Revista n.º 1053 / ISSN 1885-6039

Memoria de la fábrica de tabaco de Santa Brígida

Lunes, 27 de mayo de 2024
Pedro Socorro Santana
Publicado en el n.º 1046

35 mujeres satauteñas y siete hombres liaban cigarros en un negocio establecido hacia 1882 a la entrada del pueblo, dependiente de una industria tabaquera de la isla vecina de Tenerife.

Mujeres en la fábrica de tabaco de 'La Favorita', de Eufemiano Fuentes, en Las Palmas de Gran Canaria, hacia 1900 (Jordano Da Luz Perestello, Fedac)

El tabaco formaba parte de los cultivos de Santa Brígida en el último cuarto del siglo XIX, si bien ya existían algunos estancos o puntos de venta de cigarros en determinados barrios del municipio desde la centuria anterior. Hacia 1882, a orilla de la carretera principal, la entonces Vega de Santa Brígida contaba incluso con una pequeña fábrica artesanal de tabaco, en donde las mujeres accedían a manufacturarlo para un incipiente mercado insular que empezaba a contar con marcas de fabricación que, en el marco del régimen del puerto franco, favoreció a las exportaciones y el comercio1. En aquellos años, la agricultura constituía el sector económico más importante de la isla, y sus cultivos predominantes, el millo, los cereales y las papas, eran fundamentales para la subsistencia de gran parte del campesinado. De modo que aquel cultivo pionero que se preparaba a la sombra del establecimiento aglutinaba una mano de obra femenina de la población satauteña, otra industria artesanal, como la loza talayera, que requería de la agilidad y el trabajo de las mujeres en un proceso menestral que comenzaba a echar raíces, si bien eso no las eximía de los trabajos domésticos ni de la atención y cuidado de la familia. Hasta 35 mujeres del pueblo salían de sus casas para trabajar allí, agrupadas, sentadas en sillas alineadas, liando cigarros, en el único oficio remunerado que les estaba permitido. Era una cifra destacable si consideramos el bajo nivel de participación de la mujer en las actividades laborales fuera del campo y el hogar en la historia local. No obstante, cobraban poco y trabajaban mucho. Su trabajo era precario e inestable, pues el tiempo de cosecha del tabaco estaba entre los meses de diciembre y enero, y con jornadas extenuantes y unos olores en el local difíciles de soportar; pero aquel negocio representaba para ellas un ingreso seguro en determinadas casas del pueblo, cultivando, secando y curando tabaco a la vieja usanza, mientras aumentaba la productividad de la empresa y permitía la acumulación de riqueza de los propietarios. De su existencia nos habla la escritora y viajera irlandesa Olivia M. Stone, que visitó la villa cuando contaba con 27 años, acompañada de su marido, el fotógrafo John Harris, entre los meses de septiembre de 1883 y febrero de 1884, y que tras haber pasado el mojón de los trece kilómetros de la carretera del Centro, escribe en su libro Tenerife y sus siete satélites el siguiente texto:

(…) Hay una fábrica de tabacos en Santa Brígida que pertenece a los mismos propietarios que las de La Orotava y Adeje. Como tenemos una carta para el administrador, se la presentamos y nos enseña el edificio. Es casi cuadrado: cincuenta y cinco metros de largo por cuarenta y cuatro de ancho. Tienen treinta y cinco mujeres y siete hombres empleados en la manufactura del tabaco. Afuera crece el tabaco y las cañas, muy a mano. Estas últimas se usan para fabricar las jaulas en las que se colocan las hojas a fermentar, o como tendederos en los que se cuelgan a secar y que forman largos pasillos o avenidas bajo un gran cobertizo, en cinco hileras y a tres pies de distancia unas de otras. Las hojas de tabaco que crecen aquí no son las adecuadas para hacer la capa, o parte externa de los cigarrillos puros, y deben traerse de Adeje, donde son más finas. Nos enseñaron un poco de semilla de tabaco, que se parece mucho al rapé, aunque no es tan fino2

