Revista nº 793
ISSN 1885-6039

Teror y El Pino hace medio siglo.

Sábado, 07 de Septiembre de 2013
José Luis Yanes Rodríguez (Cronista Oficial de Teror)
Publicado en el número 486

El año 1963 comenzó en Teror (Gran Canaria) con lluvias y con lluvias concluyó, pero entre la primicia y el finito nos dejó todo una serie de acontecimientos culturales, sociales y políticos que le confirieron una notabilidad importante en la historia reciente de la villa.

 

 

De tormentas y otros sucesos. El año 1963 comenzó con los últimos y violentos coletazos de una fuerte tormenta que, desde mediados del mes de diciembre del 62, había asolado toda Europa y llegado a las Canarias en la víspera de los Santos Inocentes. Tras siete horas ininterrumpidas de lluvias corrieron todos los barrancos de la isla, quedaron interrumpidas las comunicaciones con La Aldea, Mogán, Maspalomas, y las presas abastecidas por mucho tiempo. Pero en Teror los fuertes vientos que acompañaron al agua desgajaron una enorme rama del árbol que centra la Plaza de N.ª S.ª del Pino y que, al caer, destrozó la columna que sostenía la Cruz Verde desmoronando el emotivo monumento.

 

Aquel enero del 63 también trajo una mala noticia para la pequeña historia de nuestro pueblo. Don Félix Aranda Arias, cordobés trasplantado a nuestras tierras y felizmente aquí enraizado, falleció en la madrugada del día 13. Amigo de los toros, de la caza y sobre todo de la amistad..., tal como lo describiera Ervigio Díaz Bertrana, fue secretario del Juzgado terorense durante años, y no hubo evento social, cultural, político... que, en la segunda década del siglo pasado, no lo tuviera a él como interviniente. Crónicas periodísticas, veladas musicales, libros (prologó Teror, el libro que en 1918 publicara Francisco González Díaz) tuvieron siempre su firma como corresponsal periodístico en la Villa. Aquí había llegado desde Artenara y terminó en Santa Brígida, donde se jubiló.

 

En febrero falleció otro personaje importante de nuestra historia, el comerciante don Santiago Rivero Yánez, que, con la fundación de su célebre Patronato sigue aún hoy en día, cincuenta años más tarde, presente en los mentideros terorenses. Por algo será. Cuando don Santiago ya agonizaba y recibía las diarias visitas de Monseñor Socorro para que arreglara sus cosas con Dios y con el mundo, visitó la Villa el primero de los ilustres de aquel año, que en esto de insignes visitas andaba Teror por aquellas épocas sobrado a más no poder. El flamante Ministro del Aire, teniente general don José Daniel Lacalle Larraga, vino principiando el mes de los gatos, para luego seguir a las cumbres isleñas.

 

Terminando el mes, en un muro o poyo situado en una zona cercana a la sacristía y salón parroquial, un grupo de obreros, que estaban realizando labores de acondicionamiento de la misma, se encontraron con la “sorpresa” de descubrir, encastrada en dicho poyo, una enorme pieza de cantería labrada en piedra de Teror, que terminó por ser la primera Pila Bautismal de la Villa y que hoy se encuentra en una de las dependencias de la Basílica.

 

No todo, obviamente, tenían que ser ilustres fallecidos o distinguidos visitantes. Algo tenía que quedar para el pueblo llano... ¡Y he aquí que en abril cayó el gordo de la lotería en Teror, con la 4ª serie del número 24 232!...; pero las esperanzas de los terorenses fueron tan efímeras como humo de pajullo, porque el premio apareció en Las Palmas y quien lo compró nunca quiso identificarse. Dicen que ni sabía lo que tenía y al comunicarle en la administración ¡Cristiano, pero no está viendo que estos cuatro décimos están premiados con el “Gordo” y que le han correspondido casi medio millón de pesetas!, mi hombre se marchó raudamente para confirmar la noticia con un amigo y nunca más se supo. Quede aquí constancia de ello por si aún vive.

 

¡Y siguieron las visitas!... Después de unos exitosos años de actuaciones por América, llegaron Mary Sánchez y su grupo para agradecer favores y saludos; el jefe de la Zona Aérea de Canarias y África Occidental Española, General don Alfonso Carrillo Durán; el Subsecretario de Agricultura, don Santiago Pardo Canalis; los marinos del Amerigo Vespucci, buque escuela de la Marina Militar de Italia, etc.; y, por supuesto, entonces como ahora, los jugadores de la Unión Deportiva Las Palmas, acompañados del presidente Trujillo Febles y el entrenador Vicente Dauder. Todos pidiendo y ofrendando, por razones diferentes, pero todos... a Teror.

