Revista nº 727
ISSN 1885-6039

Luján Pérez, acuarelista judicial.

Martes, 09 de Enero de 2018
Pedro Socorro Santana y Pedro C. Quintana Andrés
Publicado en el número 713

El imaginero guiense realizó una serie de mapas de distintos lugares de Gran Canaria para la Real Audiencia de Canarias como pruebas en litigios relacionados con las aguas.

 

 

El legado de José Luján Pérez (1756-1815) es tan inagotable que, más allá de ser reconocido como el mayor escultor de imágenes religiosas del archipiélago, hay otra faceta hasta ahora desconocida del prolífico artista guiense, la de habitual perito judicial de la Real Audiencia de Canarias. Así lo desvelan los investigadores Pedro Socorro Santana y Pedro C. Quintana Andrés en este texto, quienes aseguran que Luján es el autor de al menos cuatro mapas topográficos, en acuarela, que datan entre los años 1802 y 1810, y se encuentran localizados en el Archivo Histórico Provincial de Las Palmas.

 

El Archivo Histórico de Las Palmas Joaquín Blanco conserva entre sus tesoros cartográficos al menos cuatro mapas pintados con acuarela entre 1802 y 1810 y realizados por uno de los más reputados artistas del momento: José Luján Pérez (1756-1815), a quien la Real Audiencia de Canarias encomendaba o aceptaba dichos trabajos cada vez que se desataba un litigio judicial, habida cuenta de «su celo y seriedad», pero también en sintonía con las nuevas exigencias científicas de la legislación de aquellos siglos. Hasta ahora era conocida la faceta del célebre imaginero grancanario como proyectista en los ámbitos de la arquitectura y diseño de piezas lignarias con unos resultados excelentes. A él se deben, por ejemplo, las labores de renovación arquitectónica de la fachada, cimborrio, coro y tabernáculo de la catedral de Santa Ana, de la que fue nombrado maestro de obras, sus proyectos de la iglesia de los Cercados de Araña, en Tunte, y del frontis de la parroquia de San Mateo Apóstol o la reforma de la sala de Tercera Instancia en el edificio de la Audiencia de Canarias1, destacando su habilidad para la pintura. Pero desconocíamos otra importante faceta de este genial artista realizada en el ámbito de la Real Audiencia de Canarias. Una serie de mapas cartográficos de su autoría que destacan por una modestia artesanal, pero en las que probablemente había en ellas ingenuidad y un sólido orgullo de gran arte consumado, vienen a completar la polifacética personalidad artística del imaginero guiense, la de perito judicial. Son apenas cuatro acuarelas de barrancos, tres de ellas sin firmas, relacionadas con litigios de propiedad o uso del caudal entre las heredades y particulares, pero suficientes para demostrar que Luján fue un prolífico artista que lo mismo tallaba una efigie de la Dolorosa que abandonaba su taller y salía a lomos de caballerías para enfrentarse a la aventura de pintar casi a vista de pájaro aquellas formas del paisaje rural con una fidelidad tan absoluta como necesariamente creativa.

 

Brújula de orientación y palmera canaria situada junto a la fuente del Bucio, pintadas por José Luján Pérez

en los mapas de Telde y de Santa Brígida a comienzos del siglo XIX (fotos: P. S.).

 

Luján Pérez tanteaba mundos diversos, moldeaba la madera y pintaba un universo de pinceladas menudas que buscaban imitar la realidad territorial o paisajística. Su tarea era entonces incesante, sumando unas experiencias que, sin duda, le darían gran beneficio económico en aquellos lejanos años, en los que ya provocaba entusiasmo y respeto. Los mapas dibujados a mano alzada, con ruda autenticidad, representaban un valioso testimonio de primera mano o prueba documental, en clave explicativa, en los litigios civiles dirimidos por la Real Audiencia de Canarias y que habían de ser resueltos, previo a la aparición de la fotografía, pero en un momento en que Canarias ya había sido objeto de la atención geográfica y científica europea.

