Revista n.º 1157 / ISSN 1885-6039

1926-2026: un siglo de la Historia de Moya del Magistral Marrero

Martes, 9 de junio de 2026
Octavio Suárez García
Publicado en el n.º 1152

Construye un relato que ofrece, además de una interpretación personal de los hechos, tradición oral e historia documentada, desde los tiempos previos a la conquista hasta la organización parroquial y la evolución social del territorio. Se detiene en hechos históricos significativos y en la figura de Doramas.

El Magistral Marrero (fuente: 'La Provincia', 21 de febrero de 2015)

En 1926, el periódico El Defensor de Canarias comenzó a publicar, por entregas, un trabajo singular que con el tiempo se convertiría en una referencia imprescindible para comprender el pasado de la grancanaria Villa de Moya: la Historia de Moya, obra del que fuera cura-párroco de la Nuestra Señora de Candelaria desde 1902 hasta 1915, don José Marrero y Marrero. Aunque vio la luz en formato periodístico en 1926 con la intención de acercar la historia y hacerla accesible, el texto, nacido en el ámbito de la investigación y la reflexión personal, fue escrito en 1913, y su manuscrito se conserva en El Museo Canario.

José Marrero y Marrero fue, ante todo, un hombre profundamente vinculado a su comunidad, investigador y observador atento que destacó por su excelente oratoria. Nació en Firgas el 12 de noviembre de 1874 y fue ordenado sacerdote en 1898. Además de ser párroco beneficiado en Moya, fue profesor del Seminario, coadjutor de San Lorenzo, capellán del Hospital de San José, párroco de Santo Domingo en Las Palmas de Gran Canaria y canónigo magistral de la Catedral de Canarias. Falleció en Las Palmas de Gran Canaria el 30 de abril de 1942.

Desde las primeras páginas de Historia de Moya se percibe un vínculo íntimo con la Villa. En el prólogo, titulado significativamente "Desde Moya", el Magistral Marrero evidencia la emoción que le produce el territorio que describe: "Algo tiene el primer amor que lo hace inolvidable… Por eso, este fraile, para quien la parroquia de Moya fue como el amor primero…, no puede menos de sentirse frecuentemente solicitado y seducido por los encantos apetitosos y los castos placeres que ofrece, en abundancia, este pedazo de paraíso…". Además, se hace más que evidente el agradecimiento del autor al municipio, que se puede resumir con esta frase: "Debe a Moya muchas horas de solaz y de alivio, de goces dulces, de paz serena, de salud robusta y descanso regalados… y quiero pagarle, en parte, esta deuda, haciéndola conocer de los extraños".

'El Defensor de Canarias' (12 de noviembre de 1926) con la parte dedicada a la Candelaria (archivo de El Museo Canario)

Dedicatoria manuscrita a los hijos de Moya (archivo de El Museo Canario)

Hay que destacar la capacidad del Magistral Marrero al combinar la narración histórica con la descripción del territorio. Las primeras páginas las dedica a dar todos los detalles necesarios para situar el municipio con procesión en sus límites, en su extensión y en sus características naturales. Al comienzo de la situación geográfica, donde también habla de la población, ya se hace notar el elogio cuando la describe como "la parte más hermosa del norte de Gran Canaria".

Una vez situado el municipio geográficamente, Marrero construye un relato que ofrece, además de una interpretación personal de los hechos, tradición oral e historia documentada, desde los tiempos previos a la conquista hasta la organización parroquial y la evolución social del territorio, y se detiene en hechos históricos significativos contados por historiadores como Viera y Clavijo, Millares y Abreu Galindo, entre otros, y en la figura de Doramas.

La dimensión religiosa de la Villa se muestra como elemento inseparable de su historia, por lo que centra en ella gran parte de la Historia de Moya. Los orígenes del núcleo poblacional se remontan a finales de siglo XV cuando los conquistadores fundaron y poblaron este lugar y "levantaron en la falda de esta selva y al veril del risco bravío, una pequeña ermita dedicada a la Virgen de la Candelaria", germen de la posterior organización parroquial. En el capítulo X se transcribe literalmente el auto de constitución de la parroquia tras el Sínodo Diocesano celebrado el 18 de abril de 1515, cuando era obispo Fernando Vázquez de Arce.

La conmemoración de este centenario nos ofrece la oportunidad de redescubrir esta obra clave para entender la historia de la Villa de Moya desde una perspectiva cercana, humana y con profundo arraigo al lugar descrito. A su vez, nos reencontramos con la figura de José Marrero y Marrero, quien da nombre a una de las calles principales del casco del municipio: Magistral Marrero.

Con motivo de esta efeméride, el ayuntamiento de Moya ha dedicado el programa de las fiestas populares en honor a Fiestas de San Antonio de Padua del año 2026 a diferentes rincones del municipio recreados en acuarela por la artista moyense Soraya Santana de la Fe. A través del Archivo Histórico Municipal, se pone a disposición de la ciudadanía esta reproducción de la Historia de Moya contribuyendo así a la difusión y conservación de un valioso legado documental. La reproducción ha sido realizada a partir de la copia mecanografiada por el oficial mayor del Ayuntamiento de Moya, Eloy Rodríguez Guerra, con la colaboración de José Moreno Miranda y Manuel Santana Moreno, trabajo concluido en la mañana del 12 de septiembre de 1950.

Asimismo, esta publicación ha sido posible gracias a la reciente y generosa autorización de Andrés Rodríguez Ojeda, párroco de la Parroquia de Nuestra Señora de Candelaria entre 1983 y 2017, e impulsor del libro Quinto Centenario de la Parroquia de Nuestra Señora de Candelaria 1515-2015, elaborado por Julio Sánchez Rodríguez. En su prólogo, don Andrés manifestaba ya su deseo de incorporar la Historia de Moya, con el propósito de acercarla al mayor número posible de personas.

Prólogo del manuscrito de los 'Apuntes' de Marrero sobre Moya (archivo de El Museo Canario)

Acuarela de Soraya Santana de la Fe de la calle Magistral Marrero (portada del programa de fiestas de 2026)

La cercanía que se percibe en los textos sigue presente en el modo que utiliza José Marrero y Marrero para despedirse de sus lectores, con un tono directo y podríamos decir que confidencial:

Y ahora, lector benigno y afable, suelto la pluma y la arrincono por algún tiempo. Estos escritos desabridos suelen producir canseras fastidiosas, si no se interrumpen de vez en cuando, para dejar lugar a otros más amenos, y de más agradable sabor. Además solicitan mi trabajo, en estos días, otros asuntos de más enjundia que no me dejarán horas libres para estos entretenimientos y vagares por los campos de nuestra historia, que me son tan gratos.

Sin embargo, espero en Dios que me permita reanudar, en días no lejanos, estas conversaciones que, si no te fastidian, te dirán muchas cosas de Moya, antiguas y modernas.

El señor te proteja, y a mí no me olvide.

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