Revista nº 858
ISSN 1885-6039

Relatos etnohistóricos (I): Las Décadas prodigiosas de Alonso de Palencia.

Sábado, 02 de Marzo de 2013
José Juan Jiménez González (Conservador del Museo Arqueológico de Tenerife)
Publicado en el número 459

Aunque como cronista hizo breves referencias al conflicto luso-castellano por la posesión de las islas Canarias, fue en otro ensayo lamentablemente perdido donde se ocupó De las costumbres e inexplicables religiones ciertamente maravillosas de los Canarios que aún habitan las islas Afortunadas.

 

 

Las crónicas sobre la Conquista de Canarias redactadas en la Península Ibérica, crónicas peninsulares u oficiales, responden al encargo de los monarcas castellanos y fueron incorporadas a la Crónica General del Reino de Castilla. Aunque sus autores no participaron directamente en la campaña bélica estuvieron relacionados con su organización en diferentes momentos. Y si bien los sucesos relatados son meros capítulos de obras más amplias, atesoran noticias que las convierten en fuentes etnohistóricas de indudable valor. Expondré ahora un acercamiento introductorio a lo que enunciamos como las Décadas prodigiosas de Alonso de Palencia, Cronista Oficial de los Reyes Católicos.

 

Las Décadas de Alonso Fernández de Palencia (1423-1492). La obra destaca la primera fase de la conquista –entre los años 1478 y 1480– y constituye la Cuarta Década escrita por Alonso de Palencia como continuación de la Tercera, que concluye en 1477. Las tres primeras constan de diez libros cada una divididos en diez capítulos, razón por la cual recibieron el nombre de Décadas. Sin embargo, la Cuarta comprende sólo los libros que van del 31 al 36, compuestos también como sus predecesores de diez capítulos, debiendo abarcar por lo menos hasta 1490 –fecha plausible de su redacción– interrumpida con toda probabilidad por la muerte del cronista dos años después.

 

El manuscrito –estudiado, traducido del latín y publicado por J. López de Toro el año 1970– es una copia en letra de fines del siglo XV, con pocas enmiendas y tachaduras, dictada a un calígrafo profesional de un original lleno de correcciones. Los encabezamientos de los capítulos no se deben a Palencia sino al copista, que los redactó en un latín inferior al del autor tras afrontarse el texto completo.

 

El escrito primigenio desapareció, como también la copia coetánea redactada sobre 1490, una de las últimas obras de Palencia redescubierta tiempo después y cuyo título específico es Decas quarta Hispanensium gestorum. Fue estudiada inicialmente por Nicolás Antonio en la segunda mitad del siglo XVII y de 1904 a 1908 Paz y Meliá realizó la traducción al castellano y publicó las tres primeras Décadas. Otros bibliógrafos como Pellicer, Fabié, Rodríguez o Menéndez y Pelayo destacaron la importante producción del cronista.

 

Parece indudable que Alonso de Palencia escribió una Conquista de Canarias enunciada con ese título –por primera y única vez– en el Catálogo de manuscritos especiales de España, anteriores al año de 1600, que logró juntar en la mayor parte un curioso andaluz, tal y como lo señaló en 1960 A. Vizcaya Carpenter. Según López de Toro, ambas obras se encontraban en la Biblioteca de El Escorial, posiblemente procedentes de la Capilla Real de Granada, aunque la réplica forma parte de la Colección Salazar en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia.

 

La excelencia de la obra palentina. En el caso que nos ocupa, la categoría y el alcance de la obra palentina radican en las implicaciones que contrajo el propio Alonso de Palencia –Cronista de los Reyes Católicos– al ser comisionado en las capitulaciones para la conquista realenga de la isla de Gran Canaria y en su responsabilidad en el despliegue logístico de las operaciones de refuerzo y refresco. Esto le convirtió en un receptor de noticias e informes relevantes de primera mano.

 

La prosa de Palencia es suelta, atrayente, incisiva y mordaz, deudora de su sólida preparación humanística italiana. Resulta impecable su redacción latina y la denominación de las Islas con nombres alterados –pero heredados– de la tradición romana. De todos ellos sólo perduró la denominación de Canaria o Canaria Magna, bien digna de este nombre; de la cual me resulta muy agradable escribir su elogio, ya en otro lugar explanado por mí mismo con más extensión, asevera Palencia manifestando un curioso y reiterado embeleso ante la ínsula.

 

Alonso de Palencia es un ensayista culto, verídico, directo y exacto en los acontecimientos que transmite, recogidos de testigos presenciales que llegaban a Sevilla desde el escenario bélico situado en el mismo teatro de operaciones.

 

Alonso de Palencia y la enigmática obra perdida. A pesar de que en su trayectoria como cronista hizo breves referencias al conflicto luso-castellano por la posesión de las islas Canarias, fue en otro ensayo lamentablemente perdido donde se ocupó De las costumbres e inexplicables religiones ciertamente maravillosas de los Canarios que aún habitan las islas Afortunadas. Ello le permitió no reiterar esos contenidos en el desarrollo de la Cuarta Década privándonos –sin quererlo– de una valiosísima información etnohistórica.

 

Esa obra –de la que conocemos el título original, Sufficienter etiam Canariorum in insulis Fortunatis habitantium mores atque superstitiones profecto mirabiles enarravi– fue dada a conocer por Zurita en Sevilla el año 1490 en su Universal Vocabulario en Latín y Romance, citada por Nicolás Antonio en Madrid como se percibe en su edición de 1788 y en la introducción de L. Torriani publicada por D.J. Wölfel el año 1940. Abreu Galindo –que escribía su Historia sobre 1592 y 1602– conoció la obra palentina y las disposiciones reales coetáneas, aunque es posible que ignorase las dos citadas más arriba, como le ocurrió a Bartolomé de Las Casas, quien dudó que hubiesen sido publicadas en su época.

 

En relación a las noticias del Archipiélago recabadas por Palencia resulta evidente –aún cuando él no los menciona– cuáles fueron sus canales de información: parte de los conquistadores y marinos, el obispo Frías, los canarios residentes en Sevilla, documentos oficiales y otros escritos que vemos condensados en algunas de sus obras anteriores. Nos relata sucesos e incidencias bélicas, toponimia, breves descripciones del comportamiento indígena y del ecosistema insular (relieve, aguas, puertos naturales, recursos alimentarios,...) y concuerda que le resulta muy agradable escribir su elogio, ya en otro lugar explanado por mí mismo con más extensión. Quizá la obra desaparecida de la que algunos tuvieron constancia sin llegar a conocerla.

 

 

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