Revista nº 858
ISSN 1885-6039

Pregón de Nuestra Señora de la Peña 2012.

Lunes, 21 de Septiembre de 2020
Genoveva Torres Cabrera
Publicado en el número 854

Rescatamos este interesante texto, pregón de la fiesta majorera por excelencia de 2012, a propósito de la reciente y extraña celebración de este año de pandemia. Su autora es Genoveva Torres, profesora de Filología Hispánica en la ULPGC, y versa fundamentalmente sobre toponimia majorera.

 

 

Deseo, en primer lugar, manifestar el inmenso orgullo que siento, como hija de Fuerteventura, el que fuera designada para pronunciar este año de 2012 el pregón de la fiesta más importante de Fuerteventura, la de la Virgen de la Vega de Río Palmas, la Virgen de la Peña, patrona de esta isla. Me siento muy afortunada por el hecho de me dieran la oportunidad de aportar mi granito de arena a estas fiestas que, desde niña, viví con una enorme ilusión. Por ello, doy las gracias a aquellas personas que tomaron una decisión que tanto me honra.

 

Si pregón significa ‘la publicación que en voz alta se hace en los sitios públicos de algo que conviene que todos sepan’, difícil se me presentaba esta tarea, pues ¿qué podría comunicarles a ustedes que conviniera que supieran si ya saben que se va a celebrar la fiesta de la Virgen de la Peña y, además, ya conocen, gracias a los medios de comunicación, qué actos va a haber? Todavía, si viviéramos en una época en que tuviéramos que ir por las plazas de toda la isla anunciando los actos de esta fiesta, tendría muy fácil cumplir con la tarea que se me ha encomendado, aunque muy cansado, todo hay que decirlo.

 

Por otro lado, si pregón también significa ‘discurso elogioso en que se anuncia al público la celebración de una festividad y se le incita a participaren ella’, y esta es la acepción que debemos tomar en este contexto, no es fácil elaborar uno cuando no se es la primera en estos asuntos, pero esta tarea se torna más ardua si tenemos en cuenta, sobre todo, la labor de mis antecesores: se han realizado magníficos pregones con variadas temáticas.

 

¿Qué puedo decir, entonces, en un pregón que dé comienzo a una fiesta que siempre ha sido de gran orgullo para los majoreros y que pueda considerarse de interés público? Aplico el término majorero tanto a las personas nacidas aquí, como a las nacidas en otros lugares, pero que viven y desean seguir viviendo en esta isla y se sienten majoreras.

 

Decidí, entonces, hablar de los recuerdos de unas fiestas que, año tras año, desde la niñez hasta la edad adulta, iban acomodándose en mi memoria. Y quiero hablar de ellos porque pienso que, en cierto modo, pueden ser los de todo el pueblo de Fuerteventura, pero también me gustaría realizar mi pequeña aportación al estudio de los nombres de algunos lugares de esta isla, actividad a la que me he dedicado en los últimos años. Así, pues, con la esperanza de que esos recuerdos sean compartidos por todos, me gustaría que hiciéramos juntos un recorrido por el pasado y por el espacio y llegar, nuevamente, al presente y a este sitio, la Vega de Río Palmas, pero antes debo confesarles que llevo más de treinta años dedicada a la docencia y que esta ha sido una de las clases más difíciles que me ha tocado preparar.

 

Si nos adentramos en el túnel del tiempo, las fiestas en honor de la Virgen de la Peña se celebraban en fechas diferentes de la actual y fue a partir del siglo XIX cuando se fijó la del tercer sábado de septiembre, aunque desde la víspera los majoreros de toda la isla acudían a pagar sus promesas a su Patrona que, por entonces, había sido trasladada desde la ermita de Malpaso hasta su actual ubicación en un pueblo de nombre tan bonito: Vega de Río Palmas, “un lugar tan bien bautizado”, como dicen los estudios dedicados a investigar los nombres de los lugares, pues no todas las ciudades ni todos los pueblos pueden presumir de tener un nombre tan transparente, tan bien puesto, que describa de manera tan precisa el lugar que vieron los conquistadores normandos: una vega cruzada por un cauce de agua con palmas en sus márgenes.

 

Podríamos preguntarnos por qué eligieron el nombre palma y no palmera, podríamos preguntarnos por qué no se llamó Vega de Río Palmeras. Porque entonces, cuando se le puso este nombre a este lugar, la palabra palmera no existía en español: empezó a usarse mucho después, a partir del siglo XVIII, tres siglos después de que se le pusiera el nombre.

