Revista nº 906
ISSN 1885-6039

Cho Juaá.

Martes, 19 de Noviembre de 2013
Yurena Díaz/ Josefina
Publicado en el número 497

Los canarios admiramos desde hace ya largos años los magníficos chistes que llevan la firma Cho Juaá, y que recogen de manera espléndida y sencilla lo más significativo de la forma de pensar y sentir de nuestras gentes. Cho Juaá es un seudónimo de Eduardo Millares Sall, un artista completo, pintor y caricaturista excepcional...

 

 

... que es conocido popularmente por los chistes que hemos comentado, y sus singulares personajes: Cho Juaa, Fefa, Casildita y Marcialito. Con Eduardo Millares hemos conversado en su casa de Las Palmas, en la C/ León y Castillo, frente a la Playa de las Alcaravaneras.

 

En la charla nos ha acompañado su mujer, Otilia Ley, todo un carácter, vivaz e inteligente. Otilia no quiere que sus hijos sean artistas: no soy partidaria de la vida indisciplinada que llevan los artistas. Lo primero es que estudien y tengan un trabajo. La pequeña tiene una gran vena literaria, pero primero tiene que estudiar.

 

Eduardo ha estado metido en el arte desde que tenía uso de razón. Su padre, Juan Millares Carló, era un hombre muy culto que practicó diversas manifestaciones artísticas. Este ambiente familiar facilitó el que los hijos se orientasen en este sentido. Baste recordar que son hermanos de Eduardo Millares los pintores Manolo Millares y Jane, los poetas Agustín Millares y José María, y el gran folklorista Totoyo Millares. En realidad todos los hermanos se manifestaron artísticamente en mayor o menor medida.

 

Eduardo recuerda cómo fue él quien enseñó a tocar el timple a su hermano Totoyo, diez años más joven, y actualmente maestro consumado del popular instrumento canario. Llevo treinta años haciendo exposiciones. Quizás deba destacar las que tuvieron lugar en Venezuela, Madrid, Tenerife..., y alguna de las muchas que he realizado en Las Palmas.

 

Dentro de su actividad artística los chistes sólo son una pequeña parte: Cho Juaa nace al hacer chistes en periódicos y retratar a mi manera al campesino canario, fundamentalmente al de Las Palmas. Eduardo llegaría a conocer tan perfectamente a nuestro campesino como consecuencia de sus frecuentes estancias en el campo, en sus visitas a los típicos "guachinches". Allí era donde se sacaban los resabios. A Eduardo lo encontraban un poco señorito, nos apuntaría doña Otilia.

 

Eduardo Millares Sall

 

Eduardo pasaría dos años en Lanzarote. Precisamente a raíz de la guerra, en los años 38 y 39. Allí conocí a César Manrique y fue allí donde me marcó la pintura. Admiro muy especialmente a Picasso, Miró..., y a Paco Martínez, que es un caricaturista de primer orden. Somos como hermanos de Paco Martínez y Margarita.

 

Nunca ha contado Eduardo con apoyos oficiales. Ha trabajado como agente de seguros. La vida no le ha sido excesivamente fácil. Doña Otilia, que ha sufrido lo suyo por ello, volvería a la carga: si ese es el futuro del artista no quiero hijos artistas. Dos y dos son cuatro y no tres, y si no que venga Dios y lo vea. El matrimonio guarda un gran recuerdo de la gran exposición realizada en Venezuela. Allí estuvieron un mes  Fue a mediados de los setenta y en el Hogar Canario estuvimos como en casa.

 

Eduardo ha sido una persona especialmente desprendida. Lo ha dado todo. Rara es la persona que venga a casa y que no se vaya con algún regalo, nos diría doña Otilia. Y doy fe de ello porque al poco de entrar recibí de Eduardo una magnífica caricatura de D. Benito Pérez Galdós, que guardan siempre con especial cariño.

 

Lo único que no ha hecho nunca Eduardo es escribir. Pero a lo mejor nos sorprende pronto con algún trabajo en este sentido, pues él sigue, con gran actividad, pintando, escribiendo chistes, ilustrando libros... Lo que muchos no saben es que Eduardo Millares fue el autor de la Baraja Canaria, cuyos derechos vendería de forma poco ventajosa. Ha publicado varios libros con sus chistes, y el Centro de la Cultura Popular Canaria está interesado en editarle otro. Con este tema fue precisamente con el que dimos fin a nuestra visita a la casa de este artista canario que nunca ha militado en organizaciones políticas, aunque es un hombre de izquierda, partidario de un socialismo, según nos diría un familiar.

