Revista nº 706
ISSN 1885-6039

Crítica lírica por el Casco Viejo de Corralejo: doce años. (Incluye GALERÍA DE FOTOS del XII Encuentro)

Lunes, 10 de Julio de 2017
José Miguel Perera
Publicado en el número 687

El Encuentro Internacional de Improvisadores por el Casco Viejo de Corralejo celebraba este julio de 2017 su edición número XII, con lo que ya van no pocos años poniéndose sobre la mesa de aquel rincón majorero, por el Carmen, algunas cuantas cuestiones de importancia que trataremos.

 

 

Doce años dan para mucho y, aunque no es cifra redonda en esto de las efemérides históricas, resulta evidente que la largura en el tiempo de este episodio literario-musical necesita a estas alturas de un comentario mínimamente sustancial. Y así, una de esas cuestiones aludidas es la envergadura que, por diversos asuntos, este acto ha ido tomando desde sus inicios y hasta el día de hoy. Porque si bien es cierto que los festivales de improvisación de poesía en Canarias, de alguna manera, ya existían (y uno extensamente arraigado en el tiempo es el de Tijarafe, en La Palma); y si bien no es menos verdad que cada vez son más los que se convierten en realidad en tantos puntos de la orografía cultural del Archipiélago (Verseando con Ingenio, por ejemplo, es un año menor que nuestro protagonista), este de Corralejo se ha ido constituyendo en un cristalino faro de determinados aspectos que han de tenerse en cuenta a la hora de entender con cierta fluidez cuál es el estado actual de la improvisación en Canarias, así como lograr vislumbrar e intuir alguna astilla sobre su futuro próximo.

 

La actualidad nos lleva, precisamente, a destacar el motivo generador e inspirador de la creación de este abanderado acontecimiento poético: el conflicto en torno a las casas del Casco Viejo del núcleo costero de Corralejo, en La Oliva. En el tesón y la lucha del Comité de Afectados frente a una actitud descaradamente especulativa de una determinada cabeza empresarial (malintencionada, según el TSJC), que intentaba hacerse con las casas centenarias de la gente a través de una oculta carambola legal, por la espalda y a traición, este colectivo perjudicado recibía hace nada, y como ejemplo de esfuerzo y perseverancia en su praxis, la Medalla de Oro de Canarias por parte del Gobierno autónomo. Con anterioridad, en 2006, el Cabildo de Fuerteventura reconoció la acción ciudadana mentada con el premio al Mérito Social, pues de rigor se tornaba desde aquellos primeros años que la injusticia era suma y, por tanto, que la consecuente organización del manoseado pueblo indignado debía ser estimulada. Son más de cien los juicios ganados desde comienzos del siglo XXI, cuando arrancó el barullo, o sea, la casi totalidad de ellos.

 

Luis Paz ante el público de la primera convocatoria

 

Ambiente en la plaza Patricio Calero

 

En esta dirección, la asociación del Comité de Afectados galardonado es, y no mucho después de que se echaran a andar los alargados procesos y las favorables sentencias, la que decide organizar un festival de poesía improvisada que tuviera como diana principal del verbo insuflado la desdicha de esta gente común a la que, sin beberlo ni comerlo, y sin tampoco saberlo, el mangoneo quiso quitar el necesario techo que tanto les costó tener. La razón de un pueblo sigue siendo el lema del encuentro puesto que aquella –la razón– se tuvo siempre de antemano; y lo que han ido desandando los poetas en las sucesivas ediciones son diversas maneras y múltiples estilos de volver a recordar que la lucha de los justos sigue en activo, y que se está venciendo por goleada, y hasta el ridículo, al especulador usurero. La voz de la lírica se entronca, comenzando el verano, a la perpendicular del sufrimiento diario de los damnificados y lo convierte, por esos modos solo capaces de la palabra rimada y ritmada, en una fiesta, en la fiesta de los que andan llorando; jolgorio que es parada del dolor, pero también inyección de energía para seguir en el largo y proceloso campo de batalla, aún por finiquitar.