 

Como decíamos, estas fiestas empezaban la víspera del tercer sábado de septiembre con la llegada de los majoreros de todos los rincones de Fuerteventura, primero, en camellos engalanados y, más tarde, en camiones adornados, precisamente con palmas, tapados con encerados, pues estos vehículos servían como casa de campaña: allí se comía, se sesteaba, se jugaba a la baraja y se conversaba. O se desplazaban en aquellas guaguas que parecían hechas de papel por aquella carretera con tantas curvas y con tanto precipicio. Pocos eran los majoreros que llegaban en coche propio, pues la mayoría, por no decir casi todos, no lo tenía. Los tiempos cambian y, poco a poco, veíamos cómo esos camiones iban desapareciendo y esas guaguas de papel fueron sustituidas por otras más modernas y, cada vez más, los majoreros llegaban en sus propios coches.

 

Recuerdo que todos respiramos cuando se hizo la carretera que unía Antigua con Betancuria; de este modo, se accedía a la Vega de Río Palmas por una carretera, mientras que la otra se habilitaba para salir del pueblo. Ya no nos encontrábamos con coches de frente. Porque había que ver cómo sufríamos con esas curvas que empezaban en Sice y terminaban en La Vega, mucho respeto a esa carretera por parte de los habitantes de una isla esencialmente llana.

 

Llegábamos y lo primero que hacíamos era acudir a esta preciosa ermita para ver a la Virgen, tan pequeñita, con los ojos cerrados y con un niño al que le faltaban un brazo y una pierna. Impresionaba mucho para una niña esa imagen mutilada del Niño. Los mayores contaban historias de esa mutilación, como la de que una mora intentó arrebatarle el Niño a la Virgen, pero como esta intentó evitarlo, la mora tiró del hijo hasta romperle esos miembros. La Virgen, entonces, ante tanto dolor, cerró sus ojos. Una leyenda más entre las numerosas que existen en esta isla tan dada a crear historias que llenaran las largas noches oscuras de épocas pretéritas en las que los vecinos se juntaban en casas de amigos para escuchar esos relatos.

 

Impresionaba mucho para una niña esa imagen mutilada del Niño, pero también impresionaba ver a los peregrinos que se acercaban a la ermita con las rodillas ensangrentadas y las caras llenas de dolor para pagar alguna promesa hecha a la Virgen.

 

Llegó el tiempo de la adolescencia, el tiempo de la creación de las pandillas, cuando los jóvenes reafirman su personalidad y dejan patente su rechazo al mundo de los adultos. ¡Qué mejor espacio que el de la Vega de Río Palmas y qué mejor fecha que la celebración de la fiesta de la Virgen de la Peña para manifestar todas esas emociones! Porque la red social más importante se inventó en la fiesta de la Vega de Río Palmas. Casi me atrevo a afirmar que las actuales herramientas sociales no han logrado crear una red de amigos tan importante como la que se establecía en esta fiesta, y además, nuestros amigos eran reales, no virtuales. Era tal la osadía adolescente que, en alguna ocasión, tomamos el local del Cabildo como lugar para bailar al ritmo de los últimos estilos musicales. Fuimos invitados a abandonarlo, pero ello no impidió que, con reproductor portátil de discos de vinilo en mano, continuáramos con nuestro baile en la calle, delante de la puerta del mencionado local; eso sí, muy enfadados porque considerábamos que el local era del pueblo; enfadados, pero bailando.

 

Todos presumíamos, entonces, de conocernos unos a otros; no importaba si no sabíamos los nombres de todos, nos bastaba con saber que una persona era de Tetir, de Pájara, del Puerto (creo que pocos majoreros decimos Puerto del Rosario), de Agua de Bueyes, de Antigua, de Tuineje,de Tiscamanita, de Casillas del Ángel, de Gran Tarajal, de Triquivijate, de La Oliva... No puedo nombrar todos los lugares desde los que venían a la Vega de Río Palmas los habitantes de Fuerteventura, pero sí puedo hablar de los que dan nombre a los seis municipios de la isla: Antigua, Betancuria, La Oliva, Pájara, Puerto del Rosario y Tuineje. Y me gustaría hablar del origen de esos nombres, pero antes quiero nombrarles un cantar que Unamuno oyó en Las Palmas y que dice así:

Ni en Puerto Cabras hay cabras,
ni en La Oliva hay un olivo,
ni pájaros en la Pájara,
ni en la Antigua hay nada antiguo.