 

Sencillez y concisión. Los mapas irradian un sencillo sentido de la belleza, de la concisión expresiva, que probablemente aprendió de sus contemporáneos, pues no olvidemos que Luján fue discípulo del arquitecto Diego Nicolás Eduardo y contemporáneo de los pintores Juan Miranda, Cristóbal Afonso o José Osnawally, que le ayudaron a formar su estilo. Cada dibujo es algo más que una copia: es sobre todo un acto de conocimiento previo del terreno, logrado con mucha paciencia y observación. No resulta difícil comprender estos documentos de tipo cartográficos o figurativos ya que el autor suele usar un lenguaje gráfico sencillo, pero sí situarlos hoy día en el lugar donde se ejecutaron debido a las transformaciones del territorio, ya que entonces la naturaleza era tan pura que podría tratarse de un dibujo trazado en los primeros días de la creación. Cada uno de los dibujos posee un valor documental y estético, pues nos describe la realidad física existente hace más de dos siglos, lo que nos permite estudiar la evolución del paisaje y nos ofrece a la vez, y ahí radica su valor, la posibilidad de convertirnos en viajeros a través del tiempo. Son cuatro representaciones gráficas minuciosas, artísticas y de precisión, en distintas medidas, pero en las que puede apreciarse la configuración superficial del territorio de diversas partes de la isla: Valle de Casares (Telde y Valsequillo), San José (Las Palmas de Gran Canaria), La Angostura (Santa Brígida) y Fontanales (Moya), todas ellas relacionadas con conflictos relacionados con las aguas en las que interviene las heredades. En todas las acuarelas resultan visibles las acequias, los linderos de las distintas propiedades agrícolas, los caminos reales, las pocas casas solariegas existentes entonces en esos lugares.

 

Las técnicas de manufactura son también idénticas en todas sus obras, predominando la aplicación de color a pincel. Son mapas puramente figurativos, que carecen de escala, aunque el artista hace uso de unidades de medidas reguladas por el sistema real de Castilla, en concreto la vara castellana, para conocer las distancias entre los puntos, como en el caso del barranco de La Angostura, donde detalla en medio del cauce 50 varas, aproximada de 40 metros, para definir la distancia entre los puntos2. En ellos pueden observarse los riscos o las paredes presentes en los territorios, cuyos perfiles trazaría Luján con soltura infalible, sombreando con el color gris la zona agreste de las montañas y barrancos, tal y como solía ser habitual en las cartografías territoriales de los siglos anteriores, para dar en todos ellos una impresión del relieve. Esa misma tonalidad, como una cinta continua, la emplearía generalmente en todos los lienzos para resaltar las acequias que abastecían estos lugares: el marrón para las grandes haciendas o cortijos rurales; el azul para los nacientes y estanques; el rojo para los caseríos y tejados, mientras que el color más claro, o fondo del papel, serviría para señalar los caminos principales o cauces de los barrancos. También representaría las propiedades agrícolas y sus linderos, rellenando con tonalidades verdes las zonas cultivadas con símbolos primarios relativos a árboles. Debemos señalar, finalmente, que en cada una de las acuarelas va incluida una leyenda descriptiva de los símbolos empleados en la lámina para reflejar los distintos datos espaciales, escritas por el propio imaginero.

 

Mapas y litigios. El primer paño en acuarela elaborado por Luján del que tenemos constancia lo realiza en diciembre de 1802, cuando ya contaba con 46 años y con sólidos conocimientos en diversas disciplinas. Este paño de pintura recrea el barranco del Laurel de Fontanales y se confeccionó después de que los alcaldes de las aguas del heredamiento de Moya, Diego de Almeida y José A. Marrero, a su vez alcalde real del lugar, segaran una acequia que había abierto el clérigo Cristóbal Vicente Mújica, vecino de la ciudad, por debajo de la fuente del Laurel para regar una huerta de árboles3. El pleito tuvo su inicio el 20 de febrero de 1802, apenas cinco meses más tarde de que la Audiencia concediera al clérigo Cristóbal Vicente Mújica 30 fanegadas de tierras realengas en el denominado Llano de las Hayas, en pleno bosque de Doramas, y que dio a conocer por vez primera en 2008 los historiadores Vicente J. Suárez Grimón y Pedro Quintana en su publicación Historia de la Villa de Moya4. El demandado alegaba que el agua venía de la Fuente Fría y su defensa aportó un paño de pintura que representa la comarca desde Fontanales hasta el pueblo. La parte contraria consideraba que no estaba fielmente reflejada la realidad, proponiendo otro paño que realizaría el célebre pintor del barroco Juan de Miranda, pero debido a su edad, 79 años, no estaba en condiciones de reconocer el terreno para recoger fielmente la zona en conflicto. Ante esta disyuntiva procesal, la sala de la Audiencia de Las Palmas decidió el 2 de diciembre de ese año la realización de otro paño de pintura, que sería pagado a medias, hasta la resolución final del juicio. Finalmente, sería José Luján Pérez el encargado de realizar dicha ilustración que hoy se conserva en el Archivo Provincial.

 

 

Firma de Luján Pérez en el paño del barranco capitalino de san José y dibujo de las cruces del calvario de san Juan

que existía a comienzos del siglo XIX en la muralla sur de la ciudad (fotos: P. S.).

