Revista n.º 1136 / ISSN 1885-6039

Quema del Barco y del Castillo. La Naval de Teror por la fe de sus padres

Martes, 29 de abril de 2025
José Luis Yánez Rodríguez
Publicado en el n.º 1094

Juan Dávila Morales es raíz y fuente de todos los que hoy practican este noble y peculiar arte de la pirotecnia: sus hijos llenaron de Dávilas y voladores toda la isla. Y es ahí donde está el origen de la celebración del Barco y del Castillo de Teror: en los Dávila.

Los Dávila, fueguistas de Teror

Principiando el mes de octubre

del año noventa y cinco

los cañones y campanas

al tañer dieron aviso.

¡Que la mar ya no era mar!

¡Que era un bosque de navíos!

Que más que de galeones

pareciera erial de pinos.

Templanza tengan, señores,

que el vagar es desatino.

Que al igual que aquí han llegado

retornan mismo camino.

La voz que pide templanza

en clamor no encuentra oído

y la nueva, en Gran Canaria,

sube barrancos y riscos.

“Y en día Viernes, seis de Octubre de 1595, al amaneser, parecieron sobre el Puerto de Las Isletas, treinta y ocho navíos, que después se supo ser Ingleses, salidos de Plimmautl, sus Capitanes Generales Francisco Draque y Juan Haquines, con quatromill hombres de mar y guerra, siete naos de la Reyna y las demás de mercaderes, con otros dos Generales de tierra, que eran Nicolás Cliforb y Tomás Basquifeld. Los que imbiaron una lancha al Puerto con sólo ocho soldados, a reconocerle”.

Así lo hicieron los milicianos de nuestra tierra. Su patria era la Gran Canaria que les había acogido; su honra, la de buena gente de campo y mar, que lo eran y mucho; y su fe, el sustento ideológico que los mantenía fuertes frente a las constantes andanadas de los intentos de invasión. La gesta de las Milicias Canarias en esta escaramuza de los ingleses en la isla fue la que unos años después, a orden del capitán Jerónimo de Valderrama y Tovar1, iniciara en Gran Canaria la celebración de La Naval en recuerdo y eterna memoria de Lepanto y adaptada al país con esta victoria sobre el corsario Drake; y que viene a colación por algo que llevo años reclamando: un lugar de homenaje, reconocimiento y conocimiento de los milicianos isleños con todas sus heroicidades, más valiosas aún, considerando su carácter no militar y para las que debían prepararse entre el sembradío del trigo y la majada de los rebaños.

Grabado de la batalla naval de 1595

El 6 de octubre de 1595 una escuadra inglesa con 27 barcos y tres mil hombres atacó Las Palmas de Gran Canaria. Venían bajo el mando de Francis Drake -Sir por decisión de la reina Isabel I de Inglaterra, que premió así sus servicios-, un bravucón corsario, esclavista y peleón contra España. Desde una década antes, andábamos en guerra contra los súbditos de la reina célibe por su política pirática contra los barcos españoles y el apoyo que prestaba a los Países Bajos, entonces también en guerra con España. Pero aquel día Drake "cogió el portante" derrotado por los grancanarios, algo que ("como todo es según el cristal con que se mira") sirvió para ser condecorado por su reina de Inglaterra. Narrado por Lope de Vega en la Dragontea, aquí nuestro insigne Bartolomé Cairasco lo contó, glosó y dejó constancia en su Templo Militante: "De las cavernas y cumbres, / bajaron como alemanes, / mil Doramas y Adargomas, / Maninidras, Bentagüaires... / por llegar a la marina / a morir como Roldanes, / por la patria, por la honra, / y por la fe de sus padres".

