Revista nº 941
ISSN 1885-6039

La luz de las ánimas.

Jueves, 10 de Marzo de 2022
Yeray Rodríguez
Publicado en el número 930

Texto leído en la presentación de Los ranchos de Ánimas y de Pascua: la más singular manifestación poético-musical de Canarias, de Maximiano Trapero. Parroquia de San Miguel de Valsequillo (Gran Canaria).

 

 

Durante muchos años las ánimas fueron para mí una vela encendida, aquella que mi abuela, que siempre las tenía en los labios, colocaba en un vaso con más agua que aceite sobre un mueble del patio. El aceite flotaba sobre el agua como la vida sobre la muerte y la vela navegaba en aquella estrechez de cristal sin virarse ni apagarse, como la fe inquebrantable de la abuela, que no había noche que no rezara un padrenuestro por cada muerto de su barrio de Coruña y que no había día que no se acordara de sus ánimas benditas. Por ella supe del purgatorio y de las misas que había que decirle a quienes las necesitaban para alcanzar esa luz que ella encendía y dejar para siempre las tinieblas de la incertidumbre. Por ella y por los otros ancianos de la familia supe de los ranchos de ánimas y de los hermanos del señor, una suerte de cofradía de hombres buenos, apóstoles campesinos y no pescadores que durante los días de Semana Santa vivían su fe a semejanza de aquellos que fue eligiendo el hijo del carpintero. Los recuerdos de mi abuela, cuyo relato era más hermoso que la historia misma, me acercaron a esa fe que atraviesa la vida de nuestra gente y que es la que explica que tantos siglos después sigamos contando en Canarias con ranchos y que especialmente esta isla de Gran Canaria se distinga por la honda seriedad con la que asumen su destino los rancheros que ruegan y juntan dinero cantando para ayudar a los que deben salir del purgatorio, ya sea el que precede al cielo o ya sea el de la lucha cotidiana con los pies en la tierra. Seguramente es más fácil de entender para quien ha conocido esa fe de cerca la fe con la que encaran su compromiso quienes cantan en el rancho en muchas de las ocasiones heredando una misión que se custodia como el más valioso de los tesoros. A mí me llevó la vida por los caminos del punto cubano, pero tarde o temprano tenía que volver sobre mis pasos y encender otra vez en mi alma la vieja vela de aceite de las ánimas, porque el rancho y el punto cubano en Canarias han seguido caminos no paralelos sino absolutamente entrecruzados. Basta repasar los lugares que conservan la costumbre ranchera y rastrear su fe en las décimas para comprobar que no les miento. Teror, La Aldea y Valsequillo, sobre todo este último, son tres enclaves donde rancho y punto cubano han compartido el corazón de un pueblo que en versos de ocho y seis sílabas ha contado su vida. Tampoco es casualidad que Tiscamanita, que conserva su rancho, y todo el municipio de Tuineje, sean la tierra verseadora majorera por antonomasia. Cuando comencé a cantar tuve la suerte inmensa de compartir camino con Antonio Herrera, verseador y ranchero, nacido en Cuba pero hijo de San Isidro de Teror, que hablaba con la misma pasión de las décimas que de su querido rancho, en el que destacaba improvisando como cantador de alante. Bastaba una conversada con él para entender cuánto significaba aquella costumbre de rogar por los que ya no estaban que le llenaba el alma. En los últimos años he tenido la inmensa fortuna de vivir de cerca la intensidad con la que los ranchos asumen su papel, especialmente en Valsequillo y gracias a la generosa pasión de Agustín Calderín y de la familia Sánchez, otra estirpe de punto y rancho que nos enorgullece y que sigue dando frutos y conservando raíces. Y desde hace mucho más tiempo tengo otra inmensa fortuna que es la amistad compartida y la admiración profesada hacia mi querido Maximiano Trapero, que vuelve a hacerme inmensamente feliz al pedirme que lo acompañe en esta presentación que sinceramente me emociona.

 

Trapero y el alcalde de Valsequillo

 