Imagen de la viajera Olivia Stone a fines de 1883, autora del libro 'Tenerife y sus seis satélites'

La historia de aquella fábrica del tabaco satauteño fue auspiciada como alternativa a la cochinilla, que había sufrido una gran crisis agrícola a partir de la década de 1870 debido al hundimiento de las exportaciones, y en la que las mujeres tuvieron un papel fundamental en los trabajos relacionados con el cultivo y empaquetado. Hubo, pues, que buscar otra alternativa al campo3, aprovechando las condiciones del clima y la calidad del suelo, volcánico y arenoso, utilizado antiguamente como tierras de trigo. Los primeros ensayos con el tabaco se iniciaron en Canarias hacia 1851, dos años después de que el Ayuntamiento de Las Palmas, a través de la junta de agricultura, solicitaba al Gobierno central «el libre cultivo de tabaco en estas islas, vital para la decaída agricultura… y en la que sus habitantes tienen fundadas todas sus esperanzas…»4. La goleta española Adelaida, bajo el mando del capitán Ángel Jesús Hernández, trajo las semillas de tabaco desde La Habana para los ensayos que iban a llevarse a cabo en esta provincia y no cobró nada por el flete5. Una década más tarde, la junta de comercio, con el refrendo del ayuntamiento capitalino, pedía autorización al Ministerio de Hacienda para que los contratistas que surtían tabaco a las fábricas nacionales pudieran comprar también el que se producía en las islas6. De modo que, desde aquel momento, se volvió la vista hacia la triada de oro cubana: caña de azúcar, ron y tabaco, junto con la introducción de nuevos cultivos (plátanos y tomates). 

A la vista del personal que trabajaba en la fábrica satauteña, era un oficio eminentemente femenino que requería poca fuerza, y al que había que aportar paciencia y concentración. La elaboración del cigarro precisaba de la hoja seca, un poco de papel, una superficie plana y cierta habilidad con las manos, que se iba adquiriendo con la práctica. Las mujeres cigarreras se ocupaban de despalar las olorosas hojas de tabaco y quitar la vena para obtener el máximo sabor; distintas fases de un proceso que las convertían en piezas fundamentales de la producción. La vida en la tierra de Santa Brígida giraba en torno al tabaco y su recogida implicaba a la mayor parte de la población, ya que reclamaba la fuerza de casi todos los brazos en jornadas intensivas hasta el punto que los concejales del ayuntamiento, que no destacaban por una regular asistencia a los plenos, desistían de acudir a la sesión ordinaria cuando había zafra del tabaco. Así, el alcalde accidental, José Martín Rodríguez, se presentó a primera hora de la mañana del 10 de agosto de 1884 en las casas consistoriales para participar en un pleno, pero se vio obligado a hacer constar en acta lo siguiente: «que transcurrido con exceso las diez de la mañana sin que concurriera ningún señor concejal, sin duda es a causa de ser la época de la recolección de los plantíos de tabaco…»7. Siete días después, el quorum fue el mismo. Y es que, en aquel tiempo, los munícipes no cobraban un sueldo público y la agricultura era su dedicación más exclusiva. Y mucho menos era una vida de abundancia y reposo, sino de trabajo y escasez.

