Revista n.º 1054 / ISSN 1885-6039

Ildefonso y Rosy: la investigación histórica como categoría.

Viernes, 9 de junio de 2023
Pedro Socorro Santana (Cronista Oficial de la Villa de Santa Brígida)
Publicado en el n.º 995

Ildefonso Guerra Cabrera, de 90 años, y Rosy Jorge Hernández, de 79, acuden cada día al Archivo Histórico Provincial de Las Palmas para investigar sobre la historia y la genealogía de sus familias. Hoy, Día Internacional de los Archivos, les hacemos un humilde y merecido homenaje.

Ildefonso Guerra y Rosy Jorge en el Archivo Histórico.

 

 

Este viernes, 9 de junio de 2023, se celebra el Día Internacional de los Archivos, esos lugares que custodian las actuaciones, decisiones y la memoria de la gente. La importancia de los archivos es indiscutible, así como el valor y compromiso de los profesionales para preservar nuestro legado histórico y cultural. Un patrimonio documental, único e irremplazable, que se transmite de generación en generación, y en el que cada día se zambullen historiadores ya consagrados, cronistas, investigadores, aficionados a la genealogía y estudiantes para explorar entre sus reservas documentales y buscar evidencias históricas, una fecha, un testamento, la exactitud de un topónimo o el rastro de un apellido desde que comienza a asomarse a la documentación a raíz de la conquista castellana.

 

Una efeméride que también celebramos con los investigadores históricos más longevos que bucean cada día entre los manuscritos del Archivo Histórico Provincial de Las Palmas Joaquín Blanco, depositario de las fuentes básicas para el estudio del desarrollo histórico de la isla durante la Edad Moderna: protocolos notariales, procesos civiles y penales de la Real Audiencia de Canarias, fondos del Gobierno Civil de Las Palmas y el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, padrones y actas municipales de un sinfín de ayuntamientos, así como los fondos privados de las familias de Fernando y Juan León y Castillo, Sall Tascón, el arquitecto Antonio Cardona Aragón o el abogado Domingo Rodríguez Quegles, entre otros.

 

Protocolo del XVI del Archivo Provincial.

Protocolo del s. XVI custodiado por el Archivo Provincial de Las Palmas (fondo AHPLP)

Estantería de legajos en el Archivo Histórico de Las Palmas.

Estantería de legajos en el Archivo Provincial de Las Palmas (fondo AHPLP)

 

También los archivos tienen usuarios singulares para los que la investigación es una pasión diaria que les dura toda la vida. Allí encuentran su lugar en la historia. El patriarca de los investigadores en la isla de Gran Canaria es, sin duda, Ildefonso Guerra Cabrera, natural de Tejeda, que hace apenas dos meses cumplió 90 años y que cada día acude al archivo y, armado con lápiz y folios, va anotando los datos que descubre especialmente entre los 3726 protocolos de los escribanos de la provincia de Las Palmas debidamente clasificados y conservados, desde el año 1509 hasta 1922; si bien muchos legajos han tenido que ser retirados de consulta, desgastados y rotos por el paso del tiempo y el uso frecuente. Ya son 618 protocolos que han caído en el cumplimiento de su deber y hoy esperan por dinero de la consejería de Cultura del Gobierno de Canarias para proceder a su restauración, subirlos a la red y ponerlos a disposición de los usuarios al alcance de un clic.

 

Entretanto, el nuevo director del archivo, Samuel García Arencibia, sigue con su labor de facilitar la información y la investigación, además de hacerlo accesible a todos de manera permanente y sin obstáculos. En los últimos tiempos ha digitalizado miles de documentos históricos, algunos con más de 500 años, tanto de su centro de trabajo como las actas plenarias y los padrones de distintos ayuntamientos. Una labor que seguirá ampliándose paulatinamente al ritmo de avance de los procesos descriptivos y de reproducción digital, pero que ya permite a la ciudadanía el acceso gratuito e ilimitado a ellos.

 

Ildefonso Guerra y Juan en el Archivo Histórico.

Los investigadores Ildefonso Guerra (izquierda) y Juan Ramón García Torres

(foto: Armando Pérez Tejera)

 

En plena era digital, Ildefonso prefiere, no obstante, regalarse cada mañana unas horas de puro gozo en el silencio de la sala, solo roto por las horas del reloj de la catedral y la canción "Guantanamera" que constantemente se escucha desde la plaza de quien pide la voluntad y no necesita demasiadas súplicas para reiterar la guajira a todo pecho. A Ildefonso le interesa encontrar en los protocolos más veteranos cualquier escritura de venta, poder o testamento, en los que se mencione a su pueblo de Tejeda, su toponimia o hable de la gente de la Cumbre, mucha de ella descendientes de antiguos canarios y guanches. Su vida dedicada a la investigación histórica comenzó hace más de seis décadas cuando en 1960 se dedicó a desentrañar los orígenes de su familia: los Guerra, y se metió en un territorio emocionante que le ayudaba a escapar de la realidad. En los días de vacaciones de su trabajo en el comercio realizaba investigaciones de su árbol genealógico, el apellido Guerra. Tal vez sin proponérselo, había encontrado una pasión y, desde entonces, no ha dejado de andar por caminos del pasado a través de los legajos que se custodian tanto en ese ingente archivo (antes ubicado en la Casa de Colón) como en el vecino Archivo Diocesano de Las Palmas, que conserva los fondos parroquiales y la mayor parte de los libros sacramentales de las islas de Gran Canaria y Fuerteventura, o las dispensas matrimoniales de Lanzarote.

