Revista n.º 1054 / ISSN 1885-6039

Carrozas artísticas en la Batalla de Flores por San Juan (incluye VÍDEOS)

Lunes, 24 de junio de 2024
Rafael Álvarez Álvarez
Publicado en el n.º 1050

La Batalla de Flores ha sido un acto tradicional dentro de las fiestas de San Juan de Arucas, si bien es cierto que nunca ha tenido continuidad, a pesar de los diferentes intentos en tiempos recientes.

Batalla de las Flores en los años 60 del siglo XX (Fedac, Ayuntamiento de Arucas)

En los años 50 del siglo pasado se usaba mucho programar para las fiestas patronales la célebre Batalla de Flores. De por sí el acto atraía a mucho público, no solamente de Arucas, sino de otros municipios cercanos. A nadie se le esconde que era uno de los actos más importantes y esperados, sobre todo por los jóvenes. Hubo una Batalla en el año 1940, para luego estar diez años sin repetirse (no sabemos si fue porque la palabra batalla estaba muy cerca del pensamiento ciudadano y resultaba odiosa por aquello de estar recién terminada una guerra, y la otra todavía en marcha).

Pero había otro público al que también le gustaba disfrutar de las carrozas si estas estaban artísticamente engalanadas. Y así era la mayoría de las veces pues para este éxito colaboraban muchas empresas comerciales e industriales de nuestro municipio y de la capital (ya que les suponía una buena propaganda de sus productos), además de los centros culturales y deportivos.

Después de unos años de éxito total desapareció durante muchas ediciones de las fiestas patronales. En diferentes ocasiones se ha intentado recuperar el esplendor de antaño de ese acto, pero parece que no se ha logrado que interese a la población como en aquellos tiempos pasados. Las casas comerciales tienen hoy otros medios a su disposición para hacer una propaganda más eficaz.

Batalla de Flores (Fedac, Ayuntamiento de Arucas)

Desaparecido el interés de las empresas, la iniciativa se refugió en diferentes colectivos vecinales, pero que a la hora de costear los gastos se veían con enormes dificultades para llevar a cabo la confección de una carroza bien elaborada con las debidas garantías de admiración. Al disminuir la inversión se seguía colaborando y participando, pero bajando el listón artístico. El peligro de esta cuestión era caer en la mediocridad y la chabacanería.

A finales de los setenta y principios de los ochenta se vuelve con esa costumbre y es el ayuntamiento, a través de la comisión de fiestas, quien subvenciona a todos aquellos grupos o colectivos, asociaciones... que deseen participar en la Batalla de Flores, previa la presentación de un croquis-dibujo de cómo será la carroza que van a presentar. Si la comisión creía con suficiente calidad artística el proyecto presentado, le daba la subvención para que ya pudieran adquirir el material necesario para su confección. Esa ayuda era en el año 81 de 12 000 pesetas. Calculen nuestros lectores casi treinta años después si sería suficiente para engalanar el carruaje que se llevara, en aquel caso una plancha alquilada, la ropa de los participantes (que hiciera juego con la alegoría de la carroza), etc.

En los años noventa se intentó volver a recuperar, pero la poca calidad y las escasas carrozas presentadas, además del poco cuidado en el vestuario, hicieron que los encargados de redactar la programación desistieran de volver a incorporar dicho número en las sucesivas fiestas. El acto se celebraba en la zona llamada El Paseo, es decir, la calle León y Castillo, la plaza del mismo nombre (hoy de la Constitución) y la calle Francisco Gourié. En años sucesivos tuvieron el respiro de la calle Suárez Franchy. La muchedumbre que se acumulaba por todo el recorrido era impresionante. Distribuidos en varios sitios, la organización ponía puestos de venta de serpentinas, confetis y otros productos propios para lanzar durante la batalla.

La hora de comienzo era las seis y media de la tarde. En esos momentos la gente no cabía en todo el recorrido por donde desfilarían las carrozas, las cuales se habían ido concentrando en la explanada de la Era de San Pedro (Destilerías Arehucas) para desde allí, y a la hora anunciada por la comisión de fiestas, iniciar la marcha ascendiendo por la carretera de Bañaderos y –tras recorrer el poco espacio que le faltaba para llegar al cruce de la Heredad– hacer la primera pasada, que era de exhibición para que todo el mundo observara y contemplara al menos por una vez la belleza de la carroza y sus componentes.

Ya en la segunda pasada los contendientes no le perdonarían una y venga a empezar la batalla entre el público y los que iban encima de la carroza, y así durante un par de horas hasta que –ya exhaustos unos y otros– se daba por terminada la guerra con la retirada –por uno de los extremos del campo de batalla– de las distintas carrozas.

Recordamos todavía la admiración que nos causó a todos los presentes, en aquellos tiempos, diferentes carrozas: la compañía de transportes ligeros o los célebres piratas, como se les conocía popularmente, presentó una imitando un barco pirata con chicos y chicas vestidos para la ocasión y con el motivo que representaban; otra era la fiel imagen de la propaganda que hacía una conocida marca de bebida llamada Ron Atuey, hace muchos años desaparecida y que causó un gran impacto; una tercera representaba la corte de alguna monarquía, con todos los personajes vestidos de época; y así muchas más con las que colaboraban las casas comerciales aludidas, los centro recreativos, culturales, deportivos, colectivos vecinales, etc. Por supuesto que había premios para las mejores carrozas, elegidas por un jurado nombrado al efecto por la comisión.

–Oigan, señores, era tanta la calidad de las carrozas que los componentes del jurado estuvimos deliberando más de una hora para establecer el orden de los premios –advertía don Pedro el Largo ante los contertulios del Bar de la Reina Mora.

¿La gente de hoy ha perdido las ganas de divertirse, el buen gusto, la participación ciudadana, el interés por las fiestas populares, hacer comunidad...? O se conforma con salir junto a la familia en su coche hacia las playas del Sur, o a realizar un asadero (barbacoa) en el campo...

Cada uno sabe lo que hace y elige su mejor ocio, diversión o distracción para él y su familia, ¡digo yo! ¿O no es verdad? Pues los tiempos son distintos y hay que adaptarse a las circunstancias presentes, y a nadie se le puede imponer una costumbre a la fuerza y con calzador... Pero siempre da pena perder una tradición, ¡caramba!

Carroza de Batalla de Flores en Arucas


Este texto es parte del libro Desde mi solana (I). Estampas aruquenses de los años 40, 50, 60 y los 70 del siglo XX, del maestro y memorialista de su pueblo Rafael Álvarez, publicado en 2021 por Benginbook y con la colaboración de BienMeSabe.org.

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