Revista nº 749
ISSN 1885-6039

Galdós en la Real Academia Española.

Jueves, 10 de Mayo de 2018
Manuel Herrera Hernández
Publicado en el número 730

El escándalo surgido tras el resultado de la «batalla académica» provocó el deseo de reparar pronto a don Benito. A su buen amigo Pereda envía Galdós una carta en la que critica la decisión increíble de Cañete, Catalina y Tamayo Baus, a los que considera culpables de su derrota académica apoderándose del voto de Cánovas.

 

 

Tres grandes figuras literarias ofrecieron a la España de su tiempo un ejemplo de convivencia ideológica. Marcelino Menéndez Pelayo, José María de Pereda y Benito Pérez Galdós demostraron que su amistad, a pesar de la “discordancia de opiniones políticas y religiosas” que les separaban, superaban esos obstáculos con un fuerte humanismo estético. Por otro lado, se ha escrito sobre la historia de la enemistad entre Juan Valera y Galdós aunque llegaron a admirarse e influirse recíprocamente. Estas grandes figuras tuvieron un papel decisivo en la entrada de don Benito en la Real Academia Española.

 

Desde Lisboa Valera escribe, el 1 junio de 1883, a su amigo Menéndez Pelayo cuando conoce que el académico Gabino Tejado padece una grave cardiopatía, para que «si se muere D. Gabino, trabaje Ud. por que elijan en la Academia a Pérez Galdós». Sin embargo, Tejado sobrevive a sus males y la vacante ha de esperar. Más adelante, 3 de diciembre de 1885, Menéndez Pelayo de modo claro pregunta a Valera «¿Por qué? no elegir a Galdós, que trae consigo una verdadera popularidad literaria y méritos positivos de narrador?». Persiste Valera en carta del 3 de agosto de 1887 a Menéndez Pelayo: «Parece que el pobre Marqués de Molíns está en la agonía. Pronto habrá, y yo lo deploro, nueva vacante en la Academia. ¿Por qué no eligen Vdes. (o nosotros elegimos), pues yo iré a dar mi voto, al amigo Pérez Galdós?». Y don Marcelino afirma desde Santander a Valera cuatro días después: «En todas las vacantes echo a volar la candidatura de Pérez Galdós, pero nuestros compañeros se han empeñado en no abrirle las puertas. Por otra parte, él se tiene la mayor parte de culpa, porque de resultas de cierta modestia desdeñosa y soberbia que hay en el fondo de su carácter, ni da muestras de desear el puesto de académico, ni se mueve, ni escribe, ni visita a nadie, con lo cual nos deja a sus amigos en mal lugar. De todas suertes, si yo tuviese confianza en que la mayoría de la Academia le había de votar, yo le convencería para que diese los pasos que son de rigor en tal ocasión». Los recelos de don Marcelino ante la entrada de Galdós en la Real Academia van desvaneciéndose. Pero la gratitud de Galdós al apoyo de D. Marcelino se advierte en la carta que, con fecha 10 de octubre de 1888, envía a Pereda: «Yo no sé cómo habré de pagarle el interés que por mí se toma, y que no merezco, interés que le ha llevado y le llevará más todavía a pelearse con sus amigos».

 

