Revista nº 739
ISSN 1885-6039

Hace 110 años: las pasiones del balón. Notas sobre los orígenes del fútbol canario.

Jueves, 12 de Julio de 2018
Agustín Millares Cantero
Publicado en el número 739

Las lizas de fútbol se hicieron regulares en Las Palmas y ganaron una creciente notoriedad al discurrir el primer semestre de 1908. La muchachada que aprendió las reglas de la colonia británica llegó a expandirse desde el Puerto de La Luz a todo el municipio y, más lentamente, al resto de la isla.

 

 

La historia del fútbol insular cuenta con las prontas noticias de una de sus estrellas en los “tiempos heroicos” y líder del Marino, Eliseo Ojeda Armas, del cual publicó Talleres Voluntad de Madrid en mayo de 1931 su Génesis y Desarrollo del Foot-ball en Gran Canaria, con prólogo del médico republicano federal Bernardino Valle Gracia, gobernador civil interino de la provincia y padre de otras de las tempraneras figuras de este deporte. Volcado sobre su tienda y almacén de comestibles de la calle León y Castillo, Ojeda sirvió posteriormente como árbitro y nos dejó más testimonios estimables sobre “los primeros pasos” en Gran Canaria de su gran devoción terrenal. Las recientes investigaciones del profesor Javier Domínguez García, de las que interesa aquí destacar su título Cien años de fútbol canario. Parte I (1890-1925), han contribuido de forma notable a mejorar el estado de la cuestión. No siendo especialista en la materia, ofreceré en este artículo algunas referencias complementarias, con exclusivas fuentes periodísticas, que pudieran tener utilidad.

 

El fútbol se entronizó en el Archipiélago desde finales del siglo XIX a través de empleados y directivos de las casas carboneras británicas, todopoderosas en nuestros puertos mayores. Se ha dicho que, en los arenales y explanadas de la conurbación entre Las Palmas y La Luz, tenían lugar por aquellas fechas partidas informales organizadas por miembros de la colonia del Reino Unido, presenciadas por jóvenes autóctonos que terminaron por incorporarse a ellas. Entre los modernos deportes de la coyuntura finisecular, sin embargo, era el ciclismo el que generaba especial furor en la capital provincial por medio del santacrucero Sport Club de Tenerife o de la sociedad Veloz Sport de La Laguna (La Opinión, 25-I y 4 y 22-V-1897). La etapa de gestación futbolística no dejó rastros apreciables en la prensa.

 

Hacia mediados de 1902 se tenía montado el Foot-ball Club por integrantes de la colonia británica palmense, gracias a los favores del cónsul Peter Swanston. El mismo disputó entre octubre y noviembre tres encuentros con oficiales y marineros compatriotas del buque de guerra Isis. Al segundo de ellos, verificado el 1 de noviembre, asistió casi un millar de personas y por los anfitriones “locales” despuntaron los señores Miller, Wilson, Henderson, Chalmers y Bombroffe. En la explanada del Parque de Santa Catalina, al poniente de la Inspección Sanitaria y donde al cabo edificó la Compañía Escandinava sus almacenes madereros, volvió a repetirse otro choque entre el Club Inglés y parte de las tripulaciones del Isis y del Drake el 7 de febrero de 1903 (Diario de Las Palmas, 4-XI-1902 y 6-II-1903). Se dispusieron sillas en la pista destinadas a la asistencia femenina y al final hubo un té en su obsequio, recurso habitual en las tareas promocionales.

 

Eliseo Ojeda Armas

(http://www.historiadelfutbolcanario.es)

 

La práctica del llamado “juego nacional de los anglosajones” estaba, a estas alturas, bastante extendida entre los jóvenes y adolescentes isleños. El 2 de mayo de 1903 llegó a incluirse el “gran Foot-ball” entre los festejos de San Pedro Mártir desarrollados en el Puerto de La Luz (Diario de Las Palmas, 27-IV-1903). A juicio de un rotativo santacrucero, el tenis, el golf y el polo eran “los tres juegos favoritos de toda persona elegante”, mientras numerosos críos apostaban decididamente por el balompié sin distinciones clasistas. Un lector del mismo tabloide expresó a finales de 1906 airadas quejas porque la chiquillada había destruido a balonazos o pelotazos dos arbustos del Paseo de los Coches y dañado árboles añosos (El Tiempo, 30-XI-1906 y 19-II-1907). Diario de Tenerife insertó una viñeta humorística de tema futbolístico en su edición del 24 de agosto de 1906 (“Un partido desigual. Peripecias del foot ball”, p. 3).

