Revista nº 906
ISSN 1885-6039

La comarca de Facaracas y las Cuevas del Caballero de Facaracas.

Miércoles, 24 de Marzo de 2021
Domingo Oliva Tacoronte
Publicado en el número 880

Dos son las ideas fundamentales que vertebran este trabajo: la ubicación de Facaracas, que se corresponde con la zona de Fagagesto-Cortijo de Palominos, y la de las Cuevas o Casa del señor de Facaracas, donde pasó a residir Gumidafe tras su casamiento con Atidamana, en las inmediaciones de Gáldar.

 



Se han propuesto dos lugares: las Huertas del Rey y las Cuevas del Patronato, sin otro argumento que su cercanía a la capital aborigen. Nosotros, a partir de fuentes fidedignas, la situamos en las Cuevas de Las Cruces.

 

I. Facaracas: patria de Gumidafe. Es Abreu quien transmite la tradición de la unificación de los doce cantones en que se hallaba dividida la Gran Canaria precolonial por parte de Atidamana y Gumidafe:

En el término de Gáldar, donde era lo mejor de la isla, había una doncella llamada Atidamana, a quien por sus buenas partes todos respetaban, y tenía en sus palabras tanta fuerza, que movía a lo que ella quería a los naturales. Y así en sus pendencias luego ella los componía y ponía en paz. Pero al cabo de algunos años... considerando que era poquedad suya apaciguar sus debates y pendencias a instancia y persuación de una mujer, no se curaron de hacer lo que la doncella Atidamana les persuadía. Atidamana, como entendió el poco respeto que le iban teniendo... sintiose por afrentada... y, como tenía vivo entendimiento, procuró casarse, y tratólo con un capitán de las cuadrillas que se decía Gumidafe, que vivía en unas cuevas que al presente llaman la Casa del Caballero de Facaracas, junto a Gáldar, por parecerle más valiente y de mayor discreción que los demás... y, efectuándose el casamiento, hicieron guerra a todos los demás capitanes, a los cuales sujetó y puso toda la isla debajo de su dominio y mando” (1).

 

Wölfel, en su Monumenta (2), considera que Abreu puede haber escrito una sílaba de más, aunque no sabe cuál, que “fa” pudiera equivaler a la preposición “sobre” y que solo disponemos de un topónimo parecido: tijaracas, caserío en Artenara. Juan Álvarez Delgado (3), en sus Instituciones políticas indígenas de Gran Canaria, cree que Facaracas o Faracas es errata de Tifaracás, lo que, al existir además la “Cueva del Caballero” en el contorno de Tejeda, le hace pensar que Gumidafe era natural de este cantón. Más modernamente, en la edición de 1986 de la obra de Marín y Cubas, en nota de la página 138 leemos que "no existe el topónimo Faracha o Jaracas en Gran Canaria, tan solo  Tifaracás, montaña de La Aldea de San Nicolás”. Y añade: “De ser  ciertos los datos de los cronistas, las cuevas donde  celebraban Consejo los  aborígenes de Gran Canaria tuvieron que estar donde hoy llaman las cuevas del Patronato o en las Huertas del Rey, a ambos márgenes del barranco de Gáldar” (4).

 

De aquí parece arrancar la denominación que se está dando desde algún sector administrativo y académico a las hasta ahora Cuevas del Patronato, en la unión de los barrancos de Gáldar y Anzo. El nombre Huertas del Rey no debe llamarnos a engaño pues lo toma de uno de los primeros pobladores europeos de la recién conquistada villa de Gáldar que portó ese nombrete, Pedro de Vega, el rey (5).

 

Ahora bien, en los repartimientos de Gran Canaria encontramos en alguna de las peticiones efectuadas ante el escribano mayor del Cabildo, desde 1536 hasta 1552, algunos datos que arrojan mucha luz sobre la exacta ubicación de la comarca de Facaracas. El 16 de octubre de 1536, Martín Valerón pide que se le de “un pedaÇo de tierra de sequero que estan en termino desta villa de Agaldar que estan debaxo de la montaña de Buena Ventura hazia la parte  de las lagunetas... y an por linderos de la una parte de arriba la dicha montaña asta la Palma de LuÇena e por la otra parte tierras de Maria Betancor que fueron de LuÇena y por la parte de abaxo el camino Real que va a Facarcas e por la otra parte un lomo que viene de la dicha montaña a las lagunetas y unas cuevas que estan en las dichas tierras…” (6).

 

Estas tierras son plenamente identificables: son las hoy conocidas como Valerón de Abajo y Valerón de Arriba, lindando, efectivamente, al noreste (hacia el barranco del Pinar) con la montaña de Buenaventura, al noroeste (hacia Los Berrazales) con Lucena, al suroeste con las lomas que bajan de Buenaventura dejando las tierras encajonadas en el barranco. Las Lagunetas deben ser la zona conocida hoy como Los Minaderos y Llano de Las Charcas en la que, posiblemente, hubiera con anterioridad “lagunetas” o charcas. En cuanto al camino Real que va a Facarcas no puede ser el que desde Gáldar pasa por el barranco del Pinar y llega a La Cumbre pues limita estas tierras “por abajo”, es decir, a continuación de las tierras de María Betancor. Debe ser el llamado Camino Cruzado que, viniendo de Teror, en Buenaventura se cruza con el antes citado y se dirige a Facarcas para luego unirse con el que sube de Agaete a Artenara y La Aldea.

