Revista nº 813
ISSN 1885-6039

Tradiciones Navideñas de El Sauzal. Nochevieja o San Silvestre de Montemayor.

Miércoles, 31 de Diciembre de 2014
Julio Torres Santos
Publicado en el número 555

Esto sucedía, pues, en El Sauzal, donde nos cuentan que antiguamente no se salía la noche de fin de año, pues en San Silvestre las brujas campaban a sus anchas. Los más viejos del lugar cuentan que sus padres tenían mucho respeto a las brujas, e incluso nombran a algunas famosas, como cha Percasia.

 

 

Parece ser que la noche de año nuevo es la más antigua y universal de las festividades religiosas; su historia comenzó antes de existir los calendarios anuales. Sin embargo, la fecha del comienzo del año ha variado bastante a lo largo de la Historia: Rómulo la fijó en el 1º de marzo, Numa y César en el 1º de enero. En el s. XII la Iglesia la estableció en el día del Sábado Santo, pero Carlos IX la restablecería en el 1º de enero. Curiosamente, el gobierno republicano francés de 1792 decretó que el comienzo del año coincidiera con el comienzo del equinoccio de otoño (22 de septiembre)1.

 

Franco Cardini2 se refiere al fin de año occidental en los siguientes términos: Los doce días (y las doce noches) que separan la Navidad de la Epifanía son noches misteriosas, compendio del año, que valen cada una por un mes, modos de transposición de las normas habituales de comportamiento (las antiguas “libertades de diciembre”), noches que acompañan la “Gran Fiesta”, el Primero de Año. Las Saturnalia romanas, entre el 17 y el 23 de diciembre, en las que parecía que el mundo se volviera al revés y fuera el fin del orden establecido y el retorno al caos primordial, se caracterizaban por la abolición de las diferencias entre los siervos y los amos. Pero, en realidad, el caos de fin de año no es otro que el de un tiempo consumado, que se hallaba a punto de ser restablecido con mayor fuerza.

 

La noche de fin de año combina, pues, algarabía y bullicio con miedos y temores a espíritus y brujas. Herederos de las Saturnalia romanas -fiestas que evocaban la igualdad y la libertad de la edad de oro de Saturno, la llegada del invierno entre los britanos y el nacimiento del Sol Inconquistado en honor de Mitra3-, y aunando religión con superchería, esa noche, la noche de San Silvestre, los agricultores europeos barrían los malos espíritus que destruían las cosechas con un gran concierto de tambores y cuernos. Cuenta la tradición que San Silvestre fue quien bautizó al emperador Constantino y liberó al país de la presencia de un dragón que vivía en una caverna. Para descender a ella debía bajar una escalera de 365 escalones, tantos como días tiene el año.

 

Si las noches de Navidad eran noches misteriosas, la de fin de año, la noche de San Silvestre, lo era sobremanera, pues se liberaban brujas, diablos y espíritus malignos. Este carácter esotérico y mágico fue también propio del fin de año en Canarias, donde perdió su naturaleza festiva, pues el temor a los seres sobrenaturales impedía que las gentes salieran de sus casas. Esto sucedía, pues, en El Sauzal, donde nos cuentan que antiguamente no se salía la noche de fin de año, pues en San Silvestre las brujas campaban a sus anchas. Los más viejos del lugar cuentan que sus padres tenían mucho respeto a las brujas, e incluso nombran a algunas famosas, como cha Percasia.

 

También narran que sus padres hablaban, en voz baja y siempre que creyeran no ser escuchados, de una mujer a la que creían bruja, que llevaba siempre un pañuelo cubriendo su cabeza y anudado al cuello, al parecer para ocultar que le habían cortado una oreja. En cierta ocasión, un hombre le trazó una cruz en el suelo con un cuchillo, que luego clavó en el centro, y ella estuvo perdida de su casa durante cierto tiempo.

 

Molino de viento en el Noroeste de Tenerife

 

Pero las brujas más típicas y temidas de El Sauzal eran un bicho cualquiera que se viste de persona, se mete en una piel. Eran animales poseídos que hablaban como humanos. Salían detrás de un banco, de un árbol, de un bardo o tras una esquina para asustar y hacer trastadas a las personas. La respuesta de estas era tirarles piedras, al grito de escoroso. Estas brujas solían aparecerse a los caminantes, especialmente en los montes. De repente les venía un oscuro terrible que les impedía ver y se desriscaban, para, al momento siguiente, quedar todo claro otra vez. Y es que sobre todo los montes próximos eran prohibitivos, pues como señala Alberto Galván4, la acción de brujas y diablos tenía mayor importancia en el monte, por ello la noche del 31 se evitaban.

