Sandra González Reina, nuestra colaboradora conocida artísticamente como margullito, publica el primer libro existente sobre una de las obras más conocidas de la narrativa canaria reciente, y sin duda la más difundida desde que se dio a conocer hace cinco años: Panza de burro, de Andrea Abreu. Lo hace en un ensayo de cien páginas titulado Inocencia salvaje: las niñas jarrapas de Andrea Abreu, y que estrena una nueva colección, El 7 de la lengua, dentro de Mercurio Editorial. Será presentado viernes, 7 de noviembre, a las 19:00 horas, en Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias (Puerto de la Cruz, Tenerife). La autora estará acompañada por la profesora de la Universidad de La Laguna Paula Fernández Hernández y por el coordinador de la colección, el también docente y escritor José Miguel Perera.
“En el universo literario pocas veces se apuesta por un personaje infantil femenino independiente que lleve el peso de la trama. No obstante, cabe resaltar las nuevas tendencias en la literatura actual que proponen cambios significativos con respecto al protagonismo infantil”. Desde este planteamiento inicial, en el que se subraya la perspectiva narradora como una de sus claves principales, González Reina detalla cómo se van entremezclando en Panza de burro la mirada crítica ante la realidad de dos adolescentes canarias rodeadas de un espacio y un tiempo determinados que condiciona sus vidas con rotundidad: la alimentación, la precariedad económica, la sexualidad, lo femenino, sus juegos y gustos personales…
Una de las particularidades de este ensayo es que viene acompañado por ilustraciones de la propia autora, una forma diferente y original de completar su interpretación de la conocida novela de Abreu. Esta es la razón por la que, junto a la presentación del libro, se inaugura igualmente, en el mismo espacio y con idéntico nombre, una exposición de margullito con las imágenes generadas ante Panza de burro.

Interpretación artística. Dos lenguajes diferentes, análisis literario e ilustrado, se dan la mano para generar una interpretación del mundo de las niñas jarrapas protagonistas. Así, el proyecto expositivo presenta todas sus ilustraciones relacionadas con un fragmento literario concreto de la obra narrativa. La estética general de las piezas aparece plasmada en blanco y negro para representar la opacidad, la tristeza y la opresión que sufren las menores. El mundo infantil se genera a partir de líneas finas, poco definidas, para mostrar la incertidumbre vital de las niñas y la construcción aún de su propia identidad. Por otro lado, no hay rasgos ni diferencias de género en sus personajes para dar a entender que este forma parte de una construcción social más de las que recae sobre las protagonistas.
Este proyecto, en definitiva, muestra el valor que posee Panza de burro al colocar en el centro elementos que normalmente ocuparían el margen. Como se indica en el ensayo: “La novela se impone ante lo que se espera de la infancia, lo que se espera de las niñas, las expectativas de la modalidad dialectal canaria, de la vida rural y de las propias Islas. Encontramos una rebelión ante varios elementos que, por ubicarse en los márgenes y la subalternidad, parecen estar en el punto de mira poderoso de todos aquellos que sí ocupan el centro”.