 

Después de hechos los preceptivos pregones se le conceden “Çinquenta hanegadas…con que sean fuera de la dicha dehesa de Facarcas”. Esta dehesa debió estar al noreste de los terrenos adjudicados a Valerón, hacia el barranco del Pinar, puesto que los que quedan al sur serían adjudicados en breve a Cherinos. La dehesa fue viendo mermada su superficie en sucesivos repartimientos y hoy queda de ella, como muestra de su pretérito uso comunal, la Majada de La Carreta, en las lomas de Buenaventura, justo en el sitio en que creemos debía iniciarse la Dehesa de Facarcas.

 

Los textos en que aparece el término Facarcas o Facaracas en esta obra son 16 y están llenos de referencias a topónimos hoy bien conocidos: La Rehoya (de Facaracas), La Caldera de Fagagesto, Los Riscos Grandes (sobre Barranco Hondo), Valerón, Cherinos, Coruña, Pabón, Las Mesas, el Cercado, Los Andenes, el barranco del Pinal de Gáldar, etc., que ayudan a situar con exactitud la comarca de Facaracas. Solo ofreceremos uno más que resulta de una claridad meridiana. El 1.º de octubre de 1544 el mismo OcaÇio Pabon pide “treinta fanegadas… en Facarcaz linde con tierras que dyeron a Antonio de Cherinos de la una parte y de la otra con el camino de abajo que traviesa a la Rehoya que dizen de Facarcas y de la otra parte tyerras de GarÇia de la Coruña y de la parte de abaxo Riscos tajados del valle de Agaete que son tyerras calmas e montuosas…” (7).

 

La comarca empezaba en el barranco del Pinar y, abarcando la Dehesa, Buenaventura, Las Mesas, Fagajesto, La Rehoya y La Vega (Palominos), acababa en los Andenes, sobre El Hornillo y El Sao. Varios caminos reales la cruzan, algunos desde el periodo que nos ocupa: 1) El que desde Amagro pasa por las Tres Cruces, a la derecha de Pico Viento, cruza Caideros, llega a las inmediaciones del Estanque de los Muertos, Fagajesto y desde La Rehoya entra hacia Palominos (unido al Camino Cruzado que viene desde Teror); 2) El que desde Gáldar sube por Anzofé, Hoya Pineda, izquierda de Pico Viento y en la Montaña Acebuche se une al 3) camino que también desde Gáldar y Guía va más o menos paralelo al anterior aunque más hacia el municipio de Guía y desde montaña Acebuche sigue hacia el Barranco del Pinar, Caldera de los Pinos de Gáldar y Artenara; 4) el ya mencionado Camino Cruzado; y 5) el camino de arriba de Palominos que pasa junto a la Caldera de Fagajesto. Como se ve una amplia zona, rica en pastos y aguas, con abundantes cuevas. Un lugar perfecto para mantener una población numerosa y a un “capitán” de considerable notoriedad.

 

El nombre de la comarca era bien conocido entonces. Con el paso de los siglos este nombre general fue siendo sustituido por el de los pobladores a quienes se adjudicaron los terrenos o la configuración del mismo, que llega hasta hoy como Cortijo de Pabón, o de Valerón, el barranco de Cherinos, La Rehoya, Los Andenes o la Vega.

 

Pero aún en el siglo XVIII encontramos vivo el término Facaracas asociado a otro de actual vigencia que confirma todo lo dicho y sitúa con bastante exactitud lo que debió ser el centro de Facaracas: las cuevas y vega de Palominos a partir del barranco de La Rehoya (o de Facarcas). Se trata de un testamento dado el 24 de abril de 1776 ante el escribano Miguel Álvarez Oramas, que corrige la copia el 13 de mayo de ese año. En ese día  “D.ª Laurencia de Aguilar y Navarro, de padre honesto hija legitima de Dn. Bartolome Gonzalez de Aguilar, y de D.ª Maria Navarro difuntos vesinos que fueron de esta Villa" (de Gáldar), después de hacer la acostumbrada profesión de fe y de otras disposiciones al uso declara “no haver sido cassada” y una serie de bienes heredados de sus padres entre los que encontramos la siguiente finca: “Item, en el Cortijo de Palominos, termino de esta villa, una suerte de tierra, que se compondrá de tres fanegadas poco mas, ó menos, y es donde dicen: la vega de Facaracas, que linda por abajo con  tierras de la dha. mi hermana Dª Marcela, por un lado, con tierras  del dicho Dn  Domingo mi hermano, y de Dª Franc.ca Navarro mi hermana; y por las  demás partes, con tierras de Dn Salvador Sarmiento, y con la Cordillera” (8).

 

Así pues, en 1776, un año antes de que se empiecen las obras del nuevo templo de Gáldar aún está vigente el nombre de Facaracas conviviendo con el que después lo desplazaría definitivamente, Palominos. El término cordillera sigue siendo hoy entre los habitantes de Palominos cualquier terreno de arrifes, abrupto, por lo que debe referirse a los riscos que caen sobre Barranco Hondo.