Los dueños de la fábrica. Ya no queda ninguna huella que recuerde a la fábrica de tabaco satauteña, que se ubicaba antes de entrar al pueblo, poco antes de la actual rotonda de la carretera general. La historia fabril de Santa Brígida, con sus cigarreras, se puso en marcha gracias a la iniciativa del industrial grancanario Marcial Melián Sánchez (1816-1891), dueño y fundador de la fábrica tabaquera La Afortunada, ubicada en Santa Cruz de Tenerife, pero con establecimientos en los municipios de La Orotava y en Adeje8. La industria tinerfeña contaba, a su vez, con «extensos secaderos en el pueblo de Santa Brígida, donde la planta se somete a las operaciones industriales necesarias, para que sirva de primera materia a la elaboración», señalaba la Sociedad Amigos del País de Las Palmas de Gran Canaria9. Marcial Melián Sánchez emigró a Cuba desde joven y en la ermita de San Nicolás de Bari, en Güines, contrajo matrimonio, el 4 de enero de 1841, con Carlota Chiappi y Goodman (1823-1866), natural de Pipián e hija del médico italiano Luis Chiappis10. Desde Cuba se trajo don Marcial las mejores semillas y el arte de la composición perfecta de las hojas de esa planta sensible, puro vicio, que se extendió por Las Palmas, Telde, San Bartolomé de Tirajana, Santa Brígida, Arucas y La Aldea11. En estas localidades grancanarias se obtenía «un tabaco ligero y con excelentes condiciones para capa», según se describía en la revista quincenal de Las Palmas12, que compaginaba con los últimos cultivos de cochinilla en diferentes cortijos de la ciudad, sobre todo en La Calzada y en la Vega de Santa Catalina13. Además de tabaco, también se trajo don Marcial suficientes pesos con los que adquirió, en el verano de 1865, la gran hacienda de Guanarteme, en el Puerto de La Luz, con 83 fanegadas de tierras, casas de labranzas, alpendres, estanques de barro y de argamasa, y cuyos límites alcanzaban los Lomos de Guinea, en el término de San Lorenzo14. Los primeros ensayos del cultivo en estas vegas empezaron a darle excelentes resultados al decir de la prensa: «(…) Damos la enhorabuena al Sr. Melián, por la honorífica distinción que ha obtenido su tabaco cosechado en las vegas de Guanarteme en esta isla, y nos felicitamos de tan valioso resultado, que alentará a nuestros agricultores para emprender sin temores el cultivo de esa planta, que, a no dudarlo, aumentará prodigiosamente la riqueza del país»15. De modo que el negocio fue aumentando hasta que decidió fundar en la isla vecina, en enero de 1877, la fábrica La Afortunada. Y la apertura, dos años después, de un depósito de tabacos en la capital grancanaria, en la esquina de la calle de San Francisco, frente a la alameda, regentado por el comerciante Francisco Reyna16. Luego llegará la fábrica en Santa Brígida, poniendo al pueblo campesino en la senda del optimismo y del progreso de una agricultura que discurría por caminos primitivos. Su asentamiento dejaba mucho más que humo y ceniza en las islas17, pues entonces, en época de crisis, en la que escaseaba el trabajo para los hombres, las mujeres llevaban un sueldo a casa, al tiempo que, por primera vez, obtuvieron una mayor autonomía e independencia dentro de aquel sistema patriarcal.

