Revista nº 792
ISSN 1885-6039

El triángulo odioso. La capital de Canarias en disputa (1808-1836), de Agustín Millares Cantero.

Lunes, 08 de Julio de 2019
Redacción BienMeSabe
Publicado en el número 791

El próximo miércoles, 10 del corriente, se presenta a las 19:30 horas, en la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria, el libro El triángulo odioso. La capital de Canarias en disputa (1808-1836), de nuestro colaborador Agustín Millares. Esta es una entrevista sobre algunos contenidos de la monografía.

 

 

¿Qué significa el título de su última obra?

Al hablar de triángulo odioso me refiero al enfrentamiento triangular entre las ciudades del Real de Las Palmas y de San Cristóbal de La Laguna y la villa exenta de Santa Cruz de Santiago de Tenerife, que tuvo lugar desde 1808 hasta 1836, para obtener de Madrid los privilegios capitalinos en la nueva provincia de Canarias. Había que desentrañar los factores y circunstancias que brindaron a Santa Cruz la victoria en estos choques, proponiendo también una interpretación novedosa acerca de la génesis de las luchas orientales por la división provincial, iniciadas a raíz de la Junta palmense de 1836. Las pugnas en torno a la capitalidad habían sido escasamente abordadas por los estudiosos del siglo XIX canario. En un contexto de fuerte crisis económica, las facultades asociadas a la capital devenían particularmente útiles, acarreaban sustantivas ventajas para una economía agromercantil. Los antagonismos significaron, en el transcurso de casi tres décadas, un asunto trasversal que cruzó múltiples aspectos de la sociedad canaria.

 

¿Cuándo arrancaron los litigios que analizas?

Surgieron en los primeros compases de la Guerra de Independencia, en el verano mismo de 1808. La historiografía canaria ha tendido a minusvalorar (e incluso silenciar) el grado de violencia que existió, en especial entre 1808-1809, cuando la llamada Junta Suprema de Gobierno de La Laguna pretendió acabar con la insubordinación grancanaria dirigida por el Cabildo General Permanente. Los coetáneos hablaron de guerra civil en el Archipiélago. Aparte de la deposición por la fuerza de autoridades en otras islas, la Junta lagunera dio pábulo a que, de septiembre a octubre de 1808, el Cabildo sospechara la planificación de un ataque militar por parte de aquella institución y adoptase un rudimentario programa defensivo, adelantándose a una dinámica que volvió a repetirse en 1840, 1843 y 1854. En la primera mitad del siglo XIX, varias generaciones de grancanarios se acostumbraron a ver en los tinerfeños potenciales agresores. La Junta, además, envió en diciembre de 1808 a cien granaderos al mando de su vocal secretario para someter a Fuerteventura, el eslabón más débil de la cadena en el frente oriental. El procónsul asumió todos los poderes, detuvo y encarceló a los opositores y distribuyó cargos entre los afines. La llamada “guerra chica” que en Lanzarote enfrentó a los partidarios de los comandantes militares y los del Cabildo secular, los unos con La Laguna y los otros con Las Palmas, ocasionó derramamientos de sangre entre 1809-1810.

 

¿Cuáles son algunas de tus aportaciones principales en el libro?

Este ensayo contempla los roles ejercidos por instituciones y autoridades antiguas o de nuevo cuño, juntas de gobierno transitorias, facciones políticas y sociedades secretas, comicios electorales de distinta idiosincrasia, motines y otros desórdenes públicos, soportes ideológicos de las dialécticas esparcidas y peculiaridades de las alegaciones de los distintos bandos. La confrontación de los intereses agrarios y mercantiles, que pudiera sugerirse como clave explicativa de los desafíos, recibe indispensables matizaciones.ç

 

¿Hubo mujeres en estas lides?

Las mujeres estuvieron normalmente al margen de cualquier actividad política durante casi todo el siglo XIX. Siguiendo al doctor Gregorio Chil y Naranjo, destaco los quehaceres de una fémina de la nobleza insular radicada en Madrid, Sebastiana del Castillo-Olivares y Falcón, cuñada del eminente jurista y helenista Antonio Ranz Romanillos y esposa de Francisco Alfonso de Tuero y López de Treviño, exoidor decano de la Audiencia de Canarias y desde 1817, fiscal y ministro del Consejo de las Órdenes Militares. Esta activa mujer desempeñó una labor muy sobresaliente en la configuración de la peña grancanaria que en el Trienio Liberal se opuso desde Madrid, primero, a que la capitalidad recayese en La Laguna, y después pugnó con el bloque masónico-americano que sustentó las gestiones de José Murphy y Meade en favor de Santa Cruz.