 

También en 1776, el 8 de marzo, comparecen ante el escribano Diego de Pineda Betancurt y Josefa Román, marido y mujer, que consignan entre sus bienes unas tierras que lindan con 

“Juan Rodriguez Melian; por la del poniente con tierra de herederos de Diego Rodriguez, vecino que fué de la Vega de Santa Brigida; y as mismo de herederos de Francisco Medina hasta el Barranquillo del Chorrillo, este abajo, y luego cogiendo derecho arriba hasta salir a vista de la Bega de facaracas lindando con tierras de Don Eugenio de Aguilar, y de allí derecho abajo lindando con éste hasta llegar a unos Risquetes, que están  hacia arriba en el Barranquillo, risquetes adelante hasta llegar a un Lomo que cae ál Barranco, este abajo hasta el camino del Portezuelo, y de alli arriba hasta el primero lindero, vajo los quales se comprehenden las Referidas diez y seis fanegadas de tierra” (9).

 

En ese mismo año Viera y Clavijo acaba sus Noticias de la Historia General de las Islas Canarias. En ellas, aunque recoge el término Facaracas en relación al episodio de Gumidafe (10), ignora su situación real y su nombre aparece ya suplantado por La Rehoya, aunque la incluye en Guía, al igual que otros pagos galdenses de las medianías como El Saucillo, Luzana (por Lucena) y El Caidero. 

 

A partir de aquí el nombre Facaracas iría desapareciendo hasta del uso y conocimiento populares. Ya es hora de que lo restituyamos a la patria de Gumidafe. Desde luego llamar Cuevas de Facaracas a las Cuevas del Patronato sería un error tan grave como el que se cometió en su momento denominando a la Montaña de Gáldar con el nombre de Montaña de Ajódar por ignorar entonces el lugar donde se produjo la famosa batalla en que acabó la aventura de Miguel de Muxica y de doscientos de sus vizcaínos. Por eso parece poco acertado que en la Guía del Patrimonio Arqueológico de Gran Canaria aparezca de forma reiterada esta denominación, y que se diga de forma categórica que “aquí (en las Cuevas del Patronato, identificadas como de Facaracas) se convocaba el Sabor, especie de Consejo, que reunía a los guayres...” (11).

 

En época de Abreu (finales del XVI) la zona y su nombre eran bien conocidas, tanto que el 18 de agosto de 1544 “Juan de Çiberio Regidor” suplica unas “tierras de sequero que son en una mesa que esta arriba de Valleseco que a por linderos al camino yzquierda la cueva que dizen de los Corchos el barranquillo arriba e por la otra vanda de la mano derecha el barranquillo que se dize del Polear arriba e por la cabeÇada arriba el camino Real que va para Facarcaz” (12). Él sabe la situación exacta del lugar cuando escribe “vivía en unas cuevas que al presente llaman la Casa del Caballero de Facaracas, junto a Gáldar”, es decir, junto al término de Gáldar, o mejor, cerca de Gáldar, dentro de su término. Pensar que ese “junto a Gáldar” se refiera a “junto al pueblo de Gáldar” es hacerlo con perspectiva actual. Abreu continúa la genealogía de los guanartemes: “Este Gumidafe y Atidamana tuvieron un hijo, que se decía Artemis, que después reinó, en cuyo tiempo vino el capitán Juan de Betancur a la conquista de estas islas; y en un recuentro que tuvo junto a Güimes, lo mataron” (13).

 

Abreu, a escasas líneas de señalar que la Casa del Caballero de Facaracas está junto a Gáldar, escribe que Artemis murió junto a Agüimes, cuando sabe que lo hizo en Arguineguín (14). Por otro lado, Pedro Gómez Escudero, en su Conquista de Gran Canaria (II, 19), después de hablar de la unificación de la isla y de su posterior partición en dos guanartematos dice: “Hauiendo de hacer sus juntas en Gáldar, hauían de ir a ellas los de Telde por hauer su gobierno siempre en Gáldar, en las Cuevas de Faracas junto a Gáldar” (15). Y Marín y Cubas en su Historia: “La guerra era sobre que los de Telde fuesen a hazer Cavildo o Cortes a las Cuebas de Faracha, termino de Galdar” (16).  

  

¿Cabe pensar que estas juntas se hicieran entonces en la comarca natal de Gumidafe, en los Altos de Gáldar? Es posible. Se halla en una de las principales rutas entre el norte y el sur de la isla y en los documentos vistos se habla de “los corrales de las vacas” (que bien pudieran ser construcciones anteriores a la conquista, con diferente uso), “el corral viejo de Facarcas”, “un caserón o corral de canarios”, aparte de la abundancia de cuevas (17). Ahora bien, Abreu, que acaba su Historia en torno a 1600 y es por tanto quien primero escribe sobre Facaracas, dice otra cosa. Acaba con lo referente a Gumidafe, Atidamana y Facaracas, y después, hablando de la partición de la isla entre los hijos de este matrimonio, añade: “Y, porque sus padres habían residido en Gáldar, acordaron estos dos hermanos que sus juntas o congregaciones, que ellos llamaban sabor, se hiciesen en Gáldar, y los de Telde fuesen a ellas” (18).