Cuesta decir algo de Maximiano que no se haya dicho ya en verso o en prosa porque dudo de que haya sobre la faz de la tierra alguien que tenga tantos elogios en verso como en prosa y les aseguro que estos últimos son muchísimos. Pero lo cierto es que basta repasar su trayectoria y ver convertidas en libro todas y cada una de las huellas que ha dejado para entender el porqué de esa admiración y gratitud que despierta su concienzudo trabajo. Este libro que hoy nos presenta, Los ranchos de Ánimas y de Pascua: la más singular manifestación poético-musical de Canarias, debe añadirse a una larga lista de títulos que dan muestra de un abnegado compromiso con la cultura tradicional que. si resulta impagable a estas alturas. no dejará de ganar valor, sino todo lo contrario, con el paso de los años. Ha vivido Maximiano con el empeño constante de alumbrar lo oscuro como si, permítanme la arriesgada comparación, quisiera sacar del purgatorio del olvido todo lo que corre el riesgo de no alcanzar el cielo del futuro y la memoria. El romancero, el cancionero, la toponimia, la décima y el verso improvisado y los ranchos de ánimas han encontrado en él el aliado necesario para que el esfuerzo de siglos no caiga en el saco roto del olvido y las prisas de este tiempo que nos toca. Y no basta con el rigor para construir una obra como la del profesor Trapero. Si a todo investigador se le supone además una pasión desmedida por lo que trabaja, al que lo hace en los linderos de la tradición ha de suponérsele siempre más, puesto que solo así se entienden las largas horas de camino y conversación quizá para rescatar un verso o una sencilla referencia que tiene sin embargo un valor incalculable. Eso ha hecho Maximiano durante décadas y tuvo la inmensa fortuna de hacerlo en una Canarias que empezaba a no parecerse a lo que había sido y le dio tiempo, para su suerte y la nuestra, de retratar íntimamente su naturaleza antes de que todo fuera diferente. Y ese esfuerzo, no me cabe duda, no solo ha servido para documentar fidedignamente todo lo hallado sino para dar vigor a una tradición no siempre ponderada y considerada en su justa medida. Siempre he pensado -y estoy seguro de que Maximiano estará de acuerdo conmigo- que el Rancho de Ánimas o el Punto Cubano no son importantes porque se estudien en la Universidad; es la Universidad la que se hace importante si es capaz de salir de sus muros e ir a la búsqueda de tesoros como este que para nuestra suerte conservan vida y vitalidad en nuestras islas. Y eso también lo ha hecho Maximiano, que ha compaginado como pocos las horas de trabajo sedente y concienzudo con las horas de viajes, caminatas y entrevistas que han surtido el extraordinario archivo que generosamente ha puesto a disposición de todos en la red de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, posicionada por su trabajo como referente en estas materias en todo el mundo. Solo un exhaustivo trabajo de campo combinado con las horas necesarias en el cotejo y estudio de lo registrado, explican cómo ha desentrañado Maximiano la compleja estructura del canto de los ranchos, que a quien se cría al pie de ellos les resulta tan familiar, pero que a quien lo siente por primera vez tanto desconcierta. Es un trabajo, además, sumamente integrador, en el que no solo se da noticia de los ranchos de ánimas y de pascua que para nuestra dicha continúan activos, sino que se da cuenta de múltiples referencias de otros que no lo están pero que sin duda explican la intensidad con la que esta tradición se vivió en otros tiempos. Solo puede entenderse la rigurosa hondura del trabajo considerando las horas que ha pasado Maximiano oyendo hexasílabos y desentrañando los mecanismos de una tradición tan sorprendente y valiosa. Por buscar una comparación próxima, quisiera referirme a la tradición del canto a lo divino en Chile, de la que Maximiano es profundo conocedor y a la que también ha dedicado horas de escucha y estudio como en este caso, lo que le ha permitido igualmente alumbrar sus particularidades más interesantes.

 

Cuenta además este libro con la maravillosa portada que Pepe Dámaso preparó para el disco del Rancho de Pascua de Teguise en el que participó otro descubridor de tesoros: Nanino Diaz Cutillas; y con la inestimable colaboración del musicólogo Miguel Manzano, que estudia la música del rancho y complementa con su trabajo todo lo aportado a nivel textual y contextual por Maximiano, para redondear más si cabe una obra que se constituye en una guía referencial para todo lo que tiene que ver con esta manifestación y que se suma a la bibliografía previa, rigurosamente citada y referenciada por este sabio leonés que para nuestra suerte quiso hacer camino al andar las veredas de nuestra tierra.

 

Jóvenes del Rancho de Valsequillo

 

Rancho de La Aldea

 

Es más que hermoso que podamos compartir la presentación del libro con el Encuentro de Ranchos [en la parroquia de San Miguel de Valsequillo, a finales de 2021] que viviremos a continuación, porque una cosa no se entiende sin la otra. El valor del libro de Maximiano es altísimo pero le da mayor significado, como dijimos más arriba, que se trate del estudio de un cuerpo vivo, que sigue dando fruto y que, pese a no tener la incidencia del pasado, sigue mostrando los particulares condicionantes de una tierra como esta en la que, especialmente en Gran Canaria, conviven la modernidad y la tradición de un modo tan armónico como sorprendente. Una isla como Gran Canaria, cotidianamente asomada a la vanguardia, abierta y naturalmente multicultural, cobija en sus entrañas tradiciones como la de los ranchos de ánimas o la trashumancia de los ganados de ovejas por dar otro ejemplo que no dejan de ser una sorpresa constante que dan más valor si cabe a uno y otro extremo del eje del tiempo. Del esplendor de manifestaciones como los ranchos, los años nuevos, el baile del tambor, las loas, las medas o el punto cubano, debe sentirse orgullosa una tierra que ha sabido dar cobijo a sus tesoros como debe hacerse: compartiéndolos, la única manera de que nunca dejen de pertenecernos. Y todos estos tesoros han tenido en Maximiano un excelente custodio que ha revelado para nosotros sus secretos y que ha documentado su vitalidad para que el tiempo no pueda con ellos y para que el presente asuma orgulloso un rumbo que nos sigue ilusionando, como nos ilusiona cada voz joven que canta una décima o que se suma al rancho para ser, como dijimos alguna vez, flores nuevas de árbol viejo.

 

Quién iba a decirme a mí, querido Maximiano, que aquella velita de aceite que alumbraba mi asombro infantil, iba a volver a encenderse en mi corazón en una noche como esta. La abuela que no dejaba que se apagara debe estar en el cielo en el que le harían un hueco todos los que ayudó a entrar con su fe, su luz y sus oraciones. Allí estarán también todos los rancheros que rogaron por los que se fueron antes. Hoy, junto con los que siguen dando sentido a este camino, todos aplauden y agradecen tus pasos generosos, tus pasos de tinta y papel que no dejarán que el rancho se quede sin entrar en el cielo que merece.

 

 

Foto de portada: Rancho de Arbejales-Teror

 

 

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