Marcial Melián Sánchez era el prototipo de hombre pragmático, defensor de la ciencia y la tecnología, pues a él también se le debe la introducción del alumbrado por medio de gasolina en muchas casas de Las Palmas, que pretendía desterrar el mezquino alumbrado de petróleo o carburo18. A su vez fue el autor de un manuscrito titulado Instrucción sobre el cultivo del tabaco por el Sr. Marcial Melián, que se conserva en el archivo de La Cosmológica de la isla de La Palma y que daba cuenta de sus ensayos y los métodos de su trabajo con el producto de sus cultivos19. Murió en febrero de 1891 en el Puerto de la Cruz después de haber hecho un primer testamento el 23 de abril de 1857 en Las Palmas ante el escribano Manuel Sánchez20. Sus hijos seguirán su estela de emprendedor. Así, Luis Melián Chiappi, vecino y comerciante de Las Palmas, creó en 1867 la sociedad mercantil Melián, Wetherell y Compañía con su socio Horacio Wetherell y Gilbert, vecino de Londres; su otro vástago, Francisco Melián Chiappi, era el subdirector de la sociedad El Porvenir Agrícola, que editaba la revista Las Palmas quincenalmente y que estaba dedicada a la agricultura, industria, comercio, ciencias y literatura, aunque las noticias más representativas trataban sobre el plantío de tabaco, la cochinilla y los montes21. Su hijo homónimo, Marcial Melián Chiapis, con apenas 24 años, estaba al frente de una sociedad agrícola en La Aldea de San Nicolás en un tiempo en que sustituiría los cultivos tradicionales por la cochinilla. Allí se convertiría en alcalde del pueblo y administrador de la Hacienda Aldea, con la misión de iniciar un negocio agrícola con los Nava Grimón para reflotar la hundida economía de esta casa nobiliaria. Y esto lo sabemos porque el 26 de octubre de 1874 presentó en el juzgado de San Nicolás un juicio de conciliación contra 20 de los medianeros más destacados para que dejaran a disposición del mar­qués las tierras que cultivaban. A partir de ahí se fue generando una espiral de conflictividad social que abarcó a todos los medianeros perpetuos aldeanos, y que se tradujo en incendios y amenazas y la puesta en marcha de un plan para asesinarle, en un célebre conflicto que el cronista Francisco Suárez Moreno llevaría a una publicación: El Pleito de La Aldea: 300 años de lucha por la propiedad de la tierra. Se cuenta que el 19 de marzo de 1876, cuando abandona La Aldea para agenciar los desahucios con el secretario municipal, Ramón de la Rosa, se produjo el asesinato de este funcionario, y que él logró escapar por haber salido un poco antes de la hora22. Entretanto, otro hijo, llamado José Melián Chiappi, se convertiría en un comerciante que se radicó en Madrid, en donde a la par fue un célebre defensor de la teosofía, con descendencia en Cuba. Y, finalmente, Luis Melián, también radicado en Madrid y dedicado a los negocios logró ventajosas nupcias al casarse con María de los Dolores Armero Pavía, tercera condesa de Peracamps, de origen flamenco.

Con todo, a fines de 1877 surgirá una asociación con el objetivo de velar por los intereses, entonces complementarios, de la agricultura y la industria, con el nombre de Liga de agricultores y fabricantes de tabaco23. A ella perteneció, por ejemplo, Juan de León y Castillo, uno de los cultivadores más activos de Gran Canaria, hermano del todo poderoso político Fernando de León y Castillo. Tenía una propiedad en Santa Brígida, concretamente en al arco de La Atalaya de Santa Brígida, y otra propiedad en Telde, lugares en los que cultivaba tabaco24, y en 1903 logra llevar a cabo su proyecto de la carretera de segunda clase de Telde a La Atalaya, donde tenía su hacienda.

Camino al caserío de El Estanco en La Atalaya de Santa Brígida (foto: Pedro Socorro)

Estancos de tabaco en La Vega. Ya desde el siglo XVIII la venta de tabaco tenía su importancia en la economía de La Vega y en el resto de pueblos de la isla. En los barrios satauteños de Pino Santo, La Atalaya y en La Angostura existían desde mediados de aquella centuria una serie de estancos, es decir, puntos de venta del tabaco importado desde Cuba para el consumo del pueblo, que dependían de un administrador general y que contaban con el permiso previo del Estado. Se le llamaban tercenas y el del pago de La Atalaya era administrado en el año de 1789 por Francisco Guerra, vecino de aquel lugar. La casa arrendada contaba (cuenta) con paredes de piedra robustas en evitación de incendios y disponía de otras habitaciones aireadas para el oreo del tabaco. Hoy día ese bello caserío situado en lo alto de una montañeta, junto al camino de La Concepción, es conocido por el nombre de El Estanco. También en La Angostura, cerca del lecho del barranco, hubo otro estanco que comunicaba con el camino real y que aún conserva el topónimo en aquel lugar del municipio. Ese mismo año la vecina Vega de San Mateo contaba también con un estanquillo de tabaco a cargo de José Almeida Montesdeoca, quien, antes de su apertura al público, se vio obligado a hipotecar algunos de sus bienes, como un pedazo de tierras de trigo y tres casas con sus alpendres, situados en el pago La Higuera, a fin de hacerse con una buena provisión de cigarrillos de los más baratos. Allí, señalaba el médico del pueblo, Federico León, en sus Datos para la Estadística Médica de la Vega de San Mateo, publicado en 1888 en la Gaceta Médica de Barcelona, «los hombres llevan sobre esta prenda un chaleco en cuyos bolsillos meten, no el dinero, que nunca llevan consigo, sino los avíos de fumar: un rollo de tabaco torcido que pican sobre la palma de la mano, las cubiertas fibrosas de la mazorca que les sirve de papel, un trozo de acero, el pedernal y la yesca»25. Era el tabaco de los pobres, fumado con las hojas secas de las piñas. 

