Revista nº 805
ISSN 1885-6039

El miliciano Vandama en la ballata de El Batán.

Lunes, 22 de Julio de 2019
Pedro Quintana Andrés y Pedro Socorro Santana
Publicado en el número 793

El comerciante flamenco Daniel Van Dammen, que dio nombre a la Caldera volcánica de Santa Brígida, perdió parte de su hacienda durante el ataque de la armada holandesa en 1599. Se cumplen el 420 aniversario del ataque de Pieter van der Does a la ciudad de Las Palmas.

 

 

El asalto de la escuadra holandesa el 26 de junio de 1599 a la isla de Gran Canaria se ha convertido en un hito histórico en la historia de la región debido a los medios militares desplegados por los atacantes, la organización de la defensa y evacuación de la ciudad; la solidaridad de los grancanarios, representados en las distintas compañías de milicianos que acudieron al socorro de la capital; la estratégica batalla en medio del bosque del Monte Lentiscal y la victoria sobre tan extenso número de enemigos. Tras la gesta militar, se sucedieron las muestras de pesar por los devastadores efectos de la batalla y el saqueo en la ciudad, que tuvieron especial incidencia en las defensas y en la mayoría de los edificios religiosos, pues algunos tardaron décadas en reconstruirse. Después de muchas contribuciones para conocer la historia de aquel trágico episodio del que estos días conmemoramos el 420 aniversario, aún quedan desdibujada las acciones emprendidas por destacados miembros de la colonia extranjera establecida en Las Palmas o la de los descendientes de antiguos mercaderes genoveses o flamencos ya naturalizados e integrados del todo en la sociedad cristiana dominante, lo que aumentaba sus derechos y privilegios. Se sabe que los prebendados del Cabildo Catedral pidieron al capitán Alonso Venegas Calderón, regidor y depositario general de la isla, que solicitara al rey la aplicación de las penas de cámara o castigos económicos impuestas a algunos extranjeros por el regente de la Real Audiencia, el doctor Antonio de Arias, y que pasaran a engrosar los fondos del ayuntamiento con el fin de recuperar la ciudad, pues los extranjeros tenían prohibido traten en estos reynos, sobre lo qual ay pleytos pendientes de que ha de aber condenasiones y el daño de Canaria fue cauzado por los rebeldes, con quien éstos tratan. Y pues Vuestra Magestad le es notoria la mucha povreza de la isla y el mucho daño que el enemigo hizo en las murallas y fuertes de que la isla tiene nesesidad de reparar con el cabalgamento de artillería y otros reparos forsosos.

 

Por tal motivo, algunos extranjeros residentes en nuestra isla, bien por colaboración, omisión o debido al trato con los holandeses, fueron apresados y condenados a cárcel o recibieron multas por su conducta. En cambio, otros ciudadanos extranjeros, la mayoría nacidos en la isla, participaron en su defensa, colaborando en las milicias o dieron muchas aportaciones en víveres y dinero para la compra de pólvora y arcabuces. La familia Cairasco colaboró con el ejército hispano, siendo su miembro más destacado Bartolomé Cairasco de Figueroa, prior de la Catedral y célebre poeta y dramaturgo que participó activamente en la defensa de la ciudad en 1595, cuando el corsario Francis Drake llegó al frente de su armada e intentó invadir la ciudad de Real de Las Palmas. Su acción de salvaguarda insular y, sobre todo, su posterior intervención como negociador en el ataque del almirante Pieter van der Does, no evitó que fuera uno de los damnificados cuando los neerlandeses arrasaron la ciudad. En sus últimas voluntades, suscritas el 10 de octubre de 1610, recordaba aún aquellos trágicos momentos, cuando el fanatismo luterano de los asaltantes le dio por quemar el convento de San Francisco, donde Cairasco y sus padres tenían una capilla que ellos habían reedificado en los primeros años del siglo, aunque sin perfisionarla, esperando se haga la capilla mayor de la dicha iglesia. Los holandeses también quemaron su vivienda familiar situada cerca del convento franciscano, que había reedificado cuando la compró y que de nuevo hubo de reconstruirla tras ser destruida por los invasores.