 

El flamante deporte había ganado mucho predicamento en la capital grancanaria al arrancar 1908, tras constituirse varias “sociedades sportivas” a fin de promocionarlo y verificarse por “lo menos 33 matchs”. La popularidad del mismo resultaba evidente por entonces dentro de la gente menuda, la cual lo practicaba “en patios, calles y plazas”, en muchas oportunidades valiéndose de pelotas hechas “con trapos y papeles”, hasta “creerse dueña de la vía pública y de las narices del pacífico transeúnte, que en más de una ocasión ha servido de blanco”. Según el mismo redactor del Diario de Las Palmas que nos brindó estas informaciones, hubo al respecto peripecias curiosas como la que sigue:

 

No hace muchos días, volvía la esquina de la calle Perdomo llevando una cesta de sardinas a la cabeza, una exuberante pescadora de San Cristóbal, cuando la pelota de un sportman vino con toda la intención de un toro a hacer carambola en el enorme seno de la playera. ¡Por San Diego, la que allí se armó! Cesta, sardinas y pelota fueron rodando hasta la misma barbería del maestro Isidoro y no es para contar lo dicho por la brava mujer con tal motivo.

 

En múltiples arterias de Las Palmas solían improvisarse terreros futbolísticos y en cada uno saltaba “un desafío”, levantando “adoquines a puntapiés”. Aparte de averiar el pavimento de las vías públicas, la novel afición produjo que los padres viesen “con espanto” la frecuente rotura de calzados apenas adquiridos. Los grandes beneficiarios fueron, evidentemente, los zapateros, en plena crisis por la general importación de botinería foránea, quienes tornaron así “a calentar la banca y a machacar suela”, extendiendo los quehaceres al zurcir los descosidos de los esféricos al uso. El propio reportero llegó a referir el brusco cambio experimentado por el taller de su remendón, quien antes “la mitad de la semana se la pasaba jugando al tute con un amigo y la otra mitad contando las moscas”. Señalando hacia “un montón de botas destrozadas”, el menestral le comentó agobiado:

 

¿Ve usted todo esto? Pues ni en un mes, trabajando los lunes, las dejo listas. ¡Quién dijera que ese condenado juego de los muchachos ha venido a dar vida y trabajo a esta clase artesana, tan humilde como honrada, que los peleteros han condenado a muerte! (“Al pasar. El foot ball, deporte del día”, Diario de Las Palmas, 17-III-1908).

 

RC Victoria (1910-1920, archivo de la FEDAC)

 

Uno de los equipos históricos de Gran Canaria, el Marino Foot Ball Club de la calle Cebrián, en la barriada de Arenales, fue impulsado en mayo de 1905 por las asesorías del carpintero Eusebio Santana Torres, en adelante tesorero y bibliotecario de la Juventud Republicana Federal, contador del primer comité reglamentario de la Federación Obrera y del comité provisional de la Agrupación Socialista. A su vera se alineó entre los cofundadores el postrer cronista del fútbol insular, el sucesivo defensa izquierda, centro medio y delantero centro Eliseo Ojeda Armas, capitán e ídolo de los marinistas y reorganizador de la peña junto a su hermano Manuel en 1912, tal como narró en conferencia ante los micrófonos de Radio Las Palmas en el XL aniversario de la fundación (Falange, 10-VI-1945). El “Pequeño Marino”, de infantiles ante todo, nunca desempeñó un papel señalado en la fase inaugural de nuestro balompié hasta el antedicho reajuste.

