Revista nº 907
ISSN 1885-6039

Eugenio Marrero Hernández (Tito Caraballo). Maestro Tornero de San Benito.

Martes, 10 de Septiembre de 2013
El Baleo (nº 71)
Publicado en el número 487

Podemos afirmar que don Eugenio Marrero, Tito Caraballo, ha sido testigo directo y participativo del desarrollo industrial de Tenerife mediante la instalación de motores que han mejorado el proceso productivo en diferentes fábricas.

 

 

Don Eugenio Marrero Hernández fue uno de los homenajeados en el contexto de la festividad de San Benito Abad en La Laguna (Tenerife), publicado en el número 69 de esta revista (El Baleo). En él se aborda someramente su vida laboral y, desde estas páginas, trataremos de ampliarla algo más dado el interés de esta profesión: es un oficio con mucha variedad, no hay una rutina… Es conocido con el apellido Caraballo, ya perdido en la familia, pero su linaje ha estado vinculado a él, por lo que familiarmente se le conoce como Tito Caraballo.

 

Nació en Tacoronte, en mayo de 1944, pero vino a La Laguna, con su familia, contando con seis meses de edad, instalándose en San Benito; desde entonces, su residencia ha estado aquí, excepto en los momentos en que ha trabajado fuera.

 

En 1976 se casó con doña Pilar Galván López; fruto de su matrimonio tiene tres hijos.

 

En primer lugar, don Eugenio aclaró el término tornero referido a su profesión: es quien talla el hierro, y otros metales. No se trata de tallar como si fuera madera u otro material; en el caso de los torneros, el metal se funde y después se le da la forma necesaria.

 

Su vida laboral. Comienza a los 11 años de edad, en la calle San José, con Maestro Luis Recco: ese no era su nombre, le decían así por el nombre del taller. Se llamaba Risal Montelongo González. Siempre estuvo inmerso en el mundo de la mecánica, ya que su padre era transportista; uno de sus hermanos también era tornero.

 

El trabajo que realizaban estaba relacionado más bien con determinadas empresas: máquina para la fabricación de vidrios (embotelladora), máquinas destinadas a las galerías y a los pozos de agua, motores (instalación y mantenimiento): reparábamos el motor de la trilladora de San Benito, hasta que se le cambió el motor antiguo por un Lister-blestoner… Además, hacían tornillos, cigüeñales, árboles de leva, pistones, bielas, etc.: fundíamos las piezas y las volvíamos a hacer de nuevo, reparábamos los motores diesel del momento, se hacía una culata, un cigüeñal, un árbol de leva o un piñón… Normalmente los talleres en La Laguna tenían fundición, a pequeña escala. Hicimos las compuertas de las piscinas de Bajamar, son de bronce.

 

 

Siendo un adolescente de 17 años, fue a un concurso de torneros en Puerto Real, Cádiz (en la fotografía superior), donde ganó el primer premio, lo que hizo que participara el año siguiente en la ciudad de Sevilla.

 

En la otra fotografía (la inferior), tomada en 1960, podemos ver a don Eugenio trabajando con un torno en el Taller Escuela San Alberto Magro, que estaba ubicado en la calle Anchieta, con alumnos que estaban aprendiendo a trabajar con el torno.

 

Llegado el momento, cumplió con el servicio militar y, una vez concluido, comenzó a trabajar en la empresa de su padre dedicada a la extracción de áridos en Güímar, Diomar. En ella estuvo faenando, durante diez años, con maquinaria pesada, palas, camiones…, lo propio de este tipo de actividad. Posteriormente, fue contratado por una empresa francesa, Dume, encomendada a construir la autopista del Sur de Tenerife. Fue el encargado, en el parque central situado en El Porís, durante un año.

 

Una vez finalizado ese trabajo, se fue a trabajar a Alemania en una fábrica de prefabricados, Bikero Vilma, como mecánico profesional; en esa empresa sólo estuvo un año, descubrieron el conocimiento que tenía acerca de la maquinaria, motores… y lo destinaron a supervisar el trabajo del personal. Su limitación fue el idioma: la empresa me mandó a una universidad donde nos enseñaban a hablar alemán, y yo me dije: ¿qué hago yo aquí? Y dejé pasar ese tren.

 

Ya en Tenerife comenzó a trabajar con su cuñado, don Jaime Galván, que tenía un taller en San Benito; y estando allí, vino a buscarlo el dueño de Sagrera Canaria, don Manuel González Hernández: era para trabajar como mecánico de Sagrera Canarias y allí estuve treinta años (…) siempre estaba viajando, a Alemania, Italia… para ver máquinas, precios. Mi trabajo allí era de encargado (…).

 

 

Su vida laboral está llena de anécdotas de distinta índole, pero narró una que sucedió en una carpintería situada en Jardina, donde montaron un torno semiautomático para hacer puertas y tenía algún fallo que le impedía trabajar. Vino un técnico de la Península para arreglarlo, les cobró 250 000 pesetas de ese entonces y no lo pudo arreglar. El carpintero, desesperado —porque no podía cumplir con el compromiso de entrega de las puertas—, le pidió ayuda, y la arregló antes de cinco minutos, sólo tenía falta de alineación.

 

Podemos afirmar que don Eugenio Marrero, Tito Caraballo, ha sido testigo directo y participativo del desarrollo industrial de la isla mediante la instalación de motores que han mejorado el proceso productivo en diferentes fábricas.

 

Por último, quiso destacar en esta publicación: el gran aprecio al Maestro que tuve, una gran persona, muy humano, de otra galaxia. Tenía conocimientos que aquí no los tenía nadie (…) me vino muy bien ese aprendizaje.

 

 

Este artículo fue publicado previamente en el nº 71 de la revista El Baleo.

 

 

Comentarios
Miércoles, 04 de Marzo de 2020 a las 12:43 pm - Rizal Montelongo Gonzalez

#02 Mi padre no se llamaba en principio como Yo, su nombre verdadero era D. Luis de Recco y Rizal Montelongo Gonzalez.

Jueves, 20 de Marzo de 2014 a las 18:54 pm - Jose Rizal Montelongo Gonzalez

#01 Yo soy el hijo del Maestro de Tito, y se que fué el alumno más aplicado de mi Padre. D. Luis de Recco.