 

Pero, según Unamuno, eso no era verdad porque en Puerto Cabras hay cabras; y en su mar, cabrillas; que si bien en La Oliva no vio un olivo, en Pájara hay pájaros; y que hay algo antiguo en la Antigua, pero que más que antiguo es eterno: el clima. Como en toda la isla.

 

Descubrir el origen y significado de los nombres de los lugares es una empresa fascinante porque, si bien al principio existe una motivación clara cuando se le pone un nombre a un lugar, esa motivación inicial, con el paso del tiempo, muchas veces se pierde; pero ahí está la toponimia o, mejor, la toponomástica para desvelarnos el misterio del origen de muchos nombres.

 

Pero una cosa es que conozcamos el significado de esos nombres y otra el motivo por el que se les ha llamado de esa manera. En muchos casos no hemos podido saberlo; no obstante, conocemos la razón de muchos: Aljibe del Veneno (OL) se llamó de esa manera porque, en ese lugar, los conquistadores les echaban veneno a los guanches para matarlos; Playa del Bote (PA) debe su nombre a que en ese lugar encalló un bote en el que iban dos hombres y un niño; o Baja del Griego, porque, tal como cuenta Roldán Verdejo, un barco llamado El Griego, que regresaba de Gran Canaria repleto de majoreros a los que no se les había permitido desembarcar en esa isla y que habían acudido allí en busca de una vida mejor, encalló al chocar con una baja, por nombrar solo algunos casos.

 

 

El origen y significado de Puerto del Rosario no ofrece ninguna duda; tampoco, su antiguo nombre: Puerto Cabras. Como los nombres de los lugares se crean porque necesitamos situarnos en el espacio en el que desarrollamos nuestra vida, recurrimos, para ello, a alguna característica de ese lugar que nos ayude a identificarlo: por ejemplo, Montaña Bermeja o Risco Blanco los denominamos de esa manera porque su color es la característica sobresaliente que nos ayuda a reconocerlo y diferenciarlo de los demás; Gran Tarajal, por el nombre del arbusto, de la misma manera que el nombre de un arbusto, el nilad, ha dado lugar al topónimo Manila, en Filipinas, que significa ‘terreno poblado de nilad’; otras veces, hacen referencia a la fauna, como es el caso de Agua de Bueyes o de Chiloé (Chile), que, en la lengua de los indígenas de la región, significa ‘tierra de cáhuiles’, gaviotas chillonas de cabeza negra. No voy a detenerme en las razones por las que se denominó primero Puerto Cabras y luego Puerto del Rosario porque muchos estudiosos y oradores ya lo han hecho con sobresaliente maestría.

 

El nombre de Betancuria tampoco ofrece duda en cuanto a su origen: deriva del nombre del conquistador normando Jéan de Béthencourt. Era común, en épocas de invasiones, poner el nombre del conquistador para de esa manera perpetuar su nombre en los territorios conquistados.

 

Si bien el origen y significado de los nombres de los municipios de Puerto del Rosario y de Betancuria están muy claros, no podemos decir lo mismo de Tuineje. Por lo que se refiere a este nombre, parece que existe unanimidad entre los estudiosos en cuanto a su origen guanche. Pero ¿qué significa? Para los habitantes que poblaban estos lugares cuando llegaron los conquistadores tenía probablemente un significado muy claro, de la misma manera que para nosotros ahora lo tienen nombres como Aljibe de las Calderas (OL), Barranco del Negrito (AN), Montaña del Sombrero (AN) o Tablero de la Casa de la Señora (PA) porque conocemos el significado de cada una de las palabras que forman estos topónimos, puesto que son palabras de nuestra lengua.

 

Para el estudioso de origen bereber Abraham Louft se registra una voz paralela a este topónimo majorero en las variantes bereberes de Tlit y de Dra bajo la forma tawinijt. Es un nombre de vegetal que corresponde a una variedad del espino. Se encuentra de forma muy abundante en las zonas saharianas en donde se aprovecha su corteza para curtir el cuero y teñirlo de rojo. El arbusto existe también en algunas zonas áridas de Marruecos como en la ya citada localidad de Tlit donde es registrado bajo la forma tawniht. ¿Podría significar Tuineje nombre de arbusto? ¿Podría significar ‘espino’? Es posible que esta incógnita pueda despejarse en un futuro inmediato.

 

En cuanto a Antigua, existen unos cuantos lugares repartidos por el mundo con el mismo nombre. El primero del que se tiene constancia se sitúa en la provincia de León a principios del siglo XI. Su nombre procede del latín y ese lugar se denominó de esa manera porque hacía referencia a la antigüedad de un pueblo por el que pasaba la vía romana que unía Zaragoza y Astorga, y allí se edificó una iglesia en honor de Santa María, patrona de La Antigua, que pasó a denominarse Santa María de La Antigua.

