Revista n.º 1054 / ISSN 1885-6039

La judía tradicional de Tenerife.

Lunes, 21 de diciembre de 2015
Campo Canario (n.º 104)
Publicado en el n.º 606

Dos de las variedades tradicionales de judía de Tenerife, en concreto las denominadas pintada y huevo de pájaro, son de las pocas que todavía resisten el paso del tiempo y continúan cultivándose gracias a la custodia de agricultores como Domingo Raya...

Detalle de judías de Valle Guerra.

 

 

Raya, año tras año, selecciona las mejores semillas para asegurarse una buena cosecha y la conservación de este tesoro agrícola. Lo hace, como le enseñaron sus padres y sus abuelos en Agulo (La Gomera), de donde es originario, eligiendo las de mayor tamaño para luego preservarlas en botes de cristal hasta la próxima siembra.

 

Tanto la variedad pintada como la conocida como huevo de pájaro son muy parecidas, tanto por la forma de los granos como por los colores que presentan, entre blanco, marrón, morado y ocre, aunque estas últimas tienen una apariencia más esférica. Las primeras, señala este agricultor, se emplean más en la preparación de potajes y también para componer, mientras que las segundas se usan como acompañamiento en la elaboración de papas con costillas, uno de los platos típicos de la gastronomía tinerfeña.

 

Raya aprendió a trabajar la tierra cuando tenía diez años y desde entonces no ha parado. Hace más de treinta que está afincado en la zona de Valle Guerra (La Laguna) donde continúa cultivando las judías junto al millo. De esta forma, dice, el millo sirve de tutor a esta planta enredadera a medida que se va desarrollando y al mismo tiempo se ahorra agua ya que de una sola vez riega los dos cultivos.

 

La época ideal de siembra de la judía se sitúa entre los meses de febrero y marzo, aunque en su caso lo hace a lo largo de todo el año ya que el microclima de la zona de Valle Guerra es lo suficientemente cálido, al estar cerca de la costa, como para asegurar un desarrollo constante de la planta y poder recoger una cosecha cada dos meses y medio.

 

El riego lo hace a la manera tradicional, a manta. Un laborioso sistema que consiste en inundar el terreno por tramos, aprovechando las tajeas existentes en la zona y asegurándose de conducir el agua por los surcos mediante una azada hasta cubrir toda la parcela. A diferencia del riego por goteo, que se suele realizar dos o tres veces a la semana, Raya dice que cada quince días es suficiente llevar a cabo este proceso para saciar la sed de sus cultivos. Un método al que también atribuye la buena salud fitosanitaria de la judía. Asegura que apenas le atacan las plagas y las enfermedades, a no ser algún episodio aislado de pulgón.

 

El agricultor de Valle Guerra Domingo Raya.

 

En cuanto a la comercialización de la judía, este productor dice que las vende en fresco, es decir, en vaina, sin desgranar. "La mayoría de mis clientes ya me conocen y vienen a buscarla directamente a mi finca". De esta forma consigue ganarle algo más de rentabilidad a sus productos y compensar de alguna manera los amplios márgenes comerciales que se quedan los intermediarios durante la gestión comercial. "El agricultor es el que menos recibe, el consumidor es el que más paga y el gangochero es el que más se lleva y así no hay manera de prosperar", resume Raya la situación en la que se encuentra la agricultura actual.

 

Aparte, añade, "la gente joven no quiere involucrarse con el campo porque muchos de los que vienen buscando trabajo en este sector lo hacen pensando en cuanto van a ganar y cuantas horas tienen que trabajar y no parecen entender que para permanecer en esta actividad hay que ser serio, responsable y disciplinado. Los que nos dedicamos a esto, sabemos lo que cuestan las costas y el esfuerzo que hay que hacer para conseguirlo pero los jóvenes de hoy en día tienen una vida cómoda y no quieren molestarse". Aún así, para este experto en el cultivo de la judía tradicional, la agricultura tiene que seguir existiendo porque subraya es "el origen de nuestra existencia y la despensa de nuestra alimentación".

 

 

Este artículo fue previamente publicado en el número 104 de la revista Campo Canario.

 

 

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