Revista nº 842
ISSN 1885-6039

Doña Valentina la de Sabinosa, Cantos y Bailes Herreños. Folklore de las Islas Canarias.

Viernes, 10 de Octubre de 2014
Redacción BienMeSabe.
Publicado en el número 543

Doña Valentina la de Sabinosa, Cantos y Bailes Herreños. Folklore de las Islas Canarias grabado en los Estudios Aries, de Santa Cruz de Tenerife, el 10 de febrero de 1972. Supervisor musical: Elfidio Alonso.

 

Doña Valentina la de Sabinosa, 'Cantos y Bailes Herreños. Folklore de las Islas Canarias' grabado en los Estudios Aries, de Santa Cruz de Tenerife, el 10 de febrero de 1972. Supervisor musical: Elfidio Alonso. Diseño de portada: J. Fernández. Fotografías: Felipe Benítez Padrón. Depósito Legal: TF. 841/72. Producido por Aries para Canary Records. San Vicente Ferrar, 86. Santa Cruz de Tenerife (Islas Canarias).

 

Cara A

- Tango

- El Santo

- Romance de la Serrana de la Vera.

- Arrorró.

- El Conde de Cabra.

 

Cara B

- El Vivo.

- Baile de la Virgen.

- Romance.

- La Meda.

-El Canto del Güeyero («La siega y la trilla»)

 

Cantos y Coplas Populares de la isla del Hierro (Canarias)


EL TANGO.- El tango herreño es una danza de gran mérito, tanto por su complejidad y múltiples variantes -veintidós-, llamadas mudanzas, como por proceder de los aborígenes guanches. Su asunto es amoroso e inspirado, como ocurre con otras danzas de pueblos bárbaros, en el amor de las aves. La música es de lo más primitivo y extraño, teniendo como instrumentos un rústico tambor, una especie de flauta que llaman ”pito” y las chácaras o castañuelas de desmesurado tamaño, hechas de madera de falla.

 

Deben bailarla por lo menos tres parejas. Empieza lenta y parsimoniosa; luego el varón se va excitando hasta llegar al frenesí, mientras la mujer, con arrullos de paloma, parece contenerle en sus ímpetus. Una mujer, llamada “danza”, bate el tambor y canta al mismo tiempo con voz aguda y cada vez con más ardor para aumentar el del hombre.

 

EL VIVO.- Es una pantomima, que se supone de origen galaico, y la baila una sola pareja. La música, también la vernácula, aunque sin las chácaras. También anima este baile una mujer tocando el tambor y cantando al mismo tiempo copla tras copla, acompañada por el flautista. Tiene por asunto que la mujer le tire el sombrero al hombre. Aquella hace toda clase de figuras con las manos y guiños con la cara, y éste tiene que imitarlos inmediatamente. De ahí la comicidad de este baile, muy “vivo”. Al fin, después de muchos ataques, el sombrero cae al suelo y otro hombre sale al campo en plan de desafío. V así hasta que el baile termina.

 

EL BAILE DE LA VIRGEN.- Se ejecuta con la misma música de tambores, chácaras y pitos, pero sin canto. El tambor lo toca un hombre, el pito otro y las chácaras las portan los bailarines, que pueden ser muy numerosos, decenas incluso. Es, pues, un baile multitudinario, y se avanza y retrocede, estableciendo dos líneas exteriores y otras dos interiores, si bien cambiantes por medio de hábiles y complicados movimientos. Su origen puede encontrarse en La Dehesa, región muy desértica, pero antes habitada por centenares de pastores, que tenían por patrona a la Virgen de los Reyes, más tarde patrona de la isla. La fe en esta imagen y un ardiente deseo de exaltar su veneración, habrían inspirado este baile. Su antigüedad se remonta por lo menos a los cuatro siglos, y es también distinción singularísima del mismo la indumentaria, muy original y policromada.

 

 

EL CANTO DE LOS CAMPOS.- Se canta mientras se ara y no tiene más música que la producida por el arado al rozar la tierra que remueve y el mujir de los bueyes. Es lento, nostálgico y de terminaciones muy prolongadas.

