Revista nº 681
ISSN 1885-6039

Personajes de El Tablado (y II). Joaquín Rodríguez Castro (1902-1984).

Jueves, 07 de Mayo de 2015
Octavio Rodríguez Delgado (Cronista Oficial de Güímar)
Publicado en el número 573

En la adolescencia aprendió a tocar la bandurria por pura intuición, colocando las cuerdas a la inversa, puesto que era zurdo. Fue por entonces cuando un viejecito del pueblo, nacido en el siglo XIX, le tarareó la música de la Berlina, para la que compuso la letra, que ya se ha transformado en el himno de este pueblo. Construyó casi cien edificios.

 

 

(Viene de aquí)

 

 

Nació en El Escobonal el 10 de mayo de 1902, a las ocho de la noche, siendo hijo del polifacético albañil don Guillermo Rodríguez Díaz y de doña Leonor Castro Díaz. Seis días después fue bautizado en la iglesia de San Pedro Apóstol de Güímar por el cura párroco ecónomo y arcipreste del partido don Rafael T. Rodríguez, actuando como padrino don Juan Castro Díaz y como testigos don Rafael Hernández Delgado y don Fernando Delgado, de dicha vecindad.

 

A los 12 años de edad ya trabajaba de peón de albañil con su padre, por lo que solo podía acudir por la noche a una escuela particular. Y también en la adolescencia aprendió a tocar la bandurria por pura intuición, colocando las cuerdas a la inversa, puesto que era zurdo. Fue por entonces cuando un viejecito del pueblo, nacido en el siglo XIX, le tarareó la música de la Berlina, para la que compuso la letra, que ya se ha transformado en el himno de este pueblo:

 

El baile de la Berlina

es un baile singular

y el pueblo donde se baila

es en El Escobonal.

 

Cuando dejó la adolescencia eligió como medio de vida la albañilería, complementada con el alquiler de la madera de riga que se utilizaba en los encofrados de las casas que iba construyendo. Con la profesión de maestro albañil siempre tuvo trabajo y su obra cumbre fue la actual iglesia de San José en El Escobonal, tras ser destruida la anterior en el incendio de 1942; la levantó en tres años, siendo abierta al culto en 1945, aunque las obras continuaron en los años siguientes; en su interior construyó una bella escalera de caracol, ya desaparecida, que había sido diseñada por su paisano don Gonzalo Díaz Hernández, recordado profesor particular y director de la sucursal de CajaCanarias en Agache.

 

La actual iglesia de San José, la obra más emblemática de don Joaquín Rodríguez como albañil

 

Don Joaquín construyó casi cien edificios en El Escobonal, El Tablado, Fasnia, Lomo de Mena, La Medida, Pájara, Güímar y Santa Cruz de Tenerife, siendo el primero una casa situada en el barrio de Guaza (Güimar), en la Carretera General del Sur y junto a la caseta del Caminero. Entre dichas obras particulares recordamos en El Escobonal las siguientes: las casas de don Juan Frasca, don Enrique Díaz y don Laureano Pérez, en La Corujera; la de don Mateo, en el Lomo del Fuego; el salón de don Martín García, en la carretera a El Tablado a la altura de La Quebrada; otro salón para el mismo don Martín García y las casas de don Celedonio y don Antonio Díaz, en El Pino; la de don Guillermo el Baturro, en la Carretera General del Sur;  las de don Florentín Díaz (salón y vivienda) y don Ireneo Delgado, en la Carretera General, a la altura de La Vera; la de don Modesto Marrero, en la Hoya de los Almendreros; las de don Mario Delgado, don Alberto Delgado (mitad de la obra de la fonda), don Cesáreo Bethencourt y don Arsenio Pérez (la parte antigua junto al cine), todas en La Fonda; las de doña Concha Pérez la Negra y don Urbano Yanes, en La Tambora; las de doña Basilisa y doña Candelaria, en la Tambora Arriba; las de don Fidel Yanes y don Octavio Rodríguez, en la Plaza; su propia vivienda en la Carretera General, bajo la iglesia de San José; las de doña Sabina y don Severino (en La Hoya), ambas en el lugar de Arriba; las de don Pepe Campos (la más antigua) y don Vicente Delgado, en Las Lúas; la de don Evaristo, en El Salto; la de don Fermín, en La Laja; la de don Fidel, en La Hoya; etc. A las anteriores se suman las de don Julián (dos casas), don Paco Barátula, don Honorio y otra en la curva de El Relleno, todas en Lomo de Mena. Levantó asimismo para él tres apartamentos en El Tablado y para su hija un edificio en Santa Cruz de Tenerife, con tres viviendas y dos locales comerciales.

