Protegido del obispo de Canarias fray Joaquín de Herrero, lo nombra en 1780 maestro de sus pajes y de sagradas ceremonias. Marcha a Madrid y, entre 1784 y 1785, estudia lenguas clásicas. En la Corte será nombrado, en 1793, maestro de Filosofía y Política de los pajes y, en 1796, profesor de latín del príncipe (futuro Fernando VII). En ese mismo año se le nombra chantre de Plasencia. En 1800 será confesor del príncipe, y en 1808 del propio monarca. En ese año, al marchar la familia real al exilio, regresa a las Islas, de donde será reclamado de nuevo a la Corte, al regreso del monarca. Es nombrado entonces miembro del Consejo y Cámara de Castilla, arzobispo de Heraclea (1817) e inquisidor general al año siguiente, cargo que no aceptó. Fue impulsor de la Universidad de San Fernando (La Laguna, Tenerife), fundada en 1816, y del obispado de Tenerife (1819). En 1822 se traslada a Sevilla, en cuya catedral obtiene el arcedianato de Carmona y m. en la capital hispalense. Sus restos fueron trasladados a La Laguna, en 1837, y exhumados en al presbiterio de la Catedral. Es autor de Instituciones Filosóficas para la enseñanza del Príncipe, Carta a una señorita que le participó su estado de matrimonio (1804), Informe presentado a S.M. sobre el establecimiento de la Universidad en Canarias (1816). Tradujo del griego el Nuevo Testamento, Sueño de Luciano y Tabla de Cebes. Suyas son también varias cartas doctrinales.
