Revista n.º 1053 / ISSN 1885-6039

La ilusión de los Reyes Magos en Tamaraceite.

Sábado, 6 de enero de 2024
Esteban Santana
Publicado en el n.º 1025

La ilusión siempre estaba presente, los zapatos nunca dejaban de ponerse aún a sabiendas de que los Reyes no pasaban. Esta era una época en que no se pedía, sino que se recibía con alegría lo poco que llegaba.

Chiquillos de Tamaraceite el día de Reyes con el equipaje de Las Palmas.

 

 

Pasada la Navidad, los niños, los de antes y los de ahora, esperan con especial ilusión y nerviosismo el Día de Reyes. En Tamaraceite (Gran Canaria), antaño, y de esto hace más de sesenta años, había distinción entre los niños de la Carretera y los de la Montañeta ya que los primeros alcanzaban a tener una patineta o bicicleta mientras que los otros, como mucho, alcanzaban golosinas, una muñeca de trapo o una rasqueta, de esas que dan vueltas y hacen ruido y con la que se recorría toda la Montañeta.

 

Uno de los niños de esta época, que ahora tiene más de ochenta años, Pepe Lezcano, esperaba este día con ilusión, aunque esta ilusión se transformaba en decepción y lágrimas al ver que otros tenían regalos y a él no le llegaba nada. Aunque juguetes tenían todo el año: carretones, tiraderas, trompos y boliches. Había un señor, Agustín Núñez, el Abuelo, que tenía al pueblo surtido de carretones con chasis, guardabarros de lata, dirección... y estaba preparado para las carreras.

 

El balón era otro de los juguetes preferidos para jugar en la Plaza, la Carretera o alguno de los muchos estanques que por aquí había. Los chiquillos estábamos deseando estrenar nuestros equipajes para irnos al Tanque La Manzanilla o al de Las Cañas para jugar por vez primera con el balón y las botas del Gallo. Más tarde, cuando se inauguró el Campo Juan Guedes, allí acudíamos como locos ya que no había barreras que nos impidieran acceder al campo y echarnos grandes partidos, que se organizaban sobre la marcha. Aprovechando los charcos de los estanques del Valle de Tamaraceite, los niños hacían barcos de lata a los que les ponían una vela o el tronco de una palma y los hacían navegar; aunque algunos solo avanzaran unos metros hasta hundirse en medio del estanque. Otro de los juguetes tradicionales era el caballito, que consistía en una caña con un hilo amarrado por las piernas, y el que lo llevaba se daba un par de “tortas en el culo” y salía corriendo. Para frenar imitaban un relincho y hasta dejaban el caballo amarrado.

 

Chiquillos de Tamaraceite el día de Reyes.

Chiquillos de Tamaraceite con patinetas el día de Reyes.

 

De todos modos, la ilusión siempre estaba presente, los zapatos nunca dejaban de ponerse aún a sabiendas de que los Reyes no pasaban. Esta era una época en que no se pedía, sino que se recibía con alegría lo poco que llegaba. Nuestra amiga Eva me contó algunos recuerdos de su Navidad de aquellos años... Recuerdos que transmito literalmente y que no hay que olvidar.

 

"Qué bonitos recuerdos de otras navidades. Aunque hubiese menos cosas tan sofisticadas y modernas que llevar a la mesa como hoy, y aunque en casa éramos una familia pequeña (cuatro personas), la Navidad se vivía como lo que era. Mi madre nunca dejaba de hacer truchas, ya que eso era una de las cosas imperdonables. Bueno, las truchas y hacer el belén... El día antes mi madre nos llevaba a buscar esas hierbas que se arrancaban con un plastón de tierra y a buscar unas pitas pequeñitas para adornarlo. Recuerdo la mesa preparada desde la tarde con sus platitos llenos de las golosinas de la época, la botellita de ron con miel, el anís de la Asturiana, el vino, porque eran días de llegar alguien por casa, para que se brindara...".

 

Otros tiempos vinieron luego en los que mucha gente se dedicó en esas fechas a comprar un alcohol para hacer licor, y entonces había del sabor que quieras: fresa, naranja, plátano... ¡Por Dios! ¡Qué cosas se hacían antes…! Mi madre preparaba esa carne rica (para las cenas). poquita pero con ese olorcillo que ya no te vuelves a comer porque ya no encuentras esas carnes de antes. De todos modos, eso era por Navidades... En casa no se podía comerla como ahora, que se come carne si quieres cada día. Se compraba 1/2 kilito para el domingo y punto. En cuanto a los Reyes, aunque yo era en la Carretera General, viví la pena de que había niñas cerca de mi casa con el famoso Tony ( muñeco con la cabeza de loza, todo un lujo) y mis muñecas de cartón. Recuerdo que aquellos se podían bañar y yo, al querer hacer lo mismo con la mía, el mismo día de Reyes me quedé sin ninguna cuando la metí en el agua. Unos cuantos años me costó tener una muñeca andadora, ¡qué lujo, madre mía! En fin, no puedo decir que mi hermano y yo nos quedásemos sin Reyes pero… había ricos y pobres, indudablemente. Con los años, para mí, la Navidad ha dejado de tener ese toque de alegría, sí. La única es la festividad que se celebra, el nacimiento de Jesús. Por lo demás, me gustaría hacer un paréntesis antes de Navidad hasta que pase el día de Reyes, no sé si es porque yo no tengo alegría ni aliciente para vivirlas, porque el presupuesto no está a la altura de las circunstancias, porque la gente vive más el consumismo que nada…En fin, ya la Navidad no es lo que era, aunque esta fuese más pobre”.

 

Representación con ángel por Navidad en Tamaraceite.

Chicas jóvenes en patinetas por la carretera de San Lorenzo.

Jóvenes en la carretera de San Lorenzo

 

Los Reyes Magos vienen cada año para cumplir la ilusión y los deseos de grandes y pequeños. Uno de los días más esperados del calendario que a mucha gente se le atraganta porque se ha convertido, en la mayoría de los casos, en una fiesta de derroche y consumismo. La ilusión, sobre todo donde hay niños, siempre estará presente, los zapatos nunca dejarán de ponerse, aún a sabiendas de que los Reyes unas veces vienen más cargados de juguetes, y otras menos, dependiendo de la casa a donde vayan.

 

Vivamos con ilusión, grandes y pequeños, el Día de Reyes, y no dejemos morir a ese niño que llevamos dentro con el consumismo más despiadado; y que sea esta una oportunidad para la solidaridad y contribuir a que niños y mayores también puedan vivir este día único en el año con ilusión y esperanza.

 

 

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