 

Marín y el último redactor de la obra de Escudero escriben a fines del XVII, casi un siglo después, y conocen la zona, pero confunden los datos, el predio natal de Gumidafe y el lugar elegido para las juntas, unificándolos (hecho muy común entre nuestros historiadores) y creando así nuevas confusiones.

 

En resumen, Abreu, primero que aporta el término, dice: Gumidafe era de Facaracas, junto a Gáldar, y los canarios hacían sus juntas en Gáldar; Marín y Escudero unifican: los canarios se juntaban en Facaracas, junto a Gáldar; por tanto, se piensa posteriormente, Facaracas estaba en (=junto) a Gáldar.

 

Creo que este ha sido el camino de la confusión y los documentos referidos dejan clara la ubicación real de la comarca de Facaracas. Téngase en cuenta una cosa más. Las palabras aborígenes que comienzan por fa- son escasas (Famara, Fataga, Falairaga) y siempre designan lugares situados en lo alto. En esta zona, aparte de Facaracas, encontramos otro, Fagajesto, muy cercano fonológicamente (sus dos primeras sílabas son iguales ya que la /g/ no es más que la sonorización de la /k/). Aun se podría pensar que, una vez unificada la isla y establecida la residencia de Gumidafe y Atidamana cerca de Gáldar, aquella pasara a llamarse la Casa (o La Cueva) del (que es, o era) Señor de Facaracas, en la línea de lo que dice Viera en sus Noticias: “Gumidafe y Andamana, primeros guanartemes, reyes y conquistadores de Canaria, se establecieron en el cantón de Gáldar, su  antiguo domicilio, y formaron su real palacio de una célebre gruta que todavía se conservaba forrada en maderos de pino en tiempo de nuestro  autor (Abreu) y era llamada “la Cueva del Caballero de Facaracas”. A esta corte procuraron atraer la primera nobleza y flor de los hombres más valerosos que había en la isla, sobre la cual reinaron pacíficamente, hasta que por  fallecimiento de ambos heredó el trono su hijo Artemi Semidán” (19).

 

Este conjunto de cuevas sabemos que se hallaba donde hoy está la iglesia de Gáldar, no en las Cuevas del Patronato. Lo cierto es que en los años en que la piqueta cristiana demolía lo que quedaba del viejo palacio de los guanartemes, en el centro de Gáldar, doña Laurencia de Aguilar y Navarro, que vivía en la Calle Larga, sabe que la Vega de Facaracas está en el Cortijo de Palominos y desconoce por completo que las Cuevas (del Señor) de Facaracas estén en medio de Gáldar, o “junto a ella”, es decir, en la otra margen del Barranco Real, junto al que posee una suerte de tierras.

 

La aparición de nuevos documentos hacen vigente el término hasta, al menos, los comienzos del siglo XX. El 30 de marzo de 1901, Bartolomé González Falcón, vecino de Agaete, y María Ramos Díaz, su mujer, piden al ayuntamiento de Gáldar amillarar a su nombre varios terrenos, hasta ahora a nombre de otros, situados en la Vega de Facaracas, que sus linderos sitúan en el actual Palominos.

  “21ª. Un trozo de terreno de secano situado en la Vega de  “Facaracas”, que linda por el naciente con terrenos de Don Mariano Pineda, por el poniente con el barranquillo, por el norte terrenos de heredero de Juan  Molina y por el sur con otros de los de Antonio Gonzalez...”
   22ª. Otro trozo de terreno, de secano, labradia y arrifes, situado en el mismo punto que el anterior, que linda por el naciente con el Lomo y terrenos de herederos de D. Antonio de Vega y de los de Antonio Molina, por el poniente el risco de Palomininos, por el norte terrenos de Agusrin Garcia y por el sur con el camino público...”.
  23ª. Otro trozo de terreno de secano, labradio y arrifes, también en la misma situacion que linda por el nociente y poniente con el camino público, por el norte con terrenos de herederos de Vicente Betancort y por el sur con otros de herederos de Antonio Rodriguez...”
  26ª. Otro trozo de terreno de secano situado en la Vega de Facaracás donde dicen el “Anden”, que linda por en naciente y poniente con el camino público, por el norte con terrenos de herederos de Antonio Rodriguez, y por el sur con otros de los de Vicente Betancort...”.
  32ª. Otro trozo de trerreno de secano situado donde llaman “Vega de  Facaracás”, que linda por el naciente, terrenos de Don Mariano Pineda, por el poniente barranquillo; por el norte terrenos del recurrente y por el sur otros de Blas Rodriguez ...” (20).

 

II. La Casa del Caballero de Facaracas. Pero cabe otra posibilidad. En los primeros años del siglo XVIII se efectúan unos repartos de tierras en Amagro, que son estudiados por Vicente Suárez Grimón en su Historia de la propiedad pública, vinculada y eclesiástica: "Por acuerdo del Cabildo de 7 de diciembre de 1708 se remataron por espacio de tres años las tierras de la Piedra del Agua, en la montaña de  Amagro... Estas tierras lindaban por abajo con el Camino del Juncal y llega al Barranquillo que linda con las tierras de don Fernando de Aguilar, otro lado Barranqueras que bajan de Amagro” (21).