 

 

¡Y vinieron los príncipes! Pero la visita más notable llegó con el estío. El miércoles, 26 de junio de 1963, llegaron la princesa Sofía de Grecia y su brillante esposo, el príncipe don Juan Carlos de Borbón. Se habían casado en Atenas el 14 de mayo de 1962 y la princesa venía embarazada de su primer vástago, la Infanta Elena. Habían llegado a la isla el día anterior; ella, en un DC militar desde la Base de Rota; él, a bordo de un helicóptero desde el crucero Canarias.

 

Con todas las fuerzas vivas, civiles, militares y religiosas, esperándoles en la Plaza de Teror, llegaron al mediodía, recibieron saludos, el ramo de gladiolos blancos que la esposa del alcalde, doña Pilar Arencibia, entregó a doña Sofía, saludaron autoridades y pueblo, entraron a la Basílica, rezaron y subieron al Camarín; donde el príncipe entregó a la Virgen la Gran Cruz de la Orden de Carlos III, que personalmente colocó en el Manto de la Imagen. Luego firmaron como Princesa de Asturias y Príncipe de Asturias, títulos que ya se encargaría Franco de invalidar y cambiar por el de Príncipes de España. Luego marcharon a comer al Campo de Golf, lugar donde terminaban comiendo la mayoría de las autoridades que la Gran Canaria visitaban.

 

Pero, en llegando el verano, llegaba también en un símil de “eterno retorno” la colonia veraniega; cada vez más disminuida por los atractivos crecientes de los sures de la isla. La primera que retornaba era la pintora Yolanda Graziani, con sus mundos, sus estéticas, éticas y amistades al lado del barranco. Y luego, todos los demás, animando el estrecho y un tanto anodino mundillo cultural y social de la Villa Mariana.

 

Por las mismas fechas, la compañía Trasmediterránea, en ofrenda a la Patrona, comenzaba las pruebas de la nueva motonave que se incorporaba a su flota y que bautizaba como Santa María del Pino.

 

La ofrenda de un barco y el estreno de cuatro canciones. El 7 de septiembre de 1963, la Ofrenda se vio animada -dentro del ánimo que ya de por sí traen todos esa tarde y noche-con el recorrido sobre asfalto de uno de los veleros míticos del deporte canario: el Porteño. Hicieron promesa de traerlo si ganaban... y ganaron... Esas ofrendas en el ardor de la lucha traen estas consecuencias... Y las calles de Teror vieron el discurrir del Porteño, cuya travesía describió perfectamente un poeta por entonces -H. Lugo-: Érase un bote andarín- en las rutas de la mar- y cansado de ganar- deI uno al otro confín.- Harto de buscar sin fin- rivales a sus victorias- abrumado de sus glorias- quiso retirarse al fin.- Pero, de una isla hermana,- con la mejor intención- le vino la invitación- de “pega” una mañana.- Y aquí la cosa más fina- es que aquel que lo retaba- no era como se esperaba- bote de vela latina.- ¿Qué era un peso pesado- en contra de un peso pluma?- Había que estar en la Luna- para no estar enterado- Mas, bote de noble porte- de un refugio de valientes- demostrar quiso a la gente- que ante todo es el deporte.- Y pensando que perdía- hizo rumbo para allá- para reafirmar que acá- hay coraje e hidalguía.- Y luego que lo pensado- tuvo carácter de hecho- aquí volvió, pelo en pecho,- a continuar lo trazado.- Y es que el bote, agradecido,- con tripulantes de tino,- quería ir peregrino- a ofrendar lo recogido.- Y una cosa que la guerra- sólo viera, sucedió,- y es que el botecito entró- por los caminos de tierra.- Subió lomas y collados- y retorcidos senderos- con sus tripulantes fieros- y erguidos como soldados.- Y a la iglesia de Teror- llegaron una mañana- con paciencia franciscana- para la gloria de Dios.- De la Virgen, a los pies,- devotos depositaron- los trofeos que ganaron- para fama, honor y prez.- Y aquí se acaba la historia- de este bote tan valiente- de cuya gesta, la gente- siempre guardará memoria.

 

Dos obras de teatro y dos actos del Casino. Las obras de teatro que animaron las expectativas de las fiestas de aquel año (y las de los muchos aficionados que en el Teror de hace medio siglo habían) fueron Tierra de cuervos de Orlando Hernández y En el Risco está mi amor de Víctor Doreste. La primera de ellas, premiada aquel año en el concurso organizado por Radio Las Palmas y el Teatro Insular de Cámara con el inicial título de Como ráfaga de sangre, y con decorados del artista Carlos Morón, trajo a Teror un drama típico del autor de Agüimes, destacando, tal como dejara expuesto la crónica el personaje coral del Destino, que interpretara el propio autor bajo la máscara de Moliere y donde el diálogo alcanza momentos de tensión en muchos pasajes que aunque literarios en exceso, los adornan expresiones muy acertadas (como por ejemplo la referente a la pérdida de la honra: “un trabón en un traje limpio”...) que con bastante observación personal arrojan frecuentes ecos de Lorca, Casona y Valle Inclán. Un auténtico y absoluto éxito, tal como lo fuera también la obra de Víctor Doreste que, al estilo de los dos sainetes estrenados anteriormente -Ven acá, vino tintillo y La del manojo de tollos- supo llevar al escenario (con un profundo respeto hacia lo nuestro) el humor, la socarronería, la idiosincrasia profunda de los tipos populares del país.