 

El rico propietario de Vandama. Otro de los perjudicados en aquellos aciagos días de junio de 1599 fue el comerciante Daniel van Damme, cuya firma en Canarias fue Vandama. Nacido hacia 1554 en Amberes (Bélgica), la muerte temprana de su padre, a la edad de 28 años, provocó que se asentara en Gran Canaria bajo la tutela de su abuelo cuando apenas contaba con diez años. En la ciudad recibió clases, siendo acogido en la casa del platero Conrate Mayor. Tras contraer matrimonio con Juana de Vera, hija de Alonso Trigueros y María Negrín, con la que tuvo siete hijos, don Daniel comenzó a destacar como un importante personaje debido a su gran dinamismo económico que le permitió sostener varias alianzas con comerciantes genoveses, flamencos, franceses y españoles con el fin de exportar azúcar, vinos y mercaderías e importar productos de primera necesidad y suntuarios, sobre todo tejidos flamencos. Su condición de extranjero -nació en Amberes- lo convertiría en un sospechoso de connivencia con los neerlandeses, muchos procedentes de pueblos y ciudades sublevadas contra Castilla y próximas a su ciudad de origen. Por si fuera poco, sus relaciones con mercaderes de aquellos lares podían ratificar la sospecha de colaboración y espionaje con el enemigo por parte de los gobernadores e inquisidores, aunque su condición de católico fiel al papado y al rey Felipe III -era ciudadano del imperio al estar Flandes en esas fechas bajo la corona de los Austria- lo eximía y convertía en un enemigo más de la abominable herejía germana. Precisamente Vandama, en su testamento hológrafo que realizó en 1602, efectuaba una extensa declaración de su fe, reafirmando que creo en la Santísima Trinidad, Padre e Hijo y Espíritu Santo conforme al símbolo de santo Atanasio, creyendo como fiel cristiano todo lo que tiene y cree nuestra Santa Madre Yglesia romana, y protestando venir y morir en la santa Fee católica, debaxo de cuya corresión me someto en todos mis dichos y hechos como cristiano que soy y por la gracia de Dios desde el día que fuy baptizado, donde resebí aquella vestidura cándida y blanca, la cual yo he maculado muchas vezes con mis graves culpas no resistiendo a los enemigos de mi alma como buen soldado. Y lo sería hasta su muerte, pues en sus últimas voluntades se apresuraba a dar las gracias a Dios de salvarlo de tantos peligros como me aveys librado, enfermedades, tormentas de mar y peligrosos combates de navíos y de dos encuentros que ubo en Canaria de enemigos.

 

Firma de Daniel Van Dama en su testamento de 1602 (fondo: Archivo Histórico Provincial)

 

Se refería al primer encuentro contra Francisco Draeq, en seys de otubre año de noventa y cinco y a una nueva y cruel guerra contra la armada holandesa arribada el sábado 26 de junio de 1599; pesadillas constantes del Imperio hispano que aparte de las pérdidas humanas hizo caer el comercio canario en la mayor postración. La última guerra supuso además el desembarco de un poderoso ejército enemigo formado por más de diez mil hombres y el ataque a Las Palmas, lo que le llevó a defenderse con gran resistencia y colaborando en la posterior evacuación de la ciudad hacia el lugar de La Vega. En esas jornadas de violencia y fanatismo, Vandama estuvo andando a cavallo en ambos encuentros entre tanto peligro de tantas balas de artillería y mosquetes, sacando a un herido de la batalla, cayendo muertos a todas partes, quiso Dios no me tocase en un cavello y otra mayor victoria el averme librado de los enemigos de mi alma, lo qual no puedo dexar de confesar con lágrimas hervientes. De aquella desgracia que se abatía sobre los grancanarios pasaron tres años, pero el mercader narraba perfectamente las acciones de los holandeses y la destrucción que hicieron de su casa situada en la plaza de la ermita de Nuestra Señora de los Remedios, al sur de la calle mayor de Triana, en plena faena depredadora. La pequeña ermita estaba encajonada entre varias viviendas, lo que propició que el fuego provocado por los holandeses en el templo se propagara rápidamente a las casas vecinas, entre ellas la del rico hacendado Vandama, la cual terminó convertida en una humeante ruina, que hubo de reconstruir.