 

Dos entidades palmenses sí que tuvieron un protagonismo estelar en la propagación del fútbol por esta urbe, ambas erigidas en 1907. El Club Gimnástico se instituyó en julio fundado y dirigido por el catalán Jaime Company y Escandell, profesor de Gimnasia del Colegio de Las Palmas y después de la Escuela Normal (Diario de Las Palmas, 9-VII y 19-VIII-1907). Orientado inicialmente a las actividades atléticas comunes, no tardó en converger hacia la parcela futbolística al presidirlo el joven jugador Domingo Velázquez. Ya el 25 de diciembre, al elegir en junta general a la directiva reglamentaria, celebró un duelo futbolístico al terminar el acto (Diario de Las Palmas, 24-XII-1907). En octubre, por su parte, había echado a andar el Club Canario con Camilo Martinón a la cabeza, mayormente concentrado en tales prácticas. Si el Gimnástico pareció estar bajo la órbita de los republicanos federales de José Franchy y Roca, el Canario sostuvo nítidas vinculaciones con los liberales de Fernando de León y Castillo.

 

El encuentro que enfrentó a los bloques de estas sociedades el domingo 12 de enero de 1908, otra vez en la cancha del Parque de Santa Catalina, puede considerarse el primero de la serie que oficializó este tipo de competiciones en Las Palmas. Sus presidentes cursaron invitaciones expresas y un “numeroso público”, que superó los 800 espectadores, se trasladó en tranvías y en carruajes desde los barrios del casco histórico y los riscos hasta el Puerto de La Luz. En una localidad donde la gente se moría “de aburrimiento los días festivos”, aquel evento concitó grandes expectativas que la prensa abonó. Un excampeón inglés actuó como “juez de campo” y solventó con prudencia “un pequeño incidente”. Por el Canario sobresalieron los jugadores Juan Rodríguez Millán, Rafael Peñate y F. Spolton; por el Gimnástico, Alberto Seco, Agustín Dávila y Salvador Batista. Aquel venció “por un punto de diferencia”. Los socios de dichos clubes y algunas personalidades acudieron seguidamente al convite de un té en el Hotel Metropole (Diario de Las Palmas, 11 y 14-I-1908; y El Progreso, 17-I-1908).

 

El expresado terreno de Santa Catalina sirvió igualmente de escenario para las dos partidas dominicales que enfrentaron, el 19 de enero y el 9 de febrero, a los equipos del Club Canario y del Club Inglés; el uno acabó en empate a cero y el otro en triunfo británico, sufriendo en este Juan Rodríguez Millán, sobrino de los caciques oligárquicos Rodríguez Quegles, una benigna lesión (Diario de Las Palmas, 21-I-1908 y 10-II-1908). Las disputas de Santa Catalina demostraron que el fútbol se había convertido en un deporte amateur de relieve que arrastraba a una parroquia entusiasta y fiel. Otros matchs opusieron de seguida allí mismo a los Clubes Canario y Gimnástico, gozando igualmente de extraordinaria concurrencia. El campo del Metropole entró en liza sobre todo el 29 de abril, durante las fiestas de San Pedro Mártir, cuando el Club Inglés derrotó al Canario. Un primer torneo triangular enfrentó en Santa Catalina, el domingo 10 de mayo, a los combinados incursos (Diario de Las Palmas, 15-III-1908, 30-IV-1908 y 11-V-1908). Nos refiere Eliseo Ojeda que, los mismos intérpretes de tales espectáculos gratuitos, marchaban previamente por las calles de la población a fin de servir como reclamos.

 

Los trajines del Gimnástico y del Canario en el primer cuatrimestre de 1908, influidos por los del Inglés, exhibieron consecuencias limítrofes. El 23 de abril presentó Felipe Martel Cabrera en la Delegación del Gobierno los estatutos de la Asociación de Foot Ball de Las Palmas, que el 31 de mayo debutó en un embate contra el Club Canario bajo el habitual arbitraje inglés, esta vez del capitán del team Mr. Hooper, como atrás lo había desempeñado Mr. Jenkins (Diario de Las Palmas, 23-IV-1908 y 2-VI-1908). Otras asociaciones deportivas con grupos futbolísticos emanaron a los pocos meses con las denominaciones de Sporting Club y Athletic Club Las Palmas, rival aquella de la Asociación el 12 de julio. A las dos semanas tuvo lugar en el Metropole el señalado advenimiento que contrapuso al Club Canario y una selección de la escuadra alemana recién surta en La Luz, ultimado con otro lunch en el Hotel (Diario de Las Palmas, 14 y 27-VII-1908). El Sporting y la Asociación tornaron a verse las caras en el “estadio” de Santa Catalina el 12 y el 20 de octubre, al socaire de las celebraciones de La Naval (Diario de Las Palmas, 13 y 21-X-1908).