 

Pasaba sus horas de ocio en la Playa de Chimaje, hasta que fabricó una casa en El Tablado, de donde ya fue visitante asiduo el resto de su vida. Aquí trabajó como pescador y carpintero de ribera, pues construyó tres barcos de pesca, uno para él y otros dos por encargo, con su correspondiente aparejo. Además era un notable artesano, pues tejía guelderas y pandorgas, fabricaba mirafondos y tambores para coger morenas, así como bicheros para enganchar los peces grandes e introducirlos en el barco cuando hacía pesca de altura; asimismo elaboró un artilugio para coger calamares. Además, hacía cestos de cañas tiernas, algunos de los cuales los utilizaba para trasladar el pescado que cogía desde la costa hasta su casa de El Escobonal. La pesca sobrante la vendía una mujer, con la que tenía concertada esa actividad.

 

Su capacidad inventiva y su gran imaginación también le llevó a crear todo tipo de muebles y adornos para su casa, utilizando gran variedad de materiales. Así, en plena Guerra Civil elaboró una mesa de gran belleza y originalidad, pues cubrió su superficie con azulejos blancos y pintó el resto del mismo color. Utilizó igualmente su imaginación para construir una mesa de noche barroca, con poca madera y carretes de hilo vacíos. Además, hacía unas bonitas rinconeras, plateros de madera y bancos para sentarse, así como macetas para plantas naturales, hechas con cemento y arena, y adornadas con conchas de burgados y lapas, amén de pequeños callaos basálticos que subía desde la Playa de Chimaje. Fue autor asimismo de una gran sardina que le encargó el Casino de El Escobonal, para celebrar el popular Entierro de la Sardina en el Miércoles de Ceniza.

 

Pero también desde su juventud se dedicó intensamente a la música. Comenzó a tocar la bandurria en los bailes que se celebraban en el salón de Panchillo Yanes, en La Corujera, acompañado inicialmente por el propietario del local y por don Marcos Yanes (Marquillo) a la guitarra; este se movía de una forma viva y un tanto exagerada, que hacía mucha gracia al público. Luego se incorporó don Bernardo Leandro y posteriormente don Joaquín formó una pequeña orquesta, con la que siguió actuando en los bailes celebrados en otras casas particulares, así como en la recordada Sociedad Cultural “El Porvenir” de El Escobonal (el popular Casino), fundada a comienzos de 1929 y que tuvo su primera sede en los salones de don Graciliano Díaz, en la Hoya de los Almendreros, de donde pasó a los de don Gonzalo Hernández y don Arsenio Pérez, ambos en La Fonda.

 

