En 1982 salió a la luz la publicación Fetasianos, editada por Nilo Palenzuela, en la que escritores y expertos comentan la obra del grupo literario que da nombre al libro. El círculo de los fetasianos consistía en escritores o lectores afines que se reunían para indagar en su pasión literaria y su estar en el mundo. La publicación giraba en torno a dos prominentes autores: Rafael Arozarena e Isaac de Vega, el inventor de la palabra fetasa. Pero también había un tercer personaje, más desconocido por el público general. En la obra se arrejuntan textos de y sobre Antonio Bermejo, al que no dudan en presentar como el escritor maldito de los fetasianos. Como mismo lo ponía Palenzuela: «Es Antonio Bermejo entre los escritores de su generación a quien le ha correspondido el papel de la tragedia, la atracción de la oscuridad y el simbolismo de la violencia»1.
Bermejo es un individuo aislado, una viviente llaga, como escribiera su amigo Isaac de Vega en un prólogo a sus cuentos reunidos en Historia de café pobre2. Bermejo aparece en Fetasianos como William Burroughs entre los beats Allen Ginsberg y Jack Kerouac. O como Walter Benjamin dentro y a la vez fuera del círculo de intelectuales de Frankfurt. El filósofo Juan Claudio Acinas nombra a Bermejo en un ensayo sobre el poder, la desviación y la marginalidad, destacando esta frase suya del cuento «Umbral sin puerta»: «Odias a aquellos que fueron como tú, que llevan corbata y huelen a jaboncillo. Si te preguntan el porqué, no sabes contestar, pero les odias. Más tarde das contestación a la pregunta. Son tus enemigos; como ellos viste el Juez, la Policía, y los empleados de la Prisión. Ellos son la Ley; tú, el Delito... Cambias. Hablas de otro modo, miras de otro modo, te mueves de otro modo. Los malos olores no los sientes; sientes los buenos y te repugnan»3.
Su única novela se perdió cuando al fin iba a ser publicada (quedando de ella tan solo un primer capítulo que apareció en la prensa local tras haber ganado un premio); bregó con problemas con el alcohol; vivió durante un tiempo en una cueva en el Barranco de Santos y estuvo ingresado en el hospital psiquiátrico de Santa Cruz de Tenerife, que en aquella época era conocido como el manicomio. Como decía Roberto Cabrera, Bermejo habitaba «hospederías y viejas pensiones, ciudadelas todavía en pie. Donde ese dolor se hizo carne y donde Bermejo luchó por no ser cosificado ni congelado por las otras miradas»4. Pero Bermejo es maldito además por estar atrapado en su propio lenguaje siniestro, en la turbulencia emocional y la soledad que muestran sus personajes y en el ambiente social en el que existen doliendo. «María del Mar», uno de sus primeros cuentos, es un disparo a bocajarro descrito desde la cotidianidad más inmanente con la juventud y la vida. Bermejo tiene una capacidad innata para hacer aparecer la muerte y la desesperación en el borde de sus palabras.

En Fetasianos se incluye una entrevista al autor, realizada por Cirilo Leal5, en la que se refleja a la persona tras el mito de maldito. Bermejo es honesto en el habla y no romantiza nada su condición marginal: «aquejado por estados depresivos crónicos que no recomiendo a nadie». Como comenta Leal, Bermejo habla de su familia, siente el vacío de la muerte de su padre y tiene un cariño enorme hacia su madre, a la que llama el sentimiento. En otro texto aledaño de la publicación, el filólogo Pablo Quintana destaca que su madre era de la «Gomera profunda» y que el autor muestra en sus cuentos todo un esquema psíquico-familiar que es una metáfora de Canarias6. Bermejo viene de una familia numerosa, unida; aunque es en el seno de la familia donde se da una ruptura, que con el tiempo lo lleva a intentar suicidarse y, luego, a internarse en el hospital psiquiátrico. Bermejo lo contaba así: «Nunca le he tenido miedo a la vida ni a la muerte, pero llegó un momento en que el Anticristo me desbordó. No lo pude resistir… Después del intento frustrado, me convencieron que lo mejor para mí era el internamiento». Y, contra el malditismo asociado al manicomio, el mismo Bermejo asegura que fue un lugar donde encontró amistad, cuidados y libertad para salir a dar las clases que impartía de manera altruista. También, al modo terapéutico, como el discurso que el historiador del arte Aby Warburg ofreció en su centro psiquiátrico sobre el baile de la serpiente de la Nación Pueblo de Norteamérica7, Bermejo impartió varias charlas, de las que él mismo destaca una sobre la música de Chopin.