 

Nuestro personaje se queja en sus postreros días de la destrucción de la vivienda, pero también lamenta que los amigos de lo ajeno le robaron la mayor parte de los bienes que existían dentro de ella. Él lo dirá con estas palabras: amigos y enemigos, con que no permitió el Rey del Cielo que me tocasen en los bienes rayzes de mi vida. Y es que, al final del nuevo asalto que sobrecogió a la isla de Gran Canaria, hubo que añadir, como suele ocurrir, el pillaje sistemático por parte de determinados ciudadanos que se lanzaron como buitres a ver qué podían rapiñar, saqueando los bienes ajenos que dejaron atrás las tropas enemigas en su precipitada huida. Posiblemente, de la casa de Vandama fueron llevados a bordo de los galeones holandeses los barriles de vinos de su última cosecha en el fondo de la Caldera. El regreso a la ciudad desde su refugio en La Vega permitió al comerciante hacer balance de las pérdidas causadas por la hostilidad de los rebeldes de Holanda y Zelanda, pero que serían compensadas con rapidez gracias a sus otras propiedades en el bosque del Lentiscal y al propio dinamismo económico que desde joven mostró el mercader flamenco, capaz de crear riqueza donde fuera. De manera que, poco a poco, fue remontando las pérdidas ocasionadas y el desastre económico y social de la pasada guerra. Y, en 1604, las viviendas de su propiedad ya estaban reconstruidas y, además, había adquirido al Cabildo Catedral otra casa adjunta, quemada y sin volver a construirse, con el fin de ampliar la suya. Un amplio hogar donde vivía y despachaba personalmente los asuntos de su inmenso negocio con banqueros y mercaderes genoveses y alemanes, sobre todo de las ciudades europeas de Ruán, Enden, Flandes o Danzinque.

 

Pero ya dicen que las desgracias nunca vienen solas, y dos años más tarde Vandama sufrió la pérdida de un barco que su compañía había fletado junto a sus socios los mercaderes franceses Filistre y Chaunin, vecinos de Ruán, y del cual poseía dos novenas partes. El barco, con toda su valiosa carga, se perdió. Fue asaltado por un grupo de corsarios ingleses que apresaron a Andrés Vandama, su hijo, que iba bordo. Los piratas lo trajeron hasta la isla para solicitar un rescate. De modo que el afligido padre se vio obligado a abonar una importante cantidad de dinero, estipulada en 7000 reales, aparte de quedarse sin la mercancía y otros 85 794 reales que debió abonar en créditos. El daño ocasionado por la armada holandesa duró siglos, y en algunos casos no se reparó jamás, pero Canarias seguía poniendo en su puerto diques eternos al curso de la Historia.   

 

Localización de la antigua ermita de Nuestra Señora de los Remedios, donde en la actualidad está el antiguo pub Cuasquías (P.Q.)

 

Localización de la antigua vivienda de Daniel Vandama en el mapa de Torriani en 1595

 

 

La foto de portada es una recreación de la Batalla contra los holandeses en 1599 por el pintor Carlos Morón.

 

 

Comentarios
Domingo, 15 de Septiembre de 2019 a las 12:27 pm - Juan Álvarez

#01 Si Canaria hubiese sido holandesa las cosas hubieran sido distintas. En vez de ser la España rancia, católica y atrasada, a ser un país más libre, culto y serio como en el norte de Europa.Pero es lo que la historia nos deparó y tenemos que aceptar.