Revista n.º 1135 / ISSN 1885-6039

Cuando la pluma restituye: una reseña para Nervio séptimo

Jueves, 13 de marzo de 2025
Andrea Franulic Depix
Publicado en el n.º 1087

La violencia de los hombres de la isla que se lee y se siente en la prosa poética de Nervio séptimo, de Echedey Medina Déniz, se repara significándose él libremente, significando su diferencia masculina libre de violencias patriarcales.

'Nervio séptimo' sobre los otros poemarios de Medina Déniz

El joven escritor canario Echedey Medina Déniz, conocido como pájaro Eche en el orden cósmico, nació, de las cálidas aguas de la placenta de su madre, con el nervio séptimo pasmado, esculpiendo el rostro de esta ave poeta con un gesto de asombro enamorado. El título del libro que hoy reseño es Nervio Séptimo1, el segundo poemario de Echedey Medina.

“En el principio eran las aves” leía esta mañana en el Brujedario de Mary Daly2. Entonces en el principio era el canto. Era el augurio. Era la voz. Era la escucha. “En el principio era el pájaro Eche”, como si su gesto de asombro enamorado dedicara su atenta concentración amorosa a expresar su canto, augurio, voz y escucha: dones originarios que reposan más en el oído que en los ojos, aunque también pueda escuchar con sus “piedras pupilas”3 y con el cuerpo todo.

Asimismo, mi experiencia de lectura de Nervio séptimo ha sido de escucha, dejándome guiar y tocar por la voz de su autor/hablante. No es la única voz que escucho en el relato, a veces también escucho varias al unísono como en un canon de un coro. Estas voces pueden ser distintas dimensiones del propio autor/hablante, o bien las de otros personajes que cruzan la prosa. La predominante y la más generosa, por la que me he dejado llevar, es la de la “primera persona singular”, aquella que traza la singularidad irreductible de quien escribe, de quien nos habla.

Portada de 'Nervio séptimo'

He usado deliberadamente las palabras poemario, relato, prosa... pues Nervio séptimo se manifiesta en un género literario que mezcla distintos registros. Su mismo autor lo ha definido como un “pájaro extraño” (seguimos con las aves). No ha podido ser de otra manera si estamos ante una obra que quien la escribe ha recibido el don de la voz y la palabra. Tampoco ha podido ser de otra manera si lo que se quiere decir es inédito para sociedades como las que todavía intentan dominar el mundo. Por eso Echedey declara que ha tenido que buscar un lenguaje otro para darle sentido a una experiencia otra. Y lo ha logrado con maestría en una obra cuya lectura no es lineal y donde la subjetividad del hablante es discontinua. “Arracimada” es una palabra bellísima que el mismo autor ocupa en el libro y que el ensayo de Paula Fernández Hernández4 ha destacado, a modo de tesis, para referirse al lenguaje de Nervio séptimo. Esta propuesta de lectura, la de una “escritura arracimada”, también me ha parecido bellísima, pues el racimo es variopinto al estar conformado por las raíces familiares, las ramas y los árboles de la selva extinta, las ramificaciones del sistema nervioso, entre otros ramales.

Desde mi perspectiva, más que inventar un nuevo lenguaje, ha hurgado en las profundidades de su propio nacimiento. Quiero decir que este lenguaje lo ha encontrado en la riqueza de su lengua materna. Es este el momento único en la vida de todas y todos en el que experimentamos la creación en un estado puro, cuando aprendemos a nombrar el mundo por primera vez de la mano de la madre o de quienes estén en el lugar de ella. Las feministas italianas llaman este proceso mágico “traer al mundo el mundo”. Luego en la vida recuperamos esta experiencia primigenia cuando creamos de manera auténtica y original, y cuando hablamos de manera auténtica y fieles al propio sentir. Mientras nada lo impida, de lo contrario los campos sensoriales del cuerpo se las arreglarán buscando otros caminos, la lengua materna se aprende primariamente con el oído: antes de hablar, escuchamos. ¿Y qué escucha el hablante de Nervio séptimo? ¿Qué escucha para luego convidarnos esa voz tan potente y generosa que nos orienta en el trayecto de la lectura? ¿Qué escucha para jugar en un canon con las voces de otras/otros? O bien, ¿qué mundo es Nervio séptimo y cómo su autor lo trae al Mundo?