 

 

VALENTINA.- La gran intérprete de la música vernácula y de sus cantos es doña Valentina Hernández, conocida sencillamente por Valentina. Es natural del pueblo de Sabinosa y tiene ya ochenta y cinco años. Es el alma de los grupos folklóricos del mencionado pueblo. No tendrá una digna sucesora. Y no puede tenerla porque quienes hayan cantado otros cantos no podrán cantar los vernáculos con la armonía y cadencia que le son propias y características.

José P. MACHIN

 

Es posible decir que gracias a esta mujer, de ochenta y cinco años, el folklore herreño conserva toda su pureza y todos sus misterios. Doña Valentina continúa en la brecha con su tambor, su voz cascada y sus discípulos de Sabinosa,  para mantener pujante y vivo uno de los folklores más singulares del Archipiélago. De ahí la admiración que todos los canarios profesamos a esta mujer, todo un ejemplo de vocación y de amor por la tradición de su pueblo, la isla de Hierro, la del antiguo meridiano, la desgraciada,  la última o la séptima, como la llama nuestro amigo José Padrón Machín. Como se sabe, el Cabildo herreño ha nombrado recientemente Hijos Predilectos a la folklorista y al escritor, merecido reconocimiento a un quehacer infatigable, lleno de dificultades y de un valor fuera de dudas.

 

En estas notas apresuradas pretendemos analizar algunos de los cantos y bailes que caracterizan al folklore herreño, tan distinto al de las otras Islas. Gracias a Valentina, en gran parte, estos géneros que se llaman “Tango”, “Vivo”, “Santo”, ”La Jullona”, “La Meda”, “Baile de la Virgen”, romances como “El Conde de Cabra”, y “La serrana de la Vera”, o los cantos de trabajo y faena que llevan sus títulos en gerundio (“Moliendo”, “Arando”, “Tejiendo”), se conservan puros, han pasado a las nuevas generaciones e incluso han rebasado los límites de la isla, debido a la preocupación de grupos tinerfeños y grancanarios por divulgarlos y proyectarlos más allá del entorno insular.

 

 

LA SERRANA DE LA VERA.

Con el mismo toque de tambor que en “La Meda”, y el coro repitiendo el conocido estribillo (“Qué linda la meda y nueva / ay, amor, qué linda la meda”), Valentina grabó este romance el día 10 de febrero de 1972 en los Estudios “Aries”, de Tenerife. Ahora, el disco ha sido editado en su totalidad, y esta versión herreña del romance tradicional constituye, en nuestra opinión, una de las más preciadas reliquias folklóricas que tenemos en el Archipiélago. Es cierto que de este romance existen en Tenerife y otras islas varias formas muy interesantes, como la conocida del Sauzal y la que recogió don Luis Diego Cuscoy en las cumbres de Masca. Aunque tenemos una copia de la de Masca, cedida gentilmente por el señor Cuscoy, nos parece oportuno no dar más detalles de un descubrimiento que pertenece enteramente al entrañable amigo y valioso investigador. Esperemos que en fecha próxima el amigo Cuscoy pueda ofrecernos un completo estudio de esta versión romancera.

 

Vamos a transcribir enteramente la versión que canta Valentina del “Romance de la serrana de la Vera”, con sus curiosas interposiciones y aún más atractivas deformaciones campesinas. Como hemos dicho, la música que acompaña el romance es la misma de “La Meda”, con el golpe monótono del tambor herreño marcando el característico uno-dos-tres, un golpe espaciado y dos seguidos.

 

En la ciudad de Sevilla
una serrana pasea,
linda como el sol que sale,
bonita como una estrella

Desafiome a luchar,
que salgome a luchar con ella,
quiso Dios sin mi fortuna
que cien caldas me diera.

Ella me agarró pó'el brazo
y me llevó pa'su cueva,
ella fuese a hacer la cama,
yo fuime a prender la vela.

Debajo de su colchón
que cien cueros de hombre tuviera,
y yo, cuando vide eso,
atrevíme y preguntéla:

-Que de quién son esos cueros
que están en esta ribera.
-Son hombres que yo ha matado
y aquí las cruces tuviera.

Y a ti te jaré lo mismo
cuando mi voluntad sea.
Me dio un anillo de sueño
para que yo me venciera.

