Revista nº 906
ISSN 1885-6039

Homenaje a la mujer jornalera: a propósito del poema escénico Primavera Silenciosa.

Viernes, 07 de Marzo de 2014
Víctor O. Martín Martín
Publicado en el número 512

El poema escénico Primavera Silenciosa es un homenaje que Revolotearte tributa a la mujer jornalera del medio rural canario. Mujeres arrojadas y valientes, que trabajaron la tierra con sus propias manos, preñando de prosperidad la región, mientras inoculaban en su sangre un veneno que las estaba matando... Hoy es víspera del 8 de marzo.

 

A las jornaleras del campo
supervivientes provisionales
que cargan polvo de veneno en sus faldas,
polvo opaco en las flores de su tumba,
polvo traidor que causa el hueco donde caerán vencidas

Ana Torres

 

Primera novedad: dar la voz a las silenciadas. Que el capitalismo no es bueno para la salud es cosa todavía hoy poco conocida y reconocida; pero dejar hablar, además en una pieza performática, a "las envenenadas" relatándonos las condiciones de superexplotación a las que eran sometidas en los campos de cultivo, marca un hito, al menos, en estas Islas. Mujeres jóvenes expulsadas del sistema educativo, sin estudios, incorporadas rápidamente al mercado laboral, sin contratos escritos legales, ni derechos sindicales, sin convenios laborales, sin vacaciones, sin derechos a subsidios de paro. Mujeres que dejaron su juventud en tas polvorientas tierras y bajo el sol abrasador de los sotaventos insulares... No tuvieron voz, pero ahora sí:

 

“No conocí los guantes, no conocí una mascarilla, no conocí lavarme las manos para sentarme a comer porque allí no se decía nada... Comíamos en unas cucañas de caña, las cañas que dejaban levantadas la dejaban abiertas y tu entrabas ahí a comer a mediodía, la pelota de gofio y un higo pasado que me preparaba mi madre, fíjate no voy a llorar, y me metía allí dentro a comérmelo y no sabía a dónde virarme porque la tierra del viento, en el sur de Las Palmas, la tierra me la comía" (Carmela Mejías).

 

Estas mujeres se sobrepusieron no solo a las durísimas condiciones de trabajo sino, además, a unos niveles de toxicidad extremos, lo que les ha granjeado serios problemas de salud (en algunos casos, definitivos) que ha condicionado sus vidas. Provocándose, así, la paradoja de ser sembradoras de vida pero que van muriendo poco a poco... No tuvieron voz, pero ahora sí: "Era una avioneta y llevaba los grifitos sí, en las alas unos grifos. Y pasaba la avioneta con ese grifo y después volvía otra vez para arriba echándole el veneno a los tomateros... Te quedabas toda enfangada. Sí, hasta los años setenta más o menos. Ese sistema lo quitaron... Era rentable porque con un hombre solo iba pilotando con esos barriles grandes que se echaba y lo fumigaba en media hora. Cuando pasaba la avioneta, "¡no mires para arriba!", el encargado decía "¡no miren para arriba, no levanten la cabeza!", porque claro si pasaba la avioneta y tú levantabas la cabeza imagínate lo que te cae en la cara" (Enedina José Cruz).

 

 

Segunda novedad: relacionar el arte con la investigación social. Primavera Silenciosa es una nueva visión de La creación artística que comprende un documental etnográfico (investigación) y una acción performática (arte): mientras, en el vídeo-documental, las jornaleras relatan el uso y el abuso de plaguicidas extremadamente tóxicos para la salud humana, la performista dibuja los efectos violentos en su cuerpo, perfilando la trayectoria azarosa y mortífera del veneno, visualizando el quiebro que va sufriendo el cuerpo. La obra, a través de la poética del cuerpo, realiza una denuncia política contra la violencia soterrada y mutiladora que sufrían Las jornaleras del campo canario... No tuvieron voz, pero ahora sí: "Nos quedábamos vomitando y con fatigas... Yo era una de ellas y con ganas de devolver y pensábamos, como uno es media ignorante, pensábamos que era normal, pero era del mismo sulfato que nos quedábamos mal, éramos tan ignorantes, que a lo mejor veíamos un tomatito, lo limpiabas y nos lo comíamos" (Juana José Cruz).