Muchos autores sitúan en este hecho histórico el inicio de la celebración de La Naval. Sebastián Jimenéz Sánchez afirmaba en 1955, asimismo, la relación de Nuestra Señora del Rosario con esta fiesta, detalle fortalecido años después por la batalla de Lepanto, así como la relación de la celebración posterior emanada de este hecho, con la Cofradía y Hermandad del Santísimo Rosario del convento dominicano de San Pedro Mártir2 que, como ejemplo de ello, dejó constancia en su acuerdo de septiembre de 1861, y que se custodia en el Archivo de la Parroquia de Santo Domingo, de los actos que se celebrarían el primer domingo de octubre y en su octava, que nombraban en el documento como La Naval.

La desamortización pasó fiesta y responsabilidad desde los frailes dominicos a los alcaides y castellanos del Castillo de La Luz o Principal de Las Isletas. La donación hecha en 1694 por un devoto capitán, que regala a la Virgen del Rosario del convento un trono con la expresa condición de que sólo se utilizara para la procesión de La Naval, es una prueba del paso de manos frailescas a militares.

Castillo de la luz

Este tipo de celebración es hecho extendido en tierras costeras de toda España; y en Canarias en algunos lugares como Barlovento o Santa Cruz de La Palma. Gabriel Duque Acosta, en su pregón de la Bajada del año 1970 en Santa Cruz de La Palma, definió esta peculiar forma de permanencia en el tiempo de esta manera: “Los viejos cañones que protegieron a la Villa del ataque corsario saludarán el nombre de María; la pólvora, en otros tiempos hostil, se derramará en nubes de incienso para servirle de aureola. El barco de piedra: exvoto monumental a un pasado marinero que nos honra enfilará su proa, guiado por el astrolabio del amor, hacia los mismos horizontes de la fe”.

Esta relación del acto bélico con la defensa del honor y, sobre todo, del catolicismo, ha sido uno de los principales motivos de esa pervivencia. Durante muchos años, también en otros municipios de Gran Canaria. El traslado de esta festividad marinera, costera y hasta militar durante algún tiempo, a otros pueblos del interior de Gran Canaria como San Lorenzo, Santa Brígida o Teror se debe a la aparición en este último núcleo, a mediados del siglo XIX, de una familia que al día de hoy, y lo mantengo y defiendo constantemente, es patrimonio intangible y valioso de la Villa Mariana. Todo comenzó con Gabriel Dávila Trujillo3, primer fueguista destacado en la isla de la Gran Canaria que nació en La Aldea el 3 de noviembre de 1814 -con raíces maternas en la isla majorera-. Trasladado por matrimonio a Gáldar, comienza allí sus actividades en la pirotecnia, que transmite a los hijos tenidos con su primera mujer, María Dolores de Quesada. Uno de ellos, Francisco Dávila Quesada, fue bisabuelo de Juan Ramón Martel, fundador en 1982 de la empresa de Pirotecnia San Miguel de Valsequillo.

Por razones que no vienen al caso, unido aún a su primera mujer cogió camino hacia Arucas, donde también dejó raíces de fueguistas y terminó por recalar en Guanchía, en Teror, el año de 1850, donde se unió con la terorense Brígida Morales, con la que -tras el fallecimiento de la galdense- pudo unirse en legítimo matrimonio. Con Brígida tuvo varias hembras y un solo hijo varón, Juan Dávila Morales, que es raíz y fuente de todos los que hoy practican este noble y peculiar arte de la pirotecnia: sus hijos Clemente, Pedro, Francisco, Gabriel, Juan, Laureano, llenaron de Dávilas y voladores toda la isla. Y es ahí donde está el origen de la celebración del Barco y el Castillo de Teror, en los Dávilas que, sobre la década de 1930, los trajeron desde la Fiesta de La Naval del Puerto. Allí ellos lo celebraban y preparaban desde el último tercio del siglo XIX, y de ahí vinieron a la fiesta terorense y primaveral de San José y La Santa Cruz que, aunque programada en sus inicios por los carpinteros de Teror, presentaban una peculiar y activa participación de la familia Dávila. Por ello, con los años y el progresivo abandono del gremio carpinteril -siempre en el recuerdo de Candidido Ortega-, ha quedado hoy, con toda justicia y mérito, en manos de los fueguistas de la Villa, verdadero lujo, patrimonio y tradición de todos los terorenses.