 

Otra leyenda de El Sauzal asociada a este tipo de brujas habla de un señor que iba a trabajar a la charca de El Puerto, habiendo de salir muy temprano para llegar a las siete de la mañana. Iba caminando con su mochila al hombro y se le presenta una oveja delante, quitándose el fajín para atarla y llevársela con él. Después de un largo trecho miró para atrás y vio que lo único que llevaba era la banda sola, porque la oveja había volado. También hemos podido rescatar una fábula popular asociada con estas brujas, precisamente en la noche de San Silvestre: una noche estaba una familia reunida en el Moral celebrando el fin de año. Tocaron a la puerta y el que fue a abrir se encontró con una oveja que le tiró por la banda o fajín, saliendo volando con el fajín en la boca.

 

Sin embargo, tampoco el temor a las brujas escapa de la picaresca popular. Así, en ocasiones, amigos o familiares recurrían a este temor para atemorizar a alguien e impedir así que saliera de noche o cortejara a alguna persona que no era del gusto de la familia.

 

La noche de San Silvestre era preciso conjurar a las brujas con un rezo que parece ser el mismo en todos los pueblos de la Isla, aunque con variaciones. La variación de El Sauzal reza así:

 

 

San Silvestre de Montemayor
guárdeme mi casa y todo alrededor
de brujas y hechiceros
y veredas por donde yo voy.

 

 

Bethencourt Alfonso (1985)5 recoge un rezo similar del que dice que era preciso repetir tres veces, trazando en el aire tantas cruces como rincones tenía la habitación donde se dormía:

 

 

San Silvestre Monte Mayor,
guarda la cama y todo alrededor
de brujas y hechiceros
y del hombre malhechor.

 

 

Ésta era la fórmula en La Laguna, pero Domingo García Barbuzano6 recoge una variante de la misma en La Laguna y otra en Valle de Guerra:

 

 

San Silvestre Montemayor,
cuida la casa alrededor
de la bruja hechicera
y del hombre malhechor.

(La Laguna)

 

San Silvestre Montemayor,
conquista, conquistador
conquista mi casa,
mi cama y todo mi alrededor,
de bruja, hechicera,
y del hombre malhechor

(Valle de Guerra)

 

 

Según Bethencourt Alfonso (1985) esta oración se ampliaba con lo siguiente:

 

 

Yugo en frente, freno en boca
¡Dios me libre de vosotras!
Jesús en trances de a dos en tres,
que los de avance
abatan, Amén.

 

 

Domingo G. Barbuzano también recoge una serie de amuletos dispuestos en las casas esa noche para prevenir y atajar el mal (cruz de hollín o de añil, colmillos de perro, cordones de San Francisco...), así como la incineración de una serie de elementos (tierra de cementerio cogida al anochecer, hierbas recogidas con el rocío en la noche de San Juan,...).

 

En torno a 1931 comienza a celebrarse la nochevieja en El Sauzal con las connotaciones que hoy conocemos. Por estos lares se decía que las fiestas más importantes eran el Cristo de La Laguna, el Cristo de Tacoronte, los Reyes de Tejina y la nochevieja en el Sauzal. Las gentes solían acudir a piñatas que se celebraban en casas particulares. En la que nos han contado, bajo la luz proporcionada por las capuchinas, chicos y chicas cantaban o bailaban al son de una sola guitarra y bebían y comían los productos que habían adquirido aportando todos su parte.

 

Pero también entonces el temor a las brujas continuaba flotando en el ambiente, como revela la anécdota que transcribimos: Salimos a una piñata en Ravelo y se nos dijo que al regreso tuviéramos cuidado porque estaba saliendo una bruja. Por suerte bajamos y la bruja no nos salió.

 

También era frecuente reunirse toda la familia en la casa del patriarca, donde se hacía un baile. Tomaban vino, chocolate... y no podía faltar el típico caldo de gallina.

 

Gangocheras, revendedoras de Tenerife, siglo XIX

 

 

Notas

1. TORRES SANTOS, J. (1997/ 98): Tradiciones Navideñas. La Laguna, 30 Días..

2. CARDINI, F. (1984): Días sagrados: Tradición popular en las culturas euromediterráneas. Argos Vergara. Barcelona.

3. TRAY BOUSOÑO, F. (1997/ 98): Los colores de la Navidad. La Laguna, 30 Días J_L 98.

4. GALVÁN TUDELA, A. (1987): Op. Cit.

5. BETHENCOURT ALFONSO, J. (1985): Costumbres populares canarias de nacimiento, matrimonio y muerte. Aula de Cultura del Cabildo Insular. S/C. de Tenerife.

6. GARCÍA BARBUZANO, D. (1982): La Brujería en Canarias. CCPC. S/C. de Tenerife.

 

 

Este artículo está sacado de El Sauzal. Tradiciones Navideñas de la Cumbre al Mar, de Julio Torres Santos. Editado por el Ayuntamiento de El Sauzal. Tenerife. 1999. La foto de portada es una pareja en el camino de El Sauzal a La Orotava (1890).

 

 

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