Revista nº 977
ISSN 1885-6039

Navidad en Arucas a mitad del siglo XX (y II): Reyes.

Viernes, 06 de Enero de 2023
Rafael Álvarez Álvarez
Publicado en el número 973

En poco tiempo, después de desayunar, ya los niños y niñas se echaban a la calle para ver lo que le habían traído a sus amiguitos vecinos y enseñar los suyos, por lo que la misma se convertía en poco tiempo en un hervidero de ruidos, juegos, gritos, alegrías...

 

 

Semana de Reyes. Día 5 de enero, víspera de la llegada de los Reyes. A pesar de que las familias se dan prisa para tener todos los regalos ya comprados y no esperar a la víspera, hasta última hora hay gente que sale a realizar alguna cosa que queda olvidada y, a la vez, ver el ambiente que hay en la ciudad con el ir y venir por todos los comercios. Algunos esperan que, llegada la madrugada, los precios bajen, como así ocurría muchas veces, pues por aquellos tiempos lo que no se vendía en esos días era complicado venderlo en otro momento del año.

 

Estos últimos días las madres o hermanas mayores hacen deprisa y corriendo las compras, por supuesto que en Arucas, que le faltan para completar los regalos que les han de poner a sus familiares, sobre todo a los más pequeños de la casa. Por eso es fácil y normal ver estos días que faltan para la llegada de los Magos de Oriente tantas personas, lo que hace que la animación en la calle y en los comercios desborde todas las previsiones, a pesar de las pocas posibilidades económicas, aumentando la víspera, o sea, el 5 por la tarde-noche.

 

Mientras los mayores o las madres estaban en la calle haciendo las compras de última hora, los más pequeños ya estaban muy nerviosos y le hacían caso a todo lo que les decía la mamá, para que los Reyes fuesen generosos con ellos. Llevaban varios días con la carta escrita a los Reyes en una hoja de libreta, donde pedían los regalos que deseaban recibir, lo que servía de orientación a los familiares que iban a comprarlos. También se dedicaban a darle el último repaso al brillo de los zapatos con la creencia de que, entre más brillantes y lucientes estuvieran, mejores regalos recibirían. Esa noche los niños se acuestan más temprano que de costumbre, con las ganas de que amanezca cuanto antes para poder disfrutar de los regalos recibidos.  

 

Cabalgata. La primera noticia que sepamos sobre una cabalgata para la fiesta de los Reyes Magos, en nuestra ciudad de Arucas, la dio el periódico local La Voz de Arucas en el número 12 correspondiente al mes de diciembre de 1954, que en la página 3 dice lo siguiente: “Tenemos entendido que el día 5 de enero por la tarde hay anunciada una cabalgata de Reyes organizada por la Delegación Local del Frente de Juventudes con reparto de juguetes a los niños pobres de la localidad que más se han distinguido por su aplicación en las clases y su mayor asiduidad en asistir a sus Escuelas Nacionales. Tarea ardua esta, pero hermosa a más no poder, sabemos lo que cuesta hacer una cosa de esta naturaleza y envergadura, gracia a Dios que nosotros nos preguntamos ¿qué cosa que valga no tiene un trabajo inconmensurable? Por ello, estas líneas van encaminadas a alentar a esa pléyade de muchachos valerosos para que no se desanimen y lleven a la práctica tan magnífica cabalgata lo que tendrá de antemano, os lo aseguramos, un éxito completo. Se nos ocurre también una cosa, y es que se debe constituir una Junta pro-Cabalgata, la que podría dar un recorrido por todos los comercios de la ciudad, y solicitar juguetes baratos gratuitos en la escala que los propietarios den, porque estamos seguros de que el regalar unas cosillas no es ruina para nadie y Dios Nuestro Señor desde el Cielo lo está viendo todo y lo pagará con creces. Así, que adelante, y sin  titubeos a por la Cabalgata”.

 

Dado que la noticia no la daba como cierta no sabemos si finalmente se celebró, pero de todas formas pudo haber sido el antecedente de lo que más tarde sería la serie continua de cabalgatas de los Reyes Magos que se siguen celebrando en nuestro municipio, y más concretamente en el casco.

 

Revista Arucas (diciembre, 1946)

 

Mañana de Reyes. En la casa, los mayores eran los primeros que se levantaban para despertar a los más pequeños a eso de las 7 de la mañana, pues ellos estaban tan nerviosos como los pequeñines y querían ver la cara de satisfacción que ponían al ver los regalos que había recibido.