 

El Casino Juventud Unida programó para aquel año las terceras, y luego últimas, ediciones de dos actos que en los inicios de la década se convirtieron en verdaderos referentes culturales de la Villa: el III Festival de Cine Aficionado de Teror y la III Exposición de Pintura Aficionada. El primero tenía aquel año un valor añadido: las películas, por aparecer en las bases, debían llevar banda sonora. Los premios, que fueron entregados a final de año, se concedieron a: el Pino de Oro a don Juan José Apolinario Cambreleng, con El árbol petrificado, un documental religioso de exaltación a la Virgen del Pino, guión del autor, en el que incluyó dos composiciones poéticas, una de Ignacio Quintana Marrero, “Como un ave, María”, y otra de Agustín Millares Sall, “Como una bandada de pájaros”; el Pino de Plata a don Abesinio Beltrá García con Vacaciones en Gran Canaria; y el Pino de Bronce a don Luis Hernández Solís con La herencia de Adán. Infinidad de cuestiones, que fueron desde los enfrentamientos dentro de los administradores del Casino y alguna falta de relación con los poderes municipales, dieron al traste con esta extraordinaria muestra del cine en Canarias a inicios de los 60. Lo mismo ocurrió con la Exposición de Pintura Aficionada, que contó aquel año con las obras del sacerdote terorense Juan Nuez, las de la compositora y pintora Herminia Naranjo y las de un joven, entonces principiante, hoy una sólida realidad del arte canario aún felizmente entre nosotros, Juan Luis Egea.

 

 

Una velada de lujo. La noche del 11 de septiembre del 63, organizado asimismo por el Casino, pero celebrado en el Pabellón Victoria, tuvo lugar una velada dedicada a la música y el divertimento, desde la clásica, al bolero, desde la folclórica a los sones modernos; aquella noche fue memorable. El programa ya de por sí lo dice todo: con Antonio Peña como maestro de ceremonias, actuaron el Cuarteto Los Tranquilos, con la canción moderna; el dúo formado por Mary Carmen y Alicia Gómez, con canciones modernas; el conjunto Los Navajos, jóvenes entusiasmados con sus guitarras eléctricas; Rafael Treviño y José Luis Vallejo, con la canción clásica; el Conjunto Tropical, animando la noche con los sones de la lejana Cuba; y como final el Conjunto San Cristóbal que, entre otras piezas, tuvieron el honor de estrenar la perla de la noche: cuatro nuevas canciones que Herminia Naranjo dedicaba a Teror, la Virgen y su fiesta. Éstas fueron “Noche del Pino”, “Puente de Teror”, “Fiesta en Teror” y “Mariquilla la Turronera". La noche terminó con un merecidísimo homenaje a la compositora.

 

Y en el otoño llegó el Gobernador con inauguraciones y honores. En octubre vino el Gobernador Civil Antonio Avendaño Porrúa -al que le gustaba venir a Teror como a ninguno- y cerró el “año político” con una gloriosa jornada en la que recorrió todos los barrios inaugurando, haciendo gala de su buen talante, corta que te corta cintas. En el casco de la Villa inauguró la pavimentación de la calle Francisco Acosta Sarmiento, y la fase final de la calle Párroco Juan González. Además visitó la finca adquirida a la familia Sintes (en la actualidad parque, auditorio, aparcamientos, el depósito de agua de El Rincón, el estado de construcción de las viviendas de San José Artesano (las famosas Casas Baratas del barrio de Quevedo)...) y la estación de aguas residuales (el tanque que tantos problemas dio al vecindario durante tres décadas).

 

Finalizando la visita entregó a don Manuel Ortega, alcalde, la Cruz de la Orden de Cisneros y a don Juan Suárez Ramos la Medalla de la misma orden.

 

Epílogo. Y el año terminó como empezó: con lluvias y la Cruz Verde aún por los suelos.

 

cronistaoficial@teror.es

 

 

Este texto fue publicado en la Revista de El Pino 2013. La foto de portada corresponde a la velada musical en el Pabellón Victoria de Teror, el 11 de septiembre de 1963.

 

 

Noticias Relacionadas
Comentarios
Viernes, 13 de Septiembre de 2013 a las 20:38 pm - Oswald

#01 Elocuente retrospectiva histórica viajando con el tiempo a rancias hemerotecas de un pasado real, ni mejor ni peor. Sólo he ido una vez a Teror en su magna romería: curiosamente, 7 de Septiembre de 1963; prefiero ir pocos meses más tarde, la devoción mariana es idéntica para contemplar a nuestra Madre, la fé popular, también.