 

Fuente: Ojeda Armas e informaciones de prensa

 

Las lizas de fútbol, así pues, se hicieron regulares en Las Palmas y ganaron una creciente notoriedad al discurrir el primer semestre de 1908. Algunas instituciones deportivas concentraron sus afanes en el exitoso ejercicio y otras fueron creadas expresamente para fomentarlo. La muchachada que aprendió las reglas de la colonia británica y empezó a practicarlas con varios de sus miembros, llegó a expandirse desde el Puerto de La Luz a todo el municipio y, más lentamente, al resto de la isla. En Telde asistimos ya a pruebas balompédicas en el mes de octubre, precursoras del Club Teldense de 1911, que tuvo a dos telegrafistas británicos por grandes luminarias. A su vez, unos cuantos socios del Club de Gimnasia y Recreo de Arrecife de Lanzarote empezaron a competir en enero de 1909 (La Opinión, 19-I-1909). Alevines de la burguesía y de las clases trabajadoras figuraron entre los impulsores insulares de esta afición, convertida en hobby social a lo largo del sexenio 1903-1908. Las hinchadas de los conjuntos pioneros aumentaron con cierta rapidez y agregaron representaciones femeninas.

 

A Tenerife llegó también la estabilidad de los partidos de fútbol en 1908, siempre realizados en la Plaza de San Francisco de La Laguna. Los equipos del Club Inglés de Santa Cruz de Tenerife y el de los jóvenes de la propia capital, luego encuadrados en el Nivaria Sporting Club y el Añaza Foot Ball Club (matrices del Tenerife Sporting Club), compitieron el 22 de marzo con laureles del primero. Sin conseguir “un punto” culminó la lidia del 12 de abril entre el mixto santacrucero y el Aguere Sport. Entre los partícipes dominaron los apellidos burgueses: en Santa Cruz, Vandewalle, Swartz, Lecuona, Rizzo, Camacho, Maffiote o Zamorano, además de aquellos con estirpe británica (Hamilton, Caulfield, Davey, Owes, Dyne o Peacoch); en La Laguna, Saavedra, Tabares, Guerra, Fernaud o Maury. Un hijo de Hugo Hamilton se fracturó una pierna durante otro match lagunero del 4 de octubre. Los alumnos del Instituto General y Técnico de Canarias derrotaron el 2 de diciembre a los representantes del Laguna Sporting Club (El Tiempo, 24-III y 7-IV-1908; El Progreso, 15-IV-1908; y La Opinión, 7-X-1908 y 3-XII-1908).

 

Sostengo, en definitiva, que 1908 entrañó un año clave para la historia del fútbol canario, año al que podemos definir como fundacional a importantes efectos, tanto por el despliegue en la estructuración de los clubes, la continuidad de los “desafíos", la generalización plena del hábito como diversión de masas, la incorporación a los programas de celebraciones patronales y el alto número de seguidores activos y pasivos. Los condicionantes del problema canario, en la dinámica que desembocará en la Ley de Cabildos de julio de 1912, obstaculizaron las relaciones entre los futbolistas de las islas centrales por largo trecho. Hasta mayo de 1914 no se estableció el Campeonato Regional de Foot Ball. Otros cenáculos vinieron a recoger la antorcha levantada por los precursores y en ellos encontraron acomodo muchos de los que obraron como tales. Detrás del Club Inglés, el Gimnástico, el Canario o la Asociación merecen en Las Palmas dicha gloria. 

 

 

La foto de portada representa al Marino FC en los años 20-30 del siglo XX (archivo de la FEDAC).

 

 

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Manuel J. Lorenzo Perera y Mª. Dolores García Martín (Investigadores de Etnografía de Canarias) (y 2ª Parte)