 

La Piedra del Agua, junto al cementerio de San Isidro, y las tierras de Fernando de Aguilar, en San Isidro el Viejo, al otro lado de la carretera que va de Gáldar a Agaete, así como el viejo Camino del Juncal, paralelo en este tramo a la citada carretera hacia el este, y que desde esa playa continúa hasta Agaete, dejan muy clara la situación de estas tierras. En varias de las concesiones se habla del Barranco de las Juntas que, se desprende de los documentos, debe ser el que se origina cerca de la ermita de San Isidro el Viejo y discurre hacia el oeste paralelo a la carretera, lindero de las Cuevas de Las Cruces, y se une a otros para desembocar en El Juncal.

“En el lugar de Galdar a once de henero de mil setecientos quinse  años... Antonio de Carvajal... hizo obligacion” de pagar 20 reales “por razon de las tierras que disen la Rosa de doña Angela, la Rosa de Cabrera y la Rosa que se desia la Rosa de Sambrano, que todas seran dies fanegadas poco mas o menos, que lindan por una parte el camino real que ba a dar a una Crusita que esta en la Rosa de Cabreras hasiendo lindero por la orilla de abajo quedando dentro de dichas rosas a dar a la rosa de Sambrano de dicho barranco que llaman de las Juntas” (22).

 

El mismo 11 de enero de 1715, don Diego de Quintana, vecino de Gáldar, se obliga a pagar 10 reales por “dies fanegadas de tierra en las de Almagro, a onde disen la casa del Cauallero...” (23). Estas tierras lindaban con las de Antonio Carvajal y Francisco Betancourt que llegaban al Barranco de las Juntas. Las juntas pueden referirse a las que los pastores hacían en sus traslados desde la Cumbre a Amagro (por aquí pasa uno de los caminos reales “de mar a cumbre”). Y esta casa del Caballero podría ser la del Caballero de Facaracas. Debemos tener presente que, a comienzos del XVIII, toda esta zona estaba deshabitada. ¿Qué caballero podía haberle dado nombre? El término debe hacer referencia a un hecho más antiguo y no puede provenir mas que de la época precolonial.

 

El reparto de esta zona, y del resto de Amagro, se completó, a favor del Hospital de San Lázaro, en 1747 (24). En varias de las suertes encontramos de nuevo la Casa del Caballero, asociada a otros topónimos que ayudan a situarla con precisión. El 24 de abril de 1747, Bernarda González traspasa a Juan Ruiz de Quesada la suerte que le tocó en el reparto del terrasgo de Amagro “contra el Varranco del Agasal lindando con el Varranquillo y por el otro lado con el Varranco de los Charcos del Soldado” (25). El 23 de mayo de 1747, Francisca Cabral, la Sorda, hace lo mismo pero a Antonio Ruiz de Quesada con su suerte “que es en la ladera de la cassa del Cauallero lindando por la parte de avaxo con el camino principal (?), por encima con la Línea...” (26). El 6 de agosto de 1747, Marcos de Medina y Quesada, vecino de Gáldar, consigna “la suerte de tierra labradia que le toco y pertenecio del reparto del terrasgo de Amagro, en la Ladera de la Cassa del Cauallero, con el troso montuoso en la Umbria del Serrillar, linda la referida suerte por la parte de Arriba con el Risco...” (27).

 

El 4 de noviembre de 1748, Antonio Castrillo traspasa su suerte labradía que “esta en el Varranquillo de la Cassa del Caballero, que linda por la parte de Arriba con el camino, por la parte de abajo con el Varranco” (28). El 4 de febrero de 1750, Francisca González traspasa a Juan Ruiz Quesada la suerte que “esta en la hoya del Varranco del Soldado, lindando con el varranco” (29). El 26 de marzo de 1751, Juana Perdomo, viuda de Juan Pérez, traspasa a Juan Ruiz Quesada su suerte  situada “en el lomito de la cassa del Cauallero, del camino abajo, lindando con el Varranco de los Charcos por un lado, con el barranquillo por el otro...el pedazo montuoso que esta en el tercero Lomo del Serrillar y el barranco del  Ancon” (30).

 

El 16 de noviembre del mismo año, Sebastián Falcón hace lo propio a Pedro Martín con su tierra del “Lomito de la Cassa del Cauallero lindando... por la parte de arriba La Linea y por debajo el camino...” (31). El 22 de abril de 1752, Baltasar de la Rosa traspasa a Juan de Saavedra su suerte que linda “por la parte de Abajo el Camino la qual esta en la ladera de la Cassa del Cauallero...” (32).

 

El topónimo que resulta más esclarecedor es el barranco de los Charcos del Soldado -en su versión más completa- junto al que se halla el lomito de la Casa del Caballero. Con ese nombre aparece en una solicitud de amillaramiento que el 30 de marzo de 1902 realiza Ramón Saavedra Orihuela:

“Que soy dueño de una suerte a pan sembrar y riscos, situada en los “Llanos de Quintana” de este término, que mide aproximadamente una fanegada y seis celemines, lindando al Naciente con tierras de Don Francisco Mederos Molina, al Poniente con los linderos de herederos de Doña Dolores Acedo, al Norte con barranquillo llamado “Charco del Soldado” y al Sur tierras de Don Juan Gonzalez y camino que vá a Agaete” (33).

