Revista nº 887
ISSN 1885-6039

Cebolla de Lanzarote, un reducto de la tierra.

Viernes, 25 de Septiembre de 2015
Campo Canario
Publicado en el número 593

La cebolla de Lanzarote, al ser un cultivo de secano, se caracteriza por contener un mayor porcentaje de materia seca, de ahí las excelentes cualidades organolépticas de las que siempre ha presumido, muy apreciadas, tanto dentro como fuera de Canarias.

 

 

Para un agricultor entusiasta del campo como Federico Romero, el cultivo de la cebolla es una de las pocas actividades a las que se niega a renunciar a pesar de contar con 74 años. Según dice, la agricultura mantiene activo su espíritu, el mismo que heredó de sus padres y abuelos, también dedicados a esta profesión. En el municipio de Teguise (Lanzarote), donde tiene una parcela de 54 000 metros cuadrados, destina una parte a esta hortaliza de la que recoge, si las condiciones climáticas son benévolas en lluvias, entre 12 000 y 15 000 kilos al año.

 

La cebolla de Lanzarote, al ser un cultivo de secano, se caracteriza por contener un mayor porcentaje de materia seca, de ahí las excelentes cualidades organolépticas de las que siempre ha presumido, muy apreciadas, tanto dentro como fuera de Canarias. De hecho, Romero recuerda cómo hace dos décadas la isla era un punto de exportación de este producto con destino, sobre todo, a la Península y al Norte de Europa.

 

Romero emplea el sistema del cebollino o ajillo para conseguir la propagación de la cebolla. Hay diferencia. El cebollino solo se planta para consumo de la casa porque tiene un casco más fino y suave y se estropea con más rapidez, además de que requiere mucha mano de obra y no es rentable su comercialización. Por otro lado, el ajillo presenta un casco más grueso y es más resistente por lo que se puede poner a la venta. Se siembra entre los meses de octubre y diciembre, cuanto más tardía se siembre mejor porque echa menos tallo, es más bonita y se recoge antes. Una libra de semilla (460 gramos) da para sembrar aproximadamente 50 metros cuadrados.

 

A partir de abril o mayo, se procede a la recogida de los bulbos (ajillos). Luego se tienden para el secado y finalmente se llevan al terreno. El cultivo se realiza de forma mecanizada con una sembradora que el Cabildo Insular de Lanzarote pone a disposición de los agricultores mediante un alquiler por horas. Después de este paso, los siguientes meses toca eliminar las malas hierbas que aparecen para evitar una excesiva competencia por los nutrientes y el agua, además de arrimar la arena alrededor del tallo para protegerlas del viento, del sol y para evitar daños en el bulbo.

 

 

El cultivo en los arenados permite retener la humedad y completar las carencias de agua con algún riego de apoyo siempre que la pluviometría de ese año sea baja. Aún asi, las necesidades hídricas de la cebolla varían en función del tipo de suelo, la zona de cultivo y el contenido de materia orgánica, entre otros aspectos. Otras labores a tener en cuenta, dice Romero, es la fertilización y el sulfatado para evitar el ataque de plagas y enfermedades como la araña roja, la araña microscópica, la cochinilla o el oidio o ceniza.

 

Toda la producción se comercializa fuera de la isla, principalmente en Gran Canaria, a través de empresas exportadoras que marcan los precios de venta. Suele percibir entre 0,30 y 0,60 euros por el kilo dependiendo de lo tardío que recoja la cosecha. Lo peor, dice este agricultor, es que normalmente venimos a cobrar hasta con un año de retraso, lo que nos resta rentabilidad a quienes nos dedicamos a esta actividad.

 

Romero combina el cultivo de cebolla con el de batatas, millo y calabazas, entre otros productos. Posee fincas en cuatro municipios de la isla (Teguise, Tías, San Bartolomé y Yaiza). Algunas ha dejado de cultivarlas porque los años pesan, la mano de obra es cara y la rentas han aflojado. Lamenta que la juventud ya no quiere dedicarse al campo porque, desde la llegada del turismo, es más fácil trabajar sin mancharse las manos. Además son pocas las subvenciones destinadas a Lanzarote y teniendo en cuenta nuestras parcelas, la mecanización sigue siendo para unos pocos agricultores, con lo cual tampoco se nos está facilitando el trabajo. Pese a todo, no tira la toalla, porque como él dice, la agricultura le gusta.

 

 

Este artículo fue publicado previamente en el n.º 102 de la revista Campo Canario.

 

 

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