Desde su casa natal en el barrio de Carretería de Moya (Gran Canaria), el autor escucha el grito agónico de la selva isleña, arrasada por las políticas del neoliberalismo, la industria maderera, el turismo despiadado. Este entorno natural amenazado es parte de la peculiar atmósfera de Nervio séptimo. La lectora atenta, el lector atento, paradójicamente respira esta atmósfera, como si el autor con su voz de médium nos hiciera sentir el llanto de los árboles y de las criaturas que los habitan, al mismo tiempo que emana el aire que nos roban, dándonos aliento. Si bien las sociedades postpatriarcales del consumo exacerbado acechan todo el planeta, la obra de Echedey no se puede desprender de la tierra donde el autor ha nacido y crecido, y desde donde escribe y crea. El entorno natural de Nervio séptimo es isleño, es canario. El aire y el sol son canarios. La tierra y el agua son canarias. Y quien lee, así lo siente. Es una ramificación vertebral del racimo que lo configura.

Aun así, como Gabriela Mistral que escribía siempre mirando un pedazo de cielo o la copa de un árbol, el pájaro Eche escribe, rodeado de música y de palabras, en su habitación de la casa natal –la Casa Vieja– donde el canto del gallo, la luz del sol, el verdor del follaje de la higuera y el soplo del viento entran por su ventana que ilumina el silencio que necesita para crear. Entonces llegan las voces de la genealogía, de las ancestras, de los ancestros, de las gentes en Carretería, de quienes están con vida y de quienes ya han muerto. Quienes ya no están físicamente con nosotras/os, siguen aquí. Alguien por ahí dijo que quedábamos hablando con ellas/os, nuestros muertos, nuestras muertas, como en un monólogo. Pienso que no, pienso que es un diálogo infinito, un diálogo con lo invisible. Este es el diálogo que sostiene Nervio séptimo.

Mezclando realidad y ficción como en el ensueño, frontera entre la vigilia y el estado onírico, el autor lleva al relato estas voces, sus vicisitudes y circunstancias, los entrecruces de caminos donde él también se halla y, en especial, las voces imprescindibles de la abuela Lala y el abuelo Pepe, a quienes, además, les está dedicada la obra. Las historias llegan como las melodías y ritmos de las folías, con un dejo de melancolía las sentimos umbrosas internándose por la selva alta mientras leemos. Desde niño, el autor/hablante las escucha, una y otra vez, especialmente desde la voz de su abuelo: la oralidad que suena como el río que piedras trae. Las piedras pesan como el sentimiento de culpa que se hereda. Es una culpa que no se escoge, ni siquiera nos pertenece, pero la cargamos. ¿Qué hacemos con ella? ¿Cuál es la culpa? Entre las historias que el abuelo repite está la de alguien que se ha suicidado ahorcándose en un nisperero. El abuelo es un juglar y, como tal, no quiere que la memoria se pierda, no quiere que el suicidio quede en el tabú del silencio, porque entonces la culpa es más tirana mientras menos la nombramos. Las familias cargan piedras y hay quienes alivianan dicha carga. ¿Será esta una misión del autor/hablante? ¿De cuántas maneras se pueden alivianar estas cargas simbólicas?

Inauguración del banco de 'Nervio séptimo' en la plaza de Carretería

La presencia amorosa y juglaresca del abuelo, la presencia tierna y hologramática de la abuela –hologramática porque la abuela va inversamente perdiendo la memoria, o bien, ¿comienza a habitar otra dimensión de sentido?; quizá por eso, no deja de estar presente en el relato y en la vida con esta peculiar forma de estar, como un holograma–; como decía, las presencias (des)memoriadas de abuela y abuelo, así como los dones originarios que el pájaro Eche trae desde la placenta cálida de su madre, junto a la selva isleña con su atmósfera y paraje, sus sonidos selváticos, son la savia para la imaginación literaria del autor, su pluma poética, ¿será esta una manera de alivianar el peso de las piedras que suenan en el río correntoso y subterráneo?

