De regreso a Tenerife, muere de tuberculosis en 1865. En su obra poética, predomina el carácter romántico de poetas como Ignacio Negrín* o Victorina Bridoux*, a quienes evoca en algunos de sus, por fuerza, escasos poemas. Fue, además, lector de Goethe y de Espronceda. Temas recurrentes en su poesía: lo real y lo falso, el desencanto amoroso, el más allá… Entre sus poemas: “El tiempo”, “El 25 de julio”, “A Victorina Bridoux, en su tumba”, “Recuerdos”, “Desengaño”, “La muerte de Linconl”, “Al tranquilo cementerio” o “Delirio”, poema que -al parecer- escribe los días que precedieron a su muerte. Casi toda su obra se publicó en El Eco del Comercio* y en otros diarios locales.