Y yo, por miedo a la muerte,
siempre estaba en centinela.
Allá por la media noche
la serrana se durmiera.

Garro mi bastón plateado,
mi media en la faldiquera.
Echeme mano a la puerta,
salgo por la puerta a fuera.

Y al entrar en un barranco,
al subir de una ladera,
la serrana dando voces
que al mundo lo estremeciera.

-Vuelve, vuelve pastorcito,
que se te quedó una prenda.

-Esa prenda que usted dice
Dios le dé salud con ella.
Si en buenas manos estaba,
en otras mejores queda.

 

Con este LP, en el que Valentina incluye géneros casi perdidos, la discografía escasa de esta sin par folklorista herreña, podrá constituir un preciado legado. No olvidemos que, hasta el momento, los testimonios discográficos de Valentina se reducían al impresionante “Arrorró” y a “El Vivo”, que incluye el profesor García Matos en su valiosa “Antología del Folklore español”.

 

EL TANGO HERREÑO

No vamos a hablar aquí de las diferentes hipótesis sobre la voz “tango”. Tampoco nos seduce el intento de precisar los debatidos antecedentes de esta danza herreña, con más defensores de la tesis indigna o autóctona que partidarios de la ascendencia andaluza. Son temas destinados a eruditos e investigadores, aunque para nosotros la cuestión está más clara que el agua, al menos en lo que toca al esquema musical, emparentado con melodías andaluzas de influencias más o menos arábigas. Prúebese, si no, a acompañar el tango herreño con una guitarra, utilizando los clásicos acordes de cualquier fandango antiguo.

 

La modalidad de Tango más difícil es la que interpreta el viejo Casañas, contemporáneo de Valentina y también oriundo de Sabinosa, al Igual que Simancas, extraordinario Intérprete de los cantos “a palo seco”, como el del Güeyero, recogido por García Matos en su citada Antología. El complicado estilo de Casañas consiste fundamentalmente en robar la última sílaba de cada verso para añadírsela al comienzo del siguiente. De esta forma:

 

Y nai tiril nai,
y nai tiril nai,
y na la liri na,
y na la liri...
Y na En l'hora de Dios comien...
zo a pintar un ángel be...
llo desde la punta del pie
pie hasta el último cabe...
llo Y tiriri
y na la liri,
y na la liri,
y na la li na.

 

Esta forma tan forzada de encajar los versos castellanos en la melodía hace decir al profesor García Matos que ”tal vez se trata de una positiva supervivencia de música indígena anterior a la conquista de las islas, como abonar parece también esta hipótesis el mismo forzado modo de encajarse en la música los castellanos versos a las coplas”. Con todos nuestros respetos para el ilustre musicólogo, creemos que esta tesis la invalida la propia Valentina cuando interpreta el Tango sin necesidad de robar la última sílaba de cada verso. En efecto: Valentina y otros cantantes herreños marcan el Tango de forma llana. Y las coplas encajan a la perfección en el simple esquema musical del canto. Por ejemplo:

 

La hebilla de tu zapato
mi niña quisiera ser,
para estar bien humillado
a la planta de tu pie.

 

 

Esto lo veremos más claramente escuchando el disco, donde Valentina canta el tango sin robar sílabas. De cualquier forma es fácil comprobar que tanto en el estilo de Casañas como en la interpretación de Valentina, la música encaja en las cuartetas octosílabas, porque la métrica no se pierde al ganar cada verso una sílaba (“Y ná”) en el comienzo. Por este lado nos parece muy endeble cualquier intento de buscar al Tango una ascendencia guanche.

 

Todo lo que digamos sobre ella es poco. Su ejemplo es único en la historia del folklore isleño. Son ochenta y cinco años de permanente apostolado, de enseñar a los jóvenes los cantos y bailes de la isla olvidada, de mantener el fuego sagrado de la tradición en las más adversas circunstancias.

 

¡Dios la guarde, doña Valentina! Y que sigamos escuchando su voz y su tambor por mucho tiempo, mientras el “pito” y las chácaras de los bailarines continúan desgranando la eterna canción de la protesta, con esa serenidad y gallardía de las buenas personas del pueblo. Del sufrido pueblo herreño.


Elfidio Alonso.

 

 

 

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