Leyendo este fragmento de la entrevista de Leal, sobre la estancia de Bermejo en el psiquiátrico, fue cuando supe por primera vez de la existencia de una revista llamada El baifo. Cuenta Bermejo detalles clave de cómo se sustentó esta publicación y en qué consistía: «Baifo era una revista de enfermos para enfermos. Una revista en la que escribían enfermos que no estaban tan majaras como sus familiares hacían creer para dejarlos allí perpetuamente y aprovecharse de sus bienes o herencias. Llegamos a sacar cuatro números, y salió adelante con el dinero que pedíamos por ahí y gracias a la ayuda económica de algunos médicos».
Baifo, o El baifo. Revista del Hospital Provincial, se convirtió en una obsesión, porque siempre pensé que sería un documento interesante para abordar el encierro y el discurso de la locura, y porque, según había escrito Leal, era el mismo Bermejo quien la había editado (¿y no habría ahí un texto suyo no comentado?). Además: ¿se llama así la revista por eso de se me fue el baifo, esa frase canaria-amazigh tan bonita asociada al pastoreo que quiere decir se me fue la cabeza? De nada de eso podemos estar seguros, pues solo contamos con esa línea de adscripción de autoría; pero investigando logré apreciar que una revista así pertenece a un movimiento mucho más amplio. Según Óscar Martínez-Azumendi8, este tipo de publicaciones tienen dos siglos de historia y son frecuentes como parte de la terapia ocupacional en los centros psiquiátricos. Este investigador ha realizado la inmensa tarea de localizar y catalogar estas olvidadas publicaciones, añadiendo información a una base de datos que tiene por nombre psiquifanzines. Para Martínez-Azumendi9, fanzine es un concepto que condensa el carácter precario y entusiasta del tipo de publicaciones realizadas por enfermos y enfermas mentales. El baifo aparecía catalogada en el proyecto psiquifanzines, junto con sus publicaciones gemelas en Gran Canaria (El Cuco, que se publicó también por los años setenta y tiene copias localizadas y digitalizadas, y Guañó), pero no había más información sobre su contenido ni localización. Tan solo era conocido su título por testimonios de intercambios de revistas entre el centro de Tenerife y uno de Valladolid, sobre los años ochenta, sin que se conociera ninguna copia.


Llevaba años buscando El baifo, que era algo así como una pesadilla para bibliotecarios y archivistas que nunca daban con ella. Al teclear su nombre en los motores de búsqueda de los catálogos de archivos locales, siempre daba con otro fanzine de carácter cultural canario, pero no con la revista del hospital psiquiátrico. Sin embargo, el recado lo había dejado con gente de confianza, entre los que debo mencionar al bibliotecario del fondo canario de la Universidad de La Laguna, Daniel García Pulido, y al antropólogo Airam Alonso Suárez, que fue el que me avisó de que una nueva referencia había aparecido sin ser el fanzine que duplica el nombre.
Curiosamente, El baifo apareció entre los fondos legados por el gran investigador de la cultura canaria Hermógenes Afonso de la Cruz, conocido como Hupalupa, quien fuera también el articulador del brazo cultural del MPAIAC (Movimiento por la Autodeterminación y la Independencia del Archipiélago Canario). Entre la propiedad de sus numerosos libros, revistas, folletos y fanzines apareció un número de la revista del hospital psiquiátrico, firmado y dedicado. Consultando con familiares cercanos a Hupalupa, pude asegurar que había una relación cercana con Antonio Concepción Pérez, que es quien le dedica esa copia. Gracias a esa dedicatoria sabemos la fecha y el número de ejemplares que se imprimieron: 230 copias que salieron el 18 de agosto de 1981. Y es gracias a esta conexión que supe también que el legado de Concepción se encuentra custodiado en el TEA (Tenerife Espacio de las Artes), donde amistades cercanas, como Néstor Delgado, dieron ahí con copias de El baifo, despertando su interés y siendo posteriormente mostradas en la exposición Rebeldía y disciplina. Una posible historia de los grupos de artistas de Canarias a partir de la colección de TEA (2025).