Río, ruido, rumor… piedras, carga, peso… y las miradas de la gente porque el autor/hablante ha nacido con un cuerpo distinto, ¿escucha también ese cu-chi-che-o? En Nervio séptimo nos dice (con ironía mediante): “Los nervios séptimo y noveno son los que pueden llegar a alcanzar algún día la esperanza del esbozo, los que pueden tener en su futilidad de tiempo liberado la almena por la que se cruzarán los hombres nuevos de rostros mutantes con ojos abiertos y ya sin rastro de expectativa…” (40). Y también: “Cuando nací, tampoco me vieron llorar. La boca torcida, minúscula y teatral arrojó una mueca, un morado de flor en simiente y eso fue todo” (37). En un maravilloso y extenso poema que ha sido recién publicado en una antología de escritura canaria5, Echedey Medina se autonombra “pájaro Echedey” y nos convida estos versos: “Me llamo pájaro Echedey nacido / y cuando me vieron a la luz del día / supieron que tenía un pico extraño, / que no cantaba ni sonreía. / No respiraba”.

Sin embargo, reitero, de su escritura emana el soplo que nos hace respirar a quienes leemos. Escribe de sí mismo con autenticidad, belleza y sentido del humor. También se siente el dolor. Y cómo no. Las sociedades patriarcales, antes de cualquier modelo económico, se han cimentado aplastando la alteridad. El dolor ha sido el costo que han debido pagar las y los “libres de corazón”6. Paradójicamente, en este dolor radica la mayor ganancia: la potencialidad de apertura a la otra, al otro y a lo otro diferente de mí, que es una práctica relacional y de vida enriquecedora y verdadera. Sólo algunas y algunos tienen la fortuna de experimentarla (y más algunas que algunos). Espero que sean cada vez más. Una obra como la de Echedey abre una brecha de aire fresco para que así sea. Por eso, este libro es, además, político, en el sentido grande y hondo de la palabra “política”. A pesar de que la palabra es cuestionada, todavía no tengo otra para nombrar los gestos creativos que intervienen el Mundo para contribuir a erradicar la violencia implantada. Y sí, en efecto, Nervio séptimo es una escritura política y su autor es consciente de ello. 

Todavía el término “discapacidad” arroja dudas sobre la realidad que intenta nombrar, pues el prefijo nos advierte sobre una dicotomía, y las dicotomías son propias del pensamiento dominante. No obstante, Echedey la prefiere en lugar de otras expresiones políticamente correctas o eufemísticas que esconden los prejuicios y perpetúan la hipocresía de un sistema productivista y moralista que define lo sano y lo enfermo, lo normal y lo anormal. Con la palabra “discapacidad”, él piensa que se puede generar todavía reflexión y subversión a propósito del mismo prefijo. Así lo da a conocer también José Miguel Perera en su reseña a Nervio Séptimo7 a través de una retahíla de preguntas que se hace y nos hace, invitándonos a pensar y a desestabilizar falsos cimientos. En este mismo sentido, plantea que la obra de Echedey Medina es inédita en cuanto trae el tema de la “discapacidad” a la literatura contemporánea planteada desde la realidad canaria: “Nadie antes lo había hecho con tan deliberada presencia y conciencia, sobre todo cuando dicha posición es indisociable en Nervio séptimo de la búsqueda –desde las singularidades rurales insulares– de un lenguaje por crear, de un lenguaje que se esfuerza por hacerse diferente pues inédito es el punto de mira que desea proponer”.

