguel Perera en el volumen titulado Los imagineros canarios (Biblioteca Sebastián Padrón Acosta, Mercurio Editorial y IEHC, 2025). Tras él también han hablado de la imagen otros investigadores como Gerardo Fuentes Pérez en su obra Canarias: El Clasicismo en la escultura (Cabildo de Tenerife: Publicaciones científicas. Arte e Historia, núm. 12, Santa Cruz de Tenerife, 1990). La delicada efigie fue donada a la parroquia de El Pilar en marzo del año siguiente.

'Virgen Republicana' de Miguel Arroyo

Obra sobre los imagineros insulares

Arroyo no solo creó la obra, sino que mantuvo con ella una relación casi íntima: cuidaba cada detalle y se reservaba el privilegio de vestirla él mismo antes de cada procesión. Lo hacía, además, de una manera muy concreta, alejándose de los usos actuales, ataviándola como una mujer hebrea del pueblo, sin permitir variaciones. La presencia de una inscripción en el pecho de la imagen permite descartar cualquier duda sobre su autoría, tal como señaló el sacerdote claretiano y escritor Pablo Cerezo en su artículo publicado en la prensa local: «Miguel Arroyo la hizo y dió a la Iglesia del Pilar siendo Beneficiado don Carlos Benavides. Año de 1804» («Labor artística de don Miguel Arroyo: la Virgen de las Angustias y otras imágenes», Gaceta de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife, 9 de abril de 1925, p. 2). La escultura ha sido ampliamente reconocida por su intensidad expresiva y su impactante realismo. Aunque el rostro muestra un modelado severo y sin concesiones, es considerada una de las mejores piezas del arte religioso de la capital y la obra de mayor valor escultórico de esta parroquia.

Su historia, salpicada de episodios singulares, aporta una riqueza adicional al significado artístico y espiritual de la procesión. Como guiño del destino, resulta curioso pensar que, de haber coincidido en el tiempo Miguel Arroyo y Emilio Calzadilla —separados por varias décadas—, habrían sido vecinos pared con pared. Dos figuras muy distintas, unidas sin saberlo por una Virgen que, aún hoy, sigue despertando devoción, memoria y asombro.

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