 

Es el que nace junto a la ermita de San Isidro el Viejo y discurre hacia el norte, entre la carretera que va a Agaete y el viejo camino de Laguete, al que se van uniendo el barranco de Hoya de Vargas, el de Campitos, El Canario y El Palomar hasta desaguar en el de Gáldar. En su cabecera -de la que también parte otro barranquillo que pasa delante de las cuevas de Las Cruces- pervive una junquera, seña del naciente que hubo hasta hace medio siglo y que está en el origen de los charcos en los que se bañaban los chiquillos de Las Quintanas que hoy tienen 40 años, lugar donde todavía se mantiene la denominación original, aunque hoy es más común la de barranco del Soldado.

 

Si esto fuera así tendríamos que ubicar la primera residencia de Gumidafe, tras la alianza con Atidamana, es decir, la Casa del Caballero de Facaracas, en las actuales Cuevas de Las Cruces. El conjunto principal forma una media luna, pero antes de que se abriera la carretera hacia Agaete estaba constituido por un círculo de cuevas altas en torno a un patio central, aparte de otras cuevas inmediatas de las que se conservan vestigios. Además, en la otra margen del barranquillo al que se asoma, pervive un importante poblado troglodita probablemente habitado de forma ininterrumpida desde la antigüedad. En estas, que para Batllori y Lorenzo constituyeron el barrio principal de la Gáldar precolonial y que erróneamente llama Agumastel, se encontraron multitud de momias en cuevas con las paredes llenas de pinturas (34). Es fama que aquí fue apresado Tenesor Semidán con sus parientes por la guarnición española establecida en el fuerte de Agaete pues entre este emplazamiento y Gáldar no existe ningún lugar que resulte adecuado para la pernoctación de un grupo numeroso de personas.

 

Por tradición familiar muy cercana sabemos que en estos llanos circundantes, en años de lluvia “la hierba no dejaba ver las vacas”. A unos hectómetros se encuentra la fuente de Grecia, y a escasos metros otra, en cuyas inmediaciones se cogía barro para hacer loza hasta tiempos recientes, además de los diferentes nacientes que hacen correr el agua por el fondo del barranco, aún hoy, hasta casi el mar. Los terrenos aledaños, de Amagro y Pico Viento, son idóneos para el pastoreo.

 

¿Es posible que Gumidafe, natural de Facaracas, al casarse con Atidamana se estableciera en el lugar en que esta habitaba, cerca de Gáldar, para desde aquí regir los destinos de la isla, y solo posteriormente, una vez bien sometida la nobleza galdense, pasar a lo que después sería el palacio de los guanartemes, en el centro de Gáldar? El profesor Juan Álvarez Delgado, en sus citadas Instituciones, es quien primero dice que Atidamana, harimaguada principal, debía vivir cerca del santuario de Tirma o del de Amagro (35). Por eso llamarían, como dijimos, a esta residencia las Cuevas (o la Casa) del Caballero (o Señor) (que es –o fue) de Facaracas.

 

III. Conclusión. La comarca de Facaracas, patria de Gumidafe, se extendía desde el barranco del Pinar hasta Palominos, donde debió estar su núcleo principal pues es su vega la que conserva la denominación hasta entrado el siglo XX. Gumidafe (el Caballero de Facaracas) y Atidamana, tras su casamiento, fijan su residencia cerca de Gáldar ante el recelo de la nobleza galdense. Esta primera residencia pasó a llamarse la Casa del Caballero de Facaracas. Una vez pasada aquella oposición se establecieron en el centro del pueblo, en lo que durante siglos se conoció como el palacio de los guanartemes. Aquí, en el cercado que luego se transformaría en plaza, debieron celebrarse las juntas de los canarios de toda la isla, no en la casa o cuevas del Señor de Facaracas, pues a estas juntas y justas acudían los de Telde después de la división de la isla acaecida tras la muerte de Artemi Semidán, hijo de Atidamana y Gumidafe. Caso de identificarse inequívocamente la localización de aquella residencia temporal de los unificadores de la isla, nunca debería llamarse Casa o Cuevas de Facaracas, sino Casa o Cuevas del Caballero de Facaracas.

 

No existe ningún argumento, y sí algunos -expuestos arriba- en sentido contrario, para denominar como tal a las Cuevas del Patronato, salvo que están junto a Gáldar, lo cual parece baladí. El único lugar al que la documentación, todavía del siglo XVIII, la idoneidad habitacional y defensiva, y alguna referencia histórica nos conducen es a las cuevas de Las Cruces. Sea como fuere, tanto el magnífico conjunto de las Cuevas del Patronato, como estas en torno a la Casa del Caballero o de Las Cruces, se encuentran en un estado de conservación deplorable, dejadas de la mano de quienes tienen el deber de protegerlas.

 

 

Notas

(1). Abreu, 1977, II, 7, p. 171. Todos los subrayados del texto son nuestros.

(2). Wölfel, 1996, V, 238, p. 864.

(3). Álvarez Delgado, 1982, p. 299.

(4). Marín, 1986, p. 138, nota.

(5). Los dos ejes fundamentales de este artículo, el emplazamiento de la comarca de Facaracas y el de la Casa del Caballero de Facaracas, ya fueron expuestos en un trabajo de 2002, Onomástica aborigen de Canarias, Editorial Benchomo, 2003. En el presente se aportan nuevos documentos que vienen a reafirmar lo allí expuesto.