Con la apertura de la fábrica de tabacos a fines del siglo XIX, las tierras del Galeón y Los Olivos, en concreto donde luego se levantó la antigua residencia de Tiempo Libre, se dedicaron a amplios secaderos de las hojas de tabaco para una vez recogida llevarse a cabo el posterior manufacturado en la fábrica cercana, pero también al cultivo de cañas para hacer jaulas de pájaros y seretos, lo que recordaba el esplendor que vivía el trabajo artesanal en aquel tiempo. Una proporción importante del tabaco satauteño se consumía en la isla, pero su cultivo resultó insuficiente para superar la crisis provocada por la ruina del nopal, por lo que habrá que esperar a los cultivos de regadío (papas, tomates y plátanos) para superar la crisis agraria. De modo que a los pocos años se desterró la planta del tabaco de nuestros campos del interior. No obstante, casi al final de esa década, en 1889, se creaba en la capital grancanaria la marca-fábrica principal, La Favorita, que supondría la más importante pieza en el desarrollo posterior de todo un emporio tabaquero capitaneado por el acaudalado industrial Eufemiano Fuentes Díaz, quien, a mediados del siglo XX, construyó su palacete sobre los cauces de dos barrancos en el barrio de Las Meleguinas, donde sería secuestrado en la madrugada del 2 de junio de 1976 y posteriormente asesinado, en un suceso que conmocionó a la isla. Ya entonces, el tirón de la demanda, junto a la exportación a Europa y a las costas occidentales de África, favoreció la instalación en Gran Canaria de diversas empresas tabacaleras mecanizadas con los adelantos de la época a partir del siglo XX –La Flor Isleña (1905), El Canario, La Regenta (1921)–, que fabricaban los célebres virginios, mecánicos, krüger, vencedor o unos cigarrillos de picadura cuadrada (Fígaro) que los hombres fumaban, por lo común sin desprenderse el cigarrillo de los labios, y que, poco a poco, fueron dejando sin memoria a todo aquel referente industrial del tabaco e icono del trabajo femenino en el centro de la isla. Aun así, una cuadrilla de mujeres satauteñas fueron cigarreras pioneras que, a pesar de llegar al mundo laboral con la desventaja de un gran retraso, forjaron un perfil de trabajadora que fue un icono durante décadas: la identificación de este oficio con las mujeres que pasaba con orgullo de madres a nietas, mientras las condiciones laborales y sociales iban mejorando lentamente, sobre todo a raíz de la democracia, pues posibilitaba la afiliación sindical y política, gracias al espíritu de progreso social que prendió a fines de los años setenta del siglo pasado. Pero eso ya es otra historia, quizás más avanzada a la de aquellas anónimas y olvidadas cigarreras de Santa Brígida que se volvieron solventes en un mundo que les ofrecía pocas oportunidades. Fueron mujeres que ayudaron a construir el presente industrial de la isla, aunque su memoria apenas aparezca en los archivos, hemerotecas y bibliografías consultadas, salvo en el relato de la incansable viajera inglesa que, además de visitar las principales ciudades, fue a todas las zonas rurales de las islas. Sin ellas, sin su trabajo productivo, este sector económico no hubiese podido funcionar a todo humo. En su memoria va esta crónica. 

