Ocupó cátedra de Latinidad, Retórica y Poética en La Laguna (Tenerife). Comisionado por la Junta Provincial de esa ciudad, se traslada a Sevilla, en donde obtiene plaza de racionero en la Catedral de Canaria (1809). Reside un tiempo en Las Palmas de Gran Canaria hasta ser promovido a la dignidad de Arcediano de La Palma, en la Catedral de Tenerife. Escribio romances y sonetos conmemorativos, en honor del obispo Encina (1805), a la nave que traslada a la Península al obispo auxiliar de Canaria (1824) o a la llegada de este a Cádiz. De 1832 es su Disertación sobre la utilidad de los árboles y de 1834 su Memoria sobre las ventajas económicas que ofrece la provincia de Canarias. Es autor, asimismo, de La Ynspiración, texto en que se recoge la conversación entre don Pedro y don Santiago Benchomo con el marqués de Villanueva del Prado, publicado en 1857.