 

El mapa tiene unas dimensiones de 29,5 x 44 cm y, como ha sido habitual, tampoco aparece firmado, pero mantienen los mismos detalles: estilo, colores, concepción decorativa, su particular tipo de letra en la leyenda, las siluetas de los árboles, las lindes entre las tierras de cultivos, etc. Se da la circunstancia de que en la parte superior del paño dibuja la silueta de la antigua ermita de San Bartolomé de Fontanales, con su tejado, donde se dice que Luján hizo su primera comunión cuando contaba con diez años y tallaría después la efigie del patrón local. Probablemente se trate del primer documento gráfico de esta emblemática iglesia, por lo que sin duda es un documento de gran valor para el pueblo de Moya. Por si fuera poco, en el mapa topográfico figuran un total de 24 elementos, entre ellos los nacientes, fuentes y los distintos barranquillos que se unen al cauce mayor, la acequia real, la masa forestal que aún quedaba a comienzos del siglo XIX del bosque de Doramas e incluso un pequeño caserío del lugar del pueblo Moya, al que sitúa en la parte inferior de la pintura con el número 24.

 

Plano topográfico del Valle de Casares, en Telde, en 1809, una acuarela de Luján Pérez (fondo: Real Audiencia, exp. 1380).

 

El segundo paño de pintura fue realizado el lunes 2 de septiembre de 1805 para dilucidar un recurso de queja que Marcos Pérez, arrendatario de los cercados de Solís, había presentado el mes anterior contra los alcaldes de aguas del heredamiento de Las Palmas, José Quevedo y José de Torres, por los perjuicios causados en el riego de la finca durante el sábado 31 de agosto de ese año. En la misma ilustración incluye una leyenda y su particular rosa de los vientos o símbolo de orientación del mapa que, en forma de círculo, marcaba los cuatro puntos cardinales, tal como se venía haciendo en las cartas portulanas. Es el único mapa de los estudiados en el que estamparía su firma, en la parte inferior, poniendo J. Pérez.

 

El dibujo, de 50 x 38,5 cm, recoge una amplia zona del barranco de San José, en Las Palmas de Gran Canaria, fue aportado por el demandante al tribunal de la causa «con el objeto de poner en claro la verdad, de aquellos sitios a efectos de que peritos que se nombren de oficio se inspeccione y ratifique»5. El artista trata de plasmar, según titula en la leyenda, la corriente de la acequia de las aguas de La Mina y Barranco Seco desde el Molino del Hospital. Es, quizá, el que más información iconográfica aporta de todos los estudiados. En él podemos contemplar la silueta del barranco Guiniguada, en su desembocadura, los barranquillos, las ermitas de San Roque, San Juan y San José; el antiguo hospital de San Martín, que enlaza el centro histórico de Vegueta con los barrios populares de su entorno; el calvario de San Juan, ya desaparecido, que se alzaba con sus tres cruces en la parte alta de la antigua muralla sur; el callejón del Pan baso (Pambaso), el antiguo molino harinero del fundador del hospital, las diferentes tornas y acequias, la caja de agua de El Batán, las portadas de San José y de los Reyes, el quemadero y hasta la casa del alcalde de las aguas, José de Torres, el demandante. Pareciera como si Luján Pérez dibujara la realidad urbana de aquella parte baja de la ciudad de Las Palmas subido a la misma torre de la Catedral.

 

El tercer mapa, de 34 x 23 cm, trata de recrear el entorno del valle de Casares, entre los municipios de Telde y Valsequillo, tras un expediente de queja de la familia de José de Reina, vecino del lugar, contra el alcalde de las aguas, Antonio Pulido, por haberle impedido el aprovechamiento de las aguas para el riego de su hacienda de Los Álamos, estando entre los demandantes María de las Nieves del Castillo y su sobrino Pedro del Castillo, prebendado de la Catedral6. Luján trazaría aquí un mapa que representaba parte del barranco de Casares, con los terrenos inmediatos, nacientes de las aguas que formaban el heredamiento de Los Álamos, en La Gavia, dibujando las haciendas y la gran orografía de este lugar situado entre los municipios de Telde y Valsequillo. La acuarela fue encargada poco después por la familia del Castillo a José Luján, «para que dibuje y levante un paño de pintura que comprenda todo el terreno en que nacen los remanentes y fuentes del heredamiento con todo lo demás conveniente a venir en conocimiento de la verdad»7.