Los bailes fueron el principal atractivo de dicho Casino. Los de asalto, que se celebraban casi todos los domingos, eran amenizados por el autopiano y la vitrola con los que contaba la sociedad o con los primeros músicos locales: don Joaquín Rodríguez, don Juan Torres, don Obdulio Frías, don Inocencio Rosa, don José Castro, don Isidro Leandro, don Bernardo Leandro y don Servando Pérez; todos ellos fueron nombrados socios honorarios en ese mismo año 1929. Pero a partir de 1931 ya se contó con la primera orquesta de cuerdas que se acababa de formar en el pueblo, la cual ensayaba en dicho local dos veces por semana y a cuyos miembros también se nombró socios honorarios; estaba compuesta por don Joaquín Rodríguez, que era su director, don Servando Pérez, don Bernardo Leandro, don Severino Rosa, don Lucio Torres, don Anastasio Castro y don Gregorio García. Además, actuaban en los bailes más importantes, que se celebraban en Carnavales, Fiestas de San José y Navidades. Incluso la prensa de la época se hizo eco de las actuaciones y éxitos de esta orquesta, como ocurrió en las fiestas patronales de San José de 1933: También en la Sociedad cultural “El Porvenir”, se celebró en el citado día un animadísimo baile, que amenizó la excelente orquesta local que dirige nuestro particular y querido amigo, don Joaquín Rodríguez cosechando nutridos y frecuentes aplausos por su actuación (corresponsal del diario Hoy, 25 de marzo de 1933). Llegó a ser tan alta la afluencia de público en los bailes de dicha sociedad, que se colocaban lacitos a los socios para bailar en dos turnos. Además, se nombraba una comisión de orden en cada baile, que impedía el acceso a los mismos a menores de edad, alborotadores o personas de conducta dudosa, cobrándosele a los forasteros 5 ptas. 

 

Dicha orquesta también actuaba con frecuencia en las cuevas de El Bobo en La Corujera o de La Bruja en la Morra de los Caballeros, así como en los salones particulares de don Juan Ignacio Castro (bajo la Plaza), don Pepe Campos (Las Lúas), don Cándido Cubas (La Montaña), don Panchillo Yanes (La Corujera), doña Rosenda Castro (La Corujera), etc. Como curiosidad, cuando iba a concluir el baile tenían por costumbre tocar las piezas folclóricas más tradicionales, en honor a las personas mayores, en las que cantaban y bailaban los que sabían. En esta orquesta de cuerdas, la primera de El Escobonal, don Joaquín fue incorporando luego a sus tres hermanos, don Arturo al laúd, don Damián al violín y don Manolillo al timple, así como a su amigo don Miguel Solís a la guitarra. Eran llamados para amenizar los bailes que se celebraban en Fasnia, Arico, Porís de Abona, Icor, El Bueno y Lomo de Mena; en esta última localidad se hacían en los salones de don Isidro Torres, don César Castro y doña Priscila, siendo famosos por la carne de cabra que servían. Y, tras abandonar el casino, los ensayos de la orquesta, que eran nocturnos, tenían lugar en una habitación de 16 m2 de la propia casa de don Joaquín, que tenía habilitada para tal fin; y a ellos acudían cada noche muchos espectadores curiosos, pues no había otra distracción en el pueblo; e incluso en ocasiones éstos entonaban algunas coplas.

 

El día de Reyes los miembros de la orquesta formaban una parranda, a la que se unían algunos invitados. Se reunían en casa de nuestro biografiado desde las seis de la madrugada, dominando el ambiente las risas y los chistes, la alegría en fin. Tomaban chocolate calentito y dulces mientras afinaban sus instrumentos. Y a las ocho salían por la carretera y las calles, tocando y cantando la música tradicional del pueblo. En la casa de cada uno de los componentes tenían la mesa del comedor provista de comida y dulces, para que al pasar por ella cada uno tomase lo que quisiese; e incluso algunos vecinos preparaban la suya para invitarlos cuando pasaban por delante de su domicilio. Lo pasaban bien y, al oscurecer, cada uno se retiraba a su domicilio, sin que ninguno llegase a estar ebrio, pues era una norma que imponía don Joaquín.

 