Fuentes y otras notas bibliográficas

  1. Archivo de Prensa Digital (en adelante Jable). Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Se realizaría a través de una Real Orden del 29 de septiembre de 1884 que se anunciaba en La Democracia, periódico político, 12 de febrero de 1882, pág. 2; y en El País, 1882.
  2. Stone, O. [1.ª ed. inglés, 1887] (1995). Tenerife y sus seis satélites. O pasado y presente de las Islas Canarias. Introducción y notas de Juan S. Amador Bedfor. Edición del Cabildo de Gran Canaria, pág. 120. 
  3. Pérez Barrios, C. R. (2002). «El tabaco, una alternativa a la cochinilla en el Sur de Tenerife a finales del siglo XIX», XV Coloquio de Historia Canario Americana. Cabildo de Gran Canaria, págs. 940-970.
  4. Archivo Histórico Provincial de Las Palmas (en adelante AHPLP). Fondo: Ayuntamiento de Las Palmas, Intereses Generales, expediente 34, 7 de marzo de 1849.
  5. Ibidem. Carta de Manuel Rafael de Vargas, del Gobierno de la Provincia, al alcalde de Las Palmas, 11 de enero de 1851.
  6. AHPLP. Fondo: Ayuntamiento de Las Palmas, Intereses Generales, expediente 58, 26 de marzo de 1863, firmado por el alcalde Antonio López Botas.
  7. Archivo Municipal de Santa Brígida. Libro de Actas municipales n.º 43, 14 de agosto de 1884, f. 43.
  8. Pérez Barrios, C. R. (2002), op. cit
  9. Anales de la Sociedad, 31 de diciembre de 1884, pág. 38. 
  10. AHPLP. Real Audiencia de Canarias, exp. 3845. Libro I de Matrimonios de Españoles la ermita de San Nicolás de Bari, que se conservaba en la iglesia parroquial de San Julián de Güines, f. 27, n.º 91. Marcial Melián Sánchez, natural de Gran Canaria, era hijo de Antonio Melián y de Clara Buenaventura Sánchez; y la novia, Carlota, era hija del doctor Luis Chiappis, natural de Roma, y de Hermenegilda Godman, natural de Pipián. Carlota murió el 24 de noviembre de 1866 en su casa de Triana, en Las Palmas, cuando contaba con 43 años.
  11. En Arucas se creó en 1882 una sociedad agrícola industrial de Canarias, con sede en Barcelona y administrador en la propia Arucas, con el objeto de la explotación de la caña y el tabaco. Fuente: La Democracia, 2 de mayo de 1882, pág. 2.
  12. Jable. Las Palmas (Revista quincenal de Agricultura, Industria, Comercio, Ciencias y Literatura), n.º 10, año II, Las Palmas de Gran Canaria, 17 de enero de 1876.
  13. En su testamento que suscribe el 23 de abril de 1857 en Las Palmas señala que tiene varios arrendamientos de fincas para el cultivo de nopales y semillación de cochinilla: dos cortijos a Manuel del Río, uno en La Calzada, y otro en San Lorenzo; otro cortijo a Tomás Huet, de su hacienda nombrada El Cascajo en el mismo pago de La Calzada; otro cortijo a Manuel Ripoche de unos terrenos nombrados Las Cruzadas en el propio paraje; otro a Joaquín O’Shanahan de unos cercados en dicho pago; otro a Baltasar Llarena de los cercados nombrados de María de la Plaza a espaldas de las casas del Monasterio de San Bernardo; otro a María del Pino Sortino de un cercado de la vinculación de Quesada en la parte exterior de la calle de Triana y otro a la casa de comercio de Diego Suawaston y compañía de esta ciudad. Fuente: AHPLP. Legajo 2218, f. 491 vto. Y el 7 de octubre de 1861, Miguel Ripoche arrienda a Marcial Melián, ambos vecinos de la ciudad, un cercado denominado Los Perales en la Vega de Santa Catalina, y parte de otro cercado colindante, con aguas, casas, noria, y demás accesorios, por tiempo de nueve años que principiaban en enero de 1862 y se obligaba a cederla toda la cochinilla que recolectare en las expresadas dos fincas. Fuente: AHPLP, legajo 2228, f. 894 vto.-898.