(6). Repartimientos, 1998, doc. 83, p. 189.

(7). Ibídem. 138, p. 206.

(8). AHPLP, Protocolos notariales, escribano Miguel Álvarez Oramas, legajo 2420, años 1776-7, f. 181.

(9). Ibídem, f. 113 y ss. El término portezuelo, aquí consignado, parece hacer referencia a algún tipo de paso entre los cantones precoloniales, en este caso entre el de Gáldar y Agaete. Vivo en la toponimia menor de la zona, es la primera vez que lo encontramos documentado en fuente escrita. Véase: http://toponimograncanaria.blogspot.com/2013/03/portichuelo-y-portichuelos-el-y-los.html

(10). Viera, 1967, II, 21, tomo I, p. 195 y XV, tomo II, p. 396.

(11). Guía del Patrimonio Arqueológico de Gran Canaria, 2005, p. 279.

(12). Repartimientos, 1998, doc. 123, p. 187.

(13). Abreu, 1977, 2, VII, p. 171.

(14). Ibídem, XIV, pp. 70-1: “Vino con buen tiempo a Canaria, y tomó puerto en el Arganegín, donde desembarcó toda su gente y puso en orden, entrando con cuidado la tierra adentro. Los canarios, que vieron gente extrajera y armada, y tantos juntos, apellidándose unos a otros, se juntaron mucha cantidad de ellos, viniéndoseles a poner delante y defender la entrada, con un capitán o rey que se decía Artemís; el cual acometió a los cristianos con grande ánimo y esfuerzo, y todos los demás canarios que iban en su seguimiento, tirando muchas piedras y dardos y palos, que no había onda ni ballesta que con tanta fuerza disparase de sí piedra y jara, yunas varas tostadas como dardos, que pasaban un hombre de a  parte a parte, y a una adarga. Y, aunque Juan de Batancur con su gente se defendían con mucho ánimo y valor, haciendo cosas señaladas, fué el acometimiento del rey Artemís y de los demás canarios tan animoso y con tanta fuerza y determinación, que no pudieron resistirlos, aunque murieron muchos de los canarios. Y así se fueron retrayendo los cristianos y recogiendo la vuelta de los navíos, con hartos menos, y de los canarios con hartos muertos, muriendo en esta refriega su capitán o rey Artemís. Y por momentos acudía gente de refresco a la revuelta, que se hallaron a la refriega más de cinco mil canarios juntos”.

(15). Gómez Escudero, 1978, p. 441.

(16). Marín, 1986, I, XVII, p. 138.

(17). En 2003, Jorge Onrubia Pintado, La isla de los guanartemes, Cabildo de Gran Canaria, partiendo de los mismos documentos, llega a parecidas conclusiones.

(18). Abreu, 1977, II, 7. pp. 171-2.    

(19). Viera, 1967, II, 21, p. 195.

(20). AMG, Amillaramientos, legajo 4, doc. 38, 1902 , f. 62v.

(21). Suárez Grimón, 1987, pp. 311-2.

(22). AHPLP. Protocolos notariales. Escribano Lucas Betancourt Cabrera, legajo 1479, años 1713-5, f. 290 v.

(23). Ibídem, p. 291.

(24). Suárez Grimón, 1995, pp. 541-583.

(25). AHPLP, Protocolos notariales. Escribano Juan Ruiz de Miranda, legajo 2403, año 1747, f. 130 v.

(26). Obídem, f. 158.

(27). Ibídem, f. 219.

(28). Ibídem, f. 261 v.

(29). AHPLP, Protocolos notariales. Escribano Juan Ruiz de Miranda, legajo 2405, años 1749-50, f. 31.

(30). AHPLP, Protocolos notariales. Escribano Juan Ruiz de Miranda, legajo 2406, años 1751-2, f. 47v.

(31). Ibídem, f. 254.

(32). Ibídem, año 1752, f. 119.

(33). AMG, Amillaramientos, legajo 4, doc. 41, año 1902,  f. 38.

(34). Batllori, 1901, p. 75. “Agumastel surge desde una de las vueltas de a carretera que cruza la solitaria llanura, escalonado, en anfiteatro, sobre las estribaciones del Almagro, bordeando luego el barranco de las Cruces hasta muy cerca de su puerto, donde aprisionada entre un semicírculo de altas rocas, el mar sin oleaje recoge las aguas salobres que corren continuamente por bajo los resecos junquerales. En la aridez del monte donde solo crecen algunos cardones y tabaibales, las innúmeras grutas de Agumastel se agrupan con sus puertas eternamente abiertas al Poniente como si todavía aguardaran en el ocaso de aquel majec con el que se hundió para siempre la libertad de aquel pueblo, el retorno de sus moradores... de los cuales aún se encuentran en su interior vestigios, cenizas, troncos de sabina carbonizados que conservaron siempre el fuego sagrado, molinos para hacer gofio, cacharros primorosos y pintaderas,restos de su civilización, sus huellas, los recuerdos de su paso por la peña atlántica donde ni sus huesos repsorán en paz... El cementerio de Agumastel, hermosa gruta llena de momias colocadas cuidadosamente, respetuosamente, á lo largo de sus paredes cubierta de pinturas, fué hace años descubierto por los obreros que construyeron la carretera que atraviesa aquellos lugares. La piqueta y el azadón hábilmente manejados hicieron polvo los despojos de aquel pueblo que desapareció por haber querido ser libre y que ni muerto tiene derecho á reposar en paz en un rinconcito de la tierra que le perteneció. Agumastel y su barranco perdieron su nombre primitivo por el de las  Cruces. Para mí es ésta la población aborígen más compieta que se conserva del pueblo canario. A su puerto le llaman hoy del Juncal”.