Don Joaquín fue también el organizador y director musical de la primera Rondalla folclórica que se formó en El Escobonal, una de las pioneras de la isla, que en su época llegó a ser considerada como una de las mejores, a pesar de que solo se mantuvo durante un corto período, de 1948 a 1950. Fue la agrupación más nutrida que ha tenido esta Comarca, pues contó con 42 tocadores y unas 20 parejas de baile. Se formó a finales de los años cuarenta, con los componentes de varias de las orquestas de cuerda que existían en la localidad, dirigidos por don Joaquín Rodríguez, a los que se unieron los grandes bailadores de El Escobonal, como don Hipólito Díaz Polo el Abogado, doña Lola y doña Carmela García, y con grandes cantadores, entre los que destacaba doña Josefina Marrero, una de las voces femeninas más importantes de la zona. Actuaron en la ciudad de La Laguna, en la Romería de San Antonio Abad de Güímar y en las Fiestas Patronales de San Pedro de nuestro municipio. En estas últimas participó en dos de los concursos de rondallas o de cantos y bailes regionales que se celebraban cada año en el teatro-cine de la Plaza de San Pedro, con reparto de importantes premios en metálico; en su primera intervención se llevó el primer premio con la “Berlina”, mientras que al año siguiente solo se le concedió el segundo, lo que motivó las airadas protestas del público. Esta rondalla comenzó ensayando en casa de don Federico Marrero, para hacerlo luego en el sótano de don Mario Delgado y, finalmente, en el Casino situado en el salón de don Arsenio Pérez. Una de las principales labores de esta primitiva agrupación fue el rescate de antiguos ritmos folclóricos, entre los que destacaban la “Berlina” y el “Pasacatre”; pero su repertorio lo integraban además: Folías, Seguidillas y Saltonas, Malagueñas, Isas y Polkas. Esta labor de investigación se debió en la parte musical a don Joaquín Rodríguez, quien además tocaba la bandurria en la propia agrupación, y a doña Dolores, doña Carmela y don Polo en el baile; quienes asimismo transmitieron sus conocimientos a la rondalla que se habría de formar años más tarde. Sin duda, la pieza que hicieron más popular fue la “Berlina”, cuyo rescate y divulgación se debió al propio director, quien la tenía aletargada en su mente desde la adolescencia, afirmando que se trataba de un baile procedente de Berlín; esta pieza musical, que queda en la memoria de las Islas como una de las polkas más antiguas que se conocen, se extendió luego por el Archipiélago, cuando algunos de sus discípulos la enseñaron a otras rondallas, puesto que él no pudo por su enfermedad.  

 

El Grupo de Coros y Danzas de la Sección Femenina en El Escobonal, cuya dirección musical corrió a cargo de don Joaquín Rodríguez,

en su célebre actuación en el Teatro Guimerá, en 1969

 

El folclore resurgió en El Escobonal a mediados de los años sesenta, de manos del recordado cura párroco don Julio Herrera, bajo cuya iniciativa, en colaboración con el recién creado Teleclub Géminis y con el patrocinio de la Sección Femenina, se creó una nueva rondalla, que durante siete años, de 1967 a 1974, desarrolló una brillante trayectoria artística, alcanzando tanta popularidad como la anterior. Su primera actuación tuvo lugar el 18 de mayo de 1968 en el primer aniversario del citado club juvenil, a la que siguieron numerosas actuaciones en distintas localidades de la isla, entre las que destacó las realizadas en dos programas de Televisión Española en Canarias, así como en el Teatro Guimerá de Santa Cruz de Tenerife, con motivo de la final provincial de la Prueba Regional del XVIII Concurso Nacional de Coros y Danzas de la Sección Femenina, celebrada el 15 de mayo de 1969 y retransmitida también por televisión, en la que estrenaron su traje, que causó notable admiración; ese día El Escobonal paralizó su actividad y todos los vecinos nos concentramos ante los aún escasos televisores que existían en el pueblo para ver actuar a nuestra rondalla. Era la primera vez en la historia que por televisión se pronunciaba el nombre de El Escobonal, lo que a todos nos llenó de emoción y orgullo; muchas lágrimas se derramaron ese día en esta localidad; lo de menos era el resultado del concurso, en el que por cierto obtuvieron el tercer premio en Danzas. Esta segunda rondalla recibió el nombre de Grupo de Coros y Danzas de la Sección Femenina en El Escobonal y llegó a tener 10 músicos, dirigidos al igual que en la primera rondalla por don Joaquín Rodríguez, y 20 bailadores, bajo la dirección de don Hipólito Díaz Polo el Abogado, que actuaba como solista e interpretaba y enseñaba los bailes. Con el declive de esta rondalla concluyó la actividad musical pública de nuestro biografiado.

