Revista nº 810
ISSN 1885-6039

MILLARES TORRES, Agustín (1826-1896).

Lunes, 14 de Octubre de 2019
Jorge Rodríguez Padrón
Publicado en el número 805

Historiador y novelista n. y m. en Las Palmas de Gran Canaria. Nieto de Cristóbal-José Millares, organista de la catedral de Las Palmas. El escribano Manuel Sánchez, al tiempo que le enseña composición musical, lo anima a hacer notarías.

 

De niño también, se siente atraído por el teatro y hasta escribe algunos argumentos que serán representados por un grupo de amigos. Entre 1834 y 1844, estudia bachillerato en el Seminario Conciliar de su ciudad natal. En 1841 se incorpora a la banda municipal. Lee a los ilustrados franceses y a los novelistas del tránsito entre romanticismo y realismo: Sué, Hugo o Dumas. En 1845 es secretario de la Sociedad Filarmónica y estrena algunas de sus propias. Ingresa en la Escuela de Notariado de Las Palmas de Gran Canaria y es escribano en 1846. Pero se traslada a Madrid, en un viaje que lo lleva primero, por Fuerteventura y Lanzarote, hasta Mallorca y Barcelona; y ya camino de Madrid, por Zaragoza y Guadalajara. En la capital, sigue estudios de música y publica algunos artículos y poemas en el Heraldo de Madrid. Regresa a Gran Canaria y trabaja ya como escribano a la vez que da clases de música en el colegio San Agustín. En 1861 valida su título de notario hasta su retiro voluntario. Su influencia fue notable en la vita cultural de Las Palmas de Gran Canaria. Colabora en El Porvenir de Canarias (1852), semanario dirigido por Antonio López Botas*, por Domingo J. Navarro* y, más tarde, por el propio Millares Torres. En 1854, hace lo propio con El Canario* y, un año después, El Ómnibus*, dirigido por Emiliano Martínez de Escobar*. Se dio la curiosa circunstancia que, entre ambos periódicos, Millares Torres creó un espacio de debate, en donde se traban diversos temas desde puntos de vista muchas veces contrarios. Contribuye, asimismo, al proyecto fundacional de El Museo Canario* y al impulso que cristalizaría en la construcción del nuevo Puerto de La Luz (1863). Ante la que consideraba escasa y ocasional oferta teatral de la ciudad, organizó funciones en el pequeño teatro en su casa del barrio de Vegueta, en la calle que hoy lleva su nombre. Allí estrena sus obras dramáticas, zarzuelas y óperas, género que fue siempre su ambición mayor. En 1874 sostiene una ardua polémica con el obispo Urquinaona, en torno a la Biografía de Canarios Célebres. En el centro del debate, el conocimiento y difusión de la prehistoria y realidad de las Islas; asuntos de arqueología y antropología, tratados por primera vez en desde una investigación documental y a partir de la Historia de Canarias, de Viera y Clavijo*. Mantuvo amistad con Pérez Galdós* y con Menéndez Pelayo. Millares Torres dirigió la capilla de música de la Catedral y fue miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia. La poesía de Millares Torres, de la que Elías Mujica* recoge una muestra, en su antología fundacional, se publicó, entre 1840 y 1892, en los diarios El Ómnibus, El Porvenir de Canarias o El Liberal; en La Afortunada y El Popular; en la Revista de Canarias*, en El Museo Canario* o en la revista tinerfeña La Ilustración de Canarias*. Algunas de las narraciones de Millares Torres juntan, en una visión romántica, la realidad histórica de las Islas con las leyendas que generaron; en particular, las que forman parte de la serie que tituló Recuerdos Históricos. Narraciones, en su mayor parte, publicadas por entregas en los periódicos y revistas citados: Jenilia (1844), Canarias en 1809 (1848), Drake en la Gran Canaria (1852), La muerte de Doramas, Apuntes de un diario. Un viaje a El Escorial, Maynel y El hombre pone y Dios dispone (1853), Benartemi. Leyenda canaria (1858), con varias ediciones posteriores como El último de los canarios: la última de 2005; Recuerdos de un viaje a Italia (1859), Esperanza (1860), Leyendas canarias (1866), Eduardo Alar (1871), Historia de un hijo del pueblo (1876), Aventura de un converso (1877), el cuento “Tres en una” (1879), Ella y yo (1880), el cuento “Abnegación” (1882), luego publicado en varias ocasiones con el título “Sacrificio”; La hija de cacique (1883), Mi novela (1884), que se publica como Sola en 1890; el cuento “Un suicidio” y Recuerdos de un liberal. Episodio de la primera guerra carlista (1890). Algunas narraciones de Millares Torres no llegaron a publicarse: Elisa o el Valle Afortunado (1838), La fidelidad premiada (1842), Elisa (1843), Ángela y Federico, novela espistolar, y Harimaguada, leyenda en verso (1845), Los misterios de Canaria (1846) o Una boda improvisada (1860). Para el teatro escribió la comedia Una coqueta y el drama. La  bruja de Cambaluz. En el apartado de la composición musical, a las oberturas e himnos, se unen las zarzuelas de ambiente local y Elvira (1855) o Pruebas de amor (1856). A las óperas dedicaría su mayor empeño; y en particular a la que tituló Abnegación, cuya versión final lo ocupó hasta sus últimos días. Atracción (1894) quedaría inédita. Su obra histórica, quizá la de mayor repercusión, se resume en los siguientes títulos: Historia de Gran Canaria (1860), Biografía de Canarios Célebres (1871 y 1876), Historia de la Inquisición en Canarias (1874). En 1881 comienza su obra mayor, Historia General de las Islas Canarias, en diez tomos, hasta 1893. En 1980, El Museo Canario, en su colección Arcón Canario, publicó una selección de los Recuerdos históricos.

 

 

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