 

Primavera Silenciosa pretende ser la voz alta y clara de estas campesinas, la visibilización de la violencia sigilosa que acusaron y cuyas consecuencias siguen padeciendo hoy día. La obra incursiona, pues, en las condiciones infrahumanas del trabajo en los tomates y en los invernaderos... No tuvieron voz, pero ahora sí: "Mi hermana está malita... Ella era más gruesa que yo y está así (y coloca un dedo) delgada todo el cuerpo lo tiene negro con la sangre secándose... Está malita y otra hermana está igual, yo creo que era de eso, porque hay cuatro hermanas que estamos malas, yo un poco mejor porque me fui. Yo tuve cáncer de piel" (Josefa Teresa Hernández).

 

Tercera novedad: más allá del arte como denuncia social. Pero siendo la crítica un valor necesario en esta obra, no es el más importante. Lo que diferencia Primavera Silenciosa de otras obras de denuncia política, lo que hace imprescindible su necesidad artística, es el coraje, la esperanza y la vitalidad que contagian un grupo de mujeres sencillas pero valientes, que ayer pelearon con sus manos lo que hoy denuncian con palabras, mujeres tan auténticas como la tierra que trabajaron... No tuvieron voz, pero ahora sí: "Son muchos años en el mismo trabajo respirando diariamente y hay que hacer algo pero nadie da el brazo a torcer, está todo, todos callados... Al final todo el mundo se lava las manos, y yo entiendo a los trabajadores porque es el pan de sus hijos, no van a tirar piedras sobre su propio tejado... Tanta ley y tanta normativa laboral, en esas empresas no se cumple para nada" (Marta Pérez).

 

"Porque trabajar hay que trabajar, pero eso es esclavitud.' (Esther Estévez). "Es que vivíamos bajo la ignorancia. Ahora estamos más listas. Sí hemos chupado veneno, pero no han podido con nosotras... Pero no han podido con nosotras... (risas)'' (Juana José). "A buena hora nunca es tarde" (Enedina José).

 

 

Cuarta novedad: la integración del espectador en la obra. Otra de las novedades aportadas por Primavera Silenciosa viene dada por la recuperación del papel Homenaje a la mujer jornalera: a propósito del poema escénico “Primavera Silenciosa” del espectador. Aquí el espectador se transforma en participante, pues no puede permanecer indemne a lo que por sus sentidos entra cuando contempla la representación. La opinión del público también cuenta, llega a ser parte integrante de la obra. Revolotearte indaga en el público durante y después de la representación. ¿Cómo? Con el debate a viva voz y el Libro de las opiniones escritas. Dijo una espectadora: "quedarme con la manifestación de capacidad de trabajo y GENEROSIDAD de unas mujeres que son capaces de contar su historia, a media tinta o con ingeniosos tapujos como solemos contar las cosas aquí, y reír. Reír al recordar lo vivido eso solo lo pueden hacer las señoras sabias, las mejores de la tribu". Así, la propia obra se enriquece con cada representación por la aportación del público. Es un propósito quizás: fundir arte y sociedad; no, mejor aún: usar el arte como herramienta al servicio de la comunidad.

 

Quien asista a ver Primavera Silenciosa volverá a ver a la clase trabajadora, a la mujer jornalera, a la infatigable luchadora que ríe a pesar del dolor sufrido y sufriente. Primavera Silenciosa es una invitación a ponernos en pie para recoger el testigo de estas mujeres que, aunque fueron silenciadas, fertilizaron la tierra y las gentes de estas Islas, porque pensaban que había soluciones, que era cuestión de tiempo. Dijo otra espectadora: "La obra de Ana Torres acaba de hacer "justicia poética". Los que La hemos visto tenemos que luchar por hacer "justicia social". Gracias por regalarnos vuestros testimonios y sacar a la luz esta injusticia. Estamos con ustedes. La pieza ha sido hermosa y tremenda".

 

Rachel Carson (1962) alertó en su libro Primavera Silenciosa sobre el peligro del uso del DDT por su toxicidad para los seres humanos y para el medio ambiente. “Canarias es la comunidad donde se emplea más volumen de pesticidas de todo el Estado Español. Aunque prohibido en los años setenta, estudios recientes determinan la presencia del DDT y el DDE en el 99,3 de los casos de la población canaria, siendo éstos niveles muy superiores en el Sur de Gran Canaria y Tenerife, zonas de cultivos intensivos. Las mujeres presentan mayores niveles de residuos que los hombres”. (MANUEL ZUMBADO. Unidad de Toxicología. Dpto. de Ciencias Clínicas. Universidad de Las Palmas de Gran Canaria).

 

 

Texto publicado en Mundo Rural de Tenerife. Nº 13. Fotografías de Manué Reyes y Luis Navarro.

 

 

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