 

Nuestro biografiado fue un hombre bueno, noble y honrado, de sanas costumbres y tan jocoso como su padre. Le gustaba la lectura y le daba clases de Matemáticas a su hija, a quien enseñó la regla de tres; también le explicaba nuestro sistema planetario y las fases lunares, según ella misma recordaba en un emotivo artículo.

 

El 10 de diciembre de 1923, a los 21 años de edad, don Joaquín había contraído matrimonio en la parroquia de San Pedro de Güímar con doña Cristina Torres Castro, de 19 años, natural y vecina de El Escobonal, pero bautizada en Fasnia y dedicada a los “quehaceres propios de su sexo”, hija de don Santiago Torres García y de doña Francisca Castro y Castro; los casó el cura ecónomo don Juan Jesús Amaro y Díaz, Dr. en Sagrada Teología, y actuaron como testigos don Diego López Fresneda y don Rafael Jordi Rincón.

 

Fruto de esta unión fue su única hija: doña Adela Justa Rodríguez Torres (1924), maestra y poetisa, nacida en El Escobonal y casada en el mismo pueblo en 1943 con su paisano el militar don Aureliano García y García, brigada efectivo y alférez de complemento de Artillería, hijo de don Arsenio García Pérez y de doña María García Díaz, y ya fallecido, con quien tuvo sucesión.

 

Don Joaquín Rodríguez Castro enfermó joven y permaneció durante cinco años en el lecho, en casa de su hija, falleciendo en Santa Cruz de Tenerife en 1984, a los 82 años de edad. Pero aún su recuerdo continúa vivo en la memoria de familiares, amigos y conocidos, como el hombre que supo transmitir sus profundos conocimientos musicales, así como dar comprensión y cariño a cuantos tuvieron la dicha de compartir su existencia. 

 

Don Joaquín Rodríguez Castro y su casa de El Escobonal en la Carretera General del Sur,

en la trasera de la iglesia (de una planta con dos puertas y una ventana)

 

En recuerdo de su padre y de su abuelo, el domingo 10 de mayo de 1992 su hija Adela publicó un artículo en El Día titulado “Relatos de la vida del Sr. Joaquín Rodríguez Castro”, del que hemos sacado parte de la información utilizada en este trabajo. Asimismo, la Sra. Rodríguez Torres escribió el siguiente poema dedicado “A mi padre”, que salvo las dos últimas estrofas permanece inédito:

 

Fuiste un hombre bueno

y diste ejemplo a seguir,

luchaste con denuedo

pensando en el porvenir.

 

Todo ha terminado

condenado a morir,

sufriste resignado,

tú no querías dormir.

 

Un esposo cuidadoso,

compatible al vivir;

el tiempo aprovechado,

¡qué pena tenerte que ir!

 

No hubieras marchado,

por naturaleza sí;

hemos obedecido,

no podías ni huir.

 

¡Qué mal se ha portado…!,

tristezas hace sentir;

viviste equivocado,

ya no tienes que decir.

 

Me contabas del pasado,

yo te escuchaba y al oír

bellas frases, que con cuidado

expresabas, yo era muy feliz.

 

Papá, si en algo te hice daño

te ruego me perdones sin decir

algún día, en cuanto esté a tu lado,

alegres, volveremos a reír. 

 

El 18 de septiembre de 2004 se le tributó un modesto homenaje a don Joaquín Rodríguez Castro en la Plaza de San Carlos de El Tablado, en el transcurso de las fiestas patronales de este núcleo costero, al dedicársele el V Festival folclórico Cirilo El Tamborilero, que anualmente organiza la Agrupación Folclórica Atenguajos. Se hacía justicia así a un hombre de la tierra, un modesto albañil pero prestigioso folclorista, que hizo escuela en esta comarca de Agache, por lo que debe ser considerado en justicia como uno de los pilares sobre los que se consolidó la rica tradición folclórica de nuestra comarca. 

 

 

Este texto fue publicado en el Programa de las 53 Fiestas Patronales en honor de San Carlos (El Tablado). Septiembre de 2008.

 

 

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