 

El último dibujo del que tenemos constancia lo realizaría el 30 de agosto de 1810, día que se trasladó al valle de La Angostura, en Santa Brígida8, y que dimos a conocer en la publicación De cuando La Angostura fue un gran lago, editado en el año 2014 por la revista BienMeSabe.org9. Allí Luján Pérez dibujaría el entorno de la antigua fuente de El Bucio, entrada actual a este pago satauteño. Estamos ante otro plano levantado con criterios topográficos que dibuja la geografía física de esta parte del territorio satauteño, en la que sólo aparecen tres viviendas solariegas construidas, pues la mayor parte de la población vivía en las cuevas horadadas a lo largo de la fértil cuenca del Guiniguada. En la parte superior trazó la antigua hacienda del teniente coronel Nicolás Massieu y Salgado (1720-1791), del siglo XVII, que había heredado de su tío el canónigo, que aún hoy se mantiene en pie, situando en la parte este la vivienda de la familia de Antonio de Vega (número 12). En esta acuarela, en concreto, figura el camino real de La Angostura, hoy prácticamente desaparecido, que pasaba por la parte trasera de la casa solariega, cruzaba el barranco y seguía por la otra orilla del cauce, en dirección a Los Olivos (actual zona de El Colegio). Las fincas se ven pobladas de árboles frutales, sobre todo naranjeros, pero también olivos, barbusanos y calabazas, a las orillas de las acequias, creando una imagen virginal de este valle en los primeros años del siglo XIX.

 

En la parte baja del mapa puede observarse una especie de islote en medio del cauce del barranco y numerada (11), que hoy es el lugar donde se encuentra el campo de fútbol de La Angostura. A la derecha, se aprecia una palmera alta, a cuyo pie se medían las aguas de El Bucio, topónimo que todavía subsiste. La palmera canariense ha desaparecido, pero alzaba su figura frente al Morrete de las Galgas, es decir, la pared o montaña que delimitaba a La Angostura con los Llanos María Rivera, justo en la curva de la carretera de La Angostura (GC-320, p.k. 3), en lo alto del actual campo de fútbol. Allí, en ese mismo lugar, existe hoy un pequeño cuarto con las cantoneras o troneras de las aguas de la fuente del Bucio y Briviescas, que debe su nombre a Luis de Briviescas, dueño de un molino de pan en la zona a fines del siglo XVI.

 

Acuarela realizada por José Luján Pérez en el verano de 1810 con motivo de un pleito ante la Real Audiencia por la disputa

de un naciente junto a la fuente del Bucio, en pago satauteño de La Angostura (fondo: Real Audiencia, exp. 1446). 

 

La citada representación pictórica o cartográfica se realiza como consecuencia del litigio iniciado en la Real Audiencia por José González Sánchez, vecino de San Lorenzo y alcalde de las aguas del heredamiento del Bucio, contra la heredad de Vegueta, Triana y Dragonal, con el objeto de saber qué cantidad de agua debía entregarse a la caja de repartimiento, pues existía una porción que fluía de un minadero hallado en el lugar y que ambos heredamientos se disputaban. De modo que, para la práctica de cierta pericia, el 29 de agosto de 1810 el procurador Tomás Hernández Socorro, en nombre de los representantes de la fuente de El Bucio, encarga la realización de un paño de pintura de ese lugar a Luján Pérez, «sujeto inteligente e imparcial»10, se asegura. Un día después, Luján se traslada al lugar, acompañado del otro perito elegido, Juan Romero, vecino de Telde, al objeto de asistir a la práctica de la diligencia de reconocimiento judicial, que supone la elaboración de material gráfico que documente los hechos. A las cuatro de la madrugada han acordado salir de la ciudad en caballerías en dirección a La Vega. Entre las diez de la mañana y las cuatro de la tarde de aquel día un grupo de personas, formado por implicados y peritos, se da cita en el lugar y comprueba in situ el arroyo de la disputa. Ambos comisionados acordaron que las aguas que afloraban no pertenecían a El Bucio, pues el minadero era subterráneo y que, en todo caso, ya venía de la otra acequia del heredamiento de la ciudad. Luján firmaría dicho documento, no haciéndolo su compañero por no saber.

 

Elección de Luján para realizar un mapa en La Angostura en 1810, cuya firma aparece en dicho expediente (fondo: AHPLP).