 

Sabemos que cuando los españoles llegaron a Fuerteventura, Antigua se convierte en el caserío más importante de la zona, y es probable que, de la misma manera que Colón bautizó con el nombre de Antigua, en honor de la Virgen de la Antigua de Sevilla, la isla que junto con Barbuda da nombre a una nación de América formada por un grupo de islas, nuestra Antigua, la de Fuerteventura, fuera llamada así por alguien que quisiera honrar a la Virgen de su lugar de origen. Por cierto, Barbuda se llamó de esa manera porque los líquenes formaban una especie de barbas que adornaban las palmeras de esa isla. Y es que, como dijimos antes, cuando se le pone un nombre a un lugar, siempre hay una motivación clara; otra cosa es que, con el tiempo, esa motivación inicial deje de ser entendida por las generaciones posteriores.

 

Pájara y La Oliva son los nombres del resto de los municipios de Fuerteventura, nombres con significado en español, pero qué difícil se nos hace desentrañar el motivo por el que se les llamó de esa manera. El primero tiene varias acepciones en nuestra lengua, entre la que destacamos la que se refiere al femenino de pájaro. ¿Debemos pensar que se le puso ese nombre porque, como dijo Unamuno, en Pájara hay pájaros? Para algunos, el nombre hace alusión, probablemente, a algún hecho o anécdota relacionada con pájaros cuando se estableció la población y se fundó el pueblo. También se pensó que podría ser un topónimo traído del Nuevo Mundo al justificar la relación entre Pájara y América por la consideración, por parte de algunos especialistas, de la influencia azteca de la fachada de su iglesia.

 

Que los topónimos viajan no es nada raro. Los conquistadores de América bautizaron allí, en muchas ocasiones, lugares con nombres de ciudades españolas, como es el caso de Guadalajara (México) o el de Córdoba (Argentina); estos son los llamados topónimos de colonización. De la misma manera, es posible que de América se trajeran topónimos para llamar, con el mismo nombre, lugares de aquí. Esto no significa que el nombre derive de alguna lengua indígena americana, aunque pudiera ser.

 

De América a Fuerteventura viajaron dos topónimos menores localizados en el municipio de Antigua, Brasil y Campeche. Estos nombres de lugar cruzaron el Atlántico y se instalaron aquí. Parece ser que el topónimo Brasil deriva del nombre de un árbol del que se extraía una madera de color rojizo que se utilizaba para el tinte. Este árbol se llamó palo brasil, pau-brasil en portugués, porque, cuando se hervía en el agua, desprendía un color rojizo que recordaba las llamas del fuego o las brasas del carbón cuando ardía. De Terra de pau-brasil se pasó a BrasilCampeche, nombre de un estado de México, también viajó a Fuerteventura. Existen varias teorías acerca del origen de este nombre, pero en lo que coinciden todas es en que procede de la lengua maya. Para unos proviene de can pech; y, para otros, de kinpech, y podría significar ‘serpiente y garrapata’.

 

Sin embargo, y siguiendo con el nombre de Pájara, no hay constancia de que en América exista un lugar que se llame de esa manera, tampoco en España. Es posible que la razón del nombre se deba a que, efectivamente, había muchos pájaros o por un hecho que tuviera alguna relación con pájaros.

 

Con respecto a La Oliva, el término, oliva, aparece en topónimos españoles y también da nombre a un lugar de Argentina. El más conocido de los de España es la ciudad valenciana de Oliva. Según un estudio realizado acerca del origen de ese topónimo valenciano, parece ser que no deriva del nombre del árbol de la familia de las Oleáceas, sino del nombre bereberawriba. ¿Podríamos pensar asimismo en el origen bereber de nuestra Oliva? También se hablaba en este territorio una lengua de ese origen antes de la llegada de los conquistadores. Sin embargo, no podemos hacer tal afirmación, pues carecemos, de momento, de datos que expliquen ese origen. Se piensa que La Oliva se denomina de esa manera por la cantidad de acebuches que existen en su territorio. Es probable que así sea.

 

Una vez realizado un recorrido toponímico por los nombres de todos los municipios de la isla de los que proceden los habitantes de Fuerteventura que acuden a la Vega de Río Palmas, para celebrar la fiesta en honor de la Virgen de la Peña, me gustaría continuar con los recuerdos que permanecen en mi memoria con respecto a la celebración de ese día por parte de los peregrinos.

