Revista nº 801
ISSN 1885-6039

En la presentación de A pesar de los vientos, de Manuel González Sosa.

Lunes, 28 de Octubre de 2013
Andrés Sánchez Robayna
Publicado en el número 494

El Instituto de Estudios Canarios en La Laguna (el 29 de octubre, a las 20:00 horas) y la librería Lé de Madrid (el 12 de noviembre, a las 19:30 horas), acogen la presentación de la obra poética completa del escritor nacido en Guía de Gran Canaria, localidad donde fue ofrecido por vez primera este texto que les acercamos hoy.

 

 

Cuando, hace ahora exactamente un año, tuvo lugar en Santa María de Guía un curso sobre Manuel González Sosa y su obra dirigido por Eugenio Padorno, todos los ponentes que participamos en él redactamos un documento final en el que proponíamos la publicación de un volumen que recogiese la totalidad de su producción poética. Ese documento fue leído al término de la última sesión del curso y suscitó el acuerdo unánime de todos los presentes. Había quedado claramente puesto de manifiesto, durante los cuatro días de nuestro seminario, el hecho de que, por circunstancias muy diversas, la poesía de Manuel González Sosa no había sido publicada de manera regular y no existía en ese momento, por eso mismo, ninguna edición de esa obra al alcance de los lectores interesados. Era preciso —era urgente, mejor dicho— contar con un volumen que no sólo compilase una obra poética hasta entonces casi exclusivamente divulgada en cuadernos fuera de comercio, sino que también hiciera ver la importancia de una producción lírica cuya irregularidad, desde el punto de vista de su transmisión impresa, había dificultado considerablemente su difusión y su justo reconocimiento.

 

A decir verdad, Manuel González Sosa soñó un día con esa edición. Fue un poco antes de culminarse el proyecto de la publicación de los cinco cuadernos que, en tirada limitada a cien ejemplares, constituyen el conjunto de su obra lírica, un proyecto que tardó doce años en completarse y cuya edición corrió a mi cuidado. Sugerí por esas fechas a Manuel que lo deseable sería realizar, más tarde o más temprano, una edición de los cinco cuadernos en un solo volumen. Enseguida, como si él mismo hubiera pensado ya largamente en ello, reconoció con ilusión que eso sería, sin duda, lo deseable, y añadió, con una sonrisa, que dejaba en mis manos el correspondiente prólogo. Sin embargo, todas las veces que le recordé la idea —la necesidad— de esa edición, con vistas a materializarla, cambiaba amistosamente de tema o aplazaba el proyecto para un futuro siempre indefinido. Quienes conocimos un poco de cerca a Manuel González Sosa sabemos hasta qué punto esta actitud resultaba absolutamente coherente con aquella que le llevó a rehuir siempre cualquier solicitación de la vanidad, incluida aquella que supone la edición regular de un libro de poemas. No se me olvidará —y lo traigo aquí solamente a título de ejemplo— el nerviosismo con el que acogió en su día la publicación del libro Presencia de Manuel González Sosa, colección de textos sobre su obra con la que, en 1998, sus amigos quisimos rendirle homenaje, y que preparamos sin que él tuviera noticia alguna del proyecto, no sólo por la componente de sorpresa que buscábamos sino también porque, de haberlo conocido, él habría hecho todo lo posible para que no se llevara a cabo. Pero el libro se editó. Lo celebró humildemente con aquellos amigos que, en nombre todos los colaboradores, le entregamos el volumen. No tardó en hacernos saber, sin embargo, que, aunque muy agradecido, no debíamos contar con él para su presentación pública.

