Revista nº 681
ISSN 1885-6039

Juan Ismael: el artista que nunca pudo dejar de serlo.

Viernes, 30 de Octubre de 2015
Revista Océanos
Publicado en el número 598

Frente a la sinrazón, frente a los impulsos del deseo y a la feroz expresión de los instintos, Juan Ismael ejerció un Surrealismo pacífico y racional, un Surrealismo elegante, si algo así es posible. Aportó al movimiento su capacidad en el dibujo y su mirada poética, que nunca abandonó.

 

 

Fue un intelectual de vanguardia, fue canario y fue un hombre de izquierdas y esos tres elementos marcaron su vida de forma determinante. Como intelectual fue un hombre inquieto, pintor y poeta, que no se quedó aislado en su isla, pero que, al mismo tiempo, logró ser un revulsivo cultural para su tierra. Como canario, tuvo que emigrar a América cuando la necesidad económica apretó. Como hombre de izquierdas, padeció la persecución oficial por su compromiso político. La historia del majorero Juan Ismael (1097-1981) es la de un artista que nunca pudo dejar de serlo.

 

La historia del arte en Canarias lo recuerda como surrealista. Mejor dicho, lo ha empezado a conocer y reconocer recientemente. Influido por el gran artista del movimiento en Canarias, el tinerfeño Óscar Domínguez, aunque también eclipsado por él, Juan Ismael sentó sus bases artísticas en la Escuela Lujan Pérez y fue desarrollándose a medida que se sucedían sus contactos con los lenguajes que iban surgiendo -rechazaba algunos y aceptaba otros-. Fue en 1934 cuando se produjo su viraje al Surrealismo. Era el paso lógico para un hombre de arte que ya había empezado a contactar "peligrosamente" con Gaceta de Arte.

 

 

Surrealista. Frente a la sinrazón, frente a los impulsos del deseo y a la feroz expresión de los instintos, Juan Ismael ejerció un Surrealismo pacífico y racional, un Surrealismo elegante, si algo así es posible. Aportó al movimiento su capacidad en el dibujo y su mirada poética, que nunca abandonó. Sus dibujos empezaron a adentrarse en el inconsciente, pero siempre con un filtro de contención y equilibrio compositivo que hizo que Juan Ismael nunca rompiese totalmente con su pasado. No fue ni de los que se arrimaban al sol que más calienta ni tampoco fue un surrealista en vida, atesorador de escándalos sociales. Fue un artista. Siempre fue un artista, consciente de su propia personalidad creativa, que fue asimilando nuevas tendencias a su propia mirada del mundo, que vivió una vida bohemia, rodeada de otros artistas e intelectuales, pero que nunca se valió del escándalo para dar a conocer su obra. Quizás por eso su figura fue siempre tan respetada entre los artistas de las Islas y, quizás también por ello ha sido tan olvidada para el gran público durante tanto tiempo.

 

Después de la guerra. Los expertos en su obra coinciden en que la Guerra Civil española truncó su desarrollo y, sobre todo, su proyección fuera del Archipiélago. En 1936, Juan Ismael trabajaba en Barcelona como profesor de la Escuela de Cerámica y se encontraba plenamente integrado en el movimiento artístico surrealista de la ciudad. De hecho, muchos afirman que de esta época datan sus mejores obras. La guerra lo acabó haciendo regresar a Canarias y, cuando el triunfo del bando franquista ya era un hecho, Juan Ismael se vio viviendo entre Tenerife y Gran Canaria y marginado por su activismo de izquierda. Pese a esa "marginación oficial", el majorero siguió desarrollando su obra, su personalidad y su vida bohemias, lo que hizo que los jóvenes artistas que iban surgiendo en Canarias, especialmente la generación de los 50 -Manolo Millares, Martín Chirino, Tony Gallardo- se acercaran a él. Tuvo que emigrar, como tantos otros canarios, a Venezuela, pero regresó y retomó su arte en Canarias justo donde lo había dejado.

 

El dibujo. Juan Ismael empezó dibujando y nunca dejó de hacerlo. Su obra se asienta sobre el dibujo y es este el que une sus distintas épocas y aspiraciones. Hubo también evolución -hacia un mayor esquematismo-, pero el dibujo siempre estuvo omnipresente en su obra. A través de él, finalmente, desarrolló los dos principios expresivos de su arte: la capacidad de síntesis y la mirada poética. Esta pasión, además, puede observarse en todas sus épocas. Hasta su incursión en el Surrealismo, Juan Ismael se interesó por los paisajes isleños. Y sometió el medio que le rodeaba a una lectura moderna a través de la esquematización. A su regreso a Canarias tras la guerra el majorero volvió a volcarse en el dibujo. Perviven algunos elementos surrealistas, pero los tiempos y el propio artista han cambiado y ahora solo son elementos esporádicos. Es en esta época cuando comienza a dibujar viñetas y retratos.

 

 

Movilizador cultural. La figura de Juan Ismael no es solo importante en la historia del arte en Canarias por sus propias aportaciones artísticas. Además fue uno de los principales movilizadores culturales de las Islas durante el siglo XX. Esta faceta salió a la luz especialmente tras su regreso a las Islas, que supuso un revulsivo para una actividad cultural aletargada durante años. En Tenerife, será cofundador de la revista cultural Mensaje y promotor del grupo Pintores Independientes Canarios (PIC) en 1947. En Gran Canaria, fundó las hojas de poesía Alisio y fue uno de los grandes impulsores de Los Arqueros del Arte Contemporáneo (LADAC).

 

Poesía. Su faceta como poeta es la cara más desconocida del arte de Juan Ismael. Pese a que durante toda su vida escribió poesía, siempre fue remiso a publicarla. En vida sólo editó tres libros -El aire que me ciñe, Un camino, un poema y Chalet de O'Gorman-. El resto de su obra poética apareció diseminada en diversas revistas o quedó inédita. Muchos años después de su muerte, se editó su antología poética en Canarias bajo el título Dado de lado.

 

 

Publicado previamente en la revista Océanos (n.º 17, diciembre 2009-enero 2010), de Fred Olsen. Fotos cedidas por el Centro de Arte Juan Ismael (Cabildo de Fuerteventura).

 

 

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