Yurena Díaz

 

 

EI miércoles 30 de marzo salió publicada en el periódico La Provincia la siguiente carta, y hemos estimado conveniente el reproducirla por su gran interés.

Le aseguramos a su autor "Josefina" que para el Centro de la Cultura Popular Canaria será un honor el promover el merecido homenaje a nuestro admirado artista Eduardo Millares.

 

EDUARDO MILLARES SALL,

UN PERSONAJE DE NUESTRA CULTURA VIVA.

Lo que, al final, pretenderá ser una carta, es en su comienzo una admonición.

¿Llegará el día en que el hombre sepa dar a su prójimo –próximo- lo que le pertenece?

No escatimar el reconocimiento a su labor constante y callada, como es el caso de Eduardo Millares Sall, canariólogo o canariófilo exquisito, que ha sabido mantener durante “medio siglo” el humor socarrón del ser canario.

Manos mágicas que han podido apresar la caricatura o: en algunos casos, el esperpento, en una estilización de la realidad hacia lo entrañable y costumbrista.

Me pregunto con amargura y amilanada por mi propia impotencia: ¿Qué hacen las instituciones canarias que no han propiciado un merecidísimo «homenaje» a Eduardo? ¿Por qué esa reticencia cuando se trata de uno de los nuestros y, por tanto, tan querido? ¿Nos movemos a ritmo de panfletos y no de realidades comprobables?

Los homenajes póstumos que la han sucedido apenas tienen razón de ser, porque hay que dar el disfrute de un reconocimiento público al que está vivo y puede gozar con los suyos. Ni más ni menos que recoger, de tanta siembra laboriosa, un poco de cosecha, aún ajada por el paso de un tiempo que, a veces, es adverso.

Mi vida, como la de muchos, ha estado acompañada durante tantos años por los dibujos y chistes de “Cho Juaa”, limando asperezas de noticias dolorosas, suavizando en estas últimas páginas esperadas, el tono de tristeza motivado por noticias y crónicas no siempre halagüeñas.

ÉI está en la brecha -afortunadamente para nosotros- con esa sabiduría que no sólo se la han dado los años, sino que, estoy segura, nació con él. Mente privilegiada para un arte difícil: hacer reír. Pero no es un cómico, él, como ha dicho antes, un hombre sabio qua ha impregnado sus retinas del ser y sentir canarios, frente a la flema inglesa, a la labia peninsular y a ¡tantos personajes que ha creado y se le van de las manos!

De una vez por todas, reconozcamos la valía de los nuestros y ofrezcámosles un homenaje cuando ellos lo pueden disfrutar. Los homenajes póstumos son «un postizo», un añadido más farisaico que sincero.

El que se dedica por vocación y no por “vacación” a un trabajo de entrega diaria ya tiene su recompensa en su propia labor, pero el que disfruta, como tal y yo, de un surtido de humor desinteresado, está obligado, y creo que gustoso, a tributarle ese homenaje que clama al cielo. No dramatizo, digo sólo lo que, de seguro, está en la mente de muchos, de esos que nos vamos a remover las últimas páginas de un periódico para regocijarnos con el recuadro de Eduardo, sin que por ello «pasemos» de la política o de cualquier acontecimiento cultural, etc. También esto es cultura: la etnia, la idiosincracia de un pueblo, son los mejores exponentes de una historia, aparentemente aletargada, del canario, y del que se siente canario.

 

 

Se me ocurre llamar la atención del Centro de Cultura Canaria, o de otro organismo insular, para que se le rinda el homenaje esperado seguramente por muchos, a este ilustre canario. Su afabilidad, su humildad, su nobleza de espíritu y otras muchas cualidades lo adornan.

“Abramos los ojos a lo próximo, que lo lejano se acercará...” Recibe tú, Eduardo, esta especie de confesión pública de nuestro mayor pecado: el de omisión.

Perdona lo explosivo del sentimiento, que, por ser hasta ahora sólo eso, me está haciendo daño.

Tú ya recibes el afecto entrañable de los que te rodean y de aquellos con los que convives, pero es necesario arroparte con el cariño de los que permanecemos como espectadores privilegiados y quisiéramos tenerte más cerca aún.

Mi admiración y cariño unidos a los que sienten como yo:

JOSEFINA

 

 

 

Artículo publicado previamente en el nº 2 de la revista San Borondón del CCPC.

 

 

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