 

La edición de la poesía completa de Manuel González Sosa es hoy una feliz realidad. Apenas un año después de aquel curso veraniego —un plazo, como se ve, brevísimo—, el proyecto ha podido realizarse gracias tanto a la acogida que la propuesta recibió por parte del grupo editorial Siglo XXI, como al generoso apoyo otorgado por el Ayuntamiento de Santa María de Guía. En las sociedades fundadas en la razón tecnocrática dentro de las cuales nos ha tocado vivir, la palabra de la poesía aparece más que nunca como una excepción, como una isla frente a los ruidos de la comunicación social. Es una isla en la que celebramos la vida del espíritu. En ella podemos adentramos en nuestra propia memoria y en la magia de un lenguaje capaz de llevarnos hasta la raíz misma del ser y de la conciencia. Es necesario expresar nuestro reconocimiento a aquellas editoriales (por desgracia, cada vez menos en el contexto español) que son plenamente conscientes de la significación de la poesía en el seno de la cultura contemporánea, pero sobre todo de su trascendencia para la vida del espíritu. Manuel González Sosa desarrolló, como es sabido, una notable labor de dinamización cultural fundada en la poesía y su significación para interpretar el mundo en el que vivimos y la concreta realidad cultural canaria que durante años contribuyó como pocos a desarrollar. Hoy celebraría con nosotros la existencia de una colección como Salto de Página, en la que se ha venido a editar su poesía completa. Y habría dicho que, en este acto de presentación que hoy nos reúne, estamos celebrando menos la publicación de su libro que el importante papel que le corresponde a la poesía a la hora de comprender el mundo y de comprendernos a nosotros mismos.

 

 

Pero, además de la acogida de una editorial receptiva, este libro que hoy presentamos contó también con otro importante apoyo. Cuando propusimos su publicación al final del curso al que nos referíamos hace un momento, la idea fue aceptada de inmediato por María del Carmen Mendoza Hernández. Tanto ella como, más tarde, el propio alcalde, Pedro Rodríguez Pérez, comprendieron la importancia de este proyecto y han hecho todo lo posible para que recibiera el respaldo del Ayuntamiento de Santa María de Guía. En nombre de todos los participantes de aquel curso —ponentes y público— y en el mío propio, como responsable de esta edición, quiero dar las gracias más sinceras a este Ayuntamiento por su firme compromiso con la cultura, por su sensibilidad respecto al proyecto de un libro que es hoy una hermosa realidad y por haber comprendido la importancia de la obra poética de uno de sus hijos más preclaros, Manuel González Sosa. No se han limitado al homenaje que le rindieron el año pasado, sino que han querido continuar manteniendo vivo su recuerdo. En el caso de un poeta, ningún recuerdo mejor que hacer lo posible para que su obra esté siempre al alcance de los lectores. Eso es lo que el Ayuntamiento de Santa María de Guía ha realizado, y honra a una institución política tanto el saber estar a la altura de las circunstancias —las circunstancias culturales, en este caso— como el haber sabido cuál es el papel que le corresponde respecto a la memoria de Manuel González Sosa. Y haber actuado en consecuencia.

 

Que la última palabra sea para el poeta. Que éste nos diga qué significaron para él estas calles, este aire, la compañía de sus padres y de sus hermanos, la constante memoria, en fin, de su localidad natal, de la que tantos testimonios han quedado en esta rigurosa, atrayente, personalísima obra poética: 

 

Ahí viví los siglos de la infancia.
Esa luz me coció, y el rojo monte
asomado al pretil del horizonte
hincó en mí la codicia de distancia.

Me fui. Pero me acerco a fieles saltos,
hora a hora, aunque avance hacia otro suelo.
Sabes que hasta los pájaros más altos
rumbo a su sombra quieta van de vuelo.

Ellos, de cualquier legua de un camino,
con la ingrávida carga de la mía
irán a ese regazo ribereño.

Ahí volveré a estar, pero vecino
de una cota del aire donde cría
viciosa yedra vagabunda el sueño.

 

Esa yedra vagabunda nos envuelve hoy a todos en el recuerdo vivo de Manuel González Sosa. Su poesía está ahora al alcance de todos, en este libro, A pesar de los vientos, que hoy hemos querido presentar donde todo, para el poeta, tuvo origen.

 

Gracias a todos aquellos que lo han hecho posible.

Nada más. Muchas gracias. 

 

 

Comentarios