Con Peter Riley (Stockport, 1940) no solo estamos ante un importante poeta británico, sino también ante un notable ensayista y editor. Nacido bajo las restricciones propias de una economía de guerra y criado en un entorno de clase trabajadora, su educación académica se vio favorecida por las políticas publicadas de educación que se desarrollaron en Gran Bretaña durante la posguerra. Su producción literaria se suele asociar con el grupo de autores de Cambridge que en los años sesenta del pasado siglo no solo buscaban nuevas fórmulas expresivas siguiendo un fecundo diálogo de la New American Poetry como, por ejemplo, Charles Olson, Frank O´Hara o Ed Dorn, y otros poetas europeos; sino también desarrollaron una toma de posicionamiento ante el incipiente desarrollo de la sociedad de consumo, la industrialización y la implementación de políticas económicas que ponían en jaque el estado de bienestar. Entre sus últimos títulos más destacados merecen la pena mencionarse Due North (2015) y Proof (2023).
El poema que traducimos a continuación apareció en el segundo volumen de sus Collected Poems publicado por Shearman Books en 2018. En concreto, forma parte de una serie inédita hasta entonces bajo el rótulo de Ferryports. En nuestro poema encontramos dos ejes que articulan buena parte de su escritura: por un lado, una visión andariega del paisaje; por otra, los motivos viajeros. En sus líneas, pues se trata de un poema en prosa, asistimos a una actualización de la temática pastoral según se muestra en autores románticos, sobre todo en Wordsworth, donde a la dimensión personal de la enunciación lírica no le resulta ajena la historia y la política. En este sentido, su posicionamiento podría vincularse con la relectura que plantea Michael Löwy del marxismo como filosofía romántica y, a la postre, como una crítica radical a la modernidad capitalista.

La Gomera
Una habitación de madera cerca de la cumbre de un volcán extinto, mirando casi en vertical los pueblos allá abajo. Al leer el Mail y afirmar: Esto no es donde vivo, No vivo en nada de esto, este teatro de la crueldad donde nadie se cree una palabra y los mercados se rigen por el miedo y la desesperación.
Una isla, calma para la mente, en el corazón de una sociedad en el corazón del desorden y la amenaza y la falsa humanización, una pausa en el trabajo. Una oruga de esfinge de la calavera en los escalones. De noche un burro rebuzna al lado con todas sus fuerzas y tan solo descansamos aquí. No descansamos en ningún otro lugar. Por todos lados, los restos de un sistema de producción agrícola: laderas con parcelas de tierras abandonadas, aljibes vacíos, atarjeas que corren desde los bosques de laurisilva hasta la costa. Vivimos en las ruinas de un discurso público.
¿Y qué se acumula con todas estas riquezas? ¿Un hartazgo del espíritu y para las víctimas un viaje de larga distancia? ¿Prisión en un desierto? En una pausa ante la ansiedad miramos por los alrededores de donde nos quedamos: un diseminado de casas en la franja costera, pequeños terrenos vacíos o recuperados, palmeras, ferris que navegan todo el día de una isla a otra. Así que nuestra recompensa después de todo este privilegio y ganancia es lo que ya poseíamos.
Cómo dimos con este lugar desconocido, este intervalo, esta isla frente a África, mucho más por donde nos quedamos que en cualquier asunto del Express. Sin embargo, un claro en el que se puede concebir un drama del desastre al que nos enfrentamos y sometimos, del amor arrancado a las profundidades de nuestra bondad.
A poca distancia se encuentra un bar. Al mirar más allá de riscos y barrancos hasta el mar con ferris y embarcaciones pesqueras que se cruzan, es posible pensar con detenimiento en el enemigo y el alma del enemigo, cómo persigue la acumulación de manera inmediata y sin fin, el gasto que se deriva a otros, mientras por encima de nuestras cabezas sopla constante el alisio, mientras forma en la cumbre una neblina de la que el bosque de laurisilva saca agua, y al anochecer una estrella nos lleve a casa al borde de sus gotas profundas.
La presente traducción y la introducción sobre Riley han sido realizadas por el profesor y poeta canario Antonio Martín Medina.