 

Los viejos papeles son su compañía diaria. “Esto es como una droga”, asegura, pues de todos es sabido que en genealogía cada rama del árbol familiar que se averigua nos satisface, pero nos lleva a nuevas preguntas. Y él se las ha cuestionado durante más de sesenta años, hasta el punto de que el archivo se ha convertido para él en una ampliación de su casa, su particular refugio que lo desconecta del mundo durante cinco horas, ajeno a la Wikipedia, a Google y a todo eso... Ildefonso es un referente para todos los que nos dedicamos a la investigación histórica y/o genealógica y al manejo de la documentación más variada y múltiple que se conserva en esos pequeños lugares en donde el tiempo parece que nunca pasa de largo. Él es el investigador más veterano. No todo el mundo encuentra su pasión en el silencio de la sala de consulta del archivo con vistas a la Plaza de Santa Ana, leyendo a la luz del día o al resplandor de las lamparitas de luz azulada. Para él los papeles viejos son tan nobles como imprescindibles para una búsqueda compleja y nutritiva. Quizá no haya nadie que sepa y tenga más datos sobre el pueblo de Tejeda que este personaje, ejemplo de investigador generoso, pues a él se le debe la transcripción de los índices de bautismos y matrimonios y las dispensas matrimoniales de las parroquias de Tejeda, Guía, Gáldar, Santa Brígida, Arucas, Agüimes, Moya, San Bartolomé de Tirajana o La Aldea, así como cientos de notas tomadas a mano sobre la historia de su pueblo. Son muchos los que hoy beben de esas fuentes y le agradecen que durante su dilatada vida se haya ido por las ramas para florecer muchos árboles genealógicos. Toda esa documentación la conserva en su inestimable archivo personal, dentro de una cueva situada entre el Bentayga y el Roque Nublo, maravillosamente custodiada en cajas de cartón y sin espacio para uno más. Es su legado, un pequeño santuario de la memoria de Tejeda, y de otros pueblos de la isla, para el que ha requerido la mayor parte de su existencia y difícil de ser superado en adelante.

 

Felipe Enrique Martín e Ildefonso Guerra.

El profesor Felipe Enrique Martín Santiago, en primer término, e Ildefonso Guerra, detrás,

en la sala del Archivo Provincial

Ildefonso Guerra en su cueva de Tejeda.

Ildefonso Guerra en el interior de su cueva archivo de Tejeda

(foto: Felipe Enrique Martín)

 

Junto a este incansable y veterano también se encuentra Rosy Jorge Hernández, de 79 años recién cumplidos y vecina de la capital grancanaria, que desde hace 29 años ha tenido también la inquietud por la genealogía de su familia y la de los vecinos del barrio capitalino de San Roque, en donde nació. Compañera y matriarca del archivo, ella rebusca entre los viejos padrones de habitantes de Las Palmas de Gran Canaria y, a puro pulso, luego escribe en su libreta con ese fervor en el que se mezcla la historia y los recuerdos, esa memoria que seguimos perdiendo. Cada día Rosy evoca hechos y anécdotas de la vida de muchos de sus antepasados y vecinos que ya han muerto, o se han marchado, pero que ya no están más que en su recuerdo. Y cuando mira un poco más allá del universo de documentos antiguos que tiene delante rememora aquella vieja casona de puertas desgastadas donde vivía una familia conocida que tenía una tienda de ultramarinos, con una clientela rumorosa y fiel, y de la que ahora no queda ni rastro. Son apuntes de su paso diario por ese archivo que pueden servir para explicar nuestra existencia a quienes vengan mucho más tarde. Ella, otrora maestra de corte y confección, es ahora la memorialista de los saberes arraigados en aquel vecindario cuando todavía gozaba de las funciones básicas de vivir y relacionarse. De modo que Ildefonso y Rosy mantienen lúcidas y dinámicas sus mentes y su sabiduría. Pasan las generaciones, pero mantienen intacta su curiosidad, y al tiempo que viajan al pasado gozan del privilegio de acceder al patrimonio documental de Canarias, ahora que todavía sigue ahí.

 

 

Foto de portada: Ildefonso y Rosy en el Archivo Histórico

 

 

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