El número de la Revista del Hospital Provincial que perteneció a Hupalupa está custodiado en el Archivo de la Transición Democrática en Canarias, un archivo que ha sido creado por un equipo de la Biblioteca de la Universidad de La Laguna, del cual Paqui Rivero es una de sus responsables y la persona que me permitió consultar y digitalizar su contenido10. El baifo comienza con un trabajo historiográfico del mentado psiquiatra Antonio Concepción Pérez, que es responsable de la edición de ese número (y curiosamente también editor de una de las obras clave de la antropología canaria: Antigüedades canarias, de Sabino Berthelot). Tras este texto introductorio aparece uno de Carmen S. llamado «Vegetando», en el que habla de su deseo de ser un vegetal para no «oír, no hablar, no pensar, no comprender…» y donde plantea la posibilidad de que las piedras tengan vida. El siguiente texto son unas «Coplas dedicadas a mi tierra», en la que Hilda Navarro Rodríguez, de El Tanque, en el norte de Tenerife, comenta una excursión desde su pueblo a Candelaria, atravesando Las Cañadas. Quiero destacar, como tanquero que soy, esta copla suya: «Vivan todos los de El Tanque / y de otros pueblos amigos, / Estamos en Las Cañadas / echando tragos de vino».

Los siguientes dos textos son anónimos. Uno es un poema duro y trágico que comienza hablando del Anticristo (¿eres tú, Antonio?): «La patria fue tu crimen, tu necesidad y tu casa». El otro se llama «Psicosis de paz» y es un corto análisis teológico que empieza comentando el significado de la Navidad. Por una intercalación informativa sabemos que un cuento en un número anterior, escrito por Gregoria Fernández (llamado «En cuento»), ha sido premiado en el Concurso de Navidad del Ministerio de Cultura. Abajo, África Martín escribe una «carta a mis amigos» para explicarles que ya es libre. Citando a Nietzsche, Tomás Eladio Quintero prosigue con un poema titulado «Ecce Homo» (¿se trata del mismo Tomás Eladio Quintero que escribió la obra teatral El Infierno en 1984?).
Malela escribe un poema donde dice que la juventud «se siente incómoda dentro de su piel». Caridad aporta otro poema donde cuenta que es una sirena, «y no te asombres / aunque fea es la figura». Y vuelve en este número Gregoria, que ganó un premio con un cuento del número anterior de El baifo, ahora con un poema sobre un cementerio. Fernán Caballero cierra el número con su colaboración, que trata sobre mitología griega.
Y bajo el nombre de Friqui aparece este brutal poema titulado «Que si que no», con el cual quiero acabar esta primera parte del reportaje sobre Bermejo y El baifo: «Me gusta mi cementerio / repleto de cadáveres / para comérmelos crudos / con un poco de jarabe / plumas blancas felices / atadas a punto yugoslavo / se trata de narices / y de pelos encolchados / Cose, cose, palomita / que el buchón te está esperando / con los brazos entreabiertos / y con los ojos llorando /que sí, que sí, que sí, que sí / que no, que no, que no, que no / que bien, que bien, que bien, que bien / que mal, que mal, que mal, que mal».
Notas
- Nilo Palenzuela (1982): «Antonio Bermejo, de todos los silencios al silencio». En: Fetasianos. Aula de Cultura de Tenerife, p. 223.
- Bermejo, Antonio (1988): Historia de café pobre. Exclmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, p. 13.
- Citado en: Acinas, Juan Claudio (1993): «Poder, desviación y marginalidad». Disenso: revista canaria de análisis y opinión, p. 4.
- En: https://letralia.com/articulos-y-reportajes/2018/03/29/antonio-bermejo/
- Leal, Cirilo (1982): «Antonio Bermejo, de fetasiano a personaje de novela». Entrevista en Fetasianos. Aula de Cultura de Tenerife.
- Quintana, Pablo (1982): «La imagen de un escritor maldito: Antonio Bermejo». Fetasianos. Aula de Cultura de Tenerife, p. 235.
- Warburg, Aby (1995): Images from the Region of the Pueblo Indians of North America. Cornell. Londres.
- Martínez-Azumendi, Óscar (2024): «Una mirilla abierta a la cotidianidad institucional de los manicomios españoles: las publicaciones de pacientes (1950-1989)». Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría. Vol. 44, n.º 146.
- Correspondencia personal con Martínez-Azumendi.
- La revista puede consultarse en el Archivo de la Transición Democrática en Canarias de la ULL con la siguiente signatura: TDC 558. Y puede consultarse digitalmente aquí: https://hermes.bbtk.ull.es/viewer.vm?id=5948074&lang=es