 

¿Qué papel desempeñaron las sociedades secretas?

En la génesis del liberalismo canario tuvieron las sociedades secretas una función de primer orden, que no ha sido hasta hoy suficientemente valorada. Nuestros diputados a Cortes electos en diciembre de 1821, José Murphy y Graciliano Afonso, estuvieron ambos unidos a la masonería. Los exaltados de Las Palmas experimentaron en 1822 una escisión entre francmasones y comuneros. Ante la hegemonía en Santa Cruz de Tenerife de los moderados de la logia Amistad, heredera de los Comendadores del Teide, en 1823 surgió en La Laguna la sociedad antimasónica de los filomalotas (comuneros), que levantó el banderín de enganche de los derechos de la capital histórica frente a la villa exenta y nueva sede de las instituciones capitalinas. Esta dinámica volvió a repetirse durante el período del Estatuto Real, hasta que la burguesía santacrucera, ligada por excelencia al eje masomoderado, captó a una parte de los filomalotas laguneros para disponer la llamada corporación, todopoderosa en la isla picuda y antagónica de la camarilla, que sostuvo al moderantismo en la redonda. Desde principios de 1836 fraguó en Santa Cruz la Confederación Isabelina, refugio de los progresistas minoritarios.

 

¿Estuvieron presentes los carlistas?

El compendio aporta igualmente algunas indicaciones inéditas acerca de la articulación del minúsculo carlismo inaugural en la I Guerra Carlista (1833-1840). Los simpatizantes de la causa del pretendiente Carlos María Isidro de Borbón se reclutaron por antonomasia dentro de los magistrados de la Real Audiencia, quienes gozaron además de la cobertura del excomandante general y exjefe político desde 1827 hasta 1834, el mariscal de campo Francisco Tomás Morales y Afonso, contra el cual promovieron varios disturbios los liberales palmenses tras fallecer Fernando VII.

 

¿Quiénes protagonizaron la lucha?

Es sabido que en La Laguna dominaba la gran aristocracia terrateniente y en Santa Cruz la alta burguesía comercial, en gran medida de naturaleza foránea. Pero la tarea del historiador consiste en poner nombres y apellidos a los personajes que lidiaron en las contiendas, y tal identificación la afronto en mi libro con fuentes municipales. Sobre el caso de Las Palmas, apunto que los mayores potentados se apartaron de la primera línea y su lugar lo cubrieron sectores de las clases medias (profesionales liberales, empleados, pequeños comerciantes y demás). Esta retirada de los más acaudalados contribuyó a dejar a los palmenses en inferioridad de condiciones.

 

 

Fragmentos del prólogo de Antonio María González Padrón, Cronista Oficial de Telde, por la Real Sociedad Económica Amigos del País de Gran Canaria

 

La obra en cuestión nos presenta un periodo, si no oscuro en su totalidad, sí parcialmente nublado, tanto por la falta de interés de otros investigadores pretéritos, como por la censura impuesta por las clases dominantes de la sociedad isleña. Ni a los de aquí, Gran Canaria, ni a los de allí, Tenerife, les interesó nunca que prevalecieran las verdades históricas, porque estas pondrían al descubierto los tejemanejes de la política del Archipiélago, no siempre digna de encomio.

     Una vez más, Millares Cantero saca a la luz una etapa de nuestra existencia como pueblo en la que afloraron por doquier las malas artes y las estrategias menos plausibles, dirigidas a que cada bando lograse su objetivo: la retención del poder que emanaba de la capitalidad provincial. Durante años se ha hablado mucho del pleito insular. Sí, bien decimos, se ha hablado mucho, pero se ha investigado muchísimo menos. Por eso es de agradecer que, en su madurez intelectual, nuestro historiador haya trabajado tenazmente en archivos propios y foráneos para sacar a la luz buena parte de cuanto ocultaban sombras que eran norma común, aceptada por todos como bastiones inexpugnables.

     Vuelve Millares Cantero a poner en tela de juicio todo aquello que hasta el presente se había dicho sobre el asunto, que confesemos era bien poco. Y con la urdimbre de los datos históricos documentales, realiza el Corpus Libri que hoy ofrece con generosidad extrema a la ciudadanía del Archipiélago Canario.

 


 

MILLARES CANTERO, Agustín

El triángulo odioso. La capital de Canarias en disputa (1808-1836)

Ediciones Idea

Santa Cruz de Tenerife-Las Palmas de Gran Canaria, 2019.

 

 

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