  14. La compra de la hacienda se hizo el 14 de julio de 1865 ante el escribano Vicente Martínez, por sus padres, a Florentina Santana y sus hijos, Manuela y Esteban García Romero, la cual fue puesta en concurso de acreedores en el Juzgado de Primera Instancia de Las Palmas el 10 de enero de 1672 (fondo: Real Audiencia, exp. 3303). En el expediente 4423 del mismo fondo se describe la hacienda de Guanarteme.
  15. Jable. La Defensa, 23 de marzo de 1872, pág. 2. Ese año obtuvo la medalla de oro en una exposición celebrada en Matanzas, en Cuba. «El tabaco de nuestro paisano D. Marcial Melián, ha obtenido medalla de oro en !a exposición de Matanzas. Es esta una noticia altamente satisfactoria para el porvenir del Archipiélago». La Verdad, 27 de octubre de 1872, pág. 3.
  16. «(…) Hemos tenido el gusto de ver el establecimiento, a cuyo frente está D. Francisco Reina, y no hemos podido menos de salir altamente complacernos al observar los progresos que se han ido operando en la elaboración de nuestro tabaco, y los resultados tan satisfactorios alcanzados. Las cajas perfectamente arregladas, los tabacos con suma precisión torcidos y con todas las condiciones necesarias para que sean, no ya aceptados sino solicitadas: delicioso aroma, agradable gusto y buen arder; en fin, a nuestro pobre juicio pueden competir los de primera clase con los mejores que nos vienen de Cuba. Congratulémonos y damos la enhorabuena por tales resultados». Jable: El Independiente, 12 de agosto de 1879, pág. 2.
  17. Para saber más de la industria del tabaco es muy recomendable el libro del escritor y filólogo Anelio Rodríguez Concepción titulado La tradición insular del tabaco (mucho más que humo y ceniza). La Palma, 2016.
  18. Jable. El País, 25 de junio de 1867, portada.
  19. https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/sociedad/anelio-rodriguez-cultura-tabaquera_128_3637229.html.
  20. AHPLP. Legajo 2218, f. 491 vto. Marcial dijo ser hijo de Antonio Melián y de Clara Sánchez, entonces difuntos. Declara ser casado con Carlota, natural de La Habana, y tener entonces tres hijos: Luis, Marcial y José.
  21. Sosa Santana, N. (2016). Los precedentes de la prensa especializada en Gran Canaria: la revista Las Palmas (1875-1876). Universidad de La Laguna. Trabajo de Fin de Grado, Grado en Periodismo. 
  22. Suárez Moreno, F. (2021). El Pleito de La Aldea: 300 años de lucha por la propiedad de la tierra. Cabildo de Gran Canaria, 2.ª edición, págs. 223-224 y 265. Agradecemos a nuestro amigo cronista de La Aldea Siso Suárez los datos sobre este personaje. 
  23. Millares Cantero, A. (1975). Aproximación a una fenomenología de la Restauración en la Isla de Gran Canaria. Las Palmas de Gran Canaria, Boletín n.º 19 del Centro de Investigación Económica y Social de la Caja Insular de Ahorros de Gran Canaria (CIES). Y BRITO GONZÁLEZ, O. (1979-1980). «La industria tabaquera. La frustración de la alternativa cubana», Rumbos, 3-4, pp. 13-20 y 9-18 y 5-6, pp. 15-34.
  24. Millares Cantero, A. (1975). Aproximación… op. cit., pág. 23. Y Luxán Meléndez, S. Canarias y el monopolio español de tabacos (1875-1936): De la opción agroindustrial a la formación de la industria tabaquera. Consultable en: https://www.aehe.es/wp content/uploads/2005/10/b2_de_luxan_melendez.pdf.    
  25. León, F. (1888). Datos para la Estadística Médica de la Vega de San Mateo. Gaceta Médica Catalana, Barcelona, pág. 31.

Pedro Socorro Santana es cronista oficial de la Villa de Santa Brígida.

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