 

Después de la función religiosa y la procesión, llegaba la hora de la comida. Los que tenían la suerte de ser de este pueblo o de sus alrededores, o los que tenían algún conocido que los invitaran, eran los afortunados que podían permitirse el lujo de comer el puchero, ese delicioso plato típico de todas las fiestas de Fuerteventura —ojalá nunca deje de serlo— que comemos sin importarnos si hace calor o hace frío. Para los de fuera, tocaba la tortilla de papas, la carne con papas que se llevaba en calderos envueltos con manteles para que se mantuviera caliente o el bocadillo de queso, que comíamos sentados en la orilla del barranco a la sombra de algún tarajal,al lado de la iglesia, en los camiones tapados con encerados, en la casa del Peregrino o en cualquier sitio donde hubiese un poco de sombra a esa hora del día. Luego, los mayores, una siestita; los jóvenes, unos cantos con guitarras o una visita a Betancuria.

 

El día avanzaba y nos daba la noche dando paseos por la plaza, alrededor de la iglesia, pues esa era la manera de vernos todos. Conozco una anécdota relacionada con estos paseos, y la conozco porque la vivió mi bisabuela, que data del último tercio del siglo XIX: una joven de los Valles de Ortega tuvo que poner en su sitio a un jovencito con unos rones de más que se dedicaba a ligar con todas las muchachitas que estaban sentadas en los muros que rodean esta iglesia, y es que alrededor de estos muros no solo se tejió una red importante de amigos o conocidos, sino también muchas relaciones de pareja. Casi me atrevería a decir que la historia de los hombres y de las mujeres de Fuerteventura no se podría contar si no se tienen en cuenta las celebraciones de esta festividad de Virgen de la Peña.

 

Me preguntaba al principio acerca de lo se que podría comunicar, en la actualidad, en estos pregones que se hacen para dar comienzo a una fiesta, pues los tiempos cambian y el pregón ha de adaptarse a estos nuevos tiempos. Y en este pregón no me puedo olvidar de que son malos momentos estos en que estamos viviendo una crisis económica que parece no tener fin, pero aunque esta crisis nos afecta a casi todos, no alcanza a todos con la misma intensidad. Estamos viendo cómo tantas conquistas sociales que tanto tiempo, tanto dolor, tanto trabajo, incluso vidas, nos costó conseguir nos las están negando poco a poco. No entiendo por qué se está recortando tanto en sanidad, una de las mejores del mundo; por qué se está recortando tanto en educación, en asistencia a las personas dependientes y a sus familias, en prestaciones sociales en general, mientras escuchamos impotentes las noticias que nos llegan a través de la prensa nacional de unos cuantos privilegiados que son cada vez más ricos. Son muchos interrogantes que no puedo dejar de hacerme si se entiende, repito, que un pregón en la actualidad debe estar acorde con los tiempos que nos ha tocado vivir.

 

Me habría gustado decir en este pregón que las personas dependientes y sus familias tienen asegurada una asistencia digna; que las personas mayores, los pensionistas, no saben del copago farmacéutico y que el temor a la congelación o reducción de sus pensiones no esté ahí como una espada de Damocles; que ningún estudiante ha abandonado sus estudios porque no ha podido pagar las tasas académicas; que los que tenemos la suerte de tener un trabajo no podemos dedicarle más horas porque esta es una forma de crear puestos de trabajo… No puedo hablar de todo eso en este pregón, pero tengo la esperanza de que el próximo pregonero o pregonera de la fiesta en honor de la Virgen de la Peña tenga la suerte que no tuve yo y pueda decir que todo ha sido como un mal sueño del que ya hemos despertado.

 

Quiero terminar este pregón con un recuerdo: estas fiestas en honor de la Virgen de la Peña no han debido de cambiar, en lo esencial, desde la época de nuestros abuelos, pero sí estoy segura de una cosa que no ha cambiado y que me impresionaba siempre que acudía a esta fiesta y que me sigue impresionando: el color de la tierra de la Vega de Río Palmas y los colores con que, a lo largo del día, se va pintando la Vega de Río Palmas.

 

Muchas gracias por su atención y felices fiestas de la Peña 2012, fiesta tan querida por todos los majoreros que se celebra en un lugar de nombre tan bonito: Vega de Río Palmas.

 

 

 

Este texto fue publicado previamente en la revista de la Fiesta de La Peña de Fuerteventura de 2013.

 

 

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