Ya en 1918, Francisco González Díaz escribía de ellos: “En Guanchía se prepara y carga la pólvora que arde en las fiestas de Gran Canaria, de Guanchía salen sorprendentes monumentos pirotécnicos; en Guanchía están los brujos de la magia flamínea y sonora que encanta las vísperas patronales de nuestras aldeas”. Benjamín Dávila Sosa y su hijo Benjamín Dávila Rodríguez son prueba de ello, y han recuperado con la iniciativa del ayuntamiento capitalino y de Héctor Alemán, su concejal presidente del Distrito Isleta Puerto Guanarteme, la quema en el lugar donde se originó, sin que ni ellos ni Teror renuncien al papel de custodios y transmisores de esta singular muestra de nuestro patrimonio y nuestra historia.

Francis Drake

Sir Francis Drake y su vida. Francis Drake nació en Tavistock en 1543, y era el mayor de los doce hijos de Edmund Drake, granjero y predicador protestante, y su mujer Mary Mylwaye. Vino a dar con Dios en Portobelo de Panamá el 28 de enero de 1596, unos meses después de estar en las costas de nuestra isla. Comerciante de esclavos, político, corsario, explorador, y vicealmirante inglés, como tal fue encargado por la Corona Británica, en cabeza por entonces de Isabel la Primera, la célibe monarca que tanto desdeñó a España y sus gentes. La presencia pirática de los ingleses en aguas virreinales peruanas durante el siglo XVI se enmarca plenamente en las actuaciones de aquellos que obtenían la patente de corso. Así dirigió con patente y permiso real la marina inglesa contra España e Indias, como las dos incursiones que realizó entre 1570 y 1571; aunque sería en 1573 cuando, aliado con el marino francés Guillermo Le Testu, capturó un convoy español cargado de oro y plata. Por si faltaban pocos datos para su progresiva transformación de pirata en admirada leyenda, en 1579 Drake desembarcó en la costa de California, al norte de Nueva España, y reclamó el territorio en nombre de la corona inglesa, dándole el nombre de Nueva Albión.

Al año siguiente, en su barco, el Golden Hind, arribó a Plymouth con una descomunal carga de especias y riquezas capturadas a España. En pago de ello, el 4 de abril de 1581, en el propio barco atracado en el puerto de Deptford, fue armado caballero (Knight Bachelor) por Isabel I de Inglaterra. En su escudo de armas apareció desde entonces el lema Sic parvis magna, en el que dejaba claro que la verdadera grandeza nace de los humildes o pequeños comienzos. Entregó sus diarios a Isabel I, que ordenó la prohibición de la publicación de los detalles de su viaje, por temor a la reacción de España. Sir Francis Drake ya era en vida más mito que hombre.

En sociedad desde 1562 con comerciantes y financieros londinenses, amplió aún más sus relaciones mercantiles. Años después, tras pasar por la política y el comercio, Drake propuso a la reina de Inglaterra una última incursión en los territorios del imperio español en América: establecer una base inglesa en Panamá. Esa fue la armada que pasó por La Isleta y que tuvo al final, gracias a nuestros abuelos que avisaron al Caribe con más presteza que las naves británicas, 17 buques hundidos o abandonados, 2500 muertos y 500 prisioneros; y con Francis Drake finado, que ya era hora por tanto empecinamiento en mortificarnos. Se cree que Francis Drake no tuvo hijos, por lo que sus títulos pasaron a su sobrino, también llamado Francis...

