Revista n.º 1125 / ISSN 1885-6039

La emigración canaria al Caribe y la pava de Bad Bunny

Miércoles, 12 de noviembre de 2025
Pedro Quintana Andrés y Pedro Socorro Santana
Publicado en el n.º 1122

Los emigrantes canarios en Puerto Rico impulsaron oficios artesanales como los sombreros de hojas de palma, que se consolidaron como un elemento identitario y político de las clases trabajadoras rurales. Hoy es un signo de resistencia frente a la cultura estadounidense.

El cantante Bad Bunny con una pava en una imagen reciente

La dinámica migratoria entre Canarias y América, caracterizada por continuos procesos de emigración y retorno hasta la década de 1960, constituyó un fenómeno de notable trascendencia en la configuración de intercambios culturales, sociales y económicos a ambos lados del Atlántico. Esta movilidad poblacional no solo implicó el traslado de personas, sino también la circulación de usos, costumbres y formas de organización social que transformaron los espacios de acogida y de origen.

Los emigrantes canarios desempeñaron un papel fundamental en la fundación y consolidación de nuevas poblaciones —como Santa Marta o San Antonio de Tejas—, al tiempo que impulsaron el desarrollo de diversos oficios artesanales en las regiones donde se establecieron. En muchos casos, dichas prácticas artesanales reprodujeron modelos técnicos y estéticos aprendidos en las Islas, configurando un proceso de transferencia cultural bidireccional.

Cuando las condiciones locales no permitían satisfacer determinadas demandas productivas o cuando la necesidad de abastecimiento superaba las capacidades de manufactura, se recurría al envío de productos elaborados en Canarias. De esta manera, se consolidó un importante circuito de intercambios económicos y artesanales que contribuyó al fortalecimiento de oficios tradicionales insulares como la cantería en las construcciones de La Habana, la alfarería talayera en Santo Domingo y las hilaturas-tejedurías, tan arraigadas en Puerto Rico o Perú. En el contexto americano, la producción artesanal desarrollada por los canarios alcanzó una notable diversidad. Destacaron, en particular, las manufacturas elaboradas con fibras de palma y pita, materiales empleados en la confección de un considerable número de árganas y serones, especialmente documentados en los actuales territorios de la República Dominicana y Puerto Rico. A estos se sumaron otros objetos como las seretas y los balayos, cuya funcionalidad en las labores agrícolas y de transporte favoreció una elevada demanda, evidenciando así la relevancia de las aportaciones canarias en la conformación de las economías locales y en los procesos de intercambio cultural en el ámbito atlántico.

Una pava de Ángel López

Entre las múltiples manufacturas elaboradas con la hoja de palma como materia prima, destacó un sombrero de diseño sencillo y funcional conocido como pava o sombrero jíbaro, que arribó a comienzos del siglo XVIII cuando muchas familias canarias se establecieron en aquel país y que, con el tiempo, se convirtió en el tocado característico de los trabajadores rurales puertorriqueños, comúnmente denominados jíbaros. Este sombrero popular, ligero y de bajo costo, ofrecía una eficaz protección contra la radiación solar, lo que facilitaba su adquisición y uso por parte de los sectores laborales menos favorecidos.

En un primer momento, su uso se extendió principalmente entre los cortadores de caña, los trabajadores agrícolas, los recolectores de café y los numerosos arrieros que desempeñaban su labor en la isla. La pava, de forma troncocónica, con ala ancha y curva, y carente de una terminación precisa en sus contornos, se consolidó como un elemento identitario de las clases trabajadoras rurales. Su popularidad alcanzó tal magnitud que trascendió el ámbito estrictamente campesino para convertirse en un símbolo político y cultural de Puerto Rico. De hecho, este humilde sombrero fue adoptado como emblema por el destacado y longevo dirigente caribeño Luis Muñoz Marín, líder del Partido Popular Democrático de Puerto Rico desde 1938, quien lo convirtió en un signo distintivo de su conexión con el pueblo y de su proyecto político centrado en la figura del jíbaro como representación de la identidad nacional puertorriqueña.

Esta elaboración canaria, reinterpretada por nuestros compatriotas en el Caribe, pasó a convertirse en un emblema identitario de la población puertorriqueña. Su confección, enraizada en técnicas artesanales tradicionales, guarda similitudes con producciones registradas en otras naciones de la región, como Cuba o Venezuela, donde también se asentaron comunidades canarias. Fueron precisamente estos artesanos isleños quienes, junto a sus descendientes, se integraron plenamente en las sociedades de acogida, contribuyendo de manera decisiva a la configuración cultural de dichas comunidades y transmitiendo buena parte de su legado material e inmaterial, entre ellas esa costumbre, esa forma de tejer la palma, en la que cada país adoptó su propio estilo.

Logo con pava del Partido Popular Democrático

En la actualidad, aún perduran en Puerto Rico artesanos dedicados a la elaboración de pavas tradicionales, entre los cuales destaca Ángel Luis López, reconocido por su maestría y por mantener viva una práctica que constituye un símbolo de la identidad popular puertorriqueña. Esta identidad cultural, fuertemente arraigada en el imaginario colectivo, ha transformado la pava en un signo de resistencia frente a la influencia de la cultura estadounidense, promovida por las administraciones norteamericanas que ejercen una tutela significativa sobre la isla, especialmente durante los gobiernos de orientación republicana. En este contexto, diversas figuras públicas han reivindicado la pava como expresión de orgullo nacional y de afirmación cultural. Entre ellas destaca el cantante puertorriqueño Benito Antonio Martínez Ocasio, conocido artísticamente como Bad Bunny, exponente del reguetón y del trap latino, quien se ha distinguido no solo por su relevancia artística, sino también por su activismo en favor de la justicia social, los derechos humanos y la defensa de la cultura puertorriqueña.

El artista ha incorporado la pava tanto en sus versiones tradicionales como en reinterpretaciones contemporáneas, como un medio simbólico para proyectar la identidad de Puerto Rico en el ámbito internacional. Este gesto puede entenderse como una manifestación de la profunda simbiosis entre lo canario y lo caribeño, evidenciada en su tocado. La pava representa, así, la huella perdurable de la influencia canaria en el Caribe, donde numerosos símbolos nacionales —como este sombrero— y figuras de relevancia histórica, entre ellas José Martí, Andrés Bello o José Tadeo Monagas, mantienen vínculos directos o indirectos con las islas, auténtico crisol de trabajadores, emprendedores y hombres y mujeres que llevaron consigo su cultura, sus oficios y sus esperanzas más allá del Atlántico.

Un ejemplo contemporáneo de esta vigencia simbólica se encuentra en el poema del escritor José Luis Silva Díaz (2024), que constituye una síntesis poética del valor histórico y cultural de la pava, así como del lugar que ocupa en la idiosincrasia caribeña.

La Pava

del regalo del Yarey

se entrelaza un bello encaje

que le da forma divina

a la pava campesina

que es del jíbaro el linaje.

     Es como un bello tributo

que recrea nuestra historia

cuando trae a la memoria

como el jíbaro vestía

cuando su pava lucia

en los tiempos de colonia.

     Fueron muchos los parajes

donde el jíbaro labraba

siempre con pañuelo y pava

del rubio se protegía

esta es pues la homilía

alhajas que nos dejó:

honor, trabajo, sudor

¡y la pava que ceñía!

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