 

Este grueso reborde característico de puesta en cuestión del poder y de crítica social (que en la cancha lírica de la que hablamos es ensanchado a otras problemáticas humanas) se asoma, con rigurosidad y precisión, como uno de los rasgos más característicos de la confluencia de voces que cada edición es convocada en el Norte majorero; porque no existe en toda Canarias, y acaso de modo puntual en el orbe de la improvisación en español, una reunión de gestores de la palabra repentina aunados alrededor de un móvil generador vehiculado por la irritación y el descontento de un atropello injusto, en este caso casi de corte caciquil (nada extraño, por cierto, en la circunstancia histórica remota y reciente de Fuerteventura). Aunque este lazo entre la crítica social y la poética del repentismo no es nada casual, ni siquiera un elemento ajeno al género tradicional aludido. El mismo transita a lo ancho del cotidiano caminar de la secular sucesión de la improvisación en verso, con lo que la originalidad presente de la cita majorera se asienta propiamente en el más remoto pasado de la práctica de la lírica tradicional de la que hablamos. Por tanto, y estrictamente, nos encontramos en Corralejo, y desde allí como modelo hacia toda Canarias y hacia el mundo hispánico, ante una de las más interesantes propuestas de refundación, a día de hoy, de un antiguo género literario popular: su vivificación a través de la actualidad sociopolítica concreta.

 

Entendida en estos términos, la entrada en la habitación de esta proposición censurante para con la inmoralidad es familiar al poeta improvisador que se suma a ella; y quizás sea de los elementos sobresalientes que, a mi modo de mirar, viene ejerciendo en los últimos quince años la creatividad de Yeray Rodríguez, en nuestros días uno de los más completos verseadores insulares y uno de los más importantes en el entorno de habla española: lo hace en las fiestas, en los festivales, en algunas manifestaciones, en las redes sociales… (contra la especulación, las prospecciones petrolíferas, la violencia machista, ante la Ley del Suelo…). Con lo que, por lógica coherencia y complementación mutua entre el espíritu del festival majorero y la poética particular del artenarense, será automático comprender que es el propio Yeray Rodríguez la cabeza literaria y musical estructuradora de cada una de las anualidades del encuentro de Corralejo, fuera y dentro del escenario; en el que –por cierto– junto a los altos grados de la sensibilidad del verso siempre es subrayada la presencia de músicos y voces notables, sean canarios (Domingo Rodríguez el Colorao, Javier Cerpa, Aberlardo el Tormento, Mariví Cabo, Samuel Pérez, Pedro Manuel Afonso, Silvestre Ramírez, el timplista Althay Páez…) o de otras latitudes, como el cuatrista boricua Edwin Colón Zayas, por poner un caso significativo.

 

Majoreros y herreños en el Muellito

 

Expedito Suárez con niños grancanarios

 

Entre el Muelle Chico y la plaza Patricio Calero. En el intervalo de vida del festival el tiempo, lógica y tristemente, ha testado algunos rastrojos notorios, y el más considerable quizás sea el fallecimiento de varias de las personas mayores implicadas sin haber podido disfrutar de una resolución legal a su favor. También se han transformado los paisajes del evento, que siempre se han movido en la década primera entre el emblemático Muelle Chico y la cercana plaza Patricio Calero. En el primero, se daba al público un aperitivo en plena luz vertical del mediodía, junto a la playa y con la continuada isla de Lobos como testigo de fondo, que derivaba en manifiesta invitación al respetable para el juicio colectivo en la plaza pública durante la tarde-noche; y todo ello sobre un costrado corazón palpitante en medio del pasear habitual del turismo desentendido que mira, con inquietud y estupefacción, a músicos y bardos, tras las cremas solares de sus pieles claras.

 

Ya en la plaza nocturna iluminada de esperanza, que igualmente ha tenido sus reformas, el auditorio (siempre abultado y rebosante) se entrecruza visual y entusiásticamente con los poetas, pues las palabras de estos se inspiran en los deseos de aquel; y entre algunos golpes de humor y otros tantos socarrones gestos, poco a poco, se va encendiendo la mecha de la reprobación en el foro colectivo de Corralejo. Es esta precisa mestura de sonrisas, lágrimas y rabias la que consigue que la acción de los hacedores de rimas, que son aquí literalmente pueblo, se eleve curación, sanación afectiva y efectiva, canto conjunto donde los octosílabos se arrojan desde la concurrencia para que los jueces creadores amorosen las articulaciones de la directa polca majorera o de la elaborada décima espinela, en pos de la utopía por la que todos vienen clamando.

 

Los participantes han sido numerosos y significativos por su calidad y diversidad de estilos, empezando por los propios hijos de la isla majorera: la voz de tierra adentro de Domingo Umpiérrez el Cuco, el poeta Marcos Hormiga, Lydia Moreno, el también timplista David Rodríguez el Majorero o el joven de Lajares Ayose Cabrera, entre otros, son evidentes ejemplos de este linaje; así como de Lanzarote nos sorprendía desde la primera edición Yurena Cubas. De Gran Canaria, amén de Yeray Rodríguez, allí han estado el decano actual de la décima improvisada insular y su sobrino, ambos nombrados Expedito Suárez; pero también diversos creadores que poco a poco se han ido sumando durante estos tiempos al arte de la interpretación en el verso octosilábico, como José María Dávila. Por la otra provincia, desde Tenerife pero con pasaporte rectamente gomero, aterrizó en el escenario, y con promesa de futuro, el ilusionante equilibrista Eduardo Duque; desde La Palma ha caído alguno de sus valores, como Rodolfo Hernández; y, en fin, de El Hierro han arribado, en unas cuantas ocasiones, la ingeniosa pareja entrecruzada de Juan Luis Barrera y Carmelo Padrón.