Representación de la Quema del Barco y del Castillo de Teror

Fue a partir de entonces cuando comienza su más profunda, interesante y peculiar historia. Drake, se dice, fue amortajado con la bandera inglesa, metido en una caja de madera y a su vez sellado en otra caja de plomo. La noticia de su muerte llegó a España por carta del general Bernardino Delgadillo de Avellanada. Quizá como a los españoles se nos olvida con excesiva facilidad -ya sea por envidias o por celoserías- las grandezas de nuestros compatriotas, no es muy comprensible lo ocurrido en los siglos transcurridos con el ennoblecido pirata de la Gran Bretaña. A poco de fallecer, sus correrías andaban en escritos y canciones por todos los territorios ingleses y, paradójicamente, en los incipientes asentamientos ingleses al Norte de América, donde se han ido afianzando con una contundencia abrumadora. Opinan los investigadores que, ya en tiempos del reinado de Jacobo I, estas típicas cancioncillas de la marinería alabaron sus andares piratescos extendiendo entre el pueblo su fama de defensor de Inglaterra contra sus enemigos, olvidando con facilidad que ello lo hizo enormemente rico.

Los corsarios siguieron golpeando al imperio español hasta la firma de la paz en 1604. Las patentes de corso fueron abolidas en la Declaración de París de 1856. Los piratas consentidos por los gobernantes desaparecieron así, al menos de la pública legalidad. En Gran Canaria lo espantamos; pero en otros muchos lugares, a lo largo de su carrera pirática, Sir Francis Drake demostró, tal como afirmara uno de sus cronistas, que a fuerza de abordajes pudieron sentarse los cimientos de un imperio.

Cartel de la Quema del Barco y del Castillo en Teror (2025)


Notas

 

  1. “En el año 1601 llegó a la isla con nombramiento de gobernador el capitán Jerónimo de Valderrama y Tovar, quien de inmediato ordenó reparar y poneren estado de servicio los castillos de La Luz y Santa Ana, a la vez que mandaba construir la fortificación del Castillo del Rey en el risco de San Francisco” (Bruquetas de Castro, Fernando; en “La defensa de una ciudad atlántica: Las Palmas de Gran Canaria, siglos XV-XVIII”, XIX Coloquio de Historia Canario-Americana).
  2. Tras la firma de la paz en 1604, en 1605 el capitán Jerónimo de Valderrama promueve desde su cargo de gobernador la constitución de la Cofradía y Hermandad de Nuestra Señora del Rosario, al objeto de, tal como resaltara el historiador Rumeu de Armas, “exaltar la resonante victoria de la escuadra española en Lepanto en 1571 contra el amenazador poderío de la armada turca”. Ese mismo año de 1605, una cofradía militar celebró sufragios por los soldados difuntos y se inició la Fiesta de La Naval.
  3. GENEALOGÍA TERORENSE DE LA FAMILIA DÁVILA. Gabriel Dávila, hijo de Juan Francisco Dávila y de Josefa Trujillo, nació en La Aldea, el 3 de noviembre de 1814. Casó tres veces: 1) Con M.ª Dolores Quesada, de Gáldar en la década de 1830; 2) Con Brígida Morales, de Teror, en 1850; 3) Con Agustina Domínguez Pérez, también de Teror, en 1880. I) Del primer matrimonio de Gabriel Dávila con M.ª Dolores Quesada: Francisco (Arucas), del que descienden los pirotécnicos de Valsequillo y los que se afincaron en Güímar, de Tenerife; y Antonio (Ingenio). II) Del segundo matrimonio de Gabriel Dávila con Brígida Morales nacieron María Dolores, Juan, Antonia, Matilde y María de la Encarnación. Juan Dávila Morales casó asimismo tres veces: 1) Con Celestina Casas Molina (sin descendencia); 2) Con Francisca Santana; 3) Con Antonia Santana; 4) Con Francisca Santana: Clemente, Pedro, Francisco: nieto Francisco Davila León y bisnieto Pablo Dávila (fallecidos en accidente en el 2009); Gabriel, Juan, Laureano, Santiago, María Dolores; con Antonia Santana: Francisca, María de Jesús y Pascuala; III) Del tercer matrimonio de Gabriel Dávila con Agustina Domínguez Pérez: no tuvo descendencia.

José Luis Yánez Rodríguez es el cronista oficial de Teror (Gran Canaria).

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