 

Muy pronto la alegría se apoderaba de toda la casa y allí no había quien durmiera más con el escándalo que producían no solo los niños, sino los juguetes que ya se ponían en marcha: coches de cuerda, carracas, armónicas, pistolas de mixto, escopetas con un tapón de corcho que llevaba un hilito amarrado para que una vez disparado se volviera a recuperar para seguir disparando; muñecas de trapo o de cartón, así como caballos del mismo material, guitarras que no sonaban a nada pero que hacían ruidos a pesar de que no había quien la pudiera afinar, porque encima eran de chapa corriente... A pesar de todo, los niños estaban muy contentos, así eran aquellos tiempos que con nada se conformaban.

 

En poco tiempo, después de desayunar, ya los niños y niñas, por supuesto, se echaban a la calle para ver lo que le habían traído a sus amiguitos vecinos y enseñar los suyos, por lo que la misma se convertía en poco tiempo en un hervidero de ruidos, juegos, gritos, alegrías, sobresaliendo entre todos los sonidos de las armónicas y otros instrumentos, que contagiaban a todo el mundo que les veía tan felices.

 

La mañana, a los más pequeños, se les pasaba apenas sin darse cuenta jugando con lo que les habían traído los Reyes Magos. A última hora, más tarde de lo normal, entraban en la casa para almorzar, y después de descansar un rato y dedicar la tarde a seguir jugando con sus amigos en la calle; aunque otro grupo prefería llegar hasta la cercana plaza de San Juan, donde había una amplia representación de niños y juguetes de todas las clases.

 

La plaza de San Juan siempre ha sido el sitio preferido por los niños y sus padres para jugar tranquilamente sin molestar a nadie y ningún tipo de peligros, por lo que era normal que el día de Reyes la misma se llenara. Deseosos los niños de enseñar sus juguetes y ver los de otros, por la mañana iban muchos, pero era por la tarde cuando no cabían en aquel amplio recinto. Era un verdadero espectáculo disfrutar de tanta alegría desde el punto de vista de los mayores, y de los niños, pero estos iban a lo suyo y no tenían una visión de conjunto de lo que pasaba a su alrededor.

 

Esa misma tarde, en la sesión de las tres, especial para los niños, las empresas de cine rifaban una buena cantidad de juguetes en el descanso de la película, con gran regocijo para los premiados en el sorteo, que veían de esa manera incrementados sus juguetes. Lo mismo hacían las distintas sociedades de recreo del municipio que organizaban un baile infantil para los más pequeños, hijos de sus socios, y en el intermedio se hacían igualmente rifas de un buen número de juguetes.

 

Pero mucho antes, por la mañana, y en el patio central del ayuntamiento, la corporación –con su alcalde al frente– entregaba regalos a los niños y las niñas de las escuelas nacionales que, a juicio de los maestros, eran los que más se habían distinguidos en sus estudios en el primer trimestre, no faltando tampoco otra entrega a los más necesitados del pueblo.

 

Y finalmente tenía lugar, en la iglesia parroquial, la entrega de canastillas a las madres más necesitadas de la parroquia que hubiesen dado a luz recientemente o estuviesen a punto de hacerlo.

 

Como vemos, era un día de Reyes muy ajetreado y que los niños no olvidarían por mucho tiempo, pues serían Reyes modestos pero disfrutaban de ellos como si fueran los mejores aparatos electrónicos de hoy, compartiendo con todos sus alegrías e intercambiando los mismos con otros niños para que se pudiera gozar de la sorpresa de los regalos recibidos.

 

 

Y cuando menos lo esperaban, de nuevo empezaban las clases en la escuela y a ella había que asistir, aunque no se acostumbraba a llevar a la misma los juguetes que te habían echado. Eso quedaba para la calle con los amigos.

 

Mientras, los padres hacían sus cálculos para ver cómo podían soportar la temible cuesta de enero y llegar sin apuros, y sin apretarse mucho el cinturón, a final de mes con lo que le había quedado del sueldo y paga extra, después de tantos gastos.

 

Con este comentario de hoy acabo la serie que he dedicado durante todo el mes de diciembre a recordar cómo eran las fiestas navideñas en nuestro entorno, desde mi punto de vista particular, entre los años 1945-1955, más o menos. Comentarios que pudieran servir de orientación a otras personas y que se pueden ampliar con las aportaciones que cada uno pueda añadir para incrementarlos. Valga, así, para enriquecer la memoria de aquellos años, pobres pero felices, pues cada casa, cada familia, calle, barrio, pueblo, cada situación familiar... tendrían que añadir sus experiencias, sus observaciones y sus vivencias, aparte de incorporar su opinión particular.

 

 

Este texto es parte del libro Desde mi solana (I). Estampas aruquenses de los años 40, 50, 60 y los 70 del siglo XX, del maestro y memorialista de su pueblo Rafael Álvarez, publicado en 2021 por Benginbook y con la colaboración de BienMeSabe.org.

 

 

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