 

Estado de conservación. Todos los documentos cartográficos se encuentran en un buen estado de conservación, y tres de ellos han sido separados de los expedientes originales por los responsables del Archivo Histórico Provincial para crear un fondo especial a fin de evitar su deterioro por la frecuente manipulación, respetando siempre su relación con el documento del que han sido extraídos y siguiendo una práctica generalizada en otros centros. Y aunque la colección de mapas cartográficos no es muy extensa en número, sí es significativa por su contenido. Después de la muerte del pintor José Osnawally, de quien seguramente utilizó sus fuentes de trabajo, Luján Pérez se convirtió en el perito más reconocido en aquel tiempo para realizar este tipo de trabajo. De hecho, el 14 de abril de 1812, con motivo de un nuevo procedimiento judicial entablado por los alcaldes de aguas del heredamiento de la acequia de Tafira contra el vecino de la capital Andrés Melián por la limpieza de la acequia en el pago de La Palma (San Mateo), el demandado alega que no pudo contratar como perito «al inteligente D. José Luján porque vive cinco o seis leguas distantes de la Vega de San Mateo, como que ser su residencia en los pueblos de Guía o Agaete»11. Por tal motivo, se eligió a José Torres y Francisco Toledo, autores de un sencillo croquis, dejando a la Vega de Arriba sin la oportunidad de haber contado con una pieza pictórica del artista que más esculturas religiosas hizo para la parroquia de la Vega de Arriba.

 

En definitiva, esta pequeña variedad de acuarelas, dispersas en diversos expedientes judiciales, nació con una función inicialmente pericial, pero constituye un compendio –a veces un punto de partida– de otras tantas disciplinas: Cartografía, Arquitectura, Urbanismo, Etnografía, Geografía, Arte, incluso puede despertar el interés por el microcosmos simbólico de pueblos como Las Palmas de Gran Canaria, Telde, Santa Brígida y Moya, en los que dibujó sus entrañas, y el orgullo de la isla en general. Por lo tanto, son una importante aportación a la historia de nuestro patrimonio documental, al mismo tiempo que agranda el potencial expresivo y estético de Luján Pérez 253 años después de su nacimiento en Guía, y del que ahora ha retornado con el reconocimiento de todos.

 

Detalle de la ermita de San Bartolomé en Fontanales (Moya), con tejado a dos aguas, junto a la casa principal de la familia de Juan Mateo,

tal y como lo reflejara Luján Pérez en 1802, y, en la imagen de la derecha, casas en el Valle de Casares en Telde 

(fondo: Real Audiencia, exp. 1452 y 1380).

 

Mapa realizado por Luján en el barranco de Fontanales en diciembre de 1802 (fondo: Real Audiencia, exp. 1452).

 

 

Notas (fuentes y bibliografía)

1. DE LUXÁN MELÉNDEZ, S./ HERNÁNDEZ SOCORRO, M.ª DE LOS REYES: «La Audiencia de Canarias durante el periodo 1812-1814: El plano de Luján Pérez para la remodelación del tribunal en el viejo edificio de las Casas Consistoriales. Una metáfora del nuevo orden jurídico-institucional», en José Luján Pérez. El hombre y la obra 200 años después. San Martín. Centro de la Cultura Contemporánea. Cabildo de Gran Canaria, Diócesis de Canarias, San Martín. Las Palmas de Gran Canaria, 2015, págs. 63-72.

2. La vara castellana tiene aproximadamente 0,836 metros.

3. AHPLP. Fondo: Real Audiencia de Canarias; serie: procesos; exp. n.º 1452, año 1802.

4. SUÁREZ GRIMÓN, V. J./ QUINTANA ANDRÉS, P. C.: Historia de la Villa de Moya (siglos XV-XIX). Anroart Ediciones, 2008, Tomo II, pág. 554.

5. AHPLP. Escrito de Marcos Pérez, de fecha 30 de septiembre de 1805, f. 16, de la Real Audiencia de Canarias, procesos, exp. 1394.

6. AHPLP. Real Audiencia, procesos, exp. 1380, año 1809.

7. Ibidem, f. 189 vto.

8. AHPLP. Real Audiencia de Canarias; serie: procesos, exp. 1446, año 1810.

9. SOCORRO SANTANA, P.: «De cuando La Angostura fue un gran lago» en la revista BienMeSabe.org, de fecha 2014.

10. AHPLP. Fondo: Real Audiencia; serie: procesos; exp. n.º 1446.

11. AHPLP. Fondo: Real Audiencia; serie: procesos; exp. n.º 1432, año 1812, f. 42 vto.

 

 

Foto de portada: Mapa de la problemática creada por el riego de una finca en el barranco de San José, en Las Palmas de Gran Canaria, en el otoño de 1805. En él destacan las ermitas y partes de San Juan y San Roque, y que firma Luján Pérez (fondo: Real Audiencia, exp. 1394).

 

 

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