 

De más allá, y para sumarse a la causa, se han acercado con la enseña de Cuba Raúl Herrera, Orlando Laguardia, Roberto Pérez (fallecido), Axel Díaz, el increíble quehacer estrófico de Alexis Díaz Pimienta (que al juntarse con Yeray, y al través de la rima estética, es capaz al compás de volcar el escenario hacia el cielo de la ética); o las décimas de los hermanos Papillo (y destaco especial y personalmente el prodigioso verbo enmarañado de Luis Paz). Por parte de México estuvieron los originales y traslúcidamente críticos, enraizados en su cultura y muy solidarizados con Corralejo y los principios honestos, Guillermo Velázquez y sus Leones de la Sierra de Xichú. Por Colombia los levantalmas e imparables –con el verbo y por el cuerpo–, con ritmo y movimiento cuasirrapero capaz de poner a todo el personal en pie, John Alexander Cardona Picaflor, Edwin Jahir Giraldo Radioloco y Carlos Tamayo el Canario. De Puerto Rico los mesurados y elegantes compases en los reconocidos trovadores boricuas Casiano Betancourt, Arturo Santiago, Isidro Fernández y Roberto Silva. Por Venezuela Ernesto da Silva, por Argentina Marta Suint y por Uruguay José Curbelo; a los que hay que sumar desde la Península Ibérica, concretamente de Campo de Cartagena, a Joaquín Sánchez el Palmesano y Antonio Sánchez Marín (fallecido).

 

A la anterior ristra estirada de artistas de peso hemos de aportar que, en cada temporada, se suma alguna sorpresa inesperada, acorde con la beneficiosa improvisación del ambiente. Tres de estos casos son, por poner algunos, la participación en el encuentro inaugural de Juan Ramón Rodríguez, el poeta de Tiscamanita, uno de los pocos improvisadores de décimas que Fuerteventura dio, y que fallecía hace apenas un mes; o en el siguiente curso la presencia de un presentador de lujo, el periodista y amable rostro de Tenderete Antonio Betancor; o uno muy sonado: la aparición inédita, en la quinta convocatoria, del reservado y mítico timplista Casimiro Camacho.

 

Participantes en la quinta edición

 

Puertorriqueños y Eduardo Duque en 2011

 

Géneros, estilos y confluencias. La dinámica entrada y salida a escena de los participantes, así como los intercambios que allí se procuran (entre jóvenes y mayores, entre majoreros y de otras islas, entre americanos y canarios...), consiguen que la dilatada noche –a veces hasta tres horas de espectáculo bajo demanda de la concurrencia– repercuta en convergencia de todos con todos. Tal es así que las polcas majoreras son cantadas por herreños o colombianos, los ritmos del punto canario se declinan en la lengua de los puertorriqueños o las diversas tonadas cubanas de la improvisación se izan prorrumpidas por grancanarios. Las cadencias inimitables mexicanas, las estrofas colombianas de ocho versos (cuatro más cuatro), cantos herreños ancestrales como La Meda, los elaborados y reivindicados romances históricos de Hormiga, las quintillas de los de Cartagena, aguinaldos y seises... absolutamente todos los géneros se van dando las manos, se entremezclan enriqueciéndose unos a otros. Y desde estas maneras de recíproco provecho, donde cada tradición agranda su existencia con elementos compartidos; y de estos modos en los que las banderas colombianas, cubanas..., en el público, saludan a sus paisanos, integrándose sin asperezas en la lucha de los majoreros; así, en la fiesta del verbo frente a las causas comunes por las que los poetas son convocados, donde también han sido reunidos más de una vez niños y jóvenes canarios que aprenden en talleres de poesía; así, y solo así, la voz cercana y particular de Corralejo llega lejos, muy lejos, convertida en justicia deseada de un mundo mejor a través de la cadenciosa marea estrófica que, repleta de porvenir e infinito, y a pesar de algunos, cada julio se oye desde hace ahora doce años.

 

 

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XII Encuentro de Improvisadores por el Casco Viejo de Corralejo

 

 

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