Revista n.º 1134 / ISSN 1885-6039

Motivos para manifestarse

Miércoles, 14 de mayo de 2025
Jesús Giráldez Macía
Publicado en el n.º 1096

El próximo día 18 tendrán lugar manifestaciones en todas las Islas Canarias. Es la tercera vez en un año en el que la ciudadanía de este país se manifestará bajo el lema Canarias tiene un límite.

Protestas contra el actual modelo en una zona turística canaria

El grado de saturación de este archipiélago (a todos los niveles) es tal que no queda otra. En las islas más pobladas –Gran Canaria y Tenerife– se vive en una permanente cola, un colapso de tráfico sin solución, salvo que se opte por el decrecimiento y los límites poblacionales. En las demás islas, especialmente en Fuerteventura y Lanzarote, ya se atisba su futuro: nuevas islas colapsadas en donde alrededor del 30 % de la población son personas extranjeras, de procedencia mayoritariamente europea, llegadas, principalmente, en la última década. En el municipio de La Oliva el 50 % de la población es extranjera. Los efectos de la llegada de tal cantidad de gente en tan poco tiempo son palpables: colapso en los servicios públicos, degradación del territorio o precios inalcanzables para la población nativa o inmigrantes de la clase trabajadora en su intento de acceder a la vivienda.

No abundaré en todos los motivos que harán que una parte de la población canaria salga nuevamente a manifestarse. Todas las personas que viven en esta tierra son conscientes, porque lo viven en el día a día, de la situación de este país, que recibió, recordemos, 18 millones de turistas en el año 2024. Esta cifra será superada con toda seguridad este año. Un récord del que se congratula la clase política y las grandes empresas. Es posible que no estemos gobernados por sicópatas, pero lo parece.

Pondré solo algunos ejemplos directos, pero cada persona en Canarias puede poner decenas de casos como los que voy a describir.

Hace un mes llegó una nueva compañera a cubrir una baja por un periodo de 15 días a mi centro escolar. Marta viene de Gran Canaria y, para mayor presión, es la primera vez que ejerce la docencia. Le pregunto a los dos días de su incorporación si ha resuelto el problema de la vivienda. Me responde, con cara circunspecta, que sí: paga 900 euros por 15 días. Suena a ciencia ficción pero es real.

Aclaro que Marta estuvo dos días buscando piso en Puerto Cabras, la ciudad, capital de la isla. No es Puerto, para quien no conozca Fuerteventura, una ciudad turística, pero los alquileres de larga duración prácticamente han desaparecido. El resultado es que solo hay disponibles viviendas vacacionales a precio de oro. El piso donde está viviendo Marta está en Fabelo, un barrio de clase trabajadora. Marta perderá dinero aceptando este trabajo, pero es la única manera de prosperar en las listas de sustituciones. Pero si los docentes, que cobramos un sueldo digno, no pueden afrontar tal disparate en los precios de los alquileres, podemos imaginar cuál es la angustiosa situación para los trabajadores y trabajadoras, por ejemplo, del sector turístico...

Pancartas y gritos frente a la insostenible situación

El problema del agua de abasto en Fuerteventura es gravísimo. El sistema, valga la paradoja, hace aguas. El verano pasado hubo dos semanas seguidas en el que el suministro del agua pública se suspendió en muchos pueblos del interior de Fuerteventura. Los cortes son constantes y el suministro no está garantizado; pero, como siempre, la población afectada es la autóctona, la residente, no el negocio turístico.

Me encuentro con una amiga hace unos días y en nuestra apresurada conversación salió el tema del agua. Me cuenta que vive en el centro urbano de la capital. De tanto en tanto la presión del agua pasa a mínimos en esa zona. Mi amiga, Claudia, me comenta que coincide con el suministro de agua a los cruceros que hacen escala en el puerto, muy cerca de la zona centro. Le reproché (iluso de mí) que eso no podía ser verdad; me respondió que siempre que le pasa coincide con la llegada de cruceros; y que cuando llama al Consorcio de Aguas para quejarse, le confirman que tienen órdenes de darle preferencia a los cruceros antes que a la población residente. Ayer, Carmelo, antiguo trabajador del Consorcio de Aguas de Fuerteventura, me lo confirmó.

Creo que estas dos situaciones, la de Claudia o la de Marta, son más que ilustrativas de los efectos de haber optado por un modelo económico desregulado, sin límites, donde priman los intereses de una minoría.

Todos conocemos a Martas o Claudias o directamente somos Marta y Claudia. Sobran motivos para salir, una vez más, a las calles.

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