El 14 de noviembre de 1888 falleció Marcelino Aragón Azlor, Duque de Villahermosa, y pronto comenzó la disputa para cubrir el sillón vacante surgiendo la propuesta de Francisco Commelerán, catedrático de Lengua Latina en el Instituto Cardenal Cisneros, con el apoyo del influyente Antonio Cánovas. Con dificultad don Benito logra la propuesta aunque muestra sus temores por la enemistad de algunos académicos. No obstante, don Marcelino no se desalentó y se alzó frente al grupo de Cánovas del Castillo  que blandía la bandera “commeleriana” surgiendo la “batalla académica”. Menéndez Pelayo, quince días después, refiere a Galdós la violenta sesión del 22 de noviembre en la Academia y este da cuenta, en seguida, a Leopoldo Alas detallando aquella exaltada discusión entre Mariano Catalina y Menéndez Pelayo y, además, la actitud de Antonio Cánovas. A pesar de esta enredada «batalla académica», Menéndez Pelayo decidió llegar hasta la vaticinada derrota y, acompañada su firma con la de Valera y la de Núñez de Arce, el 6 de diciembre de 1888, proponen «a la Real Academia Española, para ocupar la plaza de número vacante por fallecimiento del señor duque de Villahermosa, al señor don Benito Pérez Galdós». Finalmente, el 17 de enero de 1889 el resultado de la «votación secreta» fue favorable a Francisco Commelerán por catorce votos frente a diez de Galdós. El escándalo surgido tras el resultado de la «batalla académica» provocó el deseo de reparar pronto a don Benito con la primera vacante en la Real Academia de la Lengua. A su buen amigo Pereda envía Galdós una carta, a primeros de febrero, en la que critica la decisión increíble de Manuel Cañete, Mariano Catalina y Manuel Tamayo Baus, a los que considera culpables de su derrota académica apoderándose del voto de Cánovas.

 

No obstante, el 5 de febrero 1889, don Benito comunicaba a Clarín al fallecer Antonio Arnao el día anterior que la vacante de Arnao le traerá más disgustos porque le acosarán para que entre en la Real Academia. Asimismo, escribe el humillado Galdós a Pereda: «¿Qué le he de decir de esa estupidez académica? Pues que con eso de haberse muerto el Sr. Arnao, ya me están dando la jaqueca otra vez. Veremos cómo salgo de esta, porque ha de saber que renuncio a presentarme ahora, que no quiero nada con esa gente, y que si algo me hace vacilar es la consideración a los amigos que la otra vez me presentaron».

 

Menéndez Pelayo volverá a insistir en la entrada de Galdós en la Real Academia tras fallecer León Galindo de Vera el 12 de abril de 1889. En esta ocasión la opinión académica parecía favorable a la candidatura de Pérez Galdós como se lo expone Cánovas del Castillo a Menéndez Pelayo que, satisfecho, se lo notifica a don Benito quien, por fin, accederá. Tan distintas son ahora las cosas que la candidatura -única- la firman el director conde de Cheste, Cánovas del Castillo y el secretario perpetuo de la Real Academia Tamayo y Baus. Doce días después Galdós escribe a Menéndez Pelayo que «a pesar de lo dicho, y consultados mis amigos, le autorizo á V. para hacer lo que quiera y proponerme si lo cree conveniente». Menéndez Pelayo maniobrará otra vez en un segundo intento y, el 13 de junio de 1889, Benito Pérez Galdós fue elegido para ocupar la vacante dejada por el jurista, político y escritor León Galindo de Vera. Don Benito obtuvo veintidós votos de los veinticuatro posibles y ocupó el vacante sillón N de la Real Academia Española.

 

Posteriormente, casi ocho años después, escribe don Benito al Secretario perpetuo que «hasta hoy no he sabido que por esa Academia se ha fijado el domingo 31 para mi recepción. Convaleciente de un fuerte ataque gripal, no me encuentro todavía con fuerzas para afrontar, en tan breve tiempo, un acto de solemnidad desusada para mí. Por tanto agradeceré a Vd. muy de veras se sirva intervenir a fin de que la mencionada recepción se aplace para el siguiente domingo 7 de febrero». Pero a las contrariedades con su editor Miguel Honorio de la Cámara, al no llegar a un acuerdo acerca del contrato que los liga, se acumulan sus embrollos amorosos que impiden el ingreso efectivo. Entonces, el 7 de febrero de 1897, pudo celebrarse el acto de recepción pública de Benito Pérez Galdós en la Real Academia Española con la lectura de su discurso y el de contestación por parte de Marcelino Menéndez Pelayo. En su discurso, considerado breve, Galdós expresó que «La sociedad presente como materia novelable» es el punto sobre el cual me propongo aventurar ante vosotros algunas opiniones». Y terminó diciendo que «el ingenio humano vive en todos los ambientes, y lo mismo da sus flores en los pórticos alegres de flamante arquitectura, que en las tristes y desoladas ruinas».

 

 

Manuel Herrera Hernández forma parte de de la Asociación Española de Médicos Escritores.

 

 

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