(35). Álvarez Delgado, 1982, p. 299.

(36). Hernández, 2004, pp. 797-8 y 804. Estas piezas y otros fragmentos de vasijas, fueron donados al Museo y Servicio de Investigación Prehistórica de Valencia por el comandante Mariano Jornet Perales, que los había recogido en Gáldar, en enero de 1917, en la finca “Las Cuevas”, pago de Marmolejo, por deferencia de su propietario, Rafael Rodríguez Ríos. Acerca de la localización de esta finca, el profesor Mauro Hernández apunta la posibilidad de que se refiera al yacimiento Las Cuevas situado junto a Las Cruces en la Carta Arqueológica de Gáldar, o al que se refiere Jiménez Sánchez (1946, p. 41) cuando dice “Regresando hacia Gáldar y en los lugares conocidos por Marmolejo, Taya, Anzofé y Silos vimos cuevas viviendas de carácter semejante a las ya descritas, y actualmente habitadas”. A partir de la información suministrada por los biznietos de Rafael Rodríguez Ríos, esta finca se correspondería con las Cuevas del  Patronato. En ningún caso con las Cuevas de Las Cruces, donde el mencionado propietario no tenía finca alguna. Además, estas cuevas y terrenos adyacentes fueron de propiedad municipal, pertenecientes al terrazgo de Amagro, hasta hace escasos años, y se encuentran bastante alejadas del  pago de Marmolejos (Rafael Rodríguez Ríos fue alcalde de Gáldar desde el 1 de julio al 3 de diciembre de 1897 (AMG, Actas).

 

 

Fuentes y bibliografía

I. Fondos de archivos

AHPLP: Archivo Histórico Provincial, Las Palmas de Gran Canaria.
Protocolos notariales: legs. 1479, 1747, 1751, 1752, 2403, 2405, 2406, 2420.

AMG: Archivo Municipal de Gáldar

Actas. Comisión de Gobierno.

Amillaramientos: leg. 4.

 

II. Documentos publicados

Repartimientos, 1998.

Repartimientos de Gran Canaria, edición de Manuela Ronquillo y Eduardo Aznar Vallejo, Museo Canario-Ediciones del Cabildo Insular de Gran Canaria.

 

III. Fuentes narrativas impresas

Abreu Galindo, Juan de, Historia de la conquista de las siete islas de Canaria, Goya ediciones, Santa Cruz de Tenerife.

Gómez Escudero, Pedro, La conquista de Canaria, en Morales Padrón, Francisco, Canarias: Crónicas de su conquista, El Museo Canario, 1978.

Hernández Pérez, Mauro S., "Recuperando Patrimonio. Arqueología Prehispánica Canaria en la Comunidad Valenciana", Anuario de Estudios Atlánticos, n.º 50, pp. 781-805, Madrid-Las Palmas.

Marín de Cubas, Tomás Arias, Historia de las siete islas de Canaria, Real Sociedad Económica de Amigos del País, Las Palmas de Gran Canaria.

Viera y Clavijo, Joseph de, Noticias de la Historia General de la islas Canarias, Goya ediciones, Santa Cruz de Tenerife.

 

IV. Obras generales y artículos

Álvarez Delgado, Juan, "Instituciones políticas indígenas de Gran Canaria, II", Anuario de Estudios Atlánticos, 28, pp. 265-341, Madrid-Las Palmas.

Batllori Lorenzo, José. “Agumastel”. El Museo Canario, Tomo X, Cuaderno 7, pp. 73-75.

Guía del Patrimonio Arqueológico de Gran Canaria, ediciones del Cabildo de Gran Canaria, Las Palmas.

Jiménez Sánchez, S. ,1946: Excavaciones arqueológicas en Gran Canaria, del Plan Nacional de 1942, 1943 y 1944. Informes y Memorias, núm. 11, Madrid.

Oliva Tacoronte, Domingo, 2002: Onomástica aborigen de Canarias, Editorial Benchomo, Las Palmas de Gran Canaria-Santa Cruz de Tenerife.

Suárez Grimón, V. 1987: La propiedad pública, vinculada y eclesiástica en Gran Canaria en la crisis del Antiguo Régimen, tomo I, Cabildo Insular de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria.

_______________1995: "Gran Canaria: Tierras pobres para los pobres: la data del Hospital de San Lázaro en Amagro (Gáldar), El Turmán, Cuevas Blancas y La Calera (Agaete)", Homenaje a Antonio Béthencourt Massieu, Vol. 3, Cabildo Insular de Gran Canaria, pp. 541-583.

Wölfel, 1996: Monumenta Linguae Canariae, Dirección General del Patrimonio Histórico.

 

 

Foto de portada: Facaracas (tras los árboles) desde las Cuevas de Las Cruces, enero 2021 (Domingo Oliva Tacoronte)

 

 

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