Echedey Medina meditabundo en El Tipitín, un bar de Carretería (Moya)

El lenguaje patriarcal es una jaula pequeña y asfixiante para nombrar la alteridad que encarna el autor/hablante, incluso la palabra “discapacidad” que aún nos advierte de las dicotomías impuestas. De ahí que, como sugiere la cita, Echedey busca sus propias maneras de decir genuinamente su experiencia y, como he señalado, fiel a sí mismo, estos recursos creativos los encuentra en la lengua materna, en su propio origen y nacimiento. Por eso, pienso que la obra trasciende la negatividad patriarcal hacia la negatividad necesaria de la alteridad. Es decir, aquella que precisamente las sociedades dominantes han intentado hacer sucumbir. Me refiero a que el No que se yergue en el poemario no es del tipo “tú no eres yo”, sino del tipo “yo no soy tú”. Esta segunda fórmula preserva la diferencia, custodia su autonomía, irreductibilidad e infinitud. Su potencia y no su carencia. La libertad y no solo la liberación.

Es cierto que la escritura y la poesía sanan el dolor, que la creación lo transmuta en belleza y claridad. La obra de Echedey realiza esta alquimia y también creo que repara y restituye. Nervio séptimo restituye la genealogía con sus muertes, memorias, desmemorias, suicidios. Las piedras y la culpa. Este pájaro que ha nacido con un pico extraño y con “piedras pupilas” ha venido a restituir con su don de la escucha, el augurio, la voz y la palabra. La violencia de los hombres de la isla que se lee y se siente en la prosa poética, la repara significándose él libremente, significando su diferencia masculina libre de violencias patriarcales. No por nada la intertextualidad con Pedro Páramo se hace presente en la última parte del libro. Y la verdad es que sí, a ratos las atmósferas de una obra y otra se asemejan y amalgaman. Y junto al sentido libre de ser hombre, resignifica y restituye la discapacidad con el No que salvaguarda la alteridad. Restituye, asimismo, la selva isleña, resguardándola de la hecatombe ecológica. Restituye su origen al escribir en lengua materna. Entonces pienso que el racimo variopinto de la “escritura arracimada” va enlazado por un ramal luminoso que lo rodea y es la voz en lengua materna de la primera persona singular del autor/hablante Echedey, porque es la voz que restituye todo lo que el racimo ofrece. 

Tengo la fortuna de no solo ampararme en mi lectura de Nervio séptimo, sino también en mis conversaciones amistosas con el autor. En esta reseña, he puesto en juego todo este precioso tejido. Si bien con Echedey nos conocimos por el año 2018, siendo él un estudiante de intercambio en la universidad donde yo realizo clases en el área de la lingüística, ha sido el año 2024 donde hemos estrechado lazos. Me sumo a las palabras de José Yeray Rodríguez Quintana, quien prologa el libro: Echedey Medina Déniz es “un ser tan irrepetible que no dejaré de agradecerle a la vida que juntara nuestros destinos”. Ha juntado nuestros destinos el amor infinito que reposa certero tras el duelo: el de él por su abuelo, el mío por mi hermano Fernando. Así como nos ha unido el amor a las palabras. Echedey hace poco ha escrito una hermosa reseña para un poemario de mi hermano. Y yo escribo esta para su obra. Es una urdimbre de plumas y de alas, cuyos inconfundibles trinos dialogan profundamente con la diégesis. Una diégesis abierta a tantas experiencias de lectura como inagotables son los sentidos que revela el asombroso canto de su autor.

Notas

  1. Publicado en enero de 2023 con Canariasebook CAMPDS.
  2. Traducido al castellano por Carmen Martín Rojas y publicado con Sabina Editorial en 2024.
  3. Expresión que tomo de la preciosa dedicatoria que el autor escribe al comienzo del libro.
  4. “Existir en la selva extinta: la escritura ‘arracimada’ del canario Echedey Medina”. XLI Congreso Internacional de la SoPHIA, Limoges, 5 au 8 juin 2024, Université de Limoges.
  5. Te pondrán flores en el estómago. Nuevos flujos de literatura canaria, Ediciones La Palma, 2024.
  6. Tomo esta expresión del poema “Eso que cargas” de Fernando Franulic Depix, en La querella de mí mismo, Inti Ediciones, 2024.
  7. “Literatura y discapacidad desde Canarias”, BienMeSabe.org, n.° 993, 27 de mayo de 2023.

Andrea Franulic Depix es profesora de la Universidad